Logo EDUFISICAEDUFISICAENCICLOPEDIA DE EDUCACIÓN FÍSICA

Praxiología motriz

Juegos sociomotores cooperativos

EDUFISICA · Actualizado el 9 de octubre de 2026 · Lectura estimada: 23 minutos

Cómo diseñar juegos cooperativos de Educación Física con participación real, lógica interna, apoyos, evaluación y cuatro propuestas escolares originales.

De la reunión a la cooperación motriz
La secuencia distingue una organización grupal de una tarea en la que las aportaciones se relacionan de forma observable.
Leer el esquema en texto
  1. Meta compartida. El grupo entiende qué necesita resolver y puede explicar la contribución que cada persona tiene disponible.
  2. Acciones relacionadas. La posición, el envío o el ritmo de un participante modifica las posibilidades de acción de los demás.
  3. Apoyos ajustados. La ayuda permite actuar y decidir, sin sustituir permanentemente a la persona que necesita un apoyo.
  4. Revisión de la práctica. Se describen decisiones, participación y dificultades para elegir un cambio comprobable en el siguiente intento.

Un grupo puede compartir una pelota sin estar cooperando. También puede obtener un buen resultado dejando que una sola persona haga casi todo. Por eso, para reconocer un juego cooperativo hace falta mirar la relación entre las acciones: qué necesita cada participante de los demás, qué aporta y cómo se resuelve el desafío común. La cooperación motriz aparece cuando las personas ajustan sus conductas para alcanzar una meta compartida sin adversarios dentro de esa tarea. Esta definición se refiere a las reglas y a las interacciones que organizan el juego, no a una valoración anticipada del carácter del alumnado. (Luchoro-Parrilla et al., 2021)

En Educación Física, los juegos cooperativos permiten plantear problemas de coordinación, comunicación y distribución de responsabilidades. Su interés depende de cómo se diseñan y de lo que sucede durante la práctica. Una consigna amable no basta para repartir las oportunidades; tampoco la ausencia de un ganador individual demuestra que el grupo haya aprendido a colaborar. Las propuestas de esta página distinguen el funcionamiento motor del juego de los procesos pedagógicos que el docente necesita acompañar. Las cuatro fichas son diseños didácticos hipotéticos y originales: deben ajustarse al espacio, los apoyos y las experiencias de cada clase antes de utilizarlas.

Cooperación motriz, trabajo en grupo y ayuda: tres cuestiones distintas

El criterio praxiológico no pregunta únicamente si los participantes se llevan bien. Examina si la acción de uno interviene de manera favorable en la resolución motriz de otro. En una tarea de mantener un móvil entre varias personas, la trayectoria que produce quien lo envía modifica la recepción de su compañero; en un traslado conjunto, el ritmo de una parte afecta al equilibrio del conjunto. En cambio, correr al mismo tiempo por carriles separados sigue permitiendo resolver cada recorrido de manera independiente. La cercanía física no convierte esas carreras en cooperación motriz. (Luchoro-Parrilla et al., 2021) (Lavega-Burgués et al., 2021)

La distinción tiene consecuencias prácticas. Si el objetivo consiste en aprender a sincronizarse, una sucesión de ejercicios individuales puede aportar preparación, pero no reproduce el problema relacional. Para que aparezca ese problema debe existir algo que negociar mediante la acción: un ritmo, una posición de llegada, una entrega o una distribución del espacio. El docente puede observar esa relación y modificarla. No necesita hacer la actividad más aparatosa; necesita que la aportación de cada persona tenga una consecuencia comprensible para las demás.

Una segunda cuestión es el trabajo en grupo. Distribuir estudiantes alrededor de una mesa o entregarles material compartido constituye una organización, no una explicación del aprendizaje. El grupo puede aprender con ayuda recíproca, dividir tareas sin relacionarlas o depender de quien domina más la actividad. Mosston y Ashworth advierten que la etiqueta de cooperación no determina por sí misma quién toma las decisiones dentro de una situación de enseñanza. En su estilo recíproco, por ejemplo, se precisan las funciones de practicante y observador y los criterios de información. (Mosston y Ashworth, 2008)

Por último, la ayuda debe analizarse por sus efectos sobre la participación. Dar información que permite decidir conserva una responsabilidad del compañero. Ejecutar permanentemente en su lugar puede quitársela. Como criterio docente propuesto, conviene preguntar quién conserva el derecho a ensayar y a equivocarse después de recibir apoyo. La respuesta orienta la intervención sin reducir a nadie a la etiqueta de estudiante dependiente o estudiante experto. Un juego bien dispuesto puede necesitar ayudas diferentes y mantener, a la vez, una responsabilidad significativa para cada participante.

Espacio, tiempo, material y comunicación motriz

El espacio cooperativo no tiene por qué ser amplio. Lo decisivo es cómo condiciona los encuentros y las acciones. Un pasillo estrecho puede obligar a negociar el orden de paso; una zona común puede exigir distribuir trayectorias; varias estaciones pueden producir cooperación si unas acciones permiten continuar otras. El enfoque de la lógica interna relaciona la acción con las personas, los límites espaciales, el tiempo y los objetos. Este análisis permite describir qué problema se ha creado antes de atribuirle un valor educativo. (Lavega-Burgués et al., 2021) (Parlebas, 1999)

El tiempo también tiene formas diferentes. Un juego puede exigir simultaneidad, como mover un objeto sostenido conjuntamente; sucesión, como completar entregas enlazadas; o alternancia, como cambiar entre quien envía y quien recibe. Un límite temporal añade presión, aunque no introduce necesariamente adversarios. Si el equipo compite contra otro por terminar primero, conviene distinguir el componente competitivo del problema cooperativo interno. Si se intenta mejorar un resultado colectivo propio, la comparación pertenece al sistema de resultado y no implica por sí sola oposición motriz directa. (Luchoro-Parrilla et al., 2021)

El material distribuye posibilidades y restricciones. Una pelota ligera permanece más tiempo en el aire y puede facilitar cierta recepción; una pelota pequeña exige otra forma de anticipar su contacto. Sin embargo, ninguna propiedad es adecuada para todo el grupo. El tamaño que beneficia a una persona puede dificultar el agarre de otra. La selección debe considerar la acción concreta y los apoyos disponibles. Desde la enseñanza de habilidades motrices, interesa adaptar las condiciones de la tarea y atender tanto a la percepción y la decisión como a la ejecución. (Batalla Flores, 2021)

La red de comunicación motriz se reconoce en las ayudas que pasan por la acción. Abrir una trayectoria para un pase, regular el desplazamiento para una entrega o modificar la orientación de una superficie compartida son ejemplos de comunicación relevante. Hablar puede acompañarlos, pero un juego cooperativo no exige conversación continua. El grupo puede usar gestos, señales visuales, comunicación aumentativa o referencias del espacio. Cuando solo se acepta una forma de comunicación, la consigna puede crear una barrera que no pertenece al propósito motor.

ElementoPregunta de diseñoEvidencia observable propuesta
Espacio¿Las posiciones permiten aportar y recibir ayuda?Se desplaza para ofrecer una ruta disponible.
Tiempo¿Hay que actuar juntos, por turnos o de forma enlazada?Ajusta el inicio a la señal acordada.
Material¿El objeto exige coordinación o solo acompaña la actividad?Modifica su acción cuando cambia la posición del móvil.
Relaciones¿Todas las aportaciones influyen en el desafío?Recibe y usa información sin sustituir al compañero.

Qué se mueve, qué se decide y qué se siente

Una categoría social no define una carga física. Dos juegos cooperativos pueden exigir acciones muy diferentes: sostener una posición, caminar mientras se regula un objeto, enviar una pelota o enlazar saltos con pausas. El análisis motor debe partir de esas acciones. Importan el soporte del peso, los cambios de dirección, la distancia de los desplazamientos y la frecuencia de las entregas. No sería riguroso asignar una intensidad o un efecto fisiológico a la cooperación como si todas sus propuestas fueran equivalentes.

En una recepción conjunta, por ejemplo, el participante debe relacionar la trayectoria del móvil con su posición y con la de sus compañeros. En un transporte compartido aparece un ajuste entre apoyos, orientación y velocidad. El objeto puede amplificar un desacuerdo: una aceleración brusca produce un cambio visible para quienes lo sostienen. Esto hace posible observar la coordinación sin exigir una única forma corporal. Batalla sitúa el aprendizaje de habilidades en tareas que relacionan propósito, información y respuesta; esa lectura ayuda a evitar que la enseñanza se limite a imitar un gesto aislado. (Batalla Flores, 2021)

La exigencia cognitiva tampoco consiste solamente en recordar reglas. Puede incluir anticipar una entrega, distinguir qué información necesita otra persona, decidir si conviene modificar el ritmo o revisar un plan que no funciona. Una consigna con muchas condiciones puede ocultar el problema motor bajo la dificultad verbal. Como propuesta de progresión, resulta útil introducir una relación nueva cada vez y comprobar que se comprende mediante una breve práctica, antes de añadir funciones o restricciones.

En el plano socioafectivo, un resultado común hace visible la dependencia entre acciones. Esa dependencia puede vivirse como apoyo, pero también como presión cuando se culpa a quien comete un error. El profesor debe observar cómo se atribuye el fallo, quién puede proponer cambios y quién renuncia a intervenir. La ausencia de clasificación individual no excluye jerarquías informales. Tampoco un conflicto invalida automáticamente el juego: puede ofrecer una situación para enseñar a describir el problema sin atacar a la persona. Lo relevante es la intervención posterior y la continuidad de las oportunidades.

Mantener el interés sin convertir cada ayuda en una obligación

Huizinga permite comprender el juego como una experiencia cultural con convenciones, límites y compromiso. Su interpretación no reduce jugar a una pausa agradable ni identifica seriedad con ausencia de juego. (Huizinga, 1949) En la escuela, sin embargo, una actividad propuesta dentro de una clase no tiene las mismas condiciones de voluntariedad que el juego elegido fuera de ella. El docente puede reconocer esa diferencia ofreciendo decisiones reales: elegir una ruta, comparar soluciones o acordar una señal, dentro de los límites de cuidado y del aprendizaje previsto.

Caillois distingue principios de experiencia como competición, azar y simulación, y admite combinaciones entre ellos. (Caillois, 2001) Un juego cooperativo puede incorporar una historia ficticia o una tarjeta sorteada. Conviene analizar si esos elementos organizan las decisiones o son adornos. Una historia de expedición tiene sentido cuando las posiciones y los acuerdos responden a lo que se representa. Si únicamente se cambia el nombre de un recorrido, no se ha añadido una demanda de representación. Del mismo modo, sortear una condición puede introducir incertidumbre sin hacer que todo el resultado dependa del azar.

El interés puede sostenerse con problemas que admiten más de una respuesta. Un desafío demasiado cerrado deja poco que decidir; uno demasiado abierto puede volverse incomprensible. La pregunta para ajustar la dificultad es si el grupo puede identificar qué intenta conseguir y explicar qué cambió entre dos intentos. Como criterio de esta propuesta, el éxito colectivo no se limita a completar el recorrido: incluye que la solución pueda ser practicada por todas las personas implicadas.

También conviene permitir rechazar una solución concreta. Si alguien no desea contacto corporal o una tarea exige una sensación que le resulta incómoda, puede buscarse otra organización. Esa alternativa no debe presentarse como castigo ni como una función secundaria permanente. La cooperación que interesa enseñar incluye escuchar las condiciones de participación. Obligar a aceptar cualquier ayuda confunde colaboración con obediencia y puede ocultar dificultades que deberían orientar el diseño.

De la pareja a la autonomía del grupo

La progresión puede organizarse según la complejidad de las relaciones, sin asignar edades universales. Una pareja con un objeto compartido facilita reconocer quién actúa y qué cambia; un grupo mayor multiplica trayectorias y responsabilidades. Añadir integrantes solo tiene sentido cuando la tarea conserva aportaciones identificables. Si el objeto permite que dos personas resuelvan todo, ampliar el equipo puede producir espera en vez de cooperación. La observación inicial debe servir para elegir el tamaño de grupo, no para justificar una organización rígida.

Una primera fase propuesta consiste en acordar una señal de inicio y probar una acción sencilla. Después se compara lo que se había decidido con lo ocurrido. Cuando el grupo puede ajustar esa relación, puede introducirse una condición nueva: cambiar la distancia, alternar el sentido de una entrega o escoger entre dos rutas. En una fase posterior, los participantes pueden diseñar una modificación y explicar cómo cambia las posibilidades de intervención. Esta secuencia es un criterio didáctico, no una escala evolutiva validada.

Las funciones deben rotar con sentido. No basta cambiar las etiquetas si una persona continúa tomando todas las decisiones. Una función de observación puede ser útil durante una práctica breve, pero requiere criterios comprensibles y regreso a la acción. El estilo recíproco de Mosston y Ashworth distingue precisamente observar mediante criterios de emitir comentarios improvisados; su distribución de decisiones aporta una referencia para organizar episodios de ayuda entre pares. (Mosston y Ashworth, 2008) El juego cooperativo puede utilizar esos episodios sin convertirse por ello en una aplicación completa de ese estilo.

La autonomía necesita preparación docente. Presentar el material, comprobar el espacio y explicar una condición esencial no contradice una propuesta cooperativa. El profesor interviene cuando la organización excluye, cuando la consigna se interpreta de otra manera o cuando el nivel de exigencia impide practicar. Más adelante puede reducir instrucciones si las responsabilidades se comprenden. Retirarse antes de tiempo no constituye una medida de calidad: el propósito es que el grupo pueda tomar decisiones relevantes con los apoyos que necesita.

Apoyos que conservan el problema compartido

Adaptar un juego cooperativo exige revisar la aportación disponible, no añadir simplemente una excepción. Si el aprendizaje consiste en sincronizar una entrega, se puede variar la forma de desplazamiento, la altura del destino o el tipo de móvil manteniendo la necesidad de ajustar la acción al compañero. Si la adaptación elimina esa relación, conviene reconocer que se ha cambiado el objetivo. El ajuste puede ser necesario, pero debe describirse para interpretar después lo aprendido.

Para participantes que necesitan más tiempo de procesamiento, el grupo puede acordar una señal previa y una pausa entre secuencias. Para quienes utilizan otra forma de comunicación, pueden prepararse tarjetas, gestos o referencias táctiles que la persona acepte. Las instrucciones pueden presentarse mediante demostración y confirmarse con una acción corta. Como criterio práctico, el apoyo debe estar disponible antes de que aparezca el error, sin obligar al estudiante a solicitar públicamente una explicación cada vez.

La composición de parejas merece seguimiento. Mantener siempre a una persona como ayudante y a otra como receptora de ayuda fija relaciones que pueden limitar ambas experiencias. La rotación no tiene que ser simétrica en cada instante, pero debe conservar oportunidades para decidir, ejecutar y observar a lo largo de la propuesta. Conviene consultar qué apoyos se prefieren en lugar de deducirlos exclusivamente de una etiqueta diagnóstica. La planificación escolar no sustituye indicaciones individuales de los profesionales que acompañan al estudiante.

Cuando aparecen burlas o rechazo, modificar el material puede no ser suficiente. Se necesita intervenir en las normas de relación y proteger la participación. Como propuesta de conversación, el docente puede describir la situación concreta, preguntar qué función quedó inaccesible y acordar una modificación comprobable. No se trata de pedir que todos afirmen llevarse bien. Se trata de restituir oportunidades de práctica y de revisar, en el siguiente intento, si la organización efectivamente las ofrece.

Ficha 1. Puente de entregas

Ficha 1. Puente de entregas

Propuesta didáctica hipotética. El propósito es ajustar una entrega al movimiento de otra persona. Se preparan parejas, pelotas blandas y dos zonas anchas de llegada, con distancia elegida tras una prueba inicial. Cada pareja dispone de un espacio separado de las trayectorias vecinas. Un integrante envía el móvil hacia una zona; el compañero se desplaza para recibirlo y devolverlo desde una posición estable. El desafío consiste en construir una secuencia que ambos puedan repetir sin que uno imponga una velocidad inaccesible al otro.

Ejecución y acuerdos. Antes de comenzar, la pareja escoge una señal de preparación y confirma quién inicia. La entrega se realiza únicamente cuando el receptor comunica que está disponible. Si el móvil cae, se recoge y se revisa la posición antes del siguiente intento. No se elimina a nadie ni se reinicia toda la secuencia como sanción. El grupo puede acordar una breve pausa después de varias entregas para describir qué envío facilitó la recepción. El profesor comprueba que la señal sea percibida y que las personas no entren en otros espacios al recuperar la pelota.

Observación. Interesa reconocer si quien envía atiende a la posición y al ritmo del receptor, y si este ofrece una referencia clara. El número de entregas puede servir como registro de la práctica, pero no demuestra por sí solo calidad de cooperación. Se propone registrar una decisión que permitió continuar y una situación que exigió reajustar. La información debe referirse a la acción, por ejemplo «la pelota llegó antes de que terminara mi desplazamiento», evitando juicios sobre capacidad personal.

Progresión, adaptación y límites. Dentro de esta misma ficha puede elegirse entre dos zonas de llegada o alternar quién las señala. Para simplificar, se permite rodar la pelota, ampliar el destino o recibir sin desplazamiento. También puede usarse una rampa o un apoyo acordado cuando corresponda a las posibilidades del participante. No se añade velocidad como dificultad obligatoria. Esta tarea prepara la coordinación de envíos y recepciones, pero no representa oposición táctica ni basta para valorar todo el aprendizaje cooperativo. Si las trayectorias se cruzan, debe reorganizarse el espacio antes de continuar.

Ficha 2. Cartografía compartida

Ficha 2. Cartografía compartida

Propuesta didáctica hipotética. El propósito consiste en construir un recorrido con información distribuida. Se forman grupos pequeños y se colocan marcas planas que representan lugares del patio. Cada integrante recibe una parte del mapa o una tarjeta con una relación, por ejemplo «la salida está junto al círculo» o «la entrega se hace después del cuadrado». El grupo debe comunicar esas relaciones y comprobarlas mediante desplazamientos. El material es sencillo: tarjetas legibles, marcas estables y un objeto de entrega que todos puedan manejar.

Organización y reglas. La información se comparte antes del recorrido, sin esconderla como recurso para ganar protagonismo. Una persona inicia el desplazamiento y otra debe estar disponible en el punto acordado para recibir el objeto. Después se enlazan las siguientes entregas. Quien acaba una función se recoloca para intervenir en otra, con pausas suficientes. No se permite atravesar zonas de otros grupos ni cambiar una tarjeta durante el intento. Si una consigna resulta ambigua, se detiene la secuencia para aclararla y se vuelve a probar.

Lo que se observa. El docente puede atender a cómo el grupo transforma la información verbal o visual en posiciones de ayuda. Una explicación correcta del mapa no significa que la entrega haya sido accesible; conviene observar ambas cosas. Como registro propuesto, cada equipo dibuja el recorrido realizado y señala un lugar donde necesitó renegociar. Esa representación puede ser oral, gráfica o apoyada en símbolos. No se califica la destreza para dibujar cuando el objetivo es organizar una relación motriz.

Variantes dentro de la propuesta. Se puede introducir una segunda ruta y permitir que el equipo elija según sus posibilidades. Para reducir complejidad, todas las tarjetas se presentan juntas y se realiza primero un recorrido acompañado. Las referencias deben poder percibirse por las personas del grupo; pueden utilizarse contrastes, texturas u otras señales acordadas. El límite de esta tarea es que demasiada lectura puede desplazar la práctica corporal. Si predominan las esperas o solo una persona interpreta el mapa, se reduce la cantidad de información y se redistribuyen las decisiones antes de añadir nuevos pasos.

Ficha 3. La ola que se ajusta

Ficha 3. La ola que se ajusta

Propuesta didáctica hipotética. Esta ficha trabaja la sincronización de una secuencia corporal compartida. El grupo se distribuye en semicírculo, con separación para mover brazos o el elemento que cada participante utiliza para representar la señal. Se acuerdan tres acciones sencillas, como elevar, orientar y devolver a una posición de descanso. Una persona inicia la primera señal; la siguiente espera a percibirla y la transforma en la segunda; después continúa la secuencia. No hay contacto corporal obligatorio ni movimientos destinados a provocar mareo.

Reglas de funcionamiento. El reto consiste en que la señal pueda viajar de una persona a otra y volver al inicio con un ritmo que todas puedan seguir. No se busca la máxima rapidez. Después de una vuelta, el grupo decide si necesita ampliar las pausas o cambiar una acción. La función inicial rota. Si una señal no se percibe, el grupo la repite desde ese punto sin responsabilizar públicamente a quien necesitó aclaración. Puede utilizarse un objeto ligero para hacer más visible el cambio de posición, siempre que no limite la participación.

Observación y conversación. Se atiende a la espera activa, a la orientación hacia la señal relevante y al ajuste del inicio. Un movimiento diferente puede cumplir la misma función comunicativa. Por eso, el criterio propuesto no exige uniformidad estética: exige que la acción acordada pueda reconocerse. Tras el ensayo, cada participante indica qué señal le resultó clara y cuál convendría modificar. El docente puede contrastar esas respuestas con la secuencia observada y evitar que la persona con mayor facilidad rítmica imponga el tempo.

Progresión y apoyos. Una variante permite dos señales simultáneas que avanzan por mitades del grupo y deben encontrarse en una zona. Otra reduce el número de acciones y utiliza una indicación visual anticipada. Se aceptan señales producidas desde diferentes posiciones corporales o mediante un dispositivo de comunicación. Estas modificaciones conservan la necesidad de ajustar la propia acción a la ajena. La propuesta no constituye tratamiento sensorial ni una prueba de coordinación general. Si aparecen fatiga, incomodidad o sobrecarga de información, se cambia el ritmo, se introduce descanso o se elige una alternativa.

Ficha 4. Soporte de trayectorias

Ficha 4. Soporte de trayectorias

Propuesta didáctica hipotética. Se busca regular conjuntamente la inclinación de una superficie para conducir un móvil. Cada grupo pequeño utiliza una bandeja ligera o una tela firme de tamaño manejable, un objeto blando que rueda despacio y marcas para señalar un destino. El docente revisa que los agarres sean accesibles y que la superficie pueda soltarse sin afectar a otra persona. La actividad se realiza a una altura baja y en un espacio despejado; no incluye transportar compañeros ni sostener cargas humanas.

Problema y ejecución. El objeto debe recorrer una trayectoria sobre el soporte y llegar al destino acordado. Cada participante modifica solo una parte de la inclinación, por lo que necesita atender a los cambios de los demás. Antes del primer intento, el grupo decide cómo anunciará una subida, una bajada o una pausa. Si el móvil sale de la superficie, se deposita el soporte y se recoge el objeto sin perseguirlo mientras se sostiene el material. Después se compara el plan con lo sucedido y se ensaya un ajuste.

Evaluación de la participación. Se observa si las acciones pequeñas permiten correcciones compartidas y si todos pueden proponer una modificación. La llegada del objeto es información sobre el resultado, pero no identifica qué aportó cada persona. Como registro de esta ficha, el grupo describe una relación entre dos acciones: «cuando elevamos este lado, necesitábamos bajar el otro con menos rapidez». El docente comprueba si la explicación corresponde al intento y ofrece información concreta cuando la superficie oculta una función sin participación real.

Variantes, adaptaciones y límites. Puede cambiarse la trayectoria marcada o permitir al grupo diseñarla sin aumentar el peso. Para facilitar, se amplía el destino y se usa un móvil más lento. Es posible apoyar parte de la superficie en una mesa estable o utilizar una posición que no exija permanecer de pie. Si la tarea demanda fuerza excesiva, si el material queda fuera del alcance de alguien o si una persona dirige todas las inclinaciones, debe modificarse. No se presenta como prueba de fuerza ni se usa el fallo colectivo para penalizar a un integrante.

Evaluar la cooperación sin convertirla en una etiqueta personal

Una evaluación formativa puede separar tres planos: la acción motriz que se intenta aprender, la contribución al problema compartido y la comprensión de las decisiones. En el Puente de entregas, por ejemplo, cabe observar un envío ajustado; describir una señal que facilitó recibir; y explicar por qué se cambió la distancia. Las tres evidencias están relacionadas, pero no son equivalentes. Un estudiante puede formular una estrategia adecuada y necesitar más práctica para ejecutarla; otro puede realizarla sin poder explicar aún qué información utilizó.

Se propone una hoja breve con cuatro campos: situación, acción observada, apoyo utilizado y próximo ajuste. No es una escala diagnóstica ni un baremo. Permite comparar a la persona con su práctica anterior en condiciones descritas, en lugar de mezclar tareas diferentes bajo una puntuación única. La autoevaluación puede preguntar qué ayuda necesitó y qué ayuda pudo ofrecer; la coevaluación debe referirse a criterios conocidos, con oportunidad de contrastar el comentario. El profesor conserva la responsabilidad de interpretar la información y de revisar los apoyos.

La investigación sobre aprendizaje cooperativo exige comprobar cómo se implementa el modelo. Iglesias y Fernandez-Rio revisaron 28 estudios y encontraron una documentación incompleta de aspectos de fidelidad. Su trabajo fue publicado en línea en 2024 e incorporado al volumen de 2026. (Iglesias y Fernandez-Rio, 2026) Esta evidencia no demuestra que los juegos de esta página produzcan un efecto determinado: se refiere a intervenciones pedagógicas estudiadas. Sí invita a registrar qué se hizo realmente, con qué contenido y con qué participación, antes de atribuir los resultados a una etiqueta.

Una revisión docente puede terminar con una decisión concreta: cambiar una señal, redistribuir una función o disminuir una espera. En la siguiente práctica se comprueba si esa modificación abrió oportunidades. Así, la cooperación no queda reducida a un valor declarado ni a una actividad aislada. Se convierte en una relación que puede describirse, enseñarse y revisarse, manteniendo la atención tanto a las acciones como a la experiencia de quienes participan.

Preguntas frecuentes

¿Un juego sin ganadores es siempre cooperativo?

No. Puede ser individual y carecer de puntuación. Para clasificarlo como cooperativo hay que comprobar que las acciones favorables de los participantes intervienen en la resolución de una meta compartida.

¿Juego cooperativo y aprendizaje cooperativo significan lo mismo?

No. El primero describe relaciones motrices de una tarea. El segundo organiza un proceso pedagógico más amplio, con decisiones, responsabilidades y seguimiento que no quedan definidos por jugar en grupo.

¿Cómo se adapta cuando alguien necesita más tiempo?

Puede acordarse una señal anticipada, ampliar pausas y ajustar trayectorias o materiales. La adaptación se revisa observando si conserva una aportación real y si la persona puede decidir y practicar.

Continúa con estas lecturas

Referencias

  1. Batalla Flores, A. (2021). Habilidades motrices. INDE. Consultar la fuente

  2. Caillois, R. (2001). Man, play and games (M. Barash, Trad.). University of Illinois Press. (Obra original publicada en 1958). Consultar la fuente

  3. Huizinga, J. (1949). Homo ludens: A study of the play-element in culture. Routledge & Kegan Paul. (Obra original publicada en 1938). Consultar la fuente

  4. Iglesias, D., & Fernandez-Rio, J. (2026). A model fidelity check in cooperative learning research in physical education. Physical Education and Sport Pedagogy, 31(3), 364–379. https://doi.org/10.1080/17408989.2024.2342831 Consultar la fuente

  5. Lavega-Burgués, P., Bortoleto, M. A. C., & Pic, M. (2021). Editorial: Traditional sporting games and play: Enhancing cultural diversity, emotional well-being, interpersonal relationships and intelligent decisions. Frontiers in Psychology, 12, Artículo 766625. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.766625 Consultar la fuente

  6. Luchoro-Parrilla, R., Lavega-Burgués, P., Damian-Silva, S., Prat, Q., Sáez de Ocáriz, U., Ormo-Ribes, E., & Pic, M. (2021). Traditional games as cultural heritage: The case of Canary Islands (Spain) from an ethnomotor perspective. Frontiers in Psychology, 12, Artículo 586238. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.586238 Consultar la fuente

  7. Mosston, M., & Ashworth, S. (2008). Teaching physical education (1.ª edición en línea). Spectrum Institute for Teaching and Learning. Consultar la fuente

  8. Parlebas, P. (1999). Jeux, sports et sociétés: Lexique de praxéologie motrice. INSEP-Éditions. https://doi.org/10.4000/books.insep.1067 Consultar la fuente