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Etlatongo: juego de pelota, arqueología y saberes de la Mixteca Alta

Qué aporta la evidencia de Oaxaca al estudio de las prácticas corporales mesoamericanas y cómo interpretar canchas, fechas e imágenes.

Historia y fundamentos · 5 minutos de lectura

Ilustración conceptual sobre etlatongo juego pelotaEDUFISICA
Ilustración conceptual de EDUFISICA; no representa un acontecimiento histórico documentado.
Etlatongo: objetos y preguntas históricas
Etlatongo: objetos y preguntas históricas. Esquema de EDUFISICA.

Etlatongo y la pregunta por el origen

Etlatongo, en la Mixteca Alta de Oaxaca, proporciona evidencia temprana del juego de pelota en las tierras altas mesoamericanas. Blomster y Salazar Chávez documentaron dos canchas superpuestas y figurillas de jugadores. Su estudio sitúa la construcción de la primera cancha entre 1443 y 1305 a. C.; 1374 a. C. es el punto medio del intervalo, no una fecha exacta de inauguración. (Blomster y Salazar Chávez, 2020, «Results» y «Conclusion»)

Los autores distinguen imágenes, implementos y arquitectura como evidencias diferentes. Contrastan Etlatongo con la cancha de Paso de la Amada, en las tierras bajas de Chiapas, fechada hacia 1650 a. C. Su conclusión reconoce aportaciones de sociedades de tierras altas y bajas, frente a una explicación centrada exclusivamente en estas últimas. (Blomster y Salazar Chávez, 2020, «Introduction» y «Conclusion»)

La pregunta por un origen contiene, en realidad, varias preguntas: cuándo se documenta una práctica, cuándo aparece una instalación y cómo se relacionan las evidencias de lugares distintos. Distinguirlas evita que el acontecimiento más antiguo conocido sea convertido automáticamente en un acto único de invención.

Qué permite conocer una cancha

Una instalación permite estudiar una decisión sobre el espacio. Su existencia indica que se dedicaron recursos a construir y mantener un lugar; las características del objeto conservado deben interpretarse dentro de su contexto arqueológico. La explicación de su uso requiere contrastar materiales, distribución y relaciones con otras evidencias.

No basta con reconocer dos superficies semejantes para afirmar que todas las reglas eran idénticas. La arquitectura y el reglamento son objetos diferentes. Un edificio puede restringir posibilidades de acción sin conservar cada instrucción que recibían sus participantes. Esa distinción es válida como criterio de lectura, sin atribuir reglas específicas al caso.

La comparación requiere indicar su escala. Puede compararse una forma arquitectónica, un contexto de hallazgo o una cronología; cada operación responde a una pregunta diferente. Un parecido formal no demuestra por sí solo una relación directa de transmisión entre dos comunidades.

La datación y la precisión del lenguaje

Una fecha expresada como intervalo conserva una incertidumbre que forma parte del resultado. Presentar solamente su punto medio produce una precisión aparente: transforma una estimación en un año de calendario. Por eso conviene explicar qué significa el número empleado.

También es necesario distinguir el material datado del acontecimiento que se desea fechar. La relación entre ambos depende del contexto y del argumento del estudio. Un lector debe poder reconocer qué fue medido y qué conclusión se deriva de esa medición, en lugar de recibir una fecha aislada.

Esta cuestión conecta la historia con la epistemología. La evidencia no habla sin una pregunta: se utiliza para sostener una afirmación delimitada. Una conclusión sobre la construcción de una instalación no responde automáticamente a cuándo se empezó a jugar en toda una región.

PreguntaQué debe distinguirseConclusión que no corresponde dar por hecha
¿Cuándo se construyó?Intervalo estimado y punto medio.Un año exacto sin evidencia suficiente.
¿Qué actividad se realizaba?Arquitectura y otras evidencias.Un reglamento completo derivado del edificio.
¿Cómo se relaciona con otros lugares?Parecido, cronología y contexto.Una transmisión directa basada solo en semejanza.
¿Quién inventó la práctica?Primer testimonio conocido e invención.Un inventor único a partir de un hallazgo.

Representación, acción y experiencia

Una imagen de un participante y una instalación no proporcionan la misma información. La imagen permite preguntar cómo se representó una acción o una figura; la instalación permite estudiar una organización del espacio. Reunir ambas fuentes puede ampliar el argumento, pero no elimina la necesidad de explicar el alcance de cada una.

La experiencia de quien actuó constituye otra dimensión. La existencia de una escena o de un edificio no permite saber directamente qué sintió una persona, por qué decidió participar o qué significado atribuyó a su acción. El concepto de cuerpo vivido permite formular esa diferencia sin inventar testimonios antiguos.

Mechikoff distingue descripción e interpretación al introducir el trabajo del historiador. Esa separación resulta útil aquí: primero se identifica lo que conserva una fuente; después se justifica la explicación propuesta. Una interpretación puede ser sólida sin pretender que todos sus elementos sean observaciones directas. (Mechikoff, 2020, pp. 8–9)

Comprender saberes locales sin reducirlos a una etiqueta

Reconocer una cultura corporal exige situar comunidades, periodos y materiales. La expresión juego de pelota puede servir como entrada a una lectura, pero no debe funcionar como un reglamento único para todas las sociedades ni como una identidad que borra diferencias.

La misma precaución afecta a los mapas contemporáneos. Un territorio actual ayuda a localizar un sitio, pero no sustituye la organización cultural y política del periodo estudiado. Identificar Oaxaca como ubicación no convierte automáticamente una práctica antigua en parte de un sistema escolar mexicano moderno.

El reconocimiento histórico de los saberes indígenas requiere esa precisión. Atribuir a todas las culturas una misma práctica, una misma creencia o una misma finalidad puede hacerlas menos comprensibles. Una enciclopedia aporta conocimiento cuando conserva sus diferencias y explica las conexiones que las fuentes permiten sostener.

Comparar sin convertir todas las prácticas en un mismo deporte

La comparación con el polo en distintos espacios de Asia puede atender a la relación entre objetos, instalaciones y fuentes. No implica que ambos juegos tengan un origen compartido ni una misma organización. La pregunta comparativa se refiere a cómo se construye conocimiento sobre una práctica corporal.

La comparación con Beroia muestra otra diferencia: una ley conserva instrucciones que una instalación arqueológica no necesariamente ofrece. Esa diferencia orienta el tipo de explicación posible. La ausencia de un reglamento escrito no equivale a ausencia de reglas; significa que el argumento debe apoyarse en los materiales disponibles.

Etlatongo resulta relevante para la historia del movimiento porque obliga a mantener abiertos los vínculos entre región, cronología y evidencia. El conocimiento se fortalece al precisar qué se puede afirmar y con qué respaldo, evitando que una narración atractiva sustituya las relaciones documentadas.

Bibliografía

  1. Blomster, J. P., y Salazar Chávez, V. E. (2020). Origins of the Mesoamerican ballgame: Earliest ballcourt from the highlands found at Etlatongo, Oaxaca, Mexico. Science Advances, 6(11), eaay6964. https://doi.org/10.1126/sciadv.aay6964.
  2. Mechikoff, R. A. (2020). A History and Philosophy of Sport and Physical Education: From Ancient Civilizations to the Modern World (7.ª ed.). McGraw-Hill Education. pp. 8–9.