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Competencia motriz y didáctica escolar

Didáctica de la competencia motriz: enseñar, observar y ajustar la práctica

EDUFISICA · Actualizado el 9 de octubre de 2026 · Lectura estimada: 21 minutos

Guía de didáctica de la competencia motriz: objetivos, tareas, estilos de enseñanza, progresión, inclusión y evaluación con cuatro fichas originales de clase.

Una decisión de enseñanza se conecta con la siguiente
Finalidad, tarea, información y evaluación forman una relación que se revisa mediante la práctica.
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  1. Definir. Explicar el problema que aprenderá el alumno y elegir una evidencia coherente con esa finalidad.
  2. Diseñar. Organizar información, acción, espacio e interacción para ofrecer oportunidades de práctica comprensibles y accesibles.
  3. Acompañar. Seleccionar apoyos y devoluciones que permitan observar un resultado, tomar una decisión y volver a actuar.
  4. Ajustar. Contrastar evidencia y voz del alumnado para revisar la siguiente tarea sin atribuir a la clase efectos universales.

Una clase puede mantener al grupo en movimiento y, aun así, dejar poco claro qué se está aprendiendo. La didáctica de la competencia motriz pregunta qué problema se propone, qué decisiones debe tomar el alumno y qué información permitirá revisar su respuesta. Esa relación entre finalidad, tarea y evaluación da sentido a la práctica.

Batalla Flores sitúa las habilidades motrices en la resolución de problemas donde el movimiento es esencial. (Batalla Flores, 2021) La enseñanza parte de esa relación, pero también examina cómo se organiza la experiencia: oportunidades para actuar, información disponible, apoyos y decisiones que conserva el docente o asume el estudiante.

No hay una secuencia única que sirva igual para todos los contenidos. La propuesta necesita reconocer el contexto y contrastar sus decisiones con lo que ocurre en clase. Las fichas de esta página son diseños originales para practicar ese análisis. No reproducen sesiones de los libros ni presentan su aplicación como un ensayo de eficacia.

Del movimiento visible al problema de aprendizaje

Competencia motriz no se identifica únicamente con realizar un gesto según un modelo. En una situación pueden intervenir elección de trayectoria, lectura del espacio, regulación del esfuerzo o coordinación con otra persona. El docente necesita explicitar qué parte de esa actuación pretende enseñar para no evaluar después algo diferente.

Un verbo aislado no define toda la finalidad. «Lanzar» puede referirse a alcanzar un destino fijo, elegir entre varios receptores o ajustar fuerza después de observar el resultado. Las tres tareas comparten una acción, pero plantean problemas distintos. La unidad gana claridad cuando especifica relación entre acción, condición y propósito.

El enfoque de Batalla Flores ayuda a conectar habilidades con las situaciones en que se utilizan. (Batalla Flores, 2021) No obliga a reducir toda Educación Física a técnica deportiva. El desplazamiento, el equilibrio o el manejo de objetos también pueden enseñarse mediante experiencias expresivas, recreativas y cotidianas, siempre que exista una pregunta de aprendizaje comprensible.

La finalidad debe poder explicarse al alumnado. «Hoy vamos a cambiar el envío después de observar dónde llega» ofrece un foco más claro que una lista extensa de capacidades. La precisión no empobrece la clase: permite que el estudiante reconozca qué está intentando mejorar y que el profesor seleccione una devolución relevante.

Como ejemplo hipotético, una unidad trabaja cambios de dirección ante una señal visible. El criterio puede atender a percibir la señal y reorganizar apoyos, en lugar de premiar exclusivamente al primero que termina. Si la prueba final elimina la señal y solo mide tiempo, el docente ha cambiado la pregunta sin explicarlo.

También conviene distinguir contenido y recurso. Una historia de aventura puede dar contexto a una tarea; no define por sí sola el aprendizaje. Del mismo modo, disponer conos o utilizar música no demuestra que exista una progresión. Se revisa qué relación debe comprender el alumno y cómo el recurso ayuda a actuar sobre ella.

La planificación puede conservar una finalidad principal y reconocer aprendizajes asociados. Pedir al grupo que observe y comunique un ajuste implica trabajo social y cognitivo, pero esas dimensiones necesitan criterios propios si van a evaluarse. No se añaden etiquetas a una sesión para afirmar que desarrolla automáticamente todo lo que la Educación Física podría enseñar.

Qué permite afirmar la investigación y qué debe revisar cada profesor

La revisión de Morgan y colaboradores encuentra resultados favorables de intervenciones orientadas a habilidades motrices fundamentales, con diferencias entre estudios y limitaciones metodológicas. (Morgan et al., 2013) Apoya la pertinencia de enseñar estas habilidades de manera intencional. No permite afirmar que cualquier juego, cualquier duración o cualquier organización produce el mismo efecto.

Moon y colaboradores estudian intervenciones dirigidas a competencia motriz en escolares de primaria desde una perspectiva que incluye distintas oportunidades de actividad. Su revisión atiende al diseño y a las condiciones del contexto. (Moon et al., 2024) Sus resultados no se trasladan sin más a todas las edades ni a estudiantes con condiciones que fueron excluidas de los estudios seleccionados.

El contraste entre investigación y aula necesita conservar esa diferencia. Un artículo puede apoyar una pregunta de planificación y orientar decisiones, mientras el docente observa cómo funciona una propuesta con su grupo. El registro de una clase no replica un estudio controlado. Una mejora observada tampoco identifica, por sí sola, qué componente de la experiencia la produjo.

Harvey y Jarrett revisan enfoques centrados en el juego y destacan posibilidades junto con necesidades de formación, evaluación y estudios más prolongados. (Harvey y Jarrett, 2014) Su lectura permite discutir el uso de problemas tácticos con cautela. No convierte el juego en una respuesta universal ni hace innecesaria la práctica de acciones específicas.

Un criterio útil para leer evidencia consiste en preguntar qué población participó, qué se enseñó, qué se comparó y qué resultado se midió. Después se examina la semejanza con la clase que se pretende organizar. Si falta información de implementación, no se completa con una experiencia inventada ni con una receta atribuida al autor.

La actualización de una unidad no exige sustituir todo por lo más nuevo. Puede conservar una idea conceptual pertinente y revisar afirmaciones o procedimientos que necesitan mejor respaldo. La fecha de publicación no resuelve por sí sola calidad y relevancia. La decisión docente se vuelve más defendible cuando explica el alcance de cada fuente y el motivo de cada ajuste.

Leer la tarea antes de aumentar su dificultad

DimensiónPregunta de diseñoEjemplo de ajuste
InformaciónQué necesita percibir para decidirUna señal clara antes de introducir varias señales
AcciónQué debe organizar corporalmenteEstabilizar una llegada antes de enlazar otra acción
Espacio y materialQué posibilidades ofrece el entornoObjeto más manejable y zona de destino accesible
InteracciónCon quién coordina o se oponeEnvío cooperativo antes de oposición ajustada
ValoraciónQué evidencia mostrará aprendizajeExplicar un cambio y volver a ponerlo en práctica

La dificultad no es una sola escala que sube al añadir velocidad. Una tarea puede ser sencilla para ejecutar y compleja para interpretar, o al revés. Describir sus dimensiones evita que el profesor aumente exigencia en un aspecto mientras el problema principal sigue siendo comprender la consigna.

El material establece posibilidades concretas. Tamaño, peso, textura y comportamiento de un objeto pueden cambiar agarre, percepción y trayectoria. La elección se vincula al aprendizaje y al grupo. No se considera «más avanzado» un recurso únicamente porque resulta más difícil de controlar.

El espacio modifica tiempo disponible, trayectorias y relaciones. Una zona muy reducida puede dificultar actuación segura; un destino demasiado amplio puede dejar de exigir el ajuste que se quería enseñar. El docente busca una condición que permita intentar, recibir información y volver a actuar, revisándola cuando no cumple esa función.

La interacción añade otras demandas. Recibir de un compañero requiere coordinar tiempos; actuar frente a una oposición ajustada incorpora incertidumbre. No basta con mantener el mismo gesto y declarar que la tarea es equivalente. Si cambia la información que debe leerse, cambia una parte del aprendizaje.

Las reglas también merecen lectura. Una regla que premia únicamente rapidez puede desviar atención de precisión o cooperación. Si se pretende enseñar otra relación, el resultado del juego debe ser coherente con ella. El profesor puede discutir esa tensión con el grupo y probar una modificación explicada.

Las dimensiones se conectan, pero no necesitan modificarse todas a la vez. Una comparación entre dos condiciones permite reconocer mejor qué cambió. La experiencia sirve para formular una decisión pedagógica razonada; no para atribuir a una manipulación escolar un efecto científico general que no se ha investigado.

Elegir un estilo por las decisiones que organiza

Mosston y Ashworth describen la enseñanza como una cadena de decisiones y diferencian estilos por quién toma esas decisiones antes, durante y después de la práctica. (Mosston y Ashworth, 2008) Estos términos cotidianos permiten entender su estructura sin perder la referencia original a preparación, actuación y valoración.

Una organización con indicaciones comunes puede resultar pertinente cuando se necesita mostrar una relación o coordinar una acción inicial. Otra puede permitir que el alumno elija ritmo, punto de entrada o secuencia dentro de condiciones definidas. La elección no se justifica solo por el nombre del contenido, sino por las decisiones que interesa aprender y por el acompañamiento disponible.

En la enseñanza recíproca, observar no equivale a opinar libremente sobre el compañero. El docente prepara criterios comprensibles, enseña cómo utilizarlos y establece una relación de intercambio. (Mosston y Ashworth, 2008) Una hoja extensa, difícil de leer o centrada en defectos puede desviar el propósito. El observador necesita saber qué mirar y cómo comunicarlo de forma útil.

La autoevaluación requiere también un criterio que el estudiante pueda aplicar. Pedir que se ponga una nota sin explicar la tarea no desarrolla automáticamente autonomía. Una revisión concreta puede preguntar qué condición controló, qué información utilizó y qué cambiará en el siguiente intento.

Las situaciones de descubrimiento plantean otra distribución de decisiones. El profesor puede guiar una relación mediante preguntas o permitir varias respuestas válidas a un problema. Para ello necesita anticipar qué información ofrece la tarea y cómo distinguir una respuesta razonada de una acción casual. La pregunta no sustituye una explicación cuando el alumno carece de referencias para responder.

No existe un estilo que merezca utilizarse siempre por considerarse más moderno. La propia obra de Mosston y Ashworth rechaza la supremacía de uno sobre los demás. (Mosston y Ashworth, 2008) La movilidad entre estilos se justifica por finalidad y situación. Una misma unidad puede requerir demostración, práctica, observación y exploración en momentos distintos.

La autonomía se enseña con apoyos y límites claros. El alumno puede elegir una dificultad accesible y revisar esa elección, mientras el docente conserva decisiones de seguridad y finalidad. Dar libertad sin información no equivale a enseñar a decidir. El diseño hace visible qué puede cambiar el estudiante y qué debe consultar.

Construir una progresión que mantenga el sentido de la acción

Una progresión relaciona experiencias, no reúne ejercicios por orden de dificultad aparente. La tarea inicial aporta información para la siguiente y el estudiante puede reconocer qué conserva o transforma. Si cada estación exige un problema completamente distinto, puede haber variedad sin continuidad de aprendizaje.

Clark y Metcalfe consideran el desarrollo motor acumulativo y relacionado con experiencias previas, manteniendo diferencias individuales. (Clark y Metcalfe, 2002) Esa idea no exige que todos recorran un itinerario idéntico. Permite preguntar qué actuación conocida sirve como punto de partida y qué nueva condición demanda una adaptación.

Una secuencia original para regular un envío puede comenzar con destino visible y material manejable. Después incorpora una elección entre destinos; más tarde añade recepción cooperativa y, cuando resulte pertinente, oposición ajustada. No se trata de una escalera universal. El profesor comprueba qué relación puede sostener el alumno antes de ampliar incertidumbre.

Las variantes no son actividades nuevas únicamente por cambiar un color o una distancia. Pueden ser útiles dentro de una misma tarea si permiten ajustar la experiencia. El diseño explica qué conserva la variante y qué demanda adicional introduce, en lugar de presentar una lista de nombres diferentes como profundidad metodológica.

La repetición tiene una función cuando ofrece oportunidades de regular la respuesta. No necesita convertirse en ejecución mecánica sin información. Una pausa breve puede recuperar lo observado y permitir un cambio. Después se comprueba si el alumno lo mantiene o lo adapta cuando la condición se modifica.

La transferencia tampoco se presupone. Compartir una acción entre dos tareas no demuestra que se resuelva igual la nueva situación. El profesor prepara una experiencia relacionada y observa qué se conserva, qué necesita ajuste y qué información nueva debe leerse. Esta distinción se desarrolla en transferencia del aprendizaje motor.

La progresión también puede retroceder en una dimensión y avanzar en otra. Reducir velocidad puede facilitar una decisión más compleja; ampliar una zona puede permitir coordinar con un compañero. El análisis evita confundir apoyo con ausencia de desafío. La tarea conserva una finalidad exigente que resulte posible abordar.

Dar información que permita volver a actuar

La información inicial debe explicar el problema y las condiciones de participación. Una demostración puede ayudar, pero el alumnado necesita saber en qué fijarse. Reunir muchas indicaciones en pocos segundos no equivale a enseñar con mayor precisión. El profesor selecciona aquello que será útil para el primer intento.

Batalla Flores distingue información sobre resultados e información sobre ejecución. (Batalla Flores, 2021) Conocer si el objeto alcanzó la zona no describe cómo se organizó la acción. Ambos planos pueden aportar algo, dependiendo de la finalidad. Una devolución que los mezcla sin criterio puede distraer al alumno de lo que debe regular.

Un comentario útil describe una relación observable y orienta una decisión posible. «El envío llegó antes de que tu compañero estuviera preparado; acuerden la señal de inicio» ofrece información diferente de «hazlo mejor». El estudiante puede probar un cambio y contrastar su efecto. El tono evita convertir un resultado de tarea en una valoración personal.

La devolución no siempre necesita ser verbal. Una marca visible del destino, una demostración accesible o una señal acordada pueden hacer comprensible la relación. El recurso se elige según las necesidades de comunicación. No se presume que todos perciben la misma información por utilizar una consigna idéntica.

El profesor tampoco necesita intervenir después de cada acción. Puede dejar espacio para que el alumno observe y formule una hipótesis, siempre que la tarea y el nivel de comprensión lo permitan. La decisión de cuándo intervenir se revisa según la respuesta; no se aplica un porcentaje universal de comentarios a toda clase.

La coevaluación requiere enseñar un lenguaje descriptivo. El observador distingue qué vio, qué criterio utilizó y qué sugerencia puede ofrecer. No se le solicita diagnosticar al compañero, comparar cuerpos ni corregir aspectos que desconoce. Un intercambio breve y concreto suele ser más manejable que una hoja con demasiados casilleros.

La información termina de adquirir sentido cuando hay otro intento. Si la clase recoge comentarios al final y no vuelve sobre ellos, el estudiante puede comprender la explicación sin ponerla a prueba. La planificación reserva oportunidades para aplicar, comparar y revisar la decisión, dentro de las condiciones disponibles.

Organizar tiempo, espacio y participación real

Una fila larga puede dejar a muchos alumnos sin actuar mientras unos pocos reciben información. La organización debe examinar cuántas oportunidades ofrece y qué calidad tienen. Multiplicar estaciones no resuelve automáticamente el problema si las consignas son confusas o el profesor no puede acompañar las decisiones relevantes.

Se pueden utilizar grupos pequeños con funciones rotativas y tareas que permitan práctica simultánea segura. El reparto no debe relegar siempre al mismo estudiante a registrar o recoger material. La observación tiene valor cuando forma parte del aprendizaje y alterna con actuación, no cuando se utiliza como sustitución permanente de participación motriz.

El tiempo de explicación se vincula a la dificultad de comprender. Una tarea conocida puede requerir un recordatorio breve; una relación nueva puede necesitar demostración y comprobación. La pregunta no es hablar siempre menos, sino comunicar lo necesario y ofrecer una primera experiencia que permita verificar comprensión.

La revisión de Moon y colaboradores considera intervenciones situadas en diferentes oportunidades de actividad escolar. (Moon et al., 2024) Para el docente, ampliar oportunidades no significa sustituir la clase por movimiento sin orientación. Puede conectar una experiencia de Educación Física con otras prácticas, manteniendo clara la finalidad de cada contexto y los límites de la evidencia disponible.

La previsión de materiales incluye una alternativa viable. Si falta el objeto previsto, el cambio debe conservar la relación enseñada o reconocer que modifica el problema. Utilizar material reciclado exige revisar estado, agarre y uso seguro; su procedencia no demuestra por sí sola calidad pedagógica.

El cierre recoge información para decidir continuidad. Puede pedir una explicación, una demostración o una elección justificada. No tiene que convertirse siempre en una ronda extensa de opiniones. El profesor busca una evidencia que ayude a planificar y que el alumno pueda relacionar con lo que intentó aprender.

Mantener una finalidad común con vías accesibles para mostrarla

La adaptación comienza por identificar la barrera concreta: acceso al espacio, comprensión de señales, manejo del objeto, tiempo disponible o relación con compañeros. Si se cambia todo sin analizar la finalidad, el estudiante puede terminar haciendo otra tarea desconectada del grupo. La decisión explica qué conserva y qué modifica.

Una misma pregunta puede admitir formas diferentes de actuar. Elegir un destino, regular un envío o coordinar un turno no exige necesariamente una ejecución corporal idéntica. La evaluación necesita reconocer esa posibilidad sin atribuir equivalencia automática a cualquier modificación. El criterio y las condiciones de evidencia se hacen explícitos.

El alumnado participa en la revisión de apoyos. El profesor puede preguntar qué información facilita comprender o qué cambio permite actuar con más autonomía. Esa comunicación no exige revelar un diagnóstico delante del grupo. Se trabaja con necesidades de la tarea y con los procedimientos de apoyo pertinentes.

Evaluar participación tampoco consiste en premiar obediencia o presencia física. La ficha puede describir oportunidades de decidir, intentos realizados, uso de información y revisión de respuestas. Si alguien apenas intervino, se examina la organización antes de concluir que carece de interés.

Una rúbrica breve debe distinguir niveles mediante evidencias observables. «Ajusta el envío después de una devolución» y «elige un ajuste y explica su relación con el resultado» señalan diferencias comprensibles. La cantidad de saltos o aciertos puede ser un dato de tarea, pero no reemplaza toda valoración de lo aprendido.

La nota final se vincula al currículo y al sistema de evaluación de la institución. La evaluación formativa de esta página ofrece propuestas para orientar enseñanza, no una escala oficial. Su propósito es que criterio, experiencia y decisión siguiente puedan explicarse a la persona que aprende.

Cuatro fichas originales para diseñar y revisar una clase

Las siguientes propuestas utilizan contenidos comunes para hacer visible una decisión didáctica. El profesor ajusta espacio, objetos y comunicación al grupo. Las variantes pertenecen a cada actividad y no se cuentan como actividades distintas. Ninguna ficha se atribuye a los autores citados ni representa un protocolo de investigación.

Actividad 1. Un destino y una decisión

Finalidad y preparación. Se quiere enseñar regulación de un envío a partir de su resultado. Se disponen objetos blandos, una zona amplia y marcas de salida ajustables. El docente explica que cada participante elegirá una condición manejable y observará dónde llega el objeto antes de modificar la acción.

Desarrollo. El alumno realiza un primer intento, identifica el resultado y decide qué cambiará. Puede mantener distancia y ajustar trayectoria, o revisar otra variable definida. Un compañero pregunta qué relación quiso modificar, sin imponer una respuesta. Después del nuevo intento, ambos comparan lo previsto y lo observado.

Progresión y evaluación. Se incorpora una elección entre dos destinos cuando el problema inicial resulta comprensible. Como apoyo se mantiene un destino, se amplía la zona o se ofrece señal visual. Se valora la relación entre información y ajuste, no la distancia más larga. El docente registra una decisión que deberá recuperarse en la siguiente clase.

Actividad 2. Mirar con un criterio compartido

Finalidad y preparación. La tarea busca enseñar observación recíproca en una acción conocida de cambio de dirección sin contacto. La hoja contiene un criterio explicado con demostración: reorganizar apoyos antes de salir hacia el nuevo destino. Se acuerda cómo pedir una pausa y cómo describir lo observado.

Desarrollo. Una persona actúa y otra observa desde una posición segura. El observador comunica una descripción y pregunta qué cambio desea probar su compañero. Después alternan funciones. El docente revisa que el criterio sea comprendido y que la devolución no se convierta en una evaluación de la persona.

Progresión y evaluación. Se añade una señal de elección entre destinos, conservando el foco observable. Si observar y registrar simultáneamente resulta difícil, se elimina el registro escrito y se utiliza una señal acordada. La evidencia reúne actuación y explicación del criterio. La hoja es una propuesta original, no un formulario reproducido de Mosston y Ashworth.

Actividad 3. La regla cambia la pregunta

Finalidad y preparación. Se plantea un juego cooperativo de traslados o pases sin contacto para analizar cómo una regla modifica decisiones. El grupo acuerda un espacio accesible y un objetivo que requiera coordinación. El profesor conserva las condiciones de seguridad y delimita qué reglas pueden modificarse.

Desarrollo. Tras una experiencia breve, los estudiantes identifican una dificultad de participación o coordinación. Proponen un cambio de regla y anticipan qué podría modificar. Vuelven a jugar y contrastan esa hipótesis con observaciones. No añaden reglas por novedad; explican qué problema intentan atender.

Progresión y evaluación. Se compara el diseño con otro espacio o material para comprobar qué ajuste sigue siendo necesario. El docente puede reducir el número de reglas si la lectura resulta confusa. Se valora la capacidad de relacionar regla y acción, además de participar en la revisión. La experiencia no demuestra por sí sola eficacia general de un enfoque metodológico.

Actividad 4. La tarea vuelve en otro contexto

Finalidad y preparación. Se recupera un aprendizaje de regulación trabajado antes, ahora en un contexto relacionado con una condición diferente. El docente explica qué se conserva y qué cambia. El alumno dispone de apoyos conocidos y puede solicitar una primera demostración o una dificultad menor.

Desarrollo. Cada participante prueba la tarea y compara su respuesta con la experiencia anterior. Identifica qué información le sigue sirviendo y qué necesita aprender. Un compañero registra una observación breve, sin interpretar cualquier acierto como transferencia completa. El docente distingue familiaridad, ejecución y comprensión de la relación nueva.

Progresión y evaluación. Se ofrece una nueva oportunidad después de la devolución. Si el cambio de contexto es excesivo, se recupera una condición intermedia que permita actuar. La ficha reúne una evidencia conservada, una dificultad nueva y una decisión siguiente. El cierre ayuda a planificar continuidad en lugar de declarar terminado todo el aprendizaje.

Revisar una unidad por lo que permite aprender

La revisión de una unidad no empieza por contar actividades diferentes. Examina si las experiencias responden a la finalidad, si permiten actuar y si aportan información para continuar. Una sesión muy variada puede estar bien diseñada, pero la variedad necesita una relación con el aprendizaje y no reemplaza esa relación.

El docente puede conservar un registro breve de decisiones: tarea prevista, dificultad observada, apoyo utilizado y siguiente ajuste. Esa documentación permite reconocer por qué una secuencia cambia. También evita repetir una experiencia que excluye a parte del grupo solo porque figuraba en el plan inicial.

La voz del alumnado ayuda a contrastar la lectura. Una pregunta concreta, como «qué señal te permitió elegir», puede aportar más información que pedir únicamente si la actividad gustó. El interés y la experiencia afectiva importan, pero no son la única evidencia de comprensión.

La conexión con evaluación de la competencia motriz, inclusión y adaptaciones y metodologías de enseñanza permite profundizar en decisiones distintas. Una ruta examina evidencias, otra barreras y otra distribución de decisiones entre docente y alumno.

El plan resulta más útil cuando una persona puede entender qué se enseñará, con qué condiciones y cómo se revisará. Esa claridad permite adaptar el material a instituciones y grupos diferentes sin atribuirle una validez universal. La clase conserva una intención reconocible y una posibilidad real de cambiar según la respuesta del alumnado.

Preguntas frecuentes

¿Una clase activa demuestra que se aprendió competencia motriz?

La actividad ofrece oportunidades, pero el aprendizaje necesita evidencias relacionadas con la finalidad enseñada. Conviene observar decisiones, ajustes y comprensión, además de tiempo de movimiento.

¿Qué estilo de enseñanza es siempre el mejor?

El estilo se elige por las decisiones y aprendizajes que organiza, el contenido y las condiciones del grupo. Mosston y Ashworth no plantean que uno deba tener supremacía sobre todos los demás.

¿Cambiar una distancia cuenta como una nueva actividad?

Puede ser una variante pertinente de una misma tarea. Su utilidad depende de qué problema conserva y qué demanda modifica, no de presentarla con otro nombre.

Continúa con estas lecturas

Referencias

  1. Batalla Flores, A. (2021). Habilidades motrices (1.ª ed. digital). INDE. Consultar la fuente

  2. Clark, J. E., & Metcalfe, J. S. (2002). The mountain of motor development: A metaphor. En J. E. Clark & J. H. Humphrey (Eds.), Motor development: Research and reviews (Vol. 2, pp. 163–190). National Association for Sport and Physical Education. Consultar la fuente

  3. Harvey, S., & Jarrett, K. (2014). A review of the game-centred approaches to teaching and coaching literature since 2006. Physical Education and Sport Pedagogy, 19(3), 278–300. https://doi.org/10.1080/17408989.2012.754005 Consultar la fuente

  4. Moon, J., Webster, C. A., Stodden, D. F., Brian, A., Mulvey, K. L., Beets, M., Egan, C. A., McIntosh, L. I. F., Merica, C. B., & Russ, L. (2024). Systematic review and meta-analysis of physical activity interventions to increase elementary children’s motor competence: A comprehensive school physical activity program perspective. BMC Public Health, 24, 826. https://doi.org/10.1186/s12889-024-18145-1 Consultar la fuente

  5. Morgan, P. J., Barnett, L. M., Cliff, D. P., Okely, A. D., Scott, H. A., Cohen, K. E., & Lubans, D. R. (2013). Fundamental movement skill interventions in youth: A systematic review and meta-analysis. Pediatrics, 132(5), e1361–e1383. https://doi.org/10.1542/peds.2013-1167 Consultar la fuente

  6. Mosston, M., & Ashworth, S. (2008). Teaching physical education (1.ª ed. en línea). Consultar la fuente