
EDUFISICAUna escuela dentro de una ciudad en transformación
En 1586 se fundó en la ciudad de México el seminario de San Gregorio, dirigido a hijos de caciques y principales. El establecimiento, atendido por jesuitas y adscrito al Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, comenzó como un internado sin rentas fijas. Allí se enseñaban doctrina cristiana y lectura; algunos alumnos avanzados aprendían también escritura, canto y, ocasionalmente, danza. Ese repertorio permite estudiar una educación donde la palabra, la voz y el movimiento participaban en un mismo proyecto institucional. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 125–131)
Sin embargo, llamar escuela a San Gregorio no explica por sí mismo su función. Jessica Ramírez Méndez lo investiga como un enclave relacionado con corporaciones eclesiásticas y con un linaje indígena vinculado a San Sebastián Atzacualco, en el sector nororiental de México-Tenochtitlan. Su análisis se concentra en las relaciones que rodearon la fundación y los primeros años, entre 1586 y 1606. No propone que una institución represente toda la educación indígena colonial. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 125–131)
Esta perspectiva cambia la pregunta habitual. Además de averiguar qué se enseñaba, importa conocer quién promovía el establecimiento, qué relaciones sostenía y qué posición podían buscar sus participantes. La formación de niños indígenas estuvo atravesada por la evangelización y por desigualdades coloniales; también se relacionó con estrategias de actores indígenas que intentaban conservar o reformular su lugar en la ciudad.
Las parcialidades no eran una población uniforme
Después de la conquista, numerosos barrios indígenas rodeaban la traza española. La categoría administrativa de indios no convertía a sus habitantes en un grupo homogéneo. Los principales pertenecían a distintas casas y construían alianzas con conquistadores, religiosos y autoridades virreinales. La autora emplea casa como una unidad social vinculada por descendencia y matrimonio, con bienes y prerrogativas cuya conservación requería decisiones políticas. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 125–131)
Durante la segunda mitad del siglo XVI esas relaciones cambiaron. Las medidas del visitador Jerónimo de Valderrama, en 1564, elevaron el tributo, exigieron su pago en moneda e incorporaron nuevos grupos a la obligación tributaria. Entre los afectados se encontraban muchos principales y mayeques, trabajadores vinculados a tierras ajenas. Ramírez Méndez relaciona este proceso con un debilitamiento de la intermediación que habían ejercido algunos linajes indígenas. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 125–131)
La muerte del gobernador Luis de María Cipactzin también marcó una reorganización. En la secuencia que reconstruye la historiadora, los gobernadores posteriores ya no procedían de las parentelas locales de los antiguos gobernantes mexicas. Figuras instruidas de otras localidades, como Francisco Ximénez y Antonio Valeriano, ocuparon el cargo. La educación y el conocimiento de lenguas podían relacionarse así con funciones de gobierno, aunque el acceso estuviera condicionado por la estructura colonial. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 125–131)
Estos acontecimientos no describen una desaparición inmediata de todas las autoridades indígenas. Muestran una redistribución conflictiva de posiciones y alianzas. Para comprender la educación corporal dentro de ese mundo, resulta necesario estudiar las instituciones donde se aprendía junto con los espacios donde esos aprendizajes podían adquirir reconocimiento.
Jurisdicciones religiosas y posiciones educativas
La organización espiritual de la ciudad tampoco permaneció estable. Las cuatro parcialidades indígenas habían estado relacionadas con visitas franciscanas: Santa María, San Juan, San Sebastián y San Pablo. A mediados del siglo XVI, el arzobispo Alonso de Montúfar promovió una mayor intervención del clero secular. San Sebastián pasó a estar administrado por un clérigo secular desde 1565 y quedó adscrito como coadjutoría a Santa Catarina en 1568. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 125–131)
La nueva distribución parroquial se superpuso a organizaciones anteriores, en lugar de borrarlas de una vez. Según el estudio, coexistían formas de administración espiritual con tensiones entre sus responsables; en el gobierno temporal persistía la separación entre las repúblicas de españoles y de indios. Esta coexistencia ayuda a entender por qué una fundación educativa podía convertirse en un punto de articulación entre intereses diferentes. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 125–131)
En consecuencia, la presencia de los jesuitas no debe narrarse únicamente como la llegada de un método de enseñanza. Su inserción ocurrió en una ciudad donde distintas corporaciones competían por influencia y donde familias indígenas buscaban interlocutores. La historia institucional incluye esa negociación, aunque no permita conocer todas las experiencias personales de los estudiantes.
Canto, trabajo comunitario y un documento de 1593
Uno de los indicios más concretos aparece en la procedencia de los alumnos: el estudio identifica varios barrios de San Sebastián entre sus lugares de origen. Esa relación se observa también en una petición de enero de 1593. Juan de Sandoval, superior de San Gregorio, solicitó al gobernador Antonio Valeriano que los niños cantores y músicos de San Sebastián fueran exceptuados del coatequitl, el trabajo comunitario. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 144–149)
La petición se justificaba por la enseñanza del canto y de instrumentos de viento, destinada a colaborar los domingos y en fiestas religiosas. El gobernador ordenó la exención. Ramírez Méndez analiza este mandamiento a través de una edición documental: el dato muestra una decisión administrativa particular, no una exención general de todos los escolares ni una norma aplicable a toda Nueva España. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 144–149)
El episodio permite advertir que aprender una destreza no era independiente de las obligaciones corporales de la comunidad. La participación musical requería tiempo y podía modificar la disponibilidad para otros trabajos. Desde este punto de vista, la formación no consistía solamente en transmitir un contenido: también redistribuía tareas y vinculaba a sus participantes con un ámbito público de reconocimiento.
Conviene distinguir, además, la enseñanza registrada de cualquier reconstrucción imaginaria de una clase. El documento no ofrece una secuencia de ejercicios vocales, un horario completo ni una descripción de movimientos. Precisar ese límite permite conservar el valor del indicio sin convertirlo en una escena pedagógica inventada.
La danza entre memoria dinástica y culto cristiano
El capítulo registra celebraciones en San Gregorio donde se representaba el sarao o mitote del emperador Moctezuma. Según la reconstrucción de la autora, participaban caciques y principales, y los símbolos asociados a la figura del gobernante se trasladaron a la divinidad cristiana. Para la década de 1580, el Santísimo Sacramento ocupaba la posición central de esa representación cristianizada. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 144–149)
La transformación es significativa para una historia del cuerpo. Una práctica de representación podía conservar distinciones sociales y referencias a una memoria política mientras se integraba en otro marco religioso. No se trataba simplemente de mantener intacta una ceremonia anterior, ni el cambio de destinatario religioso demuestra que todos sus significados previos hubieran desaparecido.
Ramírez Méndez propone que San Gregorio pudo evocar aspectos de los cuicacalli anteriores a la conquista, donde el canto y el baile estaban relacionados con culto, historia y participación festiva. Esa vinculación es una interpretación histórica de la investigadora, apoyada en las relaciones que examina. No equivale a demostrar una continuidad institucional directa entre un cuicacalli determinado y el seminario jesuita. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 144–149)
Por eso, la comparación con la educación nahua prehispánica requiere mantener visibles las diferencias. La conquista alteró autoridades, lenguajes legítimos y condiciones de acceso. Reconocer conexiones no obliga a representar esas alteraciones como un tránsito pacífico ni a convertir la danza colonial en una supervivencia sin cambios.
Linaje, territorio y conexiones más allá del colegio
La interpretación del capítulo también conecta San Sebastián con Tepotzotlán y Tula. La autora estudia redes de parentesco y relaciones territoriales asociadas a descendientes de Moctezuma, y plantea que los proyectos educativos permitían articular intereses dispersos. Al mismo tiempo, distingue incertidumbres en la localización de algunas propuestas tempranas de seminarios: una referencia documental no siempre permite identificar un asentamiento con seguridad. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 144–149)
En su conclusión, Ramírez Méndez sostiene que un grupo relacionado con Pedro Moctezuma encontró en los jesuitas y en San Gregorio medios para hacerse visible dentro de una sociedad cambiante. Presenta esta lectura como una inferencia construida a partir de indicios. La distinción es relevante: el lector puede reconocer los documentos considerados y la explicación que la historiadora elabora a partir de ellos. (Ramírez Méndez, 2026, pp. 144–149)
La educación indígena colonial aparece así como un campo donde convergen evangelización, memoria y posición social. Los actores indígenas no estaban fuera de las relaciones de poder; participaban en ellas dentro de límites desiguales. Tampoco actuaban todos con el mismo propósito: una estrategia de preservación de prerrogativas nobiliarias no representa automáticamente los intereses de todos los habitantes indígenas.
| Indicio estudiado | Qué permite explicar | Qué no demuestra |
|---|---|---|
| Fundación de 1586 | Una institución dirigida a hijos de caciques y principales. | La escolarización de toda la población indígena. |
| Mandamiento de 1593 | Relación entre formación musical y trabajo comunitario. | Un régimen general de exenciones escolares. |
| Mitote cristianizado | Reorganización de símbolos políticos y religiosos. | Una ceremonia prehispánica conservada sin cambios. |
| Redes de San Sebastián | Relaciones entre educación, linaje y espacio urbano. | Una intención compartida por todos los pueblos nahuas. |
Una historia corporal sin anticipar la asignatura moderna
San Gregorio no fue una escuela de educación física en el sentido curricular contemporáneo. La voz, la danza y otras actividades corporales se organizaron dentro de obligaciones religiosas y relaciones sociales específicas. Su relevancia para la historia de la educación física reside en ampliar el estudio de cómo distintos mundos han formado, ordenado y valorado capacidades corporales.
Esa ampliación evita una cronología que salte de las instituciones antiguas directamente a la gimnasia moderna. Entre ambos extremos hubo historias locales de aprendizaje y conflicto que merecen explicación propia. Estudiarlas exige relacionar las prácticas con sus instituciones y conservar la diferencia entre un dato documental, una interpretación histórica y una comparación pedagógica.
La pregunta que enlaza este caso con la epistemología es concreta: ¿qué conocimientos podían expresarse mediante canto y movimiento, y quién podía reconocerlos como legítimos? El capítulo no agota la respuesta; ofrece un caso verificable donde aprendizaje corporal, memoria y autoridad se encuentran. Desde allí puede leerse también la socialización de las prácticas corporales sin atribuirles un significado educativo único.
Bibliografía
- Ramírez Méndez, J. (2026). El seminario de San Gregorio de la ciudad de México: sus vínculos con San Sebastián Atzacualco (1586–1606). En L. Pérez Puente y M. F. Mora Reyes (coords.), Colegios en Nueva España (pp. 125–149). Universidad Nacional Autónoma de México, IISUE. Libro académico. Edición digital institucional.