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Fisiología del ejercicio · Cuerpo, movimiento y adaptación

Fatiga central y periférica: por qué disminuye el rendimiento

EDUFISICA · 8 min de lectura · Actualizado el 9 de octubre de 2026

Dos personas pueden detener un ejercicio por razones diferentes, y una misma persona puede fatigarse de distinta manera al correr, sostener una carga o repetir saltos. La fatiga no es una sustancia que se acumula siempre en el mismo lugar. Es un fenómeno dependiente de la tarea, donde sensaciones y capacidad de producir un resultado se relacionan sin ser idénticas.

La distinción entre componentes centrales y periféricos ayuda a estudiar qué cambia en la activación y en la respuesta muscular. No divide el cuerpo en dos sistemas independientes, ni permite identificar una causa concreta a partir de la expresión cotidiana estoy cansado.

Micrografía de neuronas de von Economo de la corteza cingulada, con tinción LFB-HE.
Micrografía de neuronas de von Economo de la corteza cingulada, con tinción LFB-HE. Fotografía de Nephron. Se redujo el tamaño y se convirtió a WebP. Ver ficha del archivo · Uso de la imagen

Cansancio percibido y fatigabilidad del desempeño

La sensación de cansancio describe una experiencia subjetiva. La fatigabilidad del desempeño se relaciona con cambios observables en capacidad para realizar una tarea, como disminución de fuerza o pérdida de un ritmo definido. Ambas dimensiones pueden influirse, pero no siempre avanzan en paralelo. Una persona puede percibir esfuerzo intenso y conservar el resultado; otra puede modificar la ejecución antes de describir una sensación marcada. [1, pp. 388–394 y 447–451; 2, pp. 398–400]

También importa definir el resultado que disminuye. Una pérdida de precisión, una reducción de fuerza máxima y una decisión de bajar la velocidad no son medidas equivalentes. En deportes, el rendimiento integra percepción, coordinación y estrategia; en una prueba muscular se estudia una dimensión más delimitada. Por eso, fatiga no debe utilizarse como explicación circular: decir que alguien rinde menos porque está fatigado no aclara qué mecanismo cambió. La pregunta necesita describir tarea, duración, intensidad y condiciones. Estos datos permiten relacionar la experiencia con la fisiología sin reducirla a falta de motivación o a agotamiento completo de energía.

Qué significa un componente central

La fatiga central se estudia como una disminución de la capacidad de activar voluntariamente el músculo mediante mecanismos situados en el sistema nervioso central. Pueden intervenir procesos corticales, espinales y la información que llega desde el organismo. No equivale a cansancio psicológico ni a una decisión libre de esforzarse menos. El control motor integra señales descendentes y aferentes dentro de una tarea que también tiene exigencias metabólicas. [1, pp. 388–394; 3]

Las técnicas de estimulación permiten investigar partes de esa activación, pero su interpretación requiere condiciones definidas. Una variación de excitabilidad en una vía no es sinónimo de una reducción igual de activación voluntaria. Brownstein y colaboradores resumen respuestas del sistema neuromuscular a modalidades e intensidades diferentes y señalan que, en esfuerzos prolongados, los cambios centrales precisos siguen presentando preguntas abiertas. La conclusión útil es que central describe una localización funcional de mecanismos, no una causa única ni un estado que pueda diagnosticarse a partir de cómo se ve la postura o del relato de cansancio.

Qué puede cambiar dentro de la respuesta muscular

Los componentes periféricos incluyen alteraciones de la respuesta muscular situadas fuera de los mecanismos centrales de activación. La excitabilidad de membrana, el acoplamiento excitación-contracción y el funcionamiento del aparato contráctil pueden contribuir a disminuir fuerza. También influyen condiciones metabólicas e iónicas. La unión neuromuscular y la regulación del calcio permiten situar esa cadena, pero no implican que la transmisión sináptica sea siempre el factor limitante durante ejercicio saludable. [1, pp. 447–451; 2, pp. 398–400]

La liberación de calcio desde el retículo y la sensibilidad de proteínas contráctiles pueden modificarse. El fosfato inorgánico y otras variaciones celulares participan en procesos estudiados experimentalmente. La importancia relativa depende del esfuerzo y del método: no existe un orden fijo de causas aplicable a cualquier actividad. Además, una pérdida de capacidad contráctil puede aparecer durante tareas submáximas, no únicamente cuando se exige una contracción máxima. En su revisión de ejercicio locomotor, Brownstein y colaboradores describen cambios de función contráctil en un espectro amplio de intensidades. Esa observación evita interpretar submáximo como ausencia de fatiga muscular. [3]

Energía disponible, metabolitos y regulación celular

Durante el ejercicio, el ATP se utiliza y resintetiza continuamente. La disminución del rendimiento puede relacionarse con alteraciones de ese sistema sin que el ATP llegue a cero. Cambian concentraciones de productos metabólicos, disponibilidad local de sustratos y condiciones que influyen en excitabilidad y contracción. En esfuerzos prolongados, el glucógeno puede formar parte de los factores limitantes; en esfuerzos intensos y breves cobran importancia otras dinámicas. [1, pp. 447–451; 4]

El lactato no representa por sí solo un veneno muscular ni la explicación universal de la fatiga. Su concentración refleja procesos de producción, transporte y utilización, mientras el equilibrio ácido-base y otros cambios se relacionan con la respuesta celular. El artículo sobre lactato y umbrales desarrolla esta distinción. También las especies reactivas participan en señalización y, bajo determinadas condiciones, en modificaciones que afectan función. Por tanto, su presencia no justifica concluir que deben eliminarse todas para rendir mejor. La fisiología de la fatiga exige estudiar interacciones y contexto, en lugar de buscar una única molécula culpable.

La información muscular modifica la respuesta del sistema nervioso

Los músculos generan información aferente relacionada con condiciones mecánicas y químicas. Esa información participa en regulación del ejercicio y se integra con otras señales, incluidas las de circulación, respiración y temperatura. La actividad del músculo puede influir en salida neural y esta, a su vez, modifica lo que exige al tejido. Central y periférico funcionan así como componentes de una interacción, no como explicaciones que compiten hasta que una reemplaza por completo a la otra. [1, pp. 388–394 y 447–451; 3]

La duración y la intensidad modifican esas relaciones. La potencia crítica y los dominios de intensidad ayudan a comprender por qué algunas demandas permiten un estado metabólico relativamente estable y otras conducen a cambios progresivos hasta la interrupción de la tarea. Goulding y Marwood relacionan tolerancia con transporte y utilización de oxígeno, ambiente muscular y reclutamiento. Esa integración impide atribuir el límite únicamente al corazón, al cerebro o a un tipo de fibra. El resultado expresa condiciones del sistema completo bajo una exigencia determinada, con componentes cuya contribución puede variar. [5]

Cómo se investiga la fatiga neuromuscular

Las investigaciones pueden combinar una tarea definida con mediciones de fuerza, estimulación del nervio o músculo y técnicas que examinan vías centrales. La respuesta evocada permite explorar capacidad contráctil; las comparaciones durante una acción voluntaria aportan información sobre activación. Cada procedimiento tiene supuestos, límites y sensibilidad distinta. El registro electromiográfico, por sí solo, no determina toda la contribución central o periférica. [3]

Una medición realizada después de terminar la tarea describe el estado en el momento del registro. No debe equipararse, sin justificación, al estado durante la ejecución: entre ambos momentos pudieron cambiar carga, postura y condiciones de evaluación. Si las pausas o los músculos examinados difieren, hay que declarar esas diferencias antes de comparar resultados. Estas pruebas pertenecen a investigación o evaluación especializada, no a un protocolo para que el lector se autodiagnostique. En docencia, los registros de participación y ejecución pueden ser útiles, siempre que se presenten como observaciones educativas y no como identificación de un mecanismo nervioso específico.

Observación o medidaInformación que aportaLo que no identifica por sí sola
Sensación de cansancioExperiencia subjetiva del participante.Localización central o periférica de una causa.
Pérdida de fuerza en una tareaCambio de desempeño bajo condiciones concretas.Mecanismo completo de la disminución.
Respuesta a estimulaciónAspectos de activación o función contráctil según técnica.Toda la conducta deportiva.
Registro eléctrico muscularActividad relacionada con el sistema neuromuscular.Fuerza exacta o contribución única de fatiga central.
Medición después del ejercicioEstado en el momento evaluado.Estado idéntico durante toda la tarea.

Recuperación, dolor y adaptación son fenómenos diferentes

La recuperación describe retorno o modificación de capacidades tras una carga, pero sus componentes no tienen que seguir el mismo curso temporal. Puede recuperarse un resultado mientras persisten cambios en otra medida. El dolor muscular tardío, la sensación de cansancio y una disminución de fuerza son indicadores diferentes; la ausencia de uno no demuestra ausencia de los otros. Tampoco el dolor sirve como marcador proporcional del estímulo de adaptación. [2, pp. 528–538; 4]

La adaptación muscular ocurre mediante respuestas a exposiciones repetidas, con recuperación y condiciones suficientes para remodelación. Buscar siempre la máxima fatiga no equivale a optimizar aprendizaje, fuerza o salud. Un estudiante puede necesitar atender a una habilidad nueva y una carga que deteriora mucho su ejecución cambia el problema educativo. Al mismo tiempo, experimentar esfuerzo no es necesariamente señal de lesión. La distinción debe hacerse con datos y contexto, evitando tanto glorificar el agotamiento como interpretar cualquier sensación de esfuerzo como daño. Síntomas persistentes o inusuales requieren una valoración apropiada, no una explicación improvisada basada en lactato.

Un ejemplo hipotético: precisión que disminuye durante un juego

Imaginemos una actividad donde un grupo combina desplazamientos y pases. Al avanzar la sesión, algunos participantes envían el balón con menor precisión. El registro muestra un cambio de rendimiento, pero no permite determinar automáticamente una causa: pueden influir demanda muscular, coordinación, decisiones, atención o condiciones de la actividad. El profesor puede observar cuándo aparece la diferencia y si cambia al modificar una exigencia concreta.

Si una pausa breve mejora el siguiente intento, eso sugiere que alguna condición transitoria influyó; no identifica de forma exclusiva recuperación muscular o neural. Si la dificultad se mantiene solo cuando aumenta la oposición, quizá la exigencia perceptiva y decisional necesite otro análisis. Estos son ejemplos hipotéticos de interpretación, no reglas diagnósticas. Separar observación y explicación favorece ajustes pertinentes: conservar oportunidades de aprendizaje, considerar descansos y evitar comparar a todos mediante un único límite de tolerancia. El objetivo de una clase tampoco necesita ser reproducir un laboratorio de agotamiento para demostrar que la actividad fue exigente.

Preguntas que hacen más precisa la explicación

Antes de explicar un resultado conviene definir qué tarea se realizó, qué cambió y con qué método se observó. Después interesa situar intensidad, duración, experiencia y condiciones ambientales. Una misma pérdida de ritmo puede surgir en situaciones fisiológicas distintas, y el dato aislado rara vez separa todos los componentes. Las revisiones actuales describen precisamente esta dependencia de tarea y las limitaciones de inferir mecanismos centrales o periféricos desde una medida única. [3; 4; 5]

El concepto de fatiga conserva utilidad cuando ayuda a formular preguntas verificables. La fisiología permite relacionar activación nerviosa, respuesta contráctil y metabolismo; el análisis del movimiento añade la finalidad concreta. En docencia, esa integración evita juzgar el esfuerzo como una cualidad moral de la persona y permite distinguir aprendizaje, recuperación y desempeño. La disminución de un resultado es el punto de partida del análisis, no su conclusión. Comprenderla requiere reconocer qué evidencia está disponible y qué parte de la explicación todavía necesita comprobarse.

Bibliografía

  1. León Ariza, H. H. (2026). Fisiología del ejercicio: bases para la comprensión del rendimiento y el ejercicio físico para la salud. Universidad de La Sabana. Consultar fuente
  2. McArdle, W. D., Katch, F. I., y Katch, V. L. (2015). Fisiología del ejercicio: nutrición, rendimiento y salud (8.ª ed.). Wolters Kluwer Health España. ISBN 978-84-16004-70-6.
  3. Callum G. Brownstein; Guillaume Y. Millet; Kevin Thomas (2021). Neuromuscular responses to fatiguing locomotor exercise. Acta Physiologica, 231(2), e13533. https://doi.org/10.1111/apha.13533 Consultar fuente
  4. Jonathon A. B. Smith; Kevin A. Murach; Kenneth A. Dyar; Juleen R. Zierath (2023). Exercise metabolism and adaptation in skeletal muscle. Nature Reviews Molecular Cell Biology, 24(9), 607-632. https://doi.org/10.1038/s41580-023-00606-x Consultar fuente
  5. Goulding RP, Marwood S. (2023). Interaction of Factors Determining Critical Power. Sports medicine (Auckland, N.Z.), 53(3), 595-613. https://doi.org/10.1007/s40279-022-01805-w Consultar fuente