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Fisiología del ejercicio · Cuerpo, movimiento y adaptación

Biomoléculas y micronutrientes: qué necesita el cuerpo para moverse y adaptarse

EDUFISICA · 9 min de lectura · Actualizado el 9 de octubre de 2026

Un alimento no se convierte directamente en un salto, un gol o una mejora de fuerza. Sus componentes se digieren, se absorben y participan en procesos diferentes: algunos aportan energía; otros permiten construir estructuras o regular reacciones. Esta diversidad explica por qué una alimentación suficiente no puede evaluarse solamente contando calorías ni identificando un ingrediente destacado en un envase.

Las biomoléculas son componentes de los seres vivos; los nutrientes se definen por su papel en la nutrición. Las categorías se superponen, pero no son idénticas. El ADN es una macromolécula esencial para la organización celular, aunque no se trata como un macronutriente equivalente a los carbohidratos, las grasas o las proteínas. Las vitaminas y los minerales son necesarios en cantidades menores, sin que «menor» signifique «menos importante». [1, pp. 19–36; 2, pp. 7–62]

Frutas fotografiadas en Bali.
Frutas fotografiadas en Bali. Midori (2011). La variedad de alimentos sirve para contextualizar los nutrientes; la imagen no constituye una recomendación dietética individual. Se redujo el tamaño y se convirtió a WebP. Ver ficha del archivo · Uso de la imagen

Energía, estructura y regulación pueden coexistir

Clasificar un compuesto por su función principal ayuda a estudiar, pero puede ocultar otras funciones. Los carbohidratos participan en el metabolismo energético y también forman parte de moléculas presentes en superficies celulares. Los lípidos almacenan energía, componen membranas y aportan precursores de algunas señales. Las proteínas desempeñan funciones contráctiles, enzimáticas, de transporte y de comunicación. Ninguna de estas categorías se comprende bien si se reduce a una sola palabra. [1, pp. 19–31]

A la vez, una función biológica no demuestra que ingerir más del compuesto mejore esa función. Que un mineral intervenga en una reacción no permite concluir que esa reacción estará limitada por el mineral en una persona concreta. Para establecerlo habría que conocer su disponibilidad, el estado nutricional y las demás condiciones del proceso. El salto entre «participa» y «mejora» suele ser el punto débil de muchos mensajes sobre rendimiento.

En el ejercicio, esta distinción separa la explicación de una recomendación. Podemos comprender el papel de un aminoácido o de una vitamina sin convertir la lectura en una pauta de suplementos. El análisis científico pregunta qué se midió, en quién y bajo qué condiciones. Una afirmación referida a una carencia no se aplica automáticamente a quien dispone de cantidades suficientes. [2, pp. 41–62]

Carbohidratos: combustible disponible y funciones celulares

Los monosacáridos son unidades simples, como glucosa, fructosa y galactosa. Los disacáridos reúnen dos unidades; los polisacáridos contienen cadenas mayores. El almidón se encuentra en alimentos vegetales y el glucógeno constituye una reserva corporal importante. La estructura de los enlaces influye en cómo pueden procesarse, pero la digestibilidad no se deduce de una etiqueta única de «simple» o «complejo». También importan el alimento, su preparación y el conjunto de la comida. [1, pp. 19–22; 2, pp. 7–15]

El glucógeno muscular y el hepático no cumplen exactamente el mismo papel. El músculo utiliza su reserva para apoyar sus demandas locales; el hígado participa en el mantenimiento de la glucosa disponible en la circulación. Durante una actividad pueden coexistir aporte sanguíneo y utilización de reservas musculares. El predominio de una fuente cambia según la intensidad, la duración y otras condiciones. Este recorrido se explica con más detalle en nutrición y utilización de sustratos.

La fibra merece una consideración distinta. Parte de sus componentes no se digiere mediante las enzimas humanas del mismo modo que el almidón, y puede alcanzar zonas donde participa la microbiota. No es simplemente un carbohidrato que «no sirve». Su presencia afecta características del alimento y procesos digestivos. En cambio, convertir toda la información sobre carbohidratos en una clasificación moral de alimentos buenos y malos impide atender funciones, cantidades y contextos. [2, pp. 10–18]

Lípidos: reservas, membranas y transporte

Los lípidos constituyen un grupo diverso. Los triglicéridos, formados por glicerol y ácidos grasos, participan en reservas energéticas. Los fosfolípidos contribuyen a membranas celulares. El colesterol tiene funciones estructurales y es precursor de otras moléculas. Por ello, describir todos los lípidos como un exceso que debe desaparecer no representa su fisiología. Tampoco reconocer sus funciones implica negar que la distribución y el transporte de lípidos tengan relevancia para la salud. [1, pp. 22–27; 2, pp. 18–29]

La clasificación de ácidos grasos saturados e insaturados se basa en su estructura química. Las denominaciones omega se relacionan con la posición de un doble enlace contado desde un extremo de la cadena. Estos términos permiten distinguir moléculas; no sustituyen la evaluación de un patrón de alimentación ni permiten atribuir beneficios ilimitados a cualquier producto que los incluya. Una mezcla comercial puede contener un compuesto real y, aun así, ofrecer mensajes que excedan lo estudiado.

Durante el ejercicio, la movilización de grasas y su oxidación son procesos relacionados, pero diferentes. La liberación de ácidos grasos desde una reserva no demuestra que todos se utilicen de inmediato en el músculo. Además, oxidar grasa en una sesión no equivale a demostrar una reducción sostenida de tejido adiposo. Esa cuestión requiere observar el balance energético durante un periodo más amplio, junto con otros cambios del organismo. [2, pp. 18–29, 161–170]

Proteínas: el destino depende de la necesidad del organismo

Las proteínas están formadas por aminoácidos unidos en secuencias que influyen en su estructura y función. Los aminoácidos esenciales deben obtenerse mediante la alimentación en cantidades suficientes, mientras que otros pueden sintetizarse en el organismo. La categoría «esencial» se refiere a esa necesidad nutricional; no significa que los demás carezcan de importancia. Las proteínas contráctiles del músculo son una parte de un sistema mucho más amplio de proteínas corporales. [1, pp. 28–30; 2, pp. 30–38]

Después de la digestión, los aminoácidos entran en un conjunto de procesos metabólicos. Pueden utilizarse para sintetizar proteínas y otros compuestos, o contribuir a rutas energéticas tras transformaciones específicas. La proteína ingerida no viaja intacta y exclusivamente hacia el músculo que se ejercitó. La digestión y la distribución corporal explican por qué una etiqueta con abundante proteína no demuestra una ganancia muscular concreta. [1, pp. 79–82]

La adaptación muscular requiere estímulos adecuados y condiciones de recuperación, además de disponibilidad de recursos. Una comida no actúa como una orden independiente para construir tejido. El tema se conecta con hipertrofia y adaptación muscular, donde deben distinguirse cambios en síntesis, balance proteico y resultados observados a lo largo del tiempo. La suficiencia nutricional constituye una condición relevante, pero no sustituye la calidad del aprendizaje, la actividad ni el descanso.

Las enzimas permiten que las reacciones ocurran a velocidades útiles

Las enzimas catalizan reacciones: facilitan su desarrollo sin consumirse del mismo modo que los sustratos. En el metabolismo del ejercicio abundan enzimas proteicas, y algunas necesitan cofactores para funcionar. Una variación en la actividad enzimática puede modificar el flujo por una vía, pero ese flujo también depende de la disponibilidad de sustratos, los productos acumulados y señales reguladoras. No basta con identificar una enzima para describir el comportamiento completo del sistema. [1, pp. 30–31; 2, pp. 124–125]

Temperatura y pH afectan procesos enzimáticos. Esto no significa que cualquier aumento fisiológico de temperatura destruya proteínas ni que toda fatiga pueda explicarse por una sola enzima que deja de funcionar. Las condiciones internas cambian durante el esfuerzo, con efectos que dependen del proceso y de su magnitud. Separar regulación reversible, alteración funcional y daño evita presentar una experiencia normal de actividad como si fuera siempre una lesión celular.

Ejemplo hipotético: una clase compara dos esquemas metabólicos, uno con todas las flechas del mismo grosor y otro con flechas que representan cambios de flujo. La pregunta no consiste en memorizar cuál ruta está «encendida», sino en explicar qué variables podrían aumentar o disminuir cada flujo. Así, las enzimas se estudian como parte de una regulación y no como una lista decorativa de nombres difíciles.

Las vitaminas apoyan funciones sin aportar combustible calórico

Las vitaminas participan en procesos distintos. Algunas del grupo B se relacionan con coenzimas del metabolismo; otras intervienen en funciones como la visión, la formación de tejidos o la coagulación. La clasificación entre hidrosolubles y liposolubles describe propiedades importantes para su manejo corporal. No establece que unas sean prescindibles ni que las hidrosolubles puedan consumirse sin límites. Las vitaminas no son una fuente de calorías comparable a grasas y carbohidratos. [1, pp. 31–35; 2, pp. 41–53]

Su relación con el rendimiento debe examinarse mediante una pregunta concreta: ¿existe una disponibilidad insuficiente que afecte el funcionamiento? Si un estudio corrige una carencia, el resultado no demuestra una mejora adicional en todas las personas. Tampoco la sensación de cansancio identifica cuál vitamina falta. El cansancio puede tener múltiples explicaciones y no permite elegir un suplemento por intuición. La función conocida de una sustancia orienta el estudio, sin reemplazar una evaluación.

Esta diferencia ayuda a interpretar expresiones como «vitaminas para la energía». Una vitamina puede intervenir en reacciones mediante las cuales se obtiene ATP y, aun así, no aportar energía calórica. El mensaje resulta impreciso si oculta esa distinción. En una clase de educación física se puede trabajar con envases y textos publicitarios ficticios, comparando qué función mencionan y qué resultado prometen. No hace falta probar productos para analizar la calidad de sus argumentos.

Minerales: cantidades pequeñas y funciones decisivas

El hierro participa en proteínas relacionadas con el transporte y la utilización de oxígeno. El calcio interviene en estructuras óseas y en la regulación de procesos celulares, incluida la contracción. El magnesio participa como cofactor en numerosas reacciones; el fósforo integra componentes como fosfatos y fosfolípidos. Sodio y potasio contribuyen a la distribución de líquidos y a condiciones necesarias para la excitabilidad. Estas funciones explican su importancia sin establecer una receta individual. [1, pp. 35–36; 2, pp. 54–62]

La presencia de un mineral en la sangre no representa siempre la totalidad de sus reservas ni describe por sí sola todos sus efectos. Además, las pérdidas, las necesidades y la disponibilidad varían. Por eso, un calambre o una disminución del desempeño no permite concluir automáticamente que existe falta de potasio, hierro o magnesio. Relacionar síntomas con nutrientes mediante una única causa simplifica de manera excesiva procesos que exigen un contexto más amplio.

El estudio de minerales conecta con agua y homeostasis, así como con huesos y transporte sanguíneo. La relación resulta útil si conserva las escalas: una función molecular, una necesidad nutricional y una recomendación clínica son preguntas diferentes. Responder a la primera no resuelve de inmediato las otras dos. Esta separación permite enseñar fundamentos sin convertir una explicación fisiológica en una intervención que no se ha evaluado.

Cómo leer una afirmación nutricional sin saltarse pasos

Una explicación sólida identifica el compuesto, su función, la condición estudiada y el resultado observado. Después considera si existe una razón para trasladar ese resultado al contexto que interesa. En cambio, un mensaje comercial puede mencionar una función verdadera y presentar como consecuencia inevitable un resultado que nunca midió. Detectar ese salto argumental es una competencia de lectura, no una postura a favor o en contra de todos los productos.

Ejemplo hipotético: un envase afirma que contiene vitaminas implicadas en el metabolismo y concluye que quien lo toma correrá más rápido. La primera parte puede ser correcta; la segunda necesita estudios del producto, de la población y de la tarea. También habría que comparar el producto con una condición adecuada, no únicamente con la ausencia de alimento. La tabla siguiente organiza estas preguntas para usarla en lectura crítica.

AfirmaciónPregunta necesariaDistinción importante
Aporta energía¿Qué nutrientes aportan calorías?Vitaminas y combustible no son equivalentes
Participa en la contracción¿La disponibilidad limita esa función aquí?Función molecular y beneficio adicional
Ayuda a construir músculo¿Qué adaptación se midió y durante cuánto tiempo?Ingesta y resultado del entrenamiento
Contiene un ingrediente estudiado¿Se evaluó esta mezcla y este uso?Un compuesto y el producto completo

Bibliografía

  1. León Ariza, H. H. (2026). Fisiología del ejercicio: bases para la comprensión del rendimiento y el ejercicio físico para la salud. Universidad de La Sabana. Consultar fuente
  2. McArdle, W. D., Katch, F. I., y Katch, V. L. (2015). Fisiología del ejercicio: nutrición, rendimiento y salud (8.ª ed. española). Wolters Kluwer Health España. ISBN 978-84-16004-70-6.