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Fisiología del ejercicio · Cuerpo, movimiento y adaptación

Electrocardiograma, ejercicio y muerte súbita: qué informa el registro y cómo preparar la respuesta

EDUFISICA · 9 min de lectura · Actualizado el 9 de octubre de 2026

El electrocardiograma registra actividad eléctrica cardíaca. Su trazo permite estudiar cómo se activa el corazón, pero no constituye una fotografía de sus cavidades ni una medida directa de su capacidad para bombear sangre. Comprender esta diferencia resulta esencial cuando una clase aborda el pulso, el entrenamiento o las noticias sobre muerte súbita en el deporte. Una señal eléctrica necesita contexto para convertirse en información clínica. [1, pp. 328–330; 2, pp. 326–328].

La formación en educación física puede explicar esa señal y promover una respuesta organizada frente a emergencias. No convierte al docente en intérprete de registros clínicos. Conviene separar tres tareas: conocer la fisiología, reconocer los límites de las pruebas y preparar a la comunidad para actuar. Desde ahí es posible abordar el tema con precisión, sin trivializar el riesgo ni presentar cada cambio del deportista como enfermedad.

Sistema de análisis de gases utilizado en pruebas de esfuerzo.
Sistema de análisis de gases utilizado en pruebas de esfuerzo. Fotografía de Cosmed (2011). Se redujo el tamaño y se convirtió a WebP. Ver ficha del archivo · Uso de la imagen

Una señal eléctrica no describe por sí sola todo el corazón

El nodo sinusal inicia habitualmente una activación que se propaga por las aurículas y llega al sistema de conducción hacia los ventrículos. La secuencia eléctrica precede y acompaña procesos que permiten la contracción. El ECG recoge diferencias de potencial mediante electrodos sobre la piel. No registra el paso de un impulso aislado como si fuera una cámara que siguiera cada célula: representa la actividad eléctrica resultante desde distintas perspectivas. [1, pp. 328–330; 2, pp. 326–327].

La derivación es una forma de observar esa actividad, no otro corazón ni necesariamente otro electrodo. El registro convencional de 12 derivaciones incluye perspectivas del plano frontal y del plano transversal. La posición estandarizada importa porque cambiarla puede modificar el trazo y dificultar comparaciones. Por ello una imagen recortada, sin identificación de derivaciones o condiciones de registro, contiene menos información que un estudio completo. [1, pp. 329–330].

El bombeo y la respuesta cardiovascular dependen también de llenado, contracción, válvulas y vasos. Un ECG aporta información diferente de la obtenida mediante imágenes cardíacas o pruebas funcionales. Estas herramientas no se sustituyen entre sí de forma automática. La elección responde a una pregunta clínica y a los hallazgos que necesita aclarar, en lugar de acumular exámenes sin propósito. [1, p. 334; 3].

Ondas, segmentos e intervalos: un vocabulario para comprender

La onda P se relaciona con la despolarización auricular; el complejo QRS, con la despolarización ventricular; la onda T, con la repolarización ventricular. Despolarización y repolarización describen cambios eléctricos, no cantidades de oxígeno o fuerza muscular. La repolarización de las aurículas queda habitualmente oculta por el complejo ventricular. Saber estas correspondencias permite situarse en el registro sin atribuir a cada dibujo un diagnóstico inmediato. [1, p. 329; 2, pp. 327–328].

Un segmento comprende una porción situada entre elementos del trazo; un intervalo incluye uno o más elementos y sus tiempos asociados. El intervalo PR va desde el comienzo de P hasta el inicio del QRS. El QT abarca desde el comienzo del QRS hasta el final de T. La distinción ayuda a explicar que duración, amplitud y forma son características diferentes, medidas con condiciones de registro conocidas. [1, pp. 329–330; 2, p. 328].

El QT también se interpreta considerando la frecuencia cardíaca. Las correcciones y su medición presentan dificultades particulares en algunos deportistas; una cifra automática no equivale por sí sola a confirmar una enfermedad. El consenso publicado en European Heart Journal en 2026 insiste en integrar antecedentes, mediciones y evaluación cuando un hallazgo necesita aclaración. Aquí interesa comprender la pregunta fisiológica, sin convertir los intervalos en una lista doméstica de diagnósticos. [4].

ElementoRelación fisiológica principalLo que no demuestra de forma aislada
Onda PActivación eléctrica de las aurículas.Cantidad de sangre que llega al corazón.
Complejo QRSActivación eléctrica de los ventrículos.Fuerza o rendimiento deportivo del corazón.
Onda TRepolarización ventricular.Un diagnóstico único a partir de su forma.
Intervalo PRTiempo que comprende activación auricular y conducción hasta el inicio ventricular.Que cualquier cambio tenga la misma causa.
Intervalo QTTiempo que comprende despolarización y repolarización ventriculares.Riesgo individual sin medición y contexto clínico.

Frecuencia y ritmo plantean preguntas distintas

La frecuencia expresa cuántos ciclos ocurren por unidad de tiempo. El ritmo considera su origen y organización. Dos registros con la misma frecuencia pueden mostrar patrones diferentes; dos personas con ritmos semejantes pueden tener frecuencias distintas. Además, la velocidad del papel o la escala temporal debe conocerse para interpretar distancias. Medir milímetros sin calibración no produce una medida fisiológica válida. [1, p. 331; 2, pp. 327–328].

El reposo, el esfuerzo y la recuperación no son momentos intercambiables. La regulación autónoma modifica la frecuencia, y la historia de entrenamiento puede influir en algunas características del registro. Edad, síntomas, exposición y contexto clínico cambian su interpretación. Un umbral de frecuencia tomado de una explicación general para adultos no debe aplicarse como etiqueta de enfermedad a todo estudiante o deportista. [2, pp. 327–329; 3; 4].

Ejemplo hipotético: un grupo compara dos dibujos didácticos con diferente separación entre complejos, ambos identificados con la misma escala temporal. Puede describir cuál representa más ciclos por minuto y qué variable ha cambiado. No puede concluir quién está más sano, quién tiene mejor condición física ni cuál necesita tratamiento. Esta restricción forma parte del ejercicio: aprender a decir qué información falta es una competencia científica.

Adaptación al entrenamiento y enfermedad no son sinónimos

El entrenamiento puede acompañarse de características eléctricas que necesitan criterios específicos para deportistas. A la vez, existen hallazgos que merecen evaluación y no deben descartarse simplemente porque la persona entrene mucho. La apariencia del registro se sitúa junto a la historia personal y familiar, los síntomas y, cuando corresponde, otras exploraciones. Una sola característica no resume todo el riesgo. [3; 4].

Interpretar exige también considerar la calidad de la toma. La colocación de electrodos y los artefactos pueden dificultar la lectura, mientras determinadas variaciones dependen de edad y otras características. La orientación clínica contemporánea pretende reducir tanto estudios innecesarios como la posibilidad de pasar por alto una enfermedad. Este equilibrio requiere profesionales formados, no un cuestionario que asigne etiquetas a partir de una fotografía del ECG. [1, pp. 329–330; 3; 4].

Algunos hallazgos quedan sin una explicación definitiva tras la evaluación inicial. El consenso de 2026 reconoce incertidumbres y límites en parte de la evidencia que sustenta sus recomendaciones. Eso permite comprender por qué puede indicarse seguimiento y por qué una investigación genética no es una consecuencia universal de cualquier cambio. El diagnóstico, la participación deportiva y la vigilancia se relacionan, pero son decisiones diferentes. [4].

Paro cardíaco, muerte súbita e infarto no significan lo mismo

El paro cardíaco describe una pérdida de circulación eficaz que constituye una emergencia. La muerte súbita es un desenlace; algunas personas que sufren un paro sobreviven gracias a la respuesta recibida. Un infarto corresponde a una lesión del miocardio asociada a un problema de aporte sanguíneo y puede relacionarse con un paro, pero ambos términos no son equivalentes. Distinguirlos evita leer todas las noticias deportivas como si describieran el mismo proceso. [1, p. 334; 3; 5].

Las causas vinculadas a muerte súbita en deportistas jóvenes forman un conjunto diverso, con enfermedades estructurales, alteraciones eléctricas y anomalías coronarias, entre otras. También puede ocurrir un evento relacionado con un impacto torácico, denominado commotio cordis. Su explicación pertenece a la comprensión de riesgos y respuesta; no es una situación que deba reproducirse como demostración en clase. [5].

Los estudios no siempre definen igual al deportista, la edad o el desenlace. Algunos registran fallecimientos; otros incluyen paros con supervivencia. El seguimiento y la identificación de casos también difieren. Por eso no hay que extraer una cifra de incidencia de una cohorte y anunciarla como riesgo mundial de toda educación física. La revisión de JACC de 2024 documenta esa variabilidad y la necesidad de conservar los denominadores y poblaciones. [5].

La relación entre ejercicio y riesgo tampoco se reduce a «hacer deporte causa muerte» o «entrenar evita cualquier evento». La actividad habitual y los posibles desencadenantes agudos plantean preguntas distintas, ligadas a susceptibilidad y exposición. Comparar un deportista competitivo con una clase escolar exige explicar esas diferencias, en vez de trasladar directamente recomendaciones o alarmas de una población a otra. [3; 5].

Qué puede aportar la evaluación y qué queda fuera de ella

La evaluación preparticipación integra historia personal y familiar y exploración clínica. La declaración AHA/ACC de 2025 considera razonable incorporar un ECG cuando existe acceso apropiado a profesionales y recursos para interpretar y estudiar los hallazgos. Se refiere a deportistas competitivos y a un proceso clínico; no constituye una orden para que un docente imponga por su cuenta el mismo paquete de pruebas a cualquier alumno. [3].

Un ECG puede mejorar la detección de determinadas condiciones, pero no identifica todas las enfermedades relacionadas con riesgo. Los falsos positivos pueden generar evaluaciones innecesarias, costes y restricciones injustificadas. A su vez, un registro sin hallazgos no equivale a protección absoluta. La utilidad depende también del recorrido posterior: quién interpreta, qué estudio sigue y cómo se comunica la incertidumbre. [3].

En personas con una condición cardiovascular, las decisiones de participación necesitan evaluación individual y conversación informada. La declaración de 2025 da importancia a la decisión compartida entre deportista y equipo clínico. Esto evita sustituir toda valoración por una prohibición universal o por permiso incondicional. En el ámbito educativo, corresponde respetar las orientaciones clínicas pertinentes y mantener la privacidad, sin convertir antecedentes de salud en motivo de exposición pública. [3].

Preparar la respuesta es una tarea compartida

La planificación de emergencias complementa la evaluación: ninguna estrategia de detección ofrece protección absoluta frente a un paro. La AHA/ACC señala un plan escrito con coordinación, reconocimiento del evento, formación en reanimación, acceso rápido a un desfibrilador externo automático y articulación con transporte y atención sanitaria. El equipo necesita conocer sus responsabilidades y practicar la organización, en lugar de descubrirla durante un incidente. [3].

Para una institución educativa, una aplicación propuesta consiste en identificar quién activa el sistema local de emergencias, quién conoce el acceso para los servicios sanitarios y dónde se encuentra el equipo disponible. Las personas encargadas de reanimación y desfibrilación requieren formación apropiada. El plan debe revisarse con las condiciones reales del lugar: un recurso guardado sin acceso o una ruta desconocida no equivale a disponibilidad operativa. [3].

Ante un colapso con sospecha de paro, no corresponde detener la respuesta para buscar un ECG o debatir su interpretación. La prioridad pertenece a la activación de emergencias y a las acciones de reanimación y desfibrilación conforme a formación y protocolos vigentes. La preparación se adapta a cada institución y servicio local; leer un artículo no sustituye una capacitación práctica. [3; 5].

Una actividad de aula centrada en comprender y organizar

Propuesta didáctica: combinar una estación sobre ondas e intervalos con otra sobre el plan de emergencia. En la primera se usan trazos esquemáticos creados para aprender, identificados como dibujos y sin datos de alumnos. En la segunda se trabaja con un plano del espacio y tarjetas de responsabilidades. La finalidad es separar lectura fisiológica, valoración clínica y coordinación, tres ámbitos que suelen confundirse cuando aparece una noticia alarmante.

La devolución puede pedir al grupo que explique una función del ECG, una limitación y una responsabilidad del plan. No se evalúa su capacidad de diagnosticar ni se solicita que revele antecedentes. Las preguntas sobre el transporte de oxígeno o la evaluación de la respuesta al esfuerzo permiten continuar el estudio, conservando qué mide realmente cada herramienta.

Una comprensión útil del ECG termina con más precisión sobre el alcance de la información. Describir una onda, interpretar un hallazgo y decidir una actuación clínica son tareas diferentes. A su vez, organizar personas, comunicación y acceso a ayuda convierte la prevención y la respuesta en responsabilidades concretas, sin prometer que una prueba o un plan puedan excluir todo riesgo. [3; 4; 5].

Bibliografía

  1. León Ariza, H. H. (2026). Fisiología del ejercicio: bases para la comprensión del rendimiento y el ejercicio físico para la salud. Universidad de La Sabana. https://doi.org/10.5294/978-958-12-0764-0 Consultar fuente
  2. McArdle, W. D., Katch, F. I., y Katch, V. L. (2015). Fisiología del ejercicio: nutrición, rendimiento y salud (8.ª ed.). Wolters Kluwer Health España. Consultar fuente
  3. Kim JH, Baggish AL, Levine BD, Ackerman MJ, Day SM, Dineen EH, Guseh JS, La Gerche A, Lampert R, Martinez MW, Papadakis M, Phelan DM, Shafer KM, American Heart Association Leadership Committee of the Council on Clinical Cardiology; Council on Basic Cardiovascular Sciences; Council on Cardiovascular and Stroke Nursing; Council on Cardiovascular Surgery and Anesthesia; Council on Peripheral Vascular Disease; and American College of Cardiology. (2025). Clinical Considerations for Competitive Sports Participation for Athletes With Cardiovascular Abnormalities: A Scientific Statement From the American Heart Association and American College of Cardiology. Circulation, 151(11), e716-e761. https://doi.org/10.1161/cir.0000000000001297 Consultar fuente
  4. Finocchiaro G, Zorzi A, Abela M, Baggish A, Castelletti S, Cavarretta E, Claessen G, Corrado D, Sanz de la Garza M, Gati S, Maestrini V, Malhotra A, Niebauer J, Niederseer D, Papadakis M, Pelliccia A, Sharma S, D'Ascenzi F. (2026). Abnormal electrocardiogram findings in athletes. Eur Heart J, 47(2), 152-169. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehaf646 Consultar fuente
  5. Finocchiaro G, Westaby J, Sheppard MN, Papadakis M, Sharma S. (2024). Sudden Cardiac Death in Young Athletes: JACC State-of-the-Art Review. J Am Coll Cardiol, 83(2), 350-370. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2023.10.032 Consultar fuente