Fisiología del ejercicio · Cuerpo, movimiento y adaptación
Agua, hidratación y homeostasis durante el ejercicio
Durante una actividad física cambian la producción de calor, la circulación y el intercambio de agua entre compartimentos. El sudor es la parte más visible, pero no representa todo el proceso. La fisiología de la hidratación incluye lo que se ingiere, lo que se absorbe, las pérdidas y la regulación que realiza el organismo. Entender esas relaciones permite abandonar la idea de que existe una cantidad fija de agua que sirve para cualquier cuerpo y cualquier sesión.
El agua es un nutriente indispensable que no aporta calorías. Actúa como medio para reacciones e intercambios, contribuye al transporte y participa en la regulación térmica. Su importancia no se mide por las calorías que contiene. Tampoco beber una cantidad cada vez mayor implica mejorar indefinidamente la función corporal: mantener condiciones compatibles con la actividad requiere atender tanto los déficits como los excesos. [1, pp. 37–39, 84–87; 2, pp. 72–75]

Las propiedades del agua explican sus funciones
La molécula de agua presenta una distribución desigual de cargas, lo que favorece su interacción con iones y muchas moléculas polares. En los líquidos corporales, estas propiedades permiten que sustancias diferentes se encuentren disueltas y se transporten. No todos los compuestos se disuelven de la misma manera: los lípidos necesitan otras formas de organización y transporte. El medio acuoso, por tanto, hace posibles numerosos procesos sin volver idéntico el comportamiento de todos los nutrientes. [1, pp. 37–39]
El agua también requiere cantidades importantes de calor para cambiar de temperatura y para pasar al estado de vapor. Estas propiedades contribuyen a amortiguar variaciones térmicas y a transferir calor mediante evaporación. Durante el ejercicio, una parte de la energía transformada termina como calor; el cuerpo necesita intercambiarlo con el entorno. La hidratación y la regulación térmica se relacionan, aunque disponer de agua no elimina las limitaciones impuestas por un ambiente difícil. [2, pp. 73–75]
La diferencia entre una función y un resultado vuelve a ser importante. Que el agua transporte sustancias no significa que cualquier bebida mejore el transporte en mayor medida. Que la evaporación permita perder calor no significa que cada gota de sudor se evapore. El efecto depende de condiciones físicas y de respuestas del organismo. Estas preguntas ofrecen una base más clara que describir el agua únicamente como un combustible o como una forma de «limpiar» el cuerpo.
El agua corporal se distribuye en compartimentos
Parte del agua está dentro de las células y parte fuera de ellas. En el compartimento extracelular se distinguen, entre otros, el plasma y el líquido intersticial que rodea las células. Las membranas y los mecanismos de transporte permiten intercambios, pero mantienen diferencias en la composición. Durante una sesión pueden producirse desplazamientos de líquido sin que todos representen una entrada o una salida del organismo. Cambiar de compartimento y perder agua corporal son procesos diferentes. [1, pp. 84–86; 2, pp. 72–73]
La cantidad de agua corporal depende de características como la composición y la edad. El tejido muscular y el adiposo contienen proporciones de agua diferentes. Por ello, una cifra obtenida de un adulto de referencia no es una descripción exacta de cada persona. Además, el agua asociada a reservas como el glucógeno puede influir en cambios de masa a corto plazo. Una variación en la báscula no identifica por sí sola una variación equivalente de grasa corporal. [2, pp. 72–74]
En educación física conviene utilizar los compartimentos como un modelo para formular preguntas, sin exigir que el estudiante memorice litros asignados a un cuerpo imaginario. ¿Qué separa el plasma del espacio intersticial? ¿Cómo puede afectar una pérdida de agua al conjunto? ¿Qué medición permite distinguir un desplazamiento de una pérdida? Así se mantiene la utilidad del esquema y se evita presentar promedios como normas individuales.
La ósmosis conecta agua y sustancias disueltas
La ósmosis describe el movimiento de agua a través de una membrana permeable a ella, relacionado con diferencias en la concentración de partículas efectivamente no permeables. Los iones y otras sustancias influyen en esos movimientos. La osmolaridad expresa una concentración de partículas; no debe confundirse con la cantidad total de agua ni con una medida directa del estado completo de hidratación. El mismo volumen de líquido puede contener concentraciones diferentes. [1, pp. 84–87]
El sodio tiene especial relevancia en el líquido extracelular, mientras que el potasio es más abundante dentro de las células. Estas diferencias participan en el equilibrio de líquidos y en funciones eléctricas. Durante la sudoración se pierden agua y electrolitos, con variaciones entre personas y condiciones. La consecuencia no se determina únicamente por observar cuánto sudor moja la ropa. Se relaciona también con duración, reposición, distribución de líquidos y regulación renal. [2, pp. 67–75]
La palabra «electrolitos» no demuestra que una bebida sea necesaria en cualquier situación. Indica que contiene sustancias que forman iones en solución; la composición, la cantidad y el contexto siguen importando. Para comprender el paso desde la bebida hasta la circulación conviene leer digestión y absorción. La entrada intestinal de agua está vinculada al transporte de solutos, aunque describir ese mecanismo no obliga a recomendar una mezcla concreta.
Sudar y enfriarse no son exactamente lo mismo
El músculo transforma energía durante la actividad y libera calor. La circulación participa en trasladar parte de ese calor hacia la piel, donde puede intercambiarse con el ambiente. La evaporación del sudor constituye una vía importante de pérdida térmica. Si el sudor permanece sobre la piel o cae al suelo, esa fracción no produce el mismo enfriamiento por evaporación. Por esta razón, la cantidad visible de sudor no sirve como indicador directo de eficacia térmica. [2, pp. 73–75]
La humedad ambiental influye en la posibilidad de evaporación; también importan la ventilación, la ropa y otras condiciones. Dos actividades de igual duración pueden imponer demandas diferentes si una se realiza en un lugar fresco y ventilado y otra en un espacio caluroso y húmedo. La organización de pausas, el acceso a líquidos y la posibilidad de cambiar condiciones forman parte del contexto de la actividad. No son detalles ajenos a la fisiología.
Sudar tampoco equivale a eliminar grasa por la piel. Una pérdida inmediata de masa vinculada al líquido puede recuperarse tras beber y comer. El análisis del tejido adiposo requiere una perspectiva distinta, explicada en apetito y balance energético. Separar esas cuestiones evita valorar una sesión por la ropa empapada o por una diferencia momentánea de peso, en vez de por lo que se aprendió y cómo se toleró el esfuerzo.
La regulación incluye sed, riñones y hormonas
El organismo recibe agua mediante bebidas, alimentos y reacciones metabólicas; la pierde por orina, piel, respiración y heces. El balance depende del conjunto, no solamente del vaso utilizado durante la sesión. Los riñones regulan la excreción de agua y solutos, mientras que señales como la vasopresina y la aldosterona participan en mecanismos de conservación. Es una regulación dinámica, con respuestas que dependen de la situación. [2, pp. 71–75]
La sed constituye una señal relevante, aunque el comportamiento de beber también está condicionado por oportunidades, hábitos y comprensión de la actividad. Un estudiante puede tener acceso limitado a agua o evitar una pausa porque interpreta que parar es fracasar. Antes de atribuir un comportamiento a falta de interés, conviene examinar las condiciones que lo permiten. Un análisis educativo articula la fisiología con organización, comunicación y disponibilidad de recursos.
Las señales observables tienen límites. El color de la orina, la sensación de sed o una variación de masa pueden aportar contexto, pero no sustituyen una evaluación clínica ni describen todas las variables de hidratación. La interpretación cambia con alimentos, medicamentos y otras condiciones. Enseñar a reconocer esos límites es preferible a crear pruebas caseras que anuncien un diagnóstico. La finalidad en una clase consiste en comprender y organizar la práctica, no en clasificar estados médicos.
Un exceso tampoco constituye una protección universal
Una reducción del agua corporal puede aumentar las demandas cardiovasculares y térmicas de un esfuerzo, especialmente cuando la actividad es prolongada y el entorno impone calor. La magnitud del efecto depende de las condiciones y de la persona. No se necesita afirmar que todo pequeño cambio conduce al mismo deterioro para reconocer la importancia de la hidratación. Las relaciones entre volumen plasmático y circulación se desarrollan en respuestas cardiovasculares. [2, pp. 73–75; 3]
En el extremo opuesto, ingerir líquidos en exceso puede contribuir a una dilución peligrosa del sodio sanguíneo en determinadas condiciones. La hiponatremia asociada al ejercicio exige considerar el balance de agua y la capacidad de excreción, no solamente la pérdida de sal. Por tanto, «cuanto más, mejor» no es una regla segura. Esta explicación identifica un mecanismo y un límite; no ofrece un procedimiento casero para diagnosticar o tratar una alteración. [2, p. 75]
Tampoco resulta adecuado suponer que añadir electrolitos vuelve inocua cualquier cantidad de bebida. Las decisiones deben atender el contexto completo, y las situaciones de enfermedad o síntomas importantes requieren valoración profesional. En la enseñanza, la idea central es distinguir entre facilitar acceso y forzar consumo. Una consigna general de bienestar no debería transformarse en una competencia para beber, ni en una prueba de resistencia que premie ignorar las necesidades corporales.
Qué permite afirmar la investigación sobre hiperhidratación
Una revisión sistemática de 2023 examinó estrategias de hiperhidratación previas al ejercicio. Encontró resultados que variaban según la prueba y la intervención: ciertos protocolos mostraron cambios en volumen plasmático y en respuestas durante tareas a carga constante, mientras que los resultados en contrarreloj fueron menos claros. La revisión también registró molestias gastrointestinales y una representación muy limitada de mujeres. [3]
Estos resultados no justifican recomendar que toda persona comience una sesión con exceso de líquidos. Una prueba realizada bajo condiciones controladas no es equivalente a una clase escolar, a una actividad recreativa corta o a una situación clínica. Además, mejorar el tiempo hasta el agotamiento no demuestra necesariamente mejorar el resultado de una prueba con distancia fija. Identificar el resultado medido cambia el significado de la conclusión.
El ejemplo muestra cómo leer un estudio sin convertir una estrategia investigada en una obligación. Primero se reconoce qué problema intenta resolver; después se observan población, tarea y comparación; por último se examinan beneficios y efectos no deseados. Esa secuencia permite aprovechar información actual sin reemplazar el criterio profesional por una receta tomada de un resumen.
Ejemplo hipotético: la misma clase en dos ambientes
Un docente prepara una actividad cooperativa de desplazamientos y lanzamientos. En un día fresco, el espacio permite conversar y organizar pausas. En otra fecha, el patio recibe sol y el aire circula poco. La comparación no obliga a abandonar la finalidad educativa: invita a ajustar el lugar, la duración de los tramos y las oportunidades de recuperación. El criterio es la relación entre demanda y condiciones, no mantener intacto un cronograma aunque el contexto cambie.
Para analizar el caso, el grupo identifica lo observable y lo que aún necesitaría conocer. Puede describir sombra, ventilación, acceso a agua y duración de las tareas. No puede deducir concentraciones sanguíneas por observar sudor. La tabla siguiente ayuda a mantener esa diferencia y a formular decisiones organizativas razonables sin presentar cifras universales de consumo.
| Aspecto | Pregunta para organizar la actividad | Límite de la observación |
|---|---|---|
| Ambiente | ¿Hay sombra y circulación de aire? | La temperatura del aire no describe toda la carga térmica |
| Actividad | ¿Qué demanda y qué pausas propone? | La misma duración no produce la misma respuesta en todos |
| Acceso | ¿Se puede beber y descansar sin penalización? | Disponer de líquido no implica forzar cantidades |
| Respuesta | ¿La persona tolera la tarea y comunica necesidades? | Sudar o sentir sed no determina un diagnóstico |
Bibliografía
- León Ariza, H. H. (2026). Fisiología del ejercicio: bases para la comprensión del rendimiento y el ejercicio físico para la salud. Universidad de La Sabana. Consultar fuente
- McArdle, W. D., Katch, F. I., y Katch, V. L. (2015). Fisiología del ejercicio: nutrición, rendimiento y salud (8.ª ed. española). Wolters Kluwer Health España. ISBN 978-84-16004-70-6.
- Jardine, W. T., et al. (2023). The Effect of Pre-Exercise Hyperhydration on Exercise Performance, Physiological Outcomes and Gastrointestinal Symptoms: A Systematic Review. Sports Medicine. https://doi.org/10.1007/s40279-023-01885-2 Consultar fuente