
Jugar, cantar y aprender en la Jamaica rural
Los juegos de las comunidades afrojamaiquinas dejaron un registro histórico que permite seguir algo más que nombres de danzas. A comienzos del siglo XX se documentaron rondas, intercambios de objetos, escenas de trabajo, diálogos y formas de elegir participantes. También quedaron identificados lugares donde se enseñaban: recreos escolares, reuniones después de cenar, picnics y encuentros asociados a la muerte de un vecino. En esos espacios, aprender implicaba escuchar a otros, reconocer el momento de actuar y sostener una secuencia compartida.
Dos publicaciones permiten examinar ese proceso. Walter Jekyll reunió relatos y canciones en un libro publicado por la Folk-Lore Society en Londres en 1907. Martha Warren Beckwith publicó en Vassar College una colección de juegos en 1922, con música registrada en el campo por Helen H. Roberts. Sus materiales procedían de visitas realizadas en el verano de 1919 y el invierno de 1921. No son inventarios de todo el Caribe: tienen localidades, colaboradores y circunstancias propias. Precisamente esa escala permite observar cómo funcionaba el aprendizaje. (Jekyll, 1907, pp. liii) (Beckwith y Roberts, 1922, pp. prefacio, 5–10)
De la voz de los participantes al libro
Jekyll explica que tomó los relatos y melodías de hombres y muchachos que trabajaban para él. Los sentaba para que dictaran lentamente; reconoce además unas pocas modificaciones de vocabulario destinadas a posibles lectores infantiles. Vivía en las montañas de Port Royal, detrás de Kingston, y advertía que otros distritos tenían canciones diferentes ligadas a sus acontecimientos locales. Su colección conserva, por tanto, una interacción entre repertorio oral, relación laboral y decisiones de edición. El prólogo está fechado en Jamaica en enero de 1906; esa fecha del texto no debe confundirse con la publicación de 1907. (Jekyll, 1907, pp. liii)
El procedimiento de Beckwith y Roberts fue más diverso. Parte del material de Bethlehem y Claremont se dictó durante un picnic de escuela dominical; en Ballard’s Valley y la escuela Beulah de Christiana, observaron a niños que jugaban durante el recreo. En otras ocasiones, trabajadoras de sus alojamientos se reunían después de la cena y les enseñaban palabras, juegos y música. Beckwith nombra a Leonora Sparks, Hilda y Adinah en Christiana y a Elizabeth, Pearl y Ruth en Brown’s Town. Estas mujeres aparecen como instructoras de las investigadoras, no como un fondo anónimo de la colección. (Beckwith y Roberts, 1922, pp. prefacio)
Los cantos de Accompong se registraron con un fonógrafo por hombres que practicaban los juegos; Roberts los transcribió después. Para Bethlehem se recurrió a un organista local. La publicación distingue así la demostración, el dictado, la grabación y la notación musical. Cada procedimiento retiene aspectos distintos de la acción. La propia Beckwith reconoce que una página no representa de manera justa la variación expresiva de una actuación. El archivo permite estudiar lo que quedó registrado, sin convertir su silencio en prueba de que nadie hacía algo diferente. (Beckwith y Roberts, 1922, pp. prefacio, 10)
La ronda como organización del aprendizaje
En el registro de Jekyll, Sally Water reúne a muchachos y muchachas que forman un círculo tomados de las manos. Quien ocupa el centro comienza agachado, se levanta a una señal del canto, simula secarse las lágrimas, cambia de orientación y escoge pareja. Después de un giro bailado, la pareja queda en el centro y ocupa el papel de Sally. La continuidad depende de una sustitución: salir de un papel significa dejar a otro participante en condiciones de repetirlo. El grupo sostiene el canto mientras cambia quien actúa. (Jekyll, 1907, pp. 190–192)
La elección no siempre conducía a bailar. En Pass the ball, los participantes cerraban la ronda hombro con hombro y pasaban una pelota detrás de la espalda. La persona situada dentro debía localizarla; quien la tenía al ser descubierto pasaba a buscar. Jekyll registra también una variante con un anillo que se desliza sobre un cordón. El desafío combina ocultación y atención a los compañeros, con una organización corporal distinta de la ronda bailada. La forma circular admite tareas diferentes; no basta verla para conocer sus reglas. (Jekyll, 1907, pp. 196–197)
Otra escena, Palmer, presenta a alguien que ha regresado de Kingston a su localidad montañosa. Sus compañeros le piden que muestre un paso reciente y comentan la demostración. El texto no identifica una escuela de danza ni fecha un cambio general, pero sí registra una manera de incorporar novedades: alguien que circula entre lugares muestra lo aprendido y los demás responden. En el propio repertorio, la movilidad y la evaluación de los pares forman parte de la acción. (Jekyll, 1907, pp. 203–204)
Beckwith recogió después versiones de Sally Water en Christiana y Bethlehem, además de variantes relacionadas bajo el título Under the carpet. El contraste revela un repertorio compartido con diferencias locales, no una copia idéntica conservada durante quince años. También documentó Old Mother Fibbie en Christiana: una muchacha del centro ofrecía un sombrero a otra participante y la dejaba dentro para la ronda siguiente. Jekyll había registrado Mother Phœbe con una elección mediante sombrero o gorra. La semejanza de la organización es comprobable; el camino exacto por el que una versión llegó a cada localidad no quedó establecido. (Beckwith y Roberts, 1922, pp. 59–60, 75–79) (Jekyll, 1907, pp. 197–198)
Ritmo, objetos y responsabilidad colectiva
Los juegos con piedras permiten observar otro tipo de coordinación. Emanuel Johnson, de Brown’s Town, explicó a Beckwith una práctica en la que tres participantes se arrodillaban en círculo, con una piedra en cada mano, y golpeaban el suelo siguiendo el canto. El registro identifica a quien transmitió la descripción y el lugar del que procedía. No hace falta suponer una función de entrenamiento deportivo para reconocer la exigencia de sostener un ritmo junto a otros. (Beckwith y Roberts, 1922, pp. 21–22)
En una versión de Stone Passing recogida en Butler’s, doce personas se arrodillaban alrededor de un círculo. Cada una tenía una piedra en la mano derecha y debía pasarla hacia la derecha al compás. El participante del centro vigilaba la ejecución y utilizaba una vara; el texto registra golpes como consecuencia del error. En Bethlehem, otra versión situaba una piedra dentro de un pequeño círculo dibujado frente a cada jugador y aplicaba una prenda a quien no la retiraba a tiempo. Son modos diferentes de regular la participación, no una regla única jamaicana. (Beckwith y Roberts, 1922, pp. 22–23)
Estas descripciones pertenecen a una historia de prácticas corporales, no a un repertorio de actividades recomendadas para repetir hoy. La presión del objeto que llega, el sonido del golpe y el canto muestran cómo se organiza una acción interdependiente; el castigo documenta a su vez una relación de autoridad. Conservar ambos aspectos evita convertir el registro en una imagen idealizada de cooperación. Las variantes importan porque cambian tanto la coordinación como lo que ocurre cuando alguien falla.
Trabajo, celebraciones y escuela: circuitos que se cruzan
Jekyll vinculó los llamados digging-sings con labores de preparación del terreno para sembrar ñame. Describe a alguien que reúne amigos para trabajar y una estructura musical en la que una persona inicia la melodía y otras responden con un estribillo breve. Los golpes de los instrumentos seguían el ritmo. Su relato conecta la actividad física con ayuda entre vecinos y con un repertorio cantado, aunque sus comentarios sobre supuestos caracteres raciales pertenecen a la mirada del recopilador y no explican las capacidades de una población. (Jekyll, 1907, pp. 157–158)
Beckwith documentó, en Butler’s, Aunty Mary: varios hombres simulaban cavar con palos mientras un cantante marcaba la acción. Había también un papel encargado de llevar agua. No es la misma tarea agrícola descrita por Jekyll, sino una actuación de trabajo dentro de un juego. El paso de la labor a su representación permite distinguir una técnica útil, una escena compartida y una organización recreativa. La historia corporal incluye esos desplazamientos entre contextos, sin reducirlos a ejercicios de una asignatura escolar. (Beckwith y Roberts, 1922, pp. 16)
Los encuentros llamados tea-meetings reunían juegos, discursos, música y baile durante celebraciones estacionales. Beckwith describió su organización mediante testimonios de James Robinson, de Kilmarnock, y Julia Gentle, de Malvern; aclara que llegó tarde para asistir al celebrado durante su estancia en el país de Cockpit. Los informantes explicaban la preparación del recinto, la selección de responsables y diversos cobros. Ese pasaje documenta un relato sobre la organización de una fiesta, no una observación directa de todos sus momentos. (Beckwith y Roberts, 1922, pp. 6–7)
En cambio, el prefacio registra observación de juegos durante recreos. Este dato permite situar la escuela dentro de un circuito más amplio: algunos juegos se practicaban allí y otros se enseñaban en reuniones domésticas o celebraciones. Beckwith afirmaba que deportes de campo y pasos recientes estaban desplazando repertorios anteriores entre ciertos jóvenes. Es un diagnóstico de 1922, no una medición de toda la isla. Sus propios ejemplos muestran simultáneamente persistencia, variantes y circulación entre espacios. (Beckwith y Roberts, 1922, pp. prefacio, 5–6)
Cambios y límites de una historia afrojamaiquina
Ambos recopiladores relacionaron parte de los juegos con repertorios británicos. Beckwith contrapuso esa procedencia a costumbres que consideraba africanas y utilizó categorías jerárquicas para describir personas y distritos. Leer el registro como testimonio exige separar sus comparaciones de esa valoración colonial. Una comunidad afrodescendiente puede transformar elementos circulantes y producir formas propias de actuación; la presencia de una melodía semejante no determina por sí sola quién inventó la versión local ni cómo la aprendieron todos sus participantes.
El cambio mejor documentado aquí ocurre entre espacios y versiones: del trabajo cantado a su representación, del repertorio oral a la edición, de una localidad a otra y de la vida comunitaria al recreo. Jekyll señala que se creaban nuevas rondas mientras otras caían en desuso. Las variantes posteriores de Beckwith y Roberts muestran que la transmisión incluía decisiones, alteraciones y personas capaces de enseñar. Este expediente describe esa actividad histórica a comienzos del siglo XX; no reconstruye sin fuentes adicionales todos los periodos de esclavitud, emancipación o escolarización jamaicanos. (Jekyll, 1907, pp. 214–216) (Beckwith y Roberts, 1922, pp. prefacio, 10)
Para situar esta historia en una escala continental puede consultarse el recorrido americano. El contraste con los espacios indígenas de Puerto Rico conserva la diferencia entre evidencia arqueológica y registro de actuaciones. Por su parte, las Misiones Culturales mexicanas permiten comparar una preparación docente organizada por el Estado con estos circuitos de aprendizaje doméstico, comunitario y escolar. Son instituciones y agentes diferentes, no etapas de una misma evolución.
Bibliografía
- Jekyll, W. (1907). Jamaican Song and Story: Annancy Stories, Digging Sings, Ring Tunes, and Dancing Tunes. David Nutt para la Folk-Lore Society, publicación LV. Prefacio, p. liii; pp. 157–158, 190–216. Edición histórica digitalizada.
- Beckwith, M. W., con música registrada por Roberts, H. H. (1922). Folk-Games of Jamaica. Vassar College. Prefacio; pp. 5–10, 16, 21–25, 59–61, 75–79. Edición histórica digitalizada.