
EDUFISICAAntes de Meiji: una cultura corporal en transformación
La historia de la esgrima japonesa anterior a 1868 cuestiona una idea persistente: que las prácticas asiáticas permanecieron inmóviles hasta recibir el deporte occidental. Michael Wert estudia el manejo de la espada durante el periodo Tokugawa y reconstruye cambios en enseñanza, prestigio, equipamiento y competición. Su argumento sitúa esas transformaciones dentro de la sociedad japonesa, sin explicarlas como una preparación incompleta para un modelo europeo. (Wert, 2016, «Swordsmanship and Society in Early Modern Japan»)
El capítulo propone, además, revisar qué llamamos modernización. Si una definición selecciona únicamente los rasgos de una trayectoria occidental, otras experiencias quedan clasificadas de antemano como atrasadas. Wert discute ese problema a través de un caso concreto: el surgimiento de un campo de conocimientos corporales, con especialistas, escuelas, públicos y disputas por la autoridad.
Desde esta perspectiva, la espada interesa por algo más que su eficacia en combate. Su práctica permitió construir relaciones sociales, acreditar conocimientos y diferenciar posiciones. Comprender esas funciones exige atender a quién enseñaba, quién aprendía y qué reconocimiento recibía cada forma de participación.
La espada como arte cultural
Wert se distancia de una narración que presenta la esgrima primero como técnica de guerra, después como arte debilitado y finalmente como deporte. En su interpretación, la formulación de escuelas y escritos durante el siglo XVII ayudó a constituirla como arte cultural. Sus vocabularios y formas de enseñanza se relacionaban con otras artes, entre ellas el teatro noh y la ceremonia del té. (Wert, 2016, «Swordsmanship as a Cultural Art»)
El texto Heihō Kadensho, publicado por Yagyū Munenori en 1632, aparece como un ejemplo de esa elaboración. La obra reunía referencias al zen y al noh dentro de una reflexión sobre la práctica. Aquí no se trata de atribuir a toda esgrima japonesa una esencia religiosa única; interesa cómo un autor integró determinados saberes en la explicación de su arte. (Wert, 2016, «Swordsmanship as a Cultural Art»)
En los círculos de mayor rango, el entrenamiento podía consistir en secuencias acordadas de ataque y defensa con espadas de madera y en la repetición de movimientos. La competición libre no ocupaba necesariamente el lugar central. El aprendizaje ofrecía una forma de interacción y de reconocimiento entre hombres que compartían posición e identidad guerrera. (Wert, 2016, «Swordsmanship as a Cultural Art»)
Por tanto, una práctica sin encuentros competitivos no era una práctica sin sentido. Su valor podía residir en el cultivo personal, el dominio de un repertorio o la pertenencia a un círculo. El análisis histórico gana precisión cuando reconstruye esas finalidades, en lugar de evaluar todas las actividades con el criterio de ganar un combate.
Escuelas, jerarquías y recursos para aprender
El sistema de escuelas, denominado ryūha, no funcionaba al margen de las diferencias sociales. Wert utiliza estudios de los dominios de Kawagoe y Maebashi para mostrar que los guerreros de menor rango no entrenaban necesariamente junto a sus superiores. La posición de una escuela y la de sus alumnos influían en el reconocimiento que recibía. (Wert, 2016, «Swordsmanship as a Cultural Art»)
En Kawagoe, los estilos oficialmente respaldados podían contar con profesores autorizados, estipendios y ayudas para el entrenamiento o el equipo. Otros estilos reconocidos, pero sin ese respaldo, no disfrutaban de condiciones equivalentes. El contraste permite observar que una obligación de aprender no se traducía automáticamente en recursos iguales. (Wert, 2016, «Swordsmanship as a Cultural Art»)
El capítulo relaciona esas diferencias con el capital cultural: conocimientos, comportamientos y acreditaciones que adquirían valor dentro de una sociedad. La expresión no significa simplemente saber ejecutar mejor una técnica. Un estilo podía resultar prestigioso por su linaje, sus participantes y su reconocimiento institucional.
Esta lectura enlaza con la socialización corporal. Aprender una práctica suponía también aprender a situarse dentro de relaciones y jerarquías. La enseñanza de movimientos y la formación de identidades se cruzaban en el mismo espacio, aunque no fueran una sola dimensión.
Equipamiento y competición libre
Durante el siglo XVIII, el desarrollo de protecciones y espadas de bambú permitió nuevas formas de enfrentamiento. Wert sitúa estos cambios en academias privadas de Edo y explica su relación con la expansión de la esgrima competitiva. Los estilos que incorporaban ese entrenamiento ganaron presencia frente a otros que conservaron métodos diferentes. (Wert, 2016, «The Growth of Fencing»)
La transformación técnica tenía una dimensión social. Enfrentarse a participantes de otros estilos abría oportunidades para comparar destrezas y construir reputaciones. También podía poner en riesgo el prestigio de un profesor o de una escuela. Por eso, aceptar o restringir encuentros no era solamente una elección metodológica: afectaba a la autoridad y a la posición de quienes enseñaban. (Wert, 2016, «The Growth of Fencing»)
El autor distingue, además, las restricciones de ciertas escuelas de una supuesta prohibición general del shogunato sobre todos los encuentros entre estilos. Señala la falta de evidencia primaria para esa afirmación general. La precisión importa porque una norma de admisión, una queja de un comentarista y una disposición gubernamental no son documentos equivalentes. (Wert, 2016, «The Growth of Fencing»)
En consecuencia, la innovación no puede reducirse a la aparición de un implemento. El equipo modificó las posibilidades de acción; las escuelas y sus participantes decidieron qué hacer con ellas. El vínculo entre tecnología, enseñanza y competición se construyó mediante esas decisiones.
| Dimensión | Cambio o diferencia estudiada | Qué permite comprender |
|---|---|---|
| Conocimiento | Escritos, estilos y enseñanza como arte cultural. | La elaboración de un saber corporal reconocible. |
| Jerarquía | Acceso y apoyo distintos según escuela y rango. | La relación entre recursos y posición social. |
| Equipamiento | Protecciones y espadas de bambú. | Nuevas posibilidades de práctica competitiva. |
| Autoridad | Encuentros entre estilos y reputación de profesores. | La disputa por reconocimiento y prestigio. |
| Participación | Expansión entre personas ajenas al estamento guerrero. | La apropiación social de una práctica. |
La participación de los no guerreros
Uno de los aportes del capítulo consiste en mostrar que personas ajenas al estamento samurái participaron en la práctica durante el periodo Tokugawa. Wert relaciona esa participación con protección personal, prestigio y juego. La expansión de la competición no suprimió de golpe las funciones culturales anteriores; añadió otras formas de utilizar y valorar la actividad. (Wert, 2016, «Swordsmanship as a Cultural Art»)
Tampoco todos los participantes no guerreros ocupaban posiciones semejantes. El análisis atiende a élites rurales y a diferencias económicas entre habitantes. Apropiarse de una práctica podía servir para distinguirse de otros grupos, sin implicar necesariamente una intención de derribar todo el orden social.
Así aparece una tensión reveladora: una actividad puede ampliar su participación y conservar funciones de diferenciación. La extensión no equivale, por sí misma, a igualdad. Preguntar quién entraba, con qué medios y para obtener qué reconocimiento permite comprender mejor ese proceso que una oposición simple entre élites y pueblo.
La comparación con los clubes gimnásticos coloniales del Cabo ayuda a formular la pregunta por el acceso. Sus contextos son distintos; el vínculo analítico consiste en examinar cómo una práctica distribuye recursos, prestigio y oportunidades.
Prohibiciones, inseguridad rural y contradicciones del gobierno
En el siglo XIX, la expansión rural de las artes marciales se relacionó con conflictos e inseguridad. El capítulo describe cómo determinadas élites locales recurrieron a la formación corporal para protegerse y organizar vínculos. Al mismo tiempo, el shogunato emitió prohibiciones contra la práctica de artes marciales por habitantes de otros estamentos. (Wert, 2016, «Swordsmanship and Unrest: A Nineteenth-Century Fencing Boom»)
Wert documenta disposiciones de 1804 y 1805 y la reiteración posterior de restricciones. Los argumentos oficiales apelaban al mantenimiento de ocupaciones y posiciones sociales. La enseñanza podía presentarse como una amenaza cuando reunía personas de condiciones diferentes o les concedía acreditaciones asociadas a una autoridad tradicional. (Wert, 2016, «Swordsmanship and Unrest: A Nineteenth-Century Fencing Boom»)
Sin embargo, el mismo orden político necesitaba la colaboración de élites rurales para obtener información y sostener tareas de control. El estudio muestra esa contradicción: desaconsejar una práctica y depender de personas que la cultivaban podían coexistir. La política efectiva no se comprende leyendo únicamente el texto de una prohibición. (Wert, 2016, «Swordsmanship and Unrest: A Nineteenth-Century Fencing Boom»)
Este episodio invita a relacionar norma y necesidad. El gobierno defendía una distribución de funciones, mientras las condiciones del territorio impulsaban arreglos que la desbordaban. Las prácticas corporales formaban parte de esas negociaciones, con utilidad, prestigio y vínculos comunitarios entrelazados.
Qué se disputaba cuando se discutía la competición
La expansión de los encuentros produjo críticas sobre su finalidad. Wert recoge objeciones al uso de equipos que, según algunos comentaristas, se alejaban del combate, y al predominio de ganar sobre el cultivo del arte. También describe publicaciones dedicadas a practicantes destacados, encuentros y resultados. (Wert, 2016, «Fencing as a Modern Field of Knowledge and Competition»)
Las discusiones enfrentaban maneras distintas de valorar una misma actividad. Para unos, el resultado permitía reconocer destreza; para otros, una formación orientada exclusivamente a vencer descuidaba dimensiones que consideraban esenciales. El debate no puede resolverse atribuyendo retrospectivamente razón absoluta a una parte: interesa comprender los criterios que cada posición defendía.
Aquí se conecta la historia con la axiología. Decidir qué cuenta como una buena práctica supone elegir valores y evidencias. Una victoria documenta el desenlace de un encuentro; la valoración del cultivo personal utiliza otros argumentos. Confundir ambos planos impide entender por qué el desacuerdo podía persistir incluso cuando el resultado era conocido.
Continuidades y cambios después de 1868
La caída del shogunato modificó las condiciones sociales de la práctica. Wert distingue cambios en los privilegios del estamento guerrero, la formación del kendō moderno y la pérdida de ciertas funciones de diferenciación entre élites no samuráis. Algunas tendencias posteriores fueron nuevas; otras prolongaron ideales y conocimientos anteriores. (Wert, 2016, «Fencing as a Modern Field of Knowledge and Competition»)
Esta lectura no niega las transformaciones de Meiji. Permite situarlas sobre una historia previa que ya contenía cambios, controversias y circulación de saberes. El capítulo sobre juegos escolares y deportividad en Meiji puede leerse desde esa continuidad: la llegada de nuevos repertorios se produjo en una sociedad con instituciones y debates corporales propios.
El aporte de Wert es, ante todo, historiográfico. Obliga a preguntar si nuestras categorías describen la evidencia o si la seleccionan para confirmar una trayectoria prevista. La historia global del movimiento se vuelve más rigurosa cuando reconoce transformaciones propias de distintos territorios y explica sus conexiones sin imponerles un origen único.
Bibliografía
- Wert, M. (2016). Swordsmanship and Society in Early Modern Japan. En R. von Mallinckrodt y A. Schattner (eds.), Sports and Physical Exercise in Early Modern Culture: New Perspectives on the History of Sports and Motion (cap. 12). Routledge.