Una clase puede proponer el mismo aprendizaje y, al mismo tiempo, ofrecer caminos de entrada diferentes. En el estilo de inclusión, el profesor prepara varios niveles de una tarea y cada estudiante decide por dónde empezar. Después practica, contrasta su actuación con unos criterios y valora si conviene mantener o cambiar el nivel. La elección y su revisión forman parte de lo que se aprende. [1] [2]
La clave está en conservar un propósito común sin exigir una dificultad idéntica. Si una estudiante trabaja desde una distancia menor y otra desde una mayor, ambas pueden estar estudiando cómo orientar un lanzamiento. El reto docente consiste en preparar opciones pertinentes, enseñar a reconocerlas y evitar que se conviertan en etiquetas de capacidad permanente.
Quién decide en cada momento
Antes de la actividad
Antes, en el preimpacto, el docente elige el contenido, prepara los niveles, los criterios y las condiciones de participación.
Durante la actividad
Durante, en el impacto, el estudiante escoge su punto de entrada y toma las decisiones de práctica permitidas por la tarea.
Después de la actividad
Después, en el postimpacto, el estudiante compara su ejecución con los criterios y decide si mantiene o modifica el nivel; el docente acompaña esa revisión.
La autonomía se concentra en elegir una dificultad y revisarla con información. El alumno no diseña desde cero el contenido ni queda sin acompañamiento.
Qué distingue al estilo de inclusión
Mosston y Ashworth sitúan la elección del nivel en el centro de este estilo. Preparar tareas diferenciadas es necesario, pero no suficiente: el alumnado debe disponer de una decisión real acerca del punto de entrada. Cuando el profesor asigna de manera fija la dificultad a cada persona, la distribución de decisiones cambia, aunque el material siga ofreciendo varias opciones. [2]
Tampoco basta con permitir que cada estudiante repita un ejercicio a su ritmo. El estilo E exige alternativas reconocibles dentro de la tarea y una revisión de la actuación. La ficha de trabajo debería permitir responder tres preguntas: qué puedo escoger, en qué me fijaré mientras practico y qué información usaré para decidir mi siguiente intento.
Por otra parte, inclusión es aquí el nombre de una estructura de enseñanza. La inclusión educativa en sentido amplio abarca cuestiones de acceso, participación, apoyos y relaciones que exceden esta estructura. Por eso, disponer de tres niveles no demuestra que todas las barreras hayan desaparecido. El docente necesita observar quién participa, en qué condiciones y con qué dificultades.
Cómo preparar niveles sin perder el aprendizaje
El diseño empieza por una tarea suficientemente definida. A continuación se identifica una condición que pueda modificarse: distancia, tamaño de un objetivo, tipo de implemento o posición de partida, por ejemplo. El libro analiza estas condiciones como factores del grado de dificultad. Conviene elegir una variable principal para que el alumnado entienda qué cambia y pueda interpretar su experiencia. [2]
En una propuesta de precisión, modificar la distancia puede conservar el problema de orientar el envío. En cambio, sustituir un lanzamiento por una carrera ofrece otra tarea, aunque ambas se realicen en el mismo circuito. Esa distinción ayuda a organizar opciones relacionadas. Los niveles necesitan probarse: lo que parece más sencillo para el profesor puede resultar menos accesible para una persona concreta.
Las opciones deben tener significado pedagógico y condiciones de práctica cuidadas. Una dificultad superior no requiere añadir peligro ni aumentar indefinidamente las repeticiones. Cuando el ajuste afecta a la forma del movimiento, el profesor revisa si conserva el propósito o si es necesario formular otro aprendizaje. Explicar ese cambio resulta más útil que presentar cualquier adaptación como equivalente.
Elegir, practicar y volver a decidir
Antes de comenzar, cada estudiante examina las opciones y hace una previsión: elige un nivel en el que cree que podrá trabajar con los criterios propuestos. Esa previsión no es una prueba de valentía. Tras los primeros intentos, compara lo ocurrido con lo esperado y toma otra decisión. Puede repetir, reducir la dificultad o probar una condición distinta dentro de lo preparado. [2]
En una primera experiencia, una tarjeta sencilla puede incluir: nivel elegido, aspecto que observo, qué ocurrió y próxima decisión. El registro puede hacerse mediante palabras, marcas o una conversación breve. Lo relevante es que ayude a relacionar actuación y elección; una hoja extensa que nadie consulta no cumple ese propósito.
Cambiar a una opción más accesible no debería describirse como retroceder. Puede ser una decisión razonada para comprender mejor la tarea o recuperar una ejecución controlada. Del mismo modo, permanecer en un nivel no permite concluir que alguien carece de interés. Antes de interpretar su conducta, pregunta qué está intentando mejorar y qué información le falta.
Qué hace el profesor durante la práctica
El profesor observa tanto el movimiento como el proceso de decisión. Puede preguntar: «¿Qué condición elegiste?», «¿Qué criterio pudiste comprobar?» o «¿Qué cambiarías en el siguiente intento?». El acompañamiento se refiere a la relación entre la tarea y la elección. El libro recomienda evitar que la preferencia del docente por un nivel sustituya la valoración del propio estudiante. [2]
Si aparecen errores, el contenido continúa siendo responsabilidad docente. Primero se remite al criterio que permite revisarlos; después se aclara lo que no se comprende. Esto difiere de dejar practicar sin intervención. Ante una situación que comprometa el cuidado de las personas, el profesor interviene y modifica la organización, aunque esa decisión limite temporalmente la elección.
La comunicación también afecta a cómo se entienden las opciones. Llamarlas «nivel de los malos» y «nivel de los buenos» convierte una condición de trabajo en una clasificación personal. Es preferible nombrar lo que cambia: objetivo ancho, objetivo intermedio y objetivo estrecho. Así puede conversarse sobre la tarea sin atribuir una identidad al estudiante.
Evaluar el movimiento y la calidad de la elección
Los criterios se presentan antes de la práctica y describen aspectos que el alumnado puede reconocer. En una tarea de envío, «el objeto llega a la zona elegida» informa del resultado; «antes del envío identifico la zona y compruebo que está libre» describe una actuación observable. Es posible considerar ambas dimensiones sin reducir toda la valoración a contar aciertos.
La información de dos niveles diferentes necesita interpretarse con su contexto. Alcanzar un objetivo cercano y uno lejano no representa necesariamente la misma exigencia. Para una valoración institucional, el docente debe explicar qué aprendizaje común está observando y cómo considera los apoyos y las condiciones. La autoevaluación dentro del estilo no sustituye automáticamente la evaluación prevista por el centro.
Una devolución útil puede destacar una relación: «Elegiste una distancia menor y ahora puedes explicar hacia dónde orientas el envío». El progreso se valora con evidencias de la tarea, no mediante la obligación de ascender siempre. También interesa si el estudiante identifica un error, solicita una aclaración o justifica por qué necesita otro intento.
Organización, participación y presión del grupo
El estilo puede desarrollarse en un único espacio o en estaciones. La disposición física organiza el trabajo, pero no determina por sí misma el estilo de enseñanza. Una estación puede admitir elección del nivel; otra puede tener una tarea fijada por el profesor. Conviene explicitar las decisiones de cada episodio para que el alumnado sepa qué se espera. [2]
El libro advierte que las elecciones pueden verse afectadas por la presión de los compañeros. [2] En el diseño de aula resulta pertinente separar elección y exhibición pública: permitir revisar opciones sin anunciar una clasificación, evitar premios por escoger la dificultad mayor y cuidar los comentarios entre estudiantes. La conversación sobre los criterios sigue siendo necesaria.
Cuando una opción acumula esperas, materiales insuficientes o dudas recurrentes, no basta con pedir autonomía. Revisa la distribución y ofrece información accesible. La práctica puede continuar con apoyos visuales, consignas orales o materiales adaptados, siempre que quede claro qué decisión conserva el estudiante y qué condición ha ajustado el docente.
Ejemplos para comprender la práctica
Ejemplo hipotético: envíos a una zona de llegada
Primaria, adaptable a otros grupos según su experiencia con la elección y la observación.
- El docente delimita zonas de llegada sobre el suelo y prepara marcas de salida a distintas distancias. Emplea objetos blandos y organiza un sentido de envío que no atraviese espacios de otras personas.
- Presenta la tarea común: orientar el envío hacia la zona elegida y recoger cuando el espacio esté libre. Demuestra el procedimiento de organización, sin asignar un nivel fijo a cada estudiante.
- Cada estudiante observa las marcas, elige una y explica o señala en qué aspecto se fijará. Realiza una breve serie de intentos y registra dónde llega el objeto.
- Con esa información, decide repetir la distancia o cambiarla. El profesor conversa sobre el criterio usado; si el resultado no puede interpretarse, ayuda a precisar qué se observó.
Devolución: La devolución describe la relación entre elección y ejecución: «Desde esta marca puedes observar la llegada. ¿Qué te indica para tu próximo intento?». No exige escoger la marca más alejada.
Para transferirlo: En otra clase puede conservarse la lógica de elegir y revisar mientras cambia el contenido. El alumno compara qué información necesita para decidir en la nueva tarea.
Ejemplo hipotético: conducción por puertas de diferente anchura
Secundaria, o alumnado con experiencia básica en conducción y revisión de criterios.
- El profesor prepara recorridos cortos con puertas de diferentes anchuras. La tarea común consiste en conducir un objeto controlando su trayectoria, sin competir por llegar primero.
- Explica qué variable cambia y presenta criterios: el objeto atraviesa la puerta, permanece en la zona de práctica y puede detenerse cuando aparece un obstáculo.
- Cada persona elige una anchura, practica y contrasta los intentos con esos criterios. No recibe una puntuación mayor por escoger una puerta más estrecha.
- Tras revisar, decide si necesita otra anchura, más práctica en la actual o una aclaración. El docente recoge explicaciones breves para conocer cómo se están tomando las decisiones.
Devolución: «Has identificado que el objeto sale de la zona antes de la puerta. ¿Qué opción te permitirá observar y ajustar ese momento?». La pregunta devuelve la decisión al alumno sin ocultar el problema.
Para transferirlo: La misma forma de registro puede usarse en tareas de lanzamiento o recepción, revisando los criterios específicos en lugar de copiar los de conducción.
Cuándo resulta pertinente y cuándo reconsiderarlo
Puede ser apropiado
- Cuando la tarea admite distintos puntos de entrada relacionados con un aprendizaje común.
- Cuando interesa aprender a seleccionar una dificultad y revisar esa elección.
- Cuando el alumnado dispone de criterios que puede comprender y utilizar.
Conviene revisar la elección
- Si las opciones implican una dificultad que el alumnado todavía no puede valorar con apoyos.
- Si la elección se usa como clasificación pública o determina por sí sola la calificación.
- Si las condiciones requieren una intervención inmediata del docente.
Adaptaciones por etapa y experiencia
Estas son orientaciones de diseño didáctico. Las etapas escolares no determinan por sí solas la preparación del alumnado; los apoyos se ajustan a su experiencia y a la tarea.
| Etapa o contexto | Apoyos y ajustes de la propuesta |
|---|---|
| Educación inicial | Orientación de diseño: pocas opciones visibles, acompañamiento cercano y revisión mediante conversación o señales. La selección no se presupone adquirida por edad. |
| Primaria | Orientación de diseño: una variable principal y registros breves que conecten elección, intento y criterio. |
| Secundaria y media | Orientación de diseño: justificar ajustes con evidencias y comparar decisiones entre tareas sin clasificar capacidades personales. |
Qué observar durante la clase
- ¿El estudiante conoce las opciones antes de elegir?
- ¿La decisión del nivel le pertenece realmente?
- ¿Utiliza algún criterio para revisar la actuación?
- ¿Las condiciones permiten participar en cada opción?
- ¿Puede explicar qué mantendrá o cambiará?
Revisa una tarea de tu clase
Escoge una tarea que ya conozca tu grupo y prepara opciones relacionadas con el mismo aprendizaje. Revisa el diseño antes de presentarlo.
- Nombra la condición que cambia y la que permanece.
- Escribe dos criterios observables y cómo los conocerá el alumnado.
- Prepara una pregunta para acompañar la elección sin decidirla por el estudiante.
Fichas gratuitas para usar en clase
Ficha para diseñar una tarea con elección de nivel
Organizar una tarea común, sus opciones y la revisión de las decisiones del alumnado.
PDF de dos páginas para imprimir y completar. Combina la preparación docente con una ficha de trabajo para el alumnado, adaptada a las decisiones de este estilo. Descarga directa, sin registro.
Descargar plantilla gratuitaReferencias para profundizar
- Mosston, M., y Ashworth, S. (1993). La enseñanza de la educación física: la reforma de los estilos de enseñanza. Hispano Europea. ISBN 84-255-0970-X. Consultar fuente
- Mosston, M., y Ashworth, S. (2008). Teaching physical education (1.ª edición en línea). Spectrum Institute for Teaching and Learning. Páginas 156-187, numeración impresa de la edición en línea de 2008. Consultar fuente