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Fisiología del ejercicio · Cuerpo, movimiento y adaptación

Bebidas energéticas y preentrenos: qué significa realmente «tener más energía»

EDUFISICA · 9 min de lectura · Actualizado el 9 de octubre de 2026

La expresión «más energía» reúne significados que no son equivalentes. Puede referirse a calorías, a la sensación de estar despierto, a tolerar mejor una tarea o a mejorar una prueba de rendimiento. Una bebida puede modificar alguno de esos aspectos sin modificar los demás. Para interpretar su publicidad hay que separar lo que contiene, el mecanismo que se propone y el resultado que realmente se ha evaluado.

Las bebidas energéticas y los productos llamados preentrenos no tienen una composición única. Algunos incluyen cafeína, carbohidratos y mezclas de otros ingredientes. Los resultados de un estudio sobre una sustancia aislada no demuestran automáticamente la eficacia de cualquier producto que la mencione. El análisis requiere identificar formulación, población y comparación, manteniendo separados beneficio posible, respuesta individual y efectos adversos. [1, pp. 93–94; 2, pp. 563–566; 3; 4]

Martin Lel bebe durante el Maratón de Londres de 2005, seguido por Evans Rutto y Jaouad Gharib.
Martin Lel bebe durante el Maratón de Londres de 2005, seguido por Evans Rutto y Jaouad Gharib. Fotografía de Nickt. La imagen contextualiza la hidratación; no permite estimar necesidades individuales. Se redujo el tamaño y se convirtió a WebP. Ver ficha del archivo · Uso de la imagen

Calorías, hidratación y estimulación son funciones diferentes

Los carbohidratos, lípidos y proteínas contienen energía química que el organismo puede transformar. El agua participa en transporte y regulación sin aportar calorías. La cafeína actúa principalmente como una sustancia estimulante, no como un combustible que sustituya el aporte de nutrientes. Por ello, una bebida sin azúcar puede provocar una sensación de activación sin aportar la energía que aportaría una cantidad de carbohidratos. Confundir ambos efectos dificulta leer una etiqueta. [1, pp. 19–39, 93–94; 2, pp. 563–565]

La palabra energética no describe una fórmula fisiológica uniforme. Una bebida comercializada con ese nombre puede perseguir un efecto estimulante; otra destinada a un contexto deportivo puede centrarse en agua, carbohidratos o electrolitos. La composición concreta importa más que la apariencia del envase. Tampoco la presencia de vitaminas demuestra un aporte adicional de energía calórica ni una mejora deportiva. Sus funciones se explican en biomoléculas y micronutrientes.

Estas distinciones permiten formular preguntas independientes: ¿contiene agua?, ¿qué nutrientes aporta?, ¿incluye estimulantes?, ¿qué variable pretende mejorar? Una sola respuesta no resuelve todas las demás. El artículo sobre agua y homeostasis muestra que la hidratación depende del conjunto de entradas, pérdidas y regulación. Una sensación intensa o un sabor asociado al deporte no constituyen una medición de ese equilibrio.

La cafeína modifica señales, no crea una reserva ilimitada

La cafeína es una metilxantina y actúa como antagonista de receptores de adenosina. En el sistema nervioso, este mecanismo participa en cambios de alerta y de respuesta. La investigación también examina otros efectos posibles sobre percepción del esfuerzo y función neuromuscular. Una explicación precisa debe distinguir estas vías de la afirmación vaga de que el producto «produce energía». Modificar una señal no equivale a crear combustible ni a reemplazar el descanso. [2, p. 565; 4]

La sensación de poder continuar una tarea y la capacidad fisiológica completa no son medidas idénticas. El esfuerzo percibido forma parte de la experiencia, pero no resume temperatura, carga mecánica o recuperación. El hecho de que cambie una percepción tampoco demuestra que toda tarea deba prolongarse. La relación entre señales, músculo y exigencias de la actividad se conecta con fatiga central y periférica.

La respuesta a una sustancia depende de sus efectos y del contexto de uso. Una activación que se percibe favorable en una prueba puede coexistir con consecuencias que importan en otro momento, como dificultades de sueño. Evaluar solamente una sensación inmediata ofrece una imagen incompleta. Por eso, analizar cafeína exige mantener juntas las preguntas sobre resultado deportivo, experiencia y repercusiones posteriores, sin convertir ninguna de ellas en prueba suficiente de las otras. [4; 5]

Qué respalda la investigación sobre rendimiento

La revisión de Grgic y colaboradores reunió once revisiones que contenían 21 metaanálisis sobre cafeína y ejercicio. Encontró efectos medios favorables en diferentes tareas, entre ellas resistencia aeróbica, fuerza, resistencia muscular, potencia, salto y velocidad. Sin embargo, la calidad de la evidencia no era idéntica para todos los resultados, y algunos intervalos de predicción no permitían definir con certeza la dirección de un efecto en futuros contextos. [3]

La calidad de las revisiones incluidas se clasificó como moderada o alta, mientras que la evidencia de los resultados era generalmente moderada y en algunos casos baja o muy baja. Son valoraciones diferentes: una revisión puede estar bien realizada y reunir estudios primarios limitados. Además, gran parte de las investigaciones procedía de hombres jóvenes. La solidez de un promedio y la posibilidad de aplicarlo a otras poblaciones deben examinarse por separado. [3]

Estos hallazgos apoyan que la cafeína puede tener efectos ergogénicos en condiciones estudiadas. No significan que cada persona mejore todas sus capacidades, ni que una bebida comercial produzca el mismo efecto. La revisión buscó aislar el efecto de la cafeína y excluyó combinaciones que no permitían diferenciarlo. Ese criterio es decisivo cuando se intenta trasladar los resultados a productos con varios ingredientes. La eficacia de una mezcla necesita evidencia de la mezcla. [3]

Un promedio no sustituye la respuesta de cada persona

Pickering y Kiely examinan diferencias entre personas en la respuesta a la cafeína. Entre los factores investigados aparecen variación genética, exposiciones previas y contexto. Los resultados de estudios pequeños no son siempre consistentes. Por ello, describir un gen asociado al metabolismo de cafeína no permite predecir con precisión todos los efectos en un individuo. La revisión señala preguntas pendientes y necesidad de replicación en algunas relaciones. [4]

La cafeína puede asociarse a alteraciones de sueño o a sentimientos de ansiedad, con variabilidad entre personas y situaciones. El horario y el estado previo pueden importar junto con otras condiciones. Reconocer esta variación evita dos extremos: anunciar que todo consumo es igualmente beneficioso o afirmar que toda respuesta es idéntica. Una explicación educativa puede describir posibles efectos sin ofrecer cantidades individuales ni clasificar personas a partir de impresiones. [4; 5]

El uso habitual y los cambios en ese uso añaden complejidad. La investigación no respalda una receta universal basada en aumentar, suspender y volver a introducir cafeína para todos los deportistas. Una revisión específica de Pickering y Kiely subraya que la evidencia sobre habituación y retirada era limitada y presentaba resultados diferentes. Este artículo no convierte esas estrategias de investigación en instrucciones prácticas. Su interés está en mostrar por qué una respuesta repetida necesita contexto. [5]

Varios ingredientes no equivalen a varias mejoras sumadas

Los productos preentreno pueden combinar sustancias con objetivos diferentes. Que un ingrediente tenga una función biológica no demuestra que su inclusión en cualquier mezcla cambie una prueba. Tampoco es correcto sumar porcentajes de mejoras obtenidos en estudios separados, con poblaciones y condiciones distintas. Los resultados no funcionan como piezas independientes que se acumulen sin interacción. El producto completo necesita una comparación adecuada y medidas que correspondan a sus promesas. [1, pp. 93–94; 3]

En las mezclas, identificar cantidades y procedencia también importa para entender la exposición. Algunas fuentes vegetales contienen cafeína, de modo que el nombre del ingrediente puede no resultar suficiente para reconocerla. La investigación sobre consumo habitual muestra variaciones importantes entre fuentes y preparaciones. Un número de porciones no representa necesariamente la misma cantidad en todos los productos. Esta dificultad afecta la interpretación de lo ingerido y de las comparaciones. [2, pp. 563–564; 5]

La evaluación no debe basarse en cuántos términos científicos aparecen en una etiqueta. Una lista extensa puede describir composición sin demostrar un resultado. Conviene preguntar si existe un estudio de esa formulación y si lo que se midió coincide con lo anunciado. Si solo se cita un mecanismo o un trabajo sobre otro producto, la conclusión debe mantenerse en ese nivel. No se deriva una eficacia general por compartir nombres de ingredientes.

Mejorar una prueba no demuestra seguridad en todas las condiciones

Un ensayo de rendimiento puede estudiar un efecto breve bajo condiciones controladas. No equivale a una evaluación completa de consumo repetido, combinaciones, situaciones clínicas o personas de edades diferentes. La evidencia obtenida principalmente en adultos jóvenes no demuestra seguridad para estudiantes menores. Tampoco que un producto se venda establece por sí solo que sea apropiado para cualquier participante. Para esa conclusión harían falta datos específicos que respondieran la pregunta. [3; 4]

El sueño y la recuperación forman parte del contexto de entrenamiento. Si una sustancia altera el descanso, estudiar solamente el resultado de una prueba inmediata deja fuera una consecuencia relevante. Pickering y Kiely discuten diferencias de susceptibilidad y la necesidad de considerar estas interacciones. La respuesta favorable en un momento no permite asegurar un balance favorable en todas las sesiones siguientes. Evaluar beneficios y efectos no deseados requiere distinguir escalas temporales. [4; 5]

Las decisiones de personas con enfermedades, tratamientos o experiencias adversas requieren valoración profesional, no una adaptación de cifras leídas en un artículo. Aquí se explican mecanismos y criterios de lectura, sin proponer dosis, mezclas ni planes de suplementación. La educación física puede desarrollar conocimiento sobre publicidad y fisiología sin incorporar estimulantes como requisito para participar, aprender o demostrar esfuerzo.

Leer una etiqueta significa conectar composición y afirmaciones

La información sobre ingredientes y porciones puede analizarse sin establecer una pauta de consumo. Primero se reconoce qué afirma el producto: aporte de nutrientes, estimulación o rendimiento. Después se identifica qué sustancia o combinación se presenta como explicación. Finalmente se pregunta si la evidencia corresponde a esa formulación y a la población considerada. El recorrido evita aceptar una promesa solo porque suena técnica.

El organizador distingue preguntas que suelen mezclarse. Su finalidad es evaluar la calidad de una afirmación, no elegir una marca ni comparar dosis. También permite reconocer información ausente. Cuando una formulación no detalla suficientemente sus componentes, resulta más difícil vincularla con un estudio concreto. Una conclusión rigurosa debe conservar esa dificultad en lugar de rellenar el dato con supuestos sobre lo que suelen contener productos similares.

Un resultado medido, una experiencia personal y un mensaje comercial tienen valores distintos. La experiencia puede aportar una pregunta, pero no demuestra causalidad; la publicidad puede orientar hacia una afirmación, pero no la verifica. El estudio ofrece una comparación con límites definidos. Enseñar a distinguirlos facilita una lectura que valora la investigación sin convertirla en recomendación automática para cualquier lector.

Lo que se anunciaPregunta de análisis
Más energía¿Calorías, alerta o una prueba de rendimiento?
Ingrediente estudiado¿Se evaluó aislado o dentro de esta mezcla?
Mejora media¿Qué población y qué resultado se midieron?
Sin azúcar¿Qué otros componentes contiene?
Seguro o natural¿Qué evidencia responde esa afirmación y para quién?
Producto para entrenar¿Por qué sería pertinente para esta actividad concreta?

Un ejercicio de alfabetización científica en la clase

En un ejemplo hipotético, un grupo analiza un envase ficticio que afirma «activa tu energía» y menciona cafeína, vitaminas y minerales. Se pide separar composición, mecanismo y promesa. No se lleva el producto a la sesión ni se invita a consumirlo. El alumnado relaciona vitaminas con regulación, carbohidratos con aporte energético y cafeína con estimulación, usando las distinciones desarrolladas en los artículos relacionados.

Después, el grupo recibe una descripción breve de la revisión sobre cafeína. Debe indicar por qué los efectos medios en hombres jóvenes no representan automáticamente una evaluación de esa mezcla ni una pauta para infancia. La tarea permite trabajar lectura de resultados, límites de generalización y vocabulario científico. Puede adaptarse a distintos niveles sin utilizar datos personales, pruebas máximas ni experimentos de ingestión.

La pregunta final es qué información haría falta para respaldar exactamente la promesa. Esta forma de trabajo relaciona conocimiento fisiológico con decisiones informadas, sin convertir el suplemento en protagonista de la práctica. Entender cómo se estudia una sustancia ayuda a reconocer cuándo una afirmación está apoyada y cuándo amplía su alcance. La claridad procede de separar funciones y evidencias, no de buscar una bebida que explique todo el rendimiento.

Bibliografía

  1. León Ariza, H. H. (2026). Fisiología del ejercicio: bases para la comprensión del rendimiento y el ejercicio físico para la salud. Universidad de La Sabana. Consultar fuente
  2. McArdle, W. D., Katch, F. I., y Katch, V. L. (2015). Fisiología del ejercicio: nutrición, rendimiento y salud (8.ª ed. española). Wolters Kluwer Health España. ISBN 978-84-16004-70-6.
  3. Grgic, J., Grgic, I., Pickering, C., Schoenfeld, B. J., Bishop, D. J., y Pedisic, Z. (2020). Wake up and smell the coffee: caffeine supplementation and exercise performance, an umbrella review of 21 published meta-analyses. British Journal of Sports Medicine, 54(11), 681–688. Consultar fuente
  4. Pickering, C., y Kiely, J. (2018). Are the current guidelines on caffeine use in sport optimal for everyone? Inter-individual variation in caffeine ergogenicity, and a move towards personalised sports nutrition. Sports Medicine, 48, 7–16. Consultar fuente
  5. Pickering, C., y Kiely, J. (2019). What should we do about habitual caffeine use in athletes? Sports Medicine, 49, 833–842. Consultar fuente