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Historia, filosofía y educación corporal

Dualismo, monismo y experiencia corporal: cómo pensar la educación del cuerpo

EDUFISICA · 10 min de lectura · Actualizado el 9 de octubre de 2026

Cuando una persona aprende a desplazarse en un juego, no vemos una mente que primero calcula todo y un cuerpo que después ejecuta una orden perfecta. Vemos una acción que cambia mientras encuentra compañeras, distancias, obstáculos y posibilidades. Sin embargo, describir esa unidad práctica no resuelve por sí solo una pregunta filosófica: ¿qué relación existe entre el pensamiento y la realidad corporal?

El dualismo y el monismo ofrecen respuestas diferentes a esa pregunta. La fenomenología, por su parte, invita a examinar cómo vivimos corporalmente una situación. Distinguir sus problemas permite leer la historia de la educación física con más precisión y discutir sus finalidades sin convertir cada corriente en una receta de clase. [1]

Retrato histórico del filósofo René Descartes, pintado por Frans Hals.
René Descartes, retratado por Frans Hals en el siglo XVII. Statens Museum for Kunst, Dinamarca, DEP7. Dominio público. Ver ficha del archivo

Tres preguntas que conviene separar

La ontología pregunta qué existe y qué clase de realidad atribuimos a mente y cuerpo. La epistemología examina cómo conocemos, qué cuenta como una razón válida y cuáles son los límites de nuestras explicaciones. La axiología estudia qué consideramos valioso. En educación física, las tres cuestiones se encuentran, aunque ninguna equivale a las otras: afirmar que el cuerpo forma parte del conocimiento no decide todavía qué contenidos debemos enseñar ni cómo valorar un aprendizaje. [1]

Podemos reconocer su diferencia en un ejemplo hipotético. Una docente observa que un estudiante anticipa el desplazamiento de una pelota. Puede preguntar cómo se relacionan percepción y acción, qué observaciones respaldan que ha aprendido y por qué merece la pena enseñar esa capacidad. La primera pregunta exige una explicación del sujeto que actúa; la segunda, criterios de conocimiento; la tercera, una justificación educativa. Si las confundimos, un resultado deportivo termina respondiendo indebidamente por toda la formación de una persona.

Por eso, el debate mente-cuerpo interesa más allá de la historia de las ideas. Ayuda a detectar supuestos presentes en expresiones cotidianas: ejecutar sin pensar, dominar el cuerpo, formar la persona o aprender haciendo. Cada expresión puede ser útil en algún contexto, pero necesita una explicación de qué actividad, qué aprendizaje y qué relación entre ambos se está proponiendo.

Descartes: distinción de sustancias y experiencia de la unión

En la sexta de sus Meditaciones, publicada originalmente en 1641, Descartes distingue la realidad pensante de la realidad extensa. Considera que puede comprenderse como un ser que piensa sin atribuir a esa esencia la extensión espacial que caracteriza al cuerpo. El cuerpo, en cambio, admite divisiones y propiedades espaciales. Su argumento intenta establecer una distinción real, no simplemente dos maneras cómodas de nombrar lo mismo. [2, meditación VI, § 9]

Esta distinción no significa que Descartes describa la vida humana como una observación distante del organismo. Al examinar hambre, sed y dolor, afirma que el sujeto está estrechamente unido al cuerpo. No se limita a saber que una máquina necesita reparación: experimenta afecciones. La conocida comparación con el piloto y su embarcación aparece precisamente para mostrar que esa imagen resulta insuficiente. [2, meditación VI, §§ 13–14]

Leer ambas partes modifica una caricatura frecuente: el dualismo cartesiano no puede reducirse a la frase el cuerpo no importa. El problema es explicar cómo realidades concebidas como distintas se encuentran en una vida que sentimos unida. Esa dificultad es filosófica. Atribuirle directamente una norma escolar concreta exigiría, además, documentos históricos sobre quién la adoptó, en qué institución y con qué argumentos.

Distinguir mente y cuerpo no es lo mismo que jerarquizarlos

Una diferencia ontológica y una jerarquía educativa son afirmaciones distintas. De la primera no se deduce automáticamente que las actividades corporales deban ocupar menos tiempo escolar. También es posible valorar mucho el ejercicio y seguir sosteniendo alguna distinción entre mente y cuerpo. Locke ofrece un caso que merece estudiarse por separado: considera necesaria la formación corporal dentro de un proyecto cuya orientación principal es moral y racional. [1, pp. 166–167]

La distinción permite formular una crítica más cuidadosa. Si un currículo trata el movimiento únicamente como una pausa para volver a las asignaturas consideradas importantes, la cuestión es su justificación: ¿tiene la educación física saberes y experiencias valiosos o solo sirve a otras materias? Esa pregunta no demuestra qué metafísica sostiene cada docente. Examina el lugar que efectivamente se concede al área.

Tampoco basta llamar integral a un programa. Podemos escribir esa palabra y organizar después una clase que separa rendimiento, emociones y participación sin estudiar sus relaciones. Una propuesta educativa necesita mostrar qué reconoce del estudiante, qué experiencias ofrece y cómo interpreta lo que ocurre. El nombre de una filosofía puede orientar ese examen; no lo reemplaza.

Spinoza: una realidad, atributos diferentes

La Ética de Spinoza, publicada en 1677, propone un planteamiento distinto del cartesiano. En el escolio de la proposición VII de la segunda parte, pensamiento y extensión pertenecen a una misma sustancia. No son dos sustancias que necesiten encontrar después un puente. El mismo orden puede comprenderse bajo atributos diferentes. Esta respuesta suele estudiarse como un monismo de la sustancia. [3, parte II, proposición VII y escolio]

La proposición XIII identifica el cuerpo como objeto de la idea que constituye la mente humana. Más adelante, el escolio de la proposición XXI sostiene que mente y cuerpo son un mismo individuo concebido bajo pensamiento y extensión. No significa que una descripción fisiológica y una descripción de una idea sean palabras intercambiables: la distinción entre atributos sigue siendo relevante. [3, parte II, proposiciones XIII y XXI]

Este ejemplo muestra por qué monismo no equivale necesariamente a materialismo. Spinoza no está diciendo simplemente que el pensamiento sea un pequeño objeto alojado en el organismo. Su sistema trabaja con sustancia, atributos y modos, términos cuya función no coincide con la de cerebro, músculo o conducta observable. Convertirlo en un antecedente exacto de una teoría científica contemporánea borraría esa diferencia histórica.

Monismo, holismo y materialismo: términos próximos, problemas diferentes

Monismo designa, de manera general, posiciones que reconocen un fundamento unitario de la realidad pertinente al problema que examinan. Hay que precisar cuál: sustancia, procesos o alguna otra explicación. Holismo expresa la atención al conjunto y a las relaciones entre sus componentes. Materialismo atribuye a la realidad material un papel fundamental. Los términos pueden encontrarse, pero no son sinónimos que puedan sustituirse en cualquier argumento. La propuesta de Spinoza permite reconocer esas diferencias sin reducir todas las alternativas a una sola. [3, parte II, proposición VII y escolio]

En una clase, observar a la persona en relación con el entorno es una decisión pedagógica que podemos justificar sin resolver todos los debates metafísicos. Del mismo modo, describir un mecanismo corporal no obliga a considerar insignificantes las relaciones sociales. Cada explicación selecciona una escala y necesita reconocer qué deja fuera.

Un enfoque amplio pierde rigor cuando intenta explicar todo con una sola palabra. Si decimos que una dificultad es corporal, emocional y social, todavía debemos averiguar de qué manera interviene cada aspecto. La integración exige relaciones inteligibles, no acumular etiquetas. Esta es una consecuencia metodológica del análisis, no una prueba de que una filosofía haya resuelto definitivamente el problema mente-cuerpo.

Merleau-Ponty: el cuerpo que ya está en una situación

En Fenomenología de la percepción, aparecida en 1945, Merleau-Ponty cuestiona la alternativa entre explicar la percepción como suma de efectos físicos y concebirla como una operación de una conciencia desligada de la situación. Su análisis de la motricidad sitúa la capacidad corporal de actuar antes de una representación exhaustiva de cada movimiento. [4, pp. 156–159]

El hábito ofrece un ejemplo: al aprender a manejar un instrumento, cambian las posibilidades prácticas del sujeto. Merleau-Ponty analiza la mecanografía, el bastón y el órgano para mostrar una familiaridad corporal que no se reduce a memorizar posiciones aisladas. Son ejemplos filosóficos de su argumento, no resultados experimentales actuales sobre todas las personas. [4, pp. 164–168]

Una aplicación educativa de esta idea sería preguntar qué posibilidades reconoce el estudiante cuando entra en una actividad. En un ejemplo hipotético, dos participantes disponen del mismo espacio de paso, pero lo usan de manera distinta: uno espera una oportunidad y otro no reconoce todavía por dónde continuar. La distancia física es la misma; la situación vivida y las capacidades disponibles no tienen por qué serlo. Esta lectura complementa el análisis de la tarea, sin sustituirlo.

Un pase, tres lecturas que no conviene confundir

Imaginemos una clase en la que se enseña a pasar una pelota a una compañera en movimiento. Describir velocidades y posiciones responde a una pregunta sobre relaciones físicas. Pedir que el estudiante explique una decisión responde a una pregunta sobre lo que comprende y puede comunicar. Examinar qué espacios reconoce como utilizables atiende a su experiencia práctica. Son lecturas diferentes de una misma actividad, no tres estudiantes distintos ni tres partes independientes de la persona.

La siguiente comparación es una herramienta de análisis de EDUFISICA. No atribuye a estos autores una planificación de clase que nunca escribieron ni convierte sus filosofías en métodos de enseñanza.

PerspectivaPregunta de lecturaPrecaución
Distinción mente-cuerpo¿Qué relación suponemos entre pensar y actuar?No confundir distinción filosófica con desprecio del ejercicio.
Unidad del individuo¿Cómo evitamos explicar a la persona como dos entidades independientes?No identificar cualquier monismo con una explicación neurobiológica.
Experiencia corporal situada¿Qué posibilidades de acción reconoce quien participa?No atribuir experiencias que no ha expresado ni mostrado.
Justificación educativa¿Qué aprendizaje merece enseñarse y cómo lo reconoceremos?No deducir una decisión curricular de una etiqueta filosófica.

Saber moverse, explicar el movimiento y aprender a juzgar

Dewey distingue una experiencia de la mera sucesión de acciones cuando relacionamos lo que hacemos con lo que ocurre después. El pensamiento interviene en esa conexión: una acción adquiere significado al reconocerse en sus consecuencias. En el capítulo XI de Democracia y educación, cuestiona las formas escolares que utilizan los sentidos y los músculos como simples entradas y salidas de una mente separada. [5, cap. XI]

El problema para el docente es evitar dos reducciones. Una consiste en creer que la explicación verbal agota el conocimiento corporal. Otra supone que ejecutar una habilidad con eficacia demuestra, por sí solo, que se comprende cualquier aspecto del juego. Podemos aprender a hacer algo y necesitar todavía recursos para explicarlo, compararlo o discutir cuándo conviene utilizarlo.

En el ejemplo del pase, la evaluación podría combinar una observación de la acción, una conversación breve sobre la decisión y un segundo intento en condiciones diferentes. Esta propuesta es hipotética: no establece un instrumento validado ni un requisito universal. Sirve para mostrar que ampliar el conocimiento exige ampliar las preguntas y conservar criterios adecuados para cada una.

Una historia que no cabe en una escalera de progreso

El recorrido de estas ideas no constituye una marcha uniforme desde un pasado que despreciaba el cuerpo hasta un presente que lo comprende por completo. Descartes formula la unión dentro de su propia distinción; Spinoza desarrolla una alternativa en el siglo XVII; Merleau-Ponty replantea el problema desde la percepción. El contraste entre esos textos muestra una discusión con cambios de preguntas y de argumentos, no la simple sustitución de una palabra por otra. [2; 3; 4]

Además, este itinerario corresponde a debates de determinadas tradiciones filosóficas europeas. No proporciona una descripción universal de cómo todas las culturas han entendido la persona, el aprendizaje o las relaciones con el territorio. Para una historia global, otros conceptos y fuentes deben estudiarse en sus lenguas, instituciones y contextos. Traducirlos inmediatamente como dualistas o monistas puede imponerles un problema que no organizaron de ese modo.

La comparación entre tradiciones resulta más productiva cuando identifica primero qué cuestiones plantean y cómo las responden. Podemos preguntar por la experiencia, la formación, la responsabilidad o el conocimiento sin suponer que sus categorías tienen equivalencias exactas. La enciclopedia conecta por eso este debate con historias situadas, no con una única explicación del mundo.

Qué puede cambiar al planear y observar una clase

La filosofía aporta preguntas para revisar la práctica. Antes de seleccionar una actividad, podemos precisar si queremos enseñar una habilidad, una forma de leer el juego, una experiencia expresiva o una manera de cooperar. Después, conviene reconocer cómo se relacionan esos aprendizajes dentro de la tarea. Una intención amplia necesita oportunidades concretas de aprender, no una lista decorativa de dimensiones.

Durante la observación, un error técnico no debería convertirse automáticamente en un juicio sobre la inteligencia o el compromiso de la persona. La acción ofrece información situada: requiere saber qué consigna entendió el estudiante, qué oportunidades tuvo y qué condiciones encontró. Preguntar, ajustar una condición y volver a observar permite producir una interpretación más delimitada.

Al cerrar una sesión, tampoco necesitamos elegir entre cuerpo y pensamiento. Podemos examinar qué se hizo, qué cambió y qué sentido tuvo para quienes participaron. Esta propuesta de lectura no pretende decidir el debate ontológico. Lo utiliza para una tarea educativa más modesta y precisa: explicar mejor qué enseñamos cuando decimos que educamos corporalmente.

Bibliografía

  1. Mechikoff, R. A. (2020). A history and philosophy of sport and physical education: From ancient civilizations to the modern world (7.ª ed.). McGraw-Hill Education. Cap. 1, pp. 13–18 y 21–22; cap. 7, pp. 166–171; cap. 8, pp. 186–188. Consultar fuente
  2. Descartes, R. (1641). Meditations on first philosophy. Meditación VI: Of the existence of material things, and of the real distinction between the soul and body of man. Texto primario consultado en el archivo docente de Lancaster University. Meditación VI, §§ 9 y 13–14, numeración de la edición digital consultada. Consultar fuente
  3. Spinoza, B. de (1677). Ethics. Parte II: On the nature and origin of the mind (R. H. M. Elwes, trad.). Edición digital de Project Gutenberg. Parte II, proposiciones VII, XIII y XXI, con sus escolios. Edición digital sin paginación. Consultar fuente
  4. Merleau-Ponty, M. (2002). Phenomenology of perception (C. Smith, trad.). Routledge Classics. Obra original publicada en 1945. Parte I, cap. 3, pp. 156–159 y 164–168 de la edición Routledge Classics de 2002. Consultar fuente
  5. Dewey, J. (1916). Democracy and education: An introduction to the philosophy of education. Macmillan. Edición digital de Project Gutenberg. Cap. XI: Experience and thinking. Edición digital sin paginación. Consultar fuente