Carga externa y carga interna: qué se hace y cómo se responde
La carga de entrenamiento tiene dos perspectivas complementarias. Una describe las tareas realizadas: correr, levantar, saltar o competir. La otra recoge la respuesta de la persona ante esas tareas. Distinguirlas permite interpretar por qué un mismo entrenamiento puede resultar llevadero para un deportista y muy exigente para otro, sin confundir cantidad con adaptación.
La carga externa comprende características observables de la actividad, como distancia, velocidad, masa desplazada o número de repeticiones. La carga interna se refiere a las respuestas fisiológicas y perceptivas asociadas al ejercicio. Impellizzeri, Marcora y Coutts sitúan esta distinción en un marco de control individual del estímulo; no proponen que ambas perspectivas sean dos cantidades intercambiables. Una frecuencia cardiaca y cinco kilómetros no representan la misma magnitud ni pueden sumarse directamente. Impellizzeri et al. (2019).
Conviene añadir una tercera pregunta: ¿qué cambió después? El entrenamiento realizado, la respuesta durante la sesión y la evolución del rendimiento ocupan lugares diferentes en el proceso. Registrar una sesión exigente no demuestra que haya producido una mejora. Tampoco un resultado discreto en una prueba aislada demuestra que el programa haya fracasado: importan las condiciones de evaluación, el momento del calendario y la trayectoria anterior.
Por eso, un sistema útil de seguimiento conecta la tarea prevista, la tarea efectivamente realizada y la respuesta observada. La planificación puede indicar seis repeticiones; el registro debe mostrar si se completaron cuatro, seis u ocho. Después se examina cómo se sintió y respondió el deportista, conservando la información necesaria para interpretar el dato. Esta separación evita que la hoja de cálculo termine describiendo únicamente las intenciones del entrenador.
Antes de medir, hay que definir el indicador
Un indicador es una representación parcial de algo que interesa conocer. Su utilidad depende de qué registra, con qué precisión y para qué decisión se utiliza. El total de minutos, por ejemplo, describe duración; no informa por sí mismo de la velocidad, de la fuerza aplicada ni del esfuerzo percibido durante esos minutos.
En una sesión de carrera, el tiempo total puede incluir desplazamiento, recuperación y explicaciones. Si una persona cuenta todo el tiempo de presencia y otra únicamente los intervalos activos, sus registros ya no son equivalentes. Ninguna cifra permite reconstruir después esa diferencia si no se escribió la definición. La primera tarea del seguimiento consiste, por tanto, en establecer criterios sencillos: cuándo empieza y termina la sesión, qué actividades entran en el registro y cómo se identifican las interrupciones.
El mismo problema aparece en el gimnasio. Un kilogramo anotado puede referirse a la masa total de una barra, a una mancuerna o al número impreso en una máquina. En ejercicios bilaterales y unilaterales hay que explicar si las repeticiones se cuentan por lado o como suma de ambos. Las repeticiones asistidas, incompletas o modificadas requieren una anotación diferenciada cuando alteran el significado del seguimiento. No se trata de multiplicar columnas, sino de impedir que una aparente comparación reproduzca criterios distintos.
Los manuales de entrenamiento distinguen variables como volumen, intensidad, frecuencia, pausas y selección de ejercicios precisamente porque describen dimensiones diferentes del estímulo. Una definición operativa conserva esa distinción en el trabajo cotidiano. Para comparar semanas, primero debe mantenerse reconocible el procedimiento de registro; después se interpreta su evolución. Bompa y Buzzichelli (2022, pp. 69–70); Schoenfeld (2021, p. 78).
Volumen, intensidad, densidad, frecuencia y organización
La carga se organiza mediante variables que interactúan entre sí. El volumen indica cuánto se realiza; la intensidad necesita un referente definido; la densidad relaciona trabajo y recuperación; la frecuencia informa de cuántas exposiciones ocurren. Además, el orden y la distribución de las tareas condicionan la experiencia de una sesión o de una semana.
En fuerza, el volumen puede describirse mediante series, repeticiones o volumen-carga. En resistencia se emplean minutos, kilómetros o trabajo mecánico, según la modalidad y el instrumental. Cada medida responde a una pregunta. Si interesa saber cuántas oportunidades hubo para practicar un gesto técnico, el número de ejecuciones puede ser más informativo que la duración. Si interesa la exposición a carreras rápidas, la distancia total resulta demasiado general y se necesitan categorías adicionales.
La intensidad tampoco tiene un significado único. Puede indicar la velocidad respecto a una referencia, la potencia producida, el porcentaje de una repetición máxima o la intensidad subjetiva experimentada. Decir «intensidad alta» sin añadir de qué variable se habla genera ambigüedad. Una carga externa ligera puede ejecutarse con una intención máxima de aceleración; una serie de muchas repeticiones puede resultar muy exigente aunque el porcentaje de una repetición máxima sea moderado.
La densidad recoge parte de la estructura temporal. Dos sesiones con las mismas repeticiones pueden distribuirlas con pausas largas o breves. La frecuencia, a su vez, indica cuántas sesiones o exposiciones aparecen en un periodo, pero no determina su contenido. En un ejemplo didáctico, repartir doce series semanales en dos o tres días conserva el total y modifica la distribución. No permite afirmar, sin observar la respuesta y el contexto, cuál reparto será superior para una persona concreta.
La enumeración de cinco componentes es una forma práctica de organizar la información, no una ley que obligue a todos los modelos a utilizar exactamente cinco. Zatsiorsky, Kraemer y Fry presentan diferentes formas de caracterizar la intensidad del entrenamiento de fuerza, mientras Schoenfeld detalla variables adicionales, como rango de movimiento y proximidad al fallo. La elección depende del problema que se está analizando. Zatsiorsky et al. (2021, pp. 61–62); Schoenfeld (2021, p. 78).
Cómo calcular el tonelaje o volumen-carga
El volumen-carga expresa la suma de las masas externas registradas en las repeticiones de un ejercicio. Permite seguir cambios cuantitativos cuando el movimiento y el criterio de conteo se mantienen comparables. Su cálculo es sencillo, pero su interpretación exige conservar la identidad del ejercicio y las condiciones bajo las que se realizaron las repeticiones.
Para una serie con masa constante se multiplica el número de repeticiones por la masa utilizada. Si todas las series son iguales, puede multiplicarse también por el número de series. Cuando cambian las repeticiones o la carga, se calcula cada serie por separado y luego se suman los productos. La expresión general evita atribuir a todas las series la misma estructura:
En esta fórmula, r representa las repeticiones de la serie, m la masa externa en kilogramos y n el número de series. El resultado se expresa como volumen-carga en kilogramos acumulados; no equivale a la masa que el deportista sostuvo simultáneamente. Para facilitar la lectura puede convertirse a toneladas dividiendo entre mil, pero la operación no aporta información nueva sobre el movimiento.
Ejemplo hipotético. Una persona completa tres series de ocho repeticiones con cuarenta kilogramos. El registro es 3 × 8 × 40 = 960 kg de volumen-carga. En otra sesión realiza ocho repeticiones con cuarenta, ocho con cuarenta y dos y seis con cuarenta y dos: 320 + 336 + 252 = 908 kg. El segundo total es menor, aunque algunas repeticiones se realizaron con mayor masa. Esta comparación revela por qué el total y la intensidad externa necesitan columnas diferentes.
Los manuales utilizan el volumen-carga para describir parte del entrenamiento de fuerza, pero también muestran que las series, la intensidad y el tipo de tarea aportan información que ese producto no conserva. Resulta especialmente útil como registro dentro de un ejercicio o de una familia de ejercicios bien definida, no como clasificación universal del mérito o la exigencia de todas las sesiones. Schoenfeld (2021, p. 78); Bompa y Buzzichelli (2022, pp. 69–70).
Por qué el tonelaje no equivale al trabajo mecánico
El tonelaje y el trabajo mecánico son magnitudes distintas. El primero resume masas registradas por repeticiones; el segundo considera fuerzas y desplazamientos. Esta diferencia explica por qué dos ejercicios con el mismo volumen-carga pueden implicar recorridos, velocidades y exigencias musculares diferentes, aunque sus totales coincidan en una hoja de cálculo.
En un modelo mecánico elemental, si una fuerza constante actúa en la dirección de un desplazamiento, el trabajo se expresa como el producto de ambos. Para elevar una masa contra la gravedad puede aproximarse mediante la masa, la aceleración gravitatoria y el cambio de altura. Esta aproximación describe una parte de la interacción mecánica, no el coste metabólico completo del ejercicio ni la carga de cada tejido:
El trabajo y la variación de energía potencial se expresan en julios, mientras la masa se expresa en kilogramos. F es fuerza en newtons, d desplazamiento en metros y θ el ángulo entre ambos. En la segunda expresión, g es aproximadamente 9,81 m/s². Cambiar el recorrido modifica la energía potencial de la masa externa aun cuando no cambie el producto de repeticiones por kilogramos.
Ejemplo didáctico. Elevar cuarenta kilogramos treinta centímetros aumenta su energía potencial aproximadamente 118 J; elevarlos sesenta centímetros supone aproximadamente 235 J. El volumen-carga registra cuarenta kilogramos en ambas repeticiones. El ejemplo no representa un ejercicio real completo: omite aceleraciones, movimiento de segmentos corporales, rozamiento y pérdidas. Sirve para mostrar, mediante unidades diferentes, por qué los kilogramos acumulados no son una medida de energía.
Además, un descenso controlado puede exigir actividad muscular aunque el trabajo externo tenga signo negativo, y una acción isométrica puede resultar exigente sin desplazar la carga externa. Para profundizar en la relación entre fuerza, distancia perpendicular y articulaciones puede consultarse el artículo sobre torque muscular y brazo de momento. Las comparaciones del entrenamiento deben respetar qué magnitud se calculó y qué componentes quedaron fuera del modelo.
El mismo total puede ocultar estímulos diferentes
La suma permite resumir una sesión, pero elimina parte de su estructura. Un mismo total puede resultar de pocas repeticiones pesadas, muchas repeticiones ligeras o ejercicios con distintos recorridos. Para interpretar el entrenamiento, esa estructura debe permanecer disponible; de lo contrario, el registro conserva la cantidad y pierde las características que explican cómo se produjo.
Ejemplo hipotético. Tres series de diez repeticiones con cuarenta kilogramos suman 1.200 kg. Cinco series de tres repeticiones con ochenta kilogramos también suman 1.200 kg. El total coincide, pero difieren la masa por repetición, el número de series y las oportunidades de recuperación. Sin conocer la capacidad de la persona, los ejercicios y el esfuerzo realizado no puede decirse que ambas sesiones hayan tenido una carga interna equivalente.
Los resultados del entrenamiento tampoco se deducen de esa igualdad. Schoenfeld discute investigaciones que comparan distribuciones de fuerza con volumen-carga equiparado, mostrando la necesidad de examinar objetivos y variables adicionales. Aquí interesa el principio de interpretación: igualar una dimensión no significa igualar todo el estímulo. No corresponde trasladar un resultado obtenido bajo condiciones específicas a cualquier población, movimiento o programa. Schoenfeld (2021, pp. 95–96).
Esta precaución afecta también a las sumas entre ejercicios. Mil kilogramos en una sentadilla y mil en un press no representan una exposición idéntica de los mismos tejidos. Agregarlos puede ayudar a describir el programa en términos administrativos, pero no convierte el total en una medida homogénea de carga muscular. Una organización más informativa conserva, junto al total, los ejercicios, las series, la intensidad relativa y las modificaciones relevantes de técnica o recorrido.
Intensidad absoluta, intensidad relativa e intensidad del esfuerzo
La intensidad absoluta describe una magnitud externa, como kilogramos o velocidad. La intensidad relativa compara esa magnitud con una referencia individual. El esfuerzo percibido expresa otra dimensión: cómo se experimenta la tarea. Mantener estas tres perspectivas separadas permite entender que una cifra externa semejante puede representar desafíos diferentes entre personas o entre momentos del mismo deportista.
En fuerza es frecuente expresar la masa levantada como porcentaje de una repetición máxima del mismo ejercicio. La referencia debe corresponder al movimiento y a condiciones reconocibles. Un porcentaje calculado a partir de una marca antigua, de otro recorrido o de una estimación imprecisa introduce incertidumbre. La ecuación es simple; la calidad de la referencia es lo que permite interpretarla:
Ejemplo hipotético. Cuarenta kilogramos representan el 50 % de una referencia de ochenta y el 80 % de una referencia de cincuenta. La masa absoluta coincide, pero la intensidad relativa difiere. Este cálculo no predice cuántas repeticiones podrá realizar cada persona: la relación entre porcentaje y repeticiones depende, entre otros factores, del ejercicio y del individuo. Zatsiorsky y colaboradores advierten precisamente que esa relación no es fija. Zatsiorsky et al. (2021, pp. 61–62).
La intensidad del esfuerzo añade información sobre cómo se ejecutó una serie dentro de las posibilidades del momento. Un registro que distingue masa, repeticiones y percepción evita llamar «suave» a una serie únicamente porque su porcentaje externo sea bajo. Tampoco interpreta un esfuerzo elevado como prueba automática de un estímulo adecuado. El esfuerzo es información; su utilidad depende del objetivo, del procedimiento de medición y de la respuesta posterior.
Qué aporta la carga interna y qué no representa
La respuesta interna permite observar cómo se experimenta y responde al ejercicio, pero ningún indicador recoge toda la actividad del organismo. La frecuencia cardiaca, el lactato y la percepción del esfuerzo describen aspectos diferentes. Elegir una medida exige relacionarla con la tarea, el momento de recogida y la pregunta que se quiere responder.
La frecuencia cardiaca es útil para describir parte de la respuesta cardiovascular, especialmente en actividades en las que su comportamiento resulta interpretable respecto a la intensidad y la duración. Sin embargo, una media cardiaca puede ocultar cambios dentro de la sesión. También puede verse modificada por condiciones ajenas a la cantidad de trabajo externo. No debe presentarse como una traducción exacta de toda la exigencia neuromuscular de saltos, contactos o esfuerzos breves. Halson (2014).
La percepción del esfuerzo aporta una apreciación de la dificultad experimentada. Cuando se solicita una valoración global de la sesión se habla de sesión RPE, y cuando se combina con duración se obtiene un índice de carga perceptiva acumulada. Foster y colaboradores describen su aplicación como una forma sencilla de seguimiento interno, sin atribuirle precisión para reconstruir los detalles de la carga externa. Foster et al. (2021).
En la práctica conviene distinguir la respuesta durante una tarea de los indicadores posteriores de recuperación, bienestar o rendimiento. Una valoración de esfuerzo de la sesión no es la misma pregunta que «¿cómo te encuentras esta mañana?». La variabilidad cardiaca en reposo tampoco cuantifica directamente los kilómetros realizados. Clasificar todos esos números bajo una única columna de «carga» confunde exposición, respuesta aguda y estado posterior. Sus relaciones pueden estudiarse, pero sus definiciones no deberían perderse.
El producto de duración y sesión RPE
El índice de carga derivado de sesión RPE combina una apreciación global del esfuerzo con la duración registrada. Es un resumen operativo del entrenamiento experimentado, no una medida de energía ni de daño. Su ventaja práctica es que puede utilizarse en tareas diferentes, siempre que se mantengan claras la escala y las instrucciones empleadas.
Si t se expresa en minutos, el resultado suele comunicarse como unidades arbitrarias de carga. La valoración debe referirse a la sesión y no al cansancio actual en el momento de responder. Para entender la administración de las escalas y las diferencias entre percepción, dolor y fatiga, la lectura específica es percepción del esfuerzo y sesión RPE.
Ejemplo hipotético. Una sesión de cuarenta y cinco minutos valorada con seis produce 270 unidades arbitrarias. Otra de noventa minutos valorada con tres produce el mismo índice. Sus duraciones y valoraciones son distintas; el producto no conserva esa diferencia. Por ello, la hoja de seguimiento debe guardar ambos componentes y no solamente el total calculado. Esta igualdad aritmética tampoco demuestra que las demandas mecánicas o las adaptaciones de ambas sesiones coincidan.
La duración necesita un criterio acordado. Si se incluyen pausas y explicaciones, el dato expresa esa sesión completa; si se usa únicamente tiempo activo, representa otra construcción. Cambiar el criterio a mitad de un periodo puede crear una variación artificial. El capítulo de seguimiento subjetivo de NSCA insiste en la educación de los deportistas y en la consistencia del procedimiento, elementos que resultan más relevantes que añadir decimales a una valoración mal comprendida. McLaren et al. (2022, pp. 233–239, 250–254).
Cómo leer la distribución semanal sin perder los detalles
El total semanal permite observar una cantidad acumulada, mientras su distribución muestra cuándo y cómo se repartió. Ambos niveles son necesarios para comprender la planificación. Concentrar muchas tareas en un día no es equivalente a distribuirlas, aunque la suma sea la misma; además, las tareas cercanas pueden compartir exigencias que un total general oculta.
Ejemplo didáctico. Dos semanas suman 1.200 unidades arbitrarias de sesión RPE. Una distribuye esa cifra en cuatro días con 300 unidades; la otra registra 600, 200, 200 y 200. La primera es más uniforme en este indicador y la segunda concentra una parte mayor del total en una exposición. No se ha demostrado con ese ejemplo que alguna sea más segura o produzca una adaptación mejor. Se ha descrito una diferencia en la organización.
Después debe preguntarse qué tareas formaron cada día. Una semana uniforme en sesión RPE podría alternar trabajo técnico, fuerza y resistencia. Otra podría repetir diariamente esfuerzos muy semejantes. El indicador global no representa esa diversidad de contenido. Por ello, registrar modalidad, propósito y unas pocas características relevantes permite leer la distribución de manera más concreta que una gráfica de barras aislada.
También importa la unidad temporal elegida. Una semana de calendario y una secuencia entre competiciones pueden describir periodos diferentes. Cuando hay partidos, viajes o sesiones dobles, conviene identificar cada exposición antes de agruparla. Zatsiorsky y colaboradores muestran que los estímulos de fuerza y las tareas realizadas fuera de la sala pueden combinarse de forma relevante para la interpretación del programa. La aplicación práctica consiste en evitar que cada responsable observe únicamente su parte del entrenamiento. Zatsiorsky et al. (2021, pp. 181–182).
Distancia, velocidad y acciones que no aparecen en el total
En los deportes colectivos, la distancia recorrida describe una parte de la actividad, pero no recoge todas las acciones relevantes. Aceleraciones, frenadas, saltos, cambios de dirección y contactos pueden acumularse sin generar grandes desplazamientos. El seguimiento necesita seleccionar indicadores acordes con las tareas del deporte y con la tecnología realmente disponible.
Un total de metros puede ser suficiente para comparar ciertos ejercicios de carrera, pero pierde significado si se utiliza para describir por igual tareas con desplazamientos continuos y juegos con frecuentes cambios de dirección. La interpretación depende de la estructura: amplitud del espacio, número de participantes, reglas, pausas y duración de las acciones. Una actividad con poca distancia no tiene que ser poco exigente en todos los aspectos.
Los sistemas de posicionamiento añaden información sobre velocidad y distribución espacial, pero sus resultados están sujetos a la calidad del dispositivo y al tratamiento de los datos. Los umbrales de velocidad pueden ser absolutos o individualizados; ambos responden a preguntas distintas. Cambiar el umbral modifica qué se cuenta como carrera rápida incluso aunque el movimiento observado sea el mismo. Cormack y Coutts explican estos problemas en su revisión de la cuantificación externa. Cormack y Coutts (2022, pp. 16–18).
Los contactos o saltos pueden registrarse mediante vídeo o conteo manual cuando no hay sensores adecuados. Ese conteo debe describir criterios de inclusión y reconocer las limitaciones de observación. «Número de saltos» no informa automáticamente de la altura, la recepción o la fuerza desarrollada. La decisión razonable consiste en elegir unas pocas variables que respondan a una pregunta del entrenamiento, en vez de trasladar todos los datos disponibles a un tablero difícil de interpretar.
Comparar con la propia trayectoria y comprender los desacoplamientos
La comparación individual permite situar una respuesta dentro de una historia reconocible. Cuando se repite una tarea externa comparable, los cambios internos pueden aportar información sobre cómo se está experimentando. Sin embargo, una variación no identifica por sí misma su causa: antes de interpretarla deben revisarse la tarea, el procedimiento y las condiciones del día.
Ejemplo hipotético. Una deportista corre la misma ruta, en un tiempo semejante, y comunica un esfuerzo mayor que en sus registros anteriores. El dato merece atención, pero no demuestra sobreentrenamiento. Se pueden revisar temperatura, terreno, sueño, cambios en la instrucción o percepción de malestar. Si la ruta fue modificada o el registro de tiempo incluyó interrupciones distintas, quizá la carga externa no era realmente comparable.
Cuando la respuesta aumenta para una tarea aparentemente igual se habla a veces de desacoplamiento entre carga externa e interna. Es una descripción de la relación observada, no una explicación completa. Puede ayudar a plantear preguntas sobre el proceso de entrenamiento, especialmente al repetirse bajo condiciones semejantes. Halson destaca la utilidad de combinar medidas y de contextualizar los cambios, frente a buscar un marcador único que explique todo el estado del atleta. Halson (2014).
Comparar entre deportistas exige aún más cuidado. Un mismo número de metros puede corresponder a intensidades relativas diferentes, y una misma valoración perceptiva no representa necesariamente idéntica capacidad física. La comparación grupal sirve para describir la organización del equipo, pero no reemplaza la lectura individual. El registro debería permitir ver tanto las tareas compartidas como las adaptaciones personales, sin convertir el promedio del grupo en una obligación para cada integrante.
Kiely cuestiona que una carga física produzca resultados proporcionados y previsibles en personas aparentemente similares. Ese planteamiento refuerza la utilidad de observar la respuesta individual junto al trabajo prescrito, sin atribuir toda diferencia a una sola causa. Kiely (2022), en Joyce y Lewindon.
Ruido, cambios de dispositivo y datos que faltan
Una variación observada puede reflejar un cambio del deportista, un cambio del procedimiento o una combinación de ambos. El error de medición no desaparece por utilizar tecnología. Para interpretar tendencias conviene conocer la repetibilidad del indicador, conservar condiciones comparables y distinguir los datos ausentes de los valores verdaderamente registrados como cero.
En un conteo manual puede haber repeticiones omitidas; en un dispositivo pueden cambiar firmware, filtros o criterios de cálculo. Si el sistema identifica aceleraciones mediante un umbral distinto después de una actualización, la diferencia semanal puede deberse al procesamiento. Una serie temporal debe anotar esos cambios. También resulta útil identificar qué unidad utilizó cada deportista cuando los equipos no son completamente equivalentes.
La ausencia de respuesta perceptiva merece un código propio. Escribir cero cuando alguien no respondió transforma «desconocido» en «ningún esfuerzo» y reduce artificialmente la carga acumulada. En la misma línea, una sesión interrumpida por problemas técnicos no debe confundirse con una sesión completa de duración corta. Estos errores afectan tanto a los totales como a los promedios y pueden pasar inadvertidos en un tablero que solo presenta números finales.
Un cambio pequeño necesita interpretarse frente a la variabilidad habitual del registro. Los manuales de NSCA diferencian validez, fiabilidad y cambios de interés práctico; son conceptos relacionados, pero no idénticos. Un instrumento puede producir valores estables y, aun así, medir una característica diferente de la que interesa. La revisión del procedimiento debe preceder a cualquier conclusión sobre mejora, fatiga o necesidad de modificar el programa. Cormack y Coutts (2022, pp. 24–25).
Registrar carga no equivale a predecir lesiones
La carga observada describe una exposición o una respuesta. La predicción estima la probabilidad de un resultado, y una explicación causal plantea qué ocurriría al intervenir sobre una variable. Son preguntas diferentes. Confundirlas puede convertir una asociación estadística en una recomendación que aparenta mayor certeza de la que realmente permite la evidencia.
Una relación entre carga e incidencia de lesiones en un grupo no demuestra que modificar un indicador aislado produzca un cambio proporcional del riesgo en otra persona. Importan la población, la exposición deportiva, los antecedentes y la definición del resultado. También importa cómo se recogieron y analizaron los datos. Un modelo que describe bien los registros con los que se construyó necesita evaluación independiente antes de considerarse útil para predecir.
Esta distinción afecta al cociente de carga aguda y crónica, conocido como ACWR. En una revisión crítica de sus propiedades, Impellizzeri y colaboradores analizaron cómo transformaciones del denominador podían generar asociaciones semejantes sin aportar una mejora predictiva en los datos examinados. El resultado cuestiona el uso de ese cociente como regla causal de seguridad, no la conveniencia de describir la progresión del entrenamiento. Impellizzeri et al. (2021).
Por ello, aquí no se establece un rango universal de «carga segura». Una gráfica puede mostrar un cambio rápido respecto al historial, pero esa observación no constituye un diagnóstico ni una autorización clínica. La función del seguimiento es aportar información para discutir el entrenamiento, revisar la exposición y contrastarla con la respuesta y el rendimiento. Las decisiones sobre dolor, lesión o retorno deportivo requieren una valoración apropiada a esa situación, no una cifra que sustituya el examen.
Un registro breve que permita decidir
Un registro útil conserva la información necesaria para interpretar y revisar el entrenamiento sin imponer una carga administrativa desproporcionada. Debe permitir distinguir lo previsto, lo realizado y la respuesta individual. Añadir una columna tiene sentido cuando responde a una pregunta concreta; guardar datos sin propósito dificulta la lectura y puede reducir la continuidad del seguimiento.
| Campo | Qué conserva | Pregunta que ayuda a responder |
|---|---|---|
| Fecha y tarea | La identidad de la exposición | ¿Qué actividad se está comparando? |
| Duración y contenido | Tiempo según criterio acordado | ¿La diferencia procede de más tiempo o de otra tarea? |
| Medida externa específica | Series, masa, metros, potencia o acciones pertinentes | ¿Qué se realizó efectivamente? |
| Valoración interna | Respuesta recogida con un procedimiento definido | ¿Cómo se experimentó o respondió? |
| Contexto e incidencias | Cambios que afectan la comparación | ¿Hay motivos para interpretar el dato de otra manera? |
La propuesta no exige medir todas las modalidades con el mismo indicador. Una sesión de fuerza puede necesitar identificar ejercicios y masa por serie, mientras una sesión de carrera puede describirse mediante duración, distancia y estructura de intervalos. Se puede conservar un resumen común para la organización semanal y registros específicos para comprender cada modalidad. Esto evita sumar magnitudes incompatibles o perder los detalles por imponer una plantilla única.
El registro debería devolverse al deportista mediante información comprensible. Si se pregunta por el esfuerzo y nunca se explica para qué se utiliza, la recogida termina pareciendo una obligación sin utilidad. La devolución puede mostrar qué estaba previsto, qué se realizó y qué se discutirá a continuación. Cormack y Coutts señalan la implicación del deportista y la comunicación como elementos del sistema de seguimiento. Cormack y Coutts (2022, pp. 23–24).
Caso didáctico: revisar una sesión de fuerza sin perseguir el mayor total
El seguimiento de fuerza funciona mejor cuando el total se interpreta junto a la calidad de la tarea y al propósito del programa. Aumentar el tonelaje puede describir una progresión cuantitativa, pero no demuestra que la sesión sea mejor. Un caso hipotético permite comprobar cómo diferentes decisiones cambian la lectura de los registros.
Ejemplo hipotético. Dos sesiones del mismo ejercicio presentan 960 y 1.056 kg de volumen-carga. Si ambas contienen veinticuatro repeticiones completas, la segunda podría proceder de aumentar la masa media de cuarenta a cuarenta y cuatro kilogramos. El cambio del total es un 10 %. Ese porcentaje describe la diferencia aritmética; no prueba que sea una progresión apropiada ni informa de la respuesta individual.
Ahora supóngase que en la segunda sesión el recorrido se redujo o aparecieron asistencias no registradas. El volumen-carga deja de ser plenamente comparable. La revisión no consiste en borrar el resultado, sino en conservar la incidencia y separar las ejecuciones realizadas bajo criterios diferentes. Así puede estudiarse si el aumento externo correspondió al objetivo de la sesión o si fue acompañado de cambios que dificultan su interpretación.
También podría haberse programado una sesión con menor total para concentrar el trabajo en pocas ejecuciones de otra intensidad o con mayor recuperación. Clasificarla como «peor» por acumular menos kilogramos confundiría el registro con el objetivo. Bompa y Buzzichelli sitúan la manipulación de volumen e intensidad dentro de las necesidades del deporte y del calendario. La utilidad del dato está en comprobar la coherencia de la tarea, no en convertir todos los días en una competición de volumen. Bompa y Buzzichelli (2022, pp. 69–70).
Aplicación docente: observar la participación sin calificar el esfuerzo declarado
En Educación Física escolar, el seguimiento debe adaptarse a finalidades educativas y a la comprensión del alumnado. La cantidad de actividad puede ayudar a organizar la clase, pero no representa por sí misma aprendizaje ni competencia. Las respuestas personales sirven para conversar sobre la experiencia y no deberían transformarse automáticamente en calificaciones o comparaciones competitivas.
Ejemplo didáctico. Una clase incluye dos tareas de desplazamiento y un juego cooperativo. El docente registra el tiempo previsto, el tiempo realmente disponible y los cambios de organización. Si un grupo espera más por falta de material, el menor volumen realizado describe una condición de la clase, no una falta de compromiso. Para interpretar la participación hay que considerar las oportunidades que se ofrecieron.
Cuando se utiliza una valoración del esfuerzo, primero se debe comprobar que el alumnado comprende la pregunta y el instrumento apropiado para su contexto. No corresponde trasladar sin adaptación un sistema de seguimiento de deportistas adultos al conjunto de edades escolares. La explicación puede diferenciar dificultad para respirar, esfuerzo de movimiento y otras sensaciones, sin pedir demostraciones máximas para justificar una puntuación. La información se conserva con respeto a su finalidad y a la privacidad.
Evaluar el aprendizaje implica observar decisiones, ejecución, comprensión de reglas o cooperación según el propósito de la tarea. Un número alto de repeticiones no demuestra todos esos aprendizajes. Esta lectura enlaza con la competencia motriz: importa cómo la persona resuelve situaciones de movimiento y no únicamente cuánto acumula. El registro de carga puede complementar esa observación, pero no reemplaza la evaluación pedagógica ni debe atribuir capacidad, voluntad o valor personal a una cifra.
Preguntas frecuentes sobre carga externa e interna
Las dudas más útiles suelen aparecer al comparar registros: qué representa un total, qué puede sumarse y qué conclusiones permite un cambio. Las respuestas dependen de las definiciones utilizadas. Mantener identificadas las magnitudes y el contexto evita que una operación correcta se convierta después en una interpretación que el dato no sostiene.
- ¿Qué es la carga de entrenamiento?
Es una forma de describir las demandas del entrenamiento y las respuestas asociadas a ellas. La perspectiva externa registra tareas realizadas; la interna observa respuestas fisiológicas o perceptivas. Ningún total recoge por sí mismo todos los componentes del estímulo, por lo que debe indicarse qué medida se utilizó y con qué propósito.
- ¿Cuáles son los cinco componentes de la carga?
Una organización práctica distingue volumen, intensidad, densidad, frecuencia y organización temporal del contenido. No es una clasificación exclusiva de todos los modelos. Según la modalidad, también son relevantes la selección de ejercicios, el recorrido, el tipo de acción y el esfuerzo realizado. Los componentes deben definirse antes de compararlos.
- ¿Es mejor una sesión con más tonelaje?
Un tonelaje mayor indica más volumen-carga según el criterio de conteo. No demuestra mejor calidad, mayor esfuerzo interno ni una adaptación superior. Hay que examinar ejercicio, intensidad, repeticiones, recorrido, objetivo y respuesta. La comparación es más interpretable cuando esos elementos son reconocibles y el procedimiento permanece estable.
- ¿Pueden sumarse kilómetros y kilogramos para obtener la carga semanal?
No pueden sumarse directamente porque representan magnitudes diferentes. Se pueden presentar en columnas paralelas o mediante resúmenes con una finalidad explícita. Un índice perceptivo común añade una perspectiva de la respuesta, pero tampoco transforma esos registros externos en unidades equivalentes ni conserva todos sus detalles.
- ¿Un aumento de carga permite predecir una lesión?
Por sí solo, no. El aumento describe una diferencia respecto al registro anterior. Predecir requiere un modelo evaluado para un resultado y una población, y la interpretación causal exige evidencia adicional. Los cambios de carga pueden revisarse junto al estado y la exposición del deportista, sin convertirlos en un diagnóstico.
Referencias
- Impellizzeri, F. M., Marcora, S. M., & Coutts, A. J. (2019). Internal and external training load: 15 years on. International Journal of Sports Physiology and Performance, 14(2), 270–273. https://doi.org/10.1123/ijspp.2018-0935.
- Halson, S. L. (2014). Monitoring training load to understand fatigue in athletes. Sports Medicine, 44(Suppl. 2), S139–S147. https://doi.org/10.1007/s40279-014-0253-z.
- Foster, C., Boullosa, D., McGuigan, M., Fusco, A., Cortis, C., Arney, B. E., Orton, B., Dodge, C., Jaime, S., Radtke, K., van Erp, T., de Koning, J. J., Bok, D., Rodriguez-Marroyo, J. A., & Porcari, J. P. (2021). 25 years of session rating of perceived exertion: Historical perspective and development. International Journal of Sports Physiology and Performance, 16(5), 612–621. https://doi.org/10.1123/ijspp.2020-0599.
- Impellizzeri, F. M., Woodcock, S., Coutts, A. J., Fanchini, M., McCall, A., & Vigotsky, A. D. (2021). What role do chronic workloads play in the acute to chronic workload ratio? Time to dismiss ACWR and its underlying theory. Sports Medicine, 51, 581–592. https://doi.org/10.1007/s40279-020-01378-6.
- French, D. N., & Torres Ronda, L. (Eds.). (2022). NSCA’s essentials of sport science. Human Kinetics. Capítulos consultados: Cormack, S., & Coutts, A. J., «Training load model», pp. 13–26; McLaren, S. J., Coutts, A. J., & Impellizzeri, F. M., «Perception of effort and subjective monitoring», pp. 231–254.
- Zatsiorsky, V. M., Kraemer, W. J., & Fry, A. C. (2021). Science and practice of strength training (3.ª ed.). Human Kinetics. Pasajes consultados: pp. 61–63 y 181–182.
- Schoenfeld, B. J. (2021). Science and development of muscle hypertrophy (2.ª ed.). Human Kinetics. Pasajes consultados: pp. 78–79 y 95–96.
- Bompa, T. O., & Buzzichelli, C. A. (2022). Periodization of strength training for sports (4.ª ed.). Human Kinetics. Pasajes consultados: pp. 69–70.
- Joyce, D., & Lewindon, D. (Eds.). (2022). High-performance training for sports (2nd ed.). Human Kinetics. Consulta de extractos editoriales de los capítulos de John Kiely y Duncan N. French: Managing mental and physical stressors; How to translate athletic qualities into sport performance.