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EDUFISICAEnciclopedia de Educación Física

Culturas corporales, escuela y profesión

Historia de la educación física en Uruguay: escuela, plazas y formación docente

Varela, Lamas, la CNEF, Vaz Ferreira y Langlade: una historia documentada de la educación física uruguaya y su formación universitaria.

EDUFISICA · Actualizado el 10 de octubre de 2026 · Lectura estimada: 27 minutos

Escuela José Pedro Varela en Melo, Uruguay, en 2023
Escuela n.º 2 José Pedro Varela en Melo, fotografiada el 26 de octubre de 2023. Imagen contemporánea de una institución que lleva el nombre del reformador; no es una escena escolar del siglo XIX.Mañanera · Archivo original · CC BY-SA 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La historia de la educación física en Uruguay se entiende mejor cuando la escuela se observa junto a la plaza de deportes, la asociación juvenil y el instituto de formación. En esos espacios se discutió qué significaba educar el cuerpo: conservar la salud, organizar el tiempo libre, aprender juegos, formar ciudadanos o producir conocimiento. Ninguna de esas respuestas permaneció intacta. Las reformas escolares del siglo XIX, las políticas públicas del primer tercio del XX y la posterior incorporación del ISEF a la Universidad de la República modificaron tanto las prácticas como la profesión encargada de enseñarlas.

El recorrido uruguayo tampoco fue una simple recepción de métodos extranjeros. Los manuales circularon entre lenguas; profesores viajaron a Chile, Estados Unidos y Europa; las propuestas se discutieron en congresos y se adaptaron a instituciones concretas. Al mismo tiempo, esa circulación estuvo atravesada por jerarquías de género, ideales de normalidad corporal y diferencias sociales. Reconocerlas permite distinguir la ampliación de oportunidades educativas de las exclusiones que acompañaron algunos proyectos. Las investigaciones de Paola Dogliotti y de Virginia Alonso ofrecen una base documental especialmente rica para examinar esas tensiones.[1][2]

La reforma escolar: educar el cuerpo dentro de un proyecto de sociedad

José Pedro Varela ocupa un lugar central en la construcción de la escuela pública uruguaya. Sin embargo, su relación con la educación física no se reduce a haber recomendado ejercicios. En La educación del pueblo, publicada en 1874, y La legislación escolar, de 1876, el cuerpo aparece integrado a una discusión sobre las condiciones de la enseñanza, la organización social y el futuro del país. Dogliotti analiza esos textos en el contexto de la reforma que desembocó en el Decreto Ley de Educación Común de 1877. La educación corporal era parte de la formación que debía sostener la escolarización, junto a dimensiones intelectuales y morales.[1, pp. 28–40]

Esta relación importa porque evita imaginar una asignatura ya constituida con sus límites actuales. Antes de la consolidación de instituciones especializadas, la escuela intervenía sobre el cuerpo mediante horarios, posturas, recreos, ventilación, higiene y ejercicios. Una recomendación sobre el descanso podía tener tanta relevancia como una secuencia gimnástica. El cuerpo escolar no era únicamente el que se movía durante una clase determinada; también era el que permanecía sentado, se ajustaba a una distribución del espacio y aprendía a regular sus hábitos. La historia del área incluye esas decisiones, aunque algunas no recibieran todavía el nombre de educación física.

Los viajes de Varela y sus contactos con debates educativos de Europa y Estados Unidos ayudan a situar esa propuesta. No se trató de una inspiración exclusivamente local ni de una copia sin mediaciones. La escuela uruguaya se pensó mediante referencias internacionales que debían responder a problemas nacionales. Ahora bien, los modelos considerados modernos estaban asociados a valoraciones culturales y raciales propias de la época. Algunas poblaciones fueron presentadas como ejemplos de progreso y otras como obstáculos. Leer ese lenguaje como una descripción científica válida sería repetir la jerarquía que el análisis histórico necesita explicar.[1, pp. 28–33, 35–40]

En ese proyecto, la salud y la productividad podían acercarse: un cuerpo educado se vinculaba con la posibilidad de trabajar, sostener esfuerzos y participar en una sociedad organizada. Esa asociación no debe confundirse con una equivalencia natural entre bienestar y rendimiento laboral. Era una forma histórica de justificar la intervención educativa. La escuela también ordenaba conductas y construía criterios de regularidad, esfuerzo y obediencia. Por ello, estudiar la gimnasia del período exige preguntar qué se esperaba del alumno, quién definía el comportamiento correcto y hasta dónde las diferencias individuales eran reconocidas o consideradas problemas que debían corregirse.

Escuela José Pedro Varela en Melo, Uruguay, en 2023
Escuela n.º 2 José Pedro Varela en Melo, fotografiada el 26 de octubre de 2023. Imagen contemporánea de una institución que lleva el nombre del reformador; no es una escena escolar del siglo XIX.Mañanera · Archivo original · CC BY-SA 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

El maestro como agente de la educación corporal

La expansión escolar situó al magisterio ante tareas que hoy suelen distribuirse entre varios profesionales. El maestro debía atender dimensiones pedagógicas, higiénicas y morales, además de enseñar contenidos. Dogliotti identifica una discursividad normalista que configuraba al docente como figura ejemplar y lo vinculaba con una misión social. Esa exigencia no era únicamente técnica: involucraba hábitos, presentación y conducta. También convivía con valoraciones diferenciadas de hombres y mujeres, que atribuían a las maestras ciertas disposiciones supuestamente naturales para educar a la infancia. Esas atribuciones constituyeron relaciones profesionales de género, no pruebas de capacidades biológicas universales.[1, pp. 35–40]

Desde esta perspectiva, la formación de especialistas posterior no parte de un vacío. Existía una experiencia escolar acumulada, con reglas sobre la organización de los cuerpos y saberes transmitidos en instituciones normales. Lo que cambiaría era la delimitación de una profesión, la autoridad de sus conocimientos y el modo de certificarla. Conviene mantener esta diferencia cuando se pregunta por el origen de la educación física uruguaya: una fecha puede identificar una institución, pero no agota las prácticas escolares que la antecedieron. Del mismo modo, el nacimiento de un curso no significa que todos los establecimientos dispusieran inmediatamente de profesores especializados.

Alejandro Lamas: manuales, higiene y lugar del juego

El Manual de educación física escolar de Alejandro Lamas, publicado en 1903, constituye un punto de entrada a las orientaciones destinadas a las maestras normalistas. Dogliotti muestra que su propuesta reunió referencias de gimnasia sueca y mediaciones editoriales en francés. Esa trayectoria revela un aspecto decisivo de la circulación pedagógica: los métodos no viajaban únicamente mediante profesores extranjeros. También lo hacían a través de traducciones, selecciones de ejercicios, ilustraciones e instrucciones que podían utilizarse en la escuela. El manual convertía una discusión internacional en una herramienta de trabajo para un destinatario docente concreto.[1, pp. 57–65]

La educación física allí concebida abarcaba más que una serie de movimientos. Incluía cuestiones de higiene, postura, alimentación, reposo y recreación. Esa amplitud respondía a una mirada en la que el funcionamiento corporal y la formación escolar estaban estrechamente relacionados. Sin embargo, una intervención más extensa también podía aumentar el poder prescriptivo de la escuela sobre la vida del alumno. Cuando un manual fijaba qué era un cuerpo adecuado o qué conducta correspondía a cada sexo, estaba formulando criterios de normalidad. Por eso, la amplitud de la propuesta no debe celebrarse sin examinar sus supuestos y sus destinatarios.

El juego introducía una tensión dentro de ese orden. Las críticas a la monotonía de los ejercicios y a la rigidez de las órdenes abrían espacio a la motivación y al disfrute. Un niño que participa porque la tarea le interesa no ocupa exactamente la misma posición que quien ejecuta una secuencia únicamente bajo una voz de mando. Sin embargo, la presencia de juegos tampoco implicaba abandonar la regulación pedagógica: podían seleccionarse y organizarse según fines higiénicos, morales o disciplinarios. La pregunta histórica relevante no es si había diversión, sino qué lugar se concedía a la iniciativa del alumno dentro de una actividad dirigida.[1, pp. 57–65]

Esta discusión conserva interés para la lectura de los estilos y modelos de enseñanza. Una práctica puede resultar entretenida y, aun así, distribuir de manera muy limitada las decisiones. Otra puede mantener una estructura clara mientras permite explorar, elegir o valorar alternativas. El contraste es una herramienta de análisis actual, no una clasificación retrospectiva de Lamas mediante categorías que no utilizó. Sirve para comprender que los debates sobre mando, autonomía y juego poseen antecedentes, aunque sus términos y sus fundamentos hayan cambiado.

Traducción y adaptación: una escuela conectada con otras escuelas

La mediación francesa de materiales vinculados con la gimnasia sueca impide describir la influencia de Ling como una relación directa y uniforme entre Suecia y Uruguay. Entre ambos extremos hubo autores, editoriales y docentes que decidieron qué traducir, cómo nombrarlo y qué conservar. Además, un ejercicio escrito debía convertirse en una acción en un patio concreto, con tiempos, recursos y grupos que no eran idénticos a los del contexto original. Esa transformación ayuda a entender la diferencia entre circulación y reproducción. El método que llegaba a la escuela era ya el resultado de una cadena de interpretaciones.

Una comparación con los sistemas gimnásticos europeos permite reconocer esa cadena sin convertir Europa en el único centro explicativo. El análisis debe observar también la capacidad de los docentes uruguayos para discutir las propuestas y reorganizarlas. Lamas no aparece entonces como una pieza aislada de una genealogía de grandes nombres, sino como parte de una infraestructura de saber escolar: formación normal, libros, autoridades educativas y prácticas de aula. La historia del manual incluye tanto lo que prescribía como las condiciones que hacían posible utilizarlo y los límites de nuestra documentación sobre su uso efectivo.

1911: la Comisión Nacional de Educación Física y el espacio público

La Ley n.º 3.789, promulgada el 7 de julio de 1911, creó la Comisión Nacional de Educación Física. El registro oficial identifica además la realización de juegos atléticos anuales destinados a competidores no profesionales. La norma debe leerse dentro de un proceso que venía discutiéndose desde años anteriores, no como la aparición repentina del interés por el movimiento. Dogliotti estudia la transformación de un proyecto centrado en juegos atléticos en una intervención más amplia sobre la cultura física. Las plazas de deportes ocuparon un lugar destacado en esa expansión.[3][1, pp. 89–99]

La plaza modificaba el mapa de los lugares donde podía educarse el cuerpo. Frente al aula y al establecimiento escolar, ofrecía un espacio público orientado a actividades de movimiento y recreación. Permitía vincular políticas estatales con necesidades de distintos grupos y edades, aunque esa aspiración no equivale a demostrar un acceso homogéneo en todo el territorio. Su estudio exige observar ubicación, horarios, equipamientos, personal y formas de participación. Una política popular puede ampliar posibilidades y conservar barreras al mismo tiempo; la denominación institucional no describe por sí sola la experiencia de todos sus usuarios.

Los discursos que justificaban la CNEF combinaron salud, formación moral y mejoramiento de la población. En algunos documentos analizados por Dogliotti también aparecen ideas eugenésicas y valoraciones jerárquicas de grupos humanos. La eugenesia aspiraba a intervenir sobre la reproducción y las características de las poblaciones, apoyándose en clasificaciones hoy cuestionadas. Identificar su presencia no significa que cualquier práctica de la Comisión deba reducirse a ella. Significa reconocer que la apertura de espacios recreativos podía coexistir con concepciones restrictivas sobre qué cuerpos y conductas se consideraban deseables.[1, pp. 89–99]

Plaza de Deportes número 1 en Montevideo durante una actividad pública de 2019
Plaza de Deportes n.º 1 de Montevideo, fotografiada el 6 de abril de 2019. Muestra una actividad contemporánea y no el momento fundacional de la CNEF.Artigas Pessio / Intendencia de Montevideo · Archivo original · CC BY-SA 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Entre escuela, recreación y regulación de la población

La proximidad entre plazas y escuelas favorecía conexiones entre la enseñanza y otras experiencias de movimiento. No obstante, una plaza de deportes no era simplemente una clase escolar trasladada al aire libre. Sus públicos, horarios y objetivos podían diferir; también podían intervenir saberes de recreación y organización comunitaria. Esa diversidad ayuda a explicar por qué la historia uruguaya necesita una escala más amplia que la del currículo escolar. La educación física se configuró en relaciones entre organismos estatales, docentes, asociaciones y usuarios de espacios públicos. La escuela participaba de ese entramado, pero no lo contenía por completo.

También sería insuficiente presentar las plazas como espacios ajenos a toda disciplina. Los horarios, la selección de actividades, las reglas de utilización y la autoridad de los responsables daban forma a las experiencias. La cuestión es qué regulación se aplicaba y con qué fines, no una oposición sencilla entre libertad exterior y obediencia escolar. Un juego organizado puede abrir oportunidades de cooperación y, a la vez, establecer quién entra, quién dirige y qué comportamientos reciben reconocimiento. Esta doble dimensión permite estudiar las políticas recreativas sin idealizarlas ni confundir organización con ausencia de iniciativa.

La CNEF reunió autoridades y conocimientos de procedencias diversas. Medicina, educación, administración pública y formación técnica participaron en la definición de sus tareas. Esa composición explica parte de las disputas posteriores: distintos especialistas podían reclamar autoridad para decidir qué se enseñaba, cómo se examinaba a los participantes o qué capacidades debía reunir un profesor. La profesionalización no fue únicamente la acumulación de técnicas de ejercicio. También implicó negociar quién tenía derecho a producir el saber legítimo sobre el cuerpo y a conducir instituciones dedicadas a él.[1, pp. 89–99]

Carlos Vaz Ferreira: una educación física más amplia que el récord

Las conferencias de Carlos Vaz Ferreira sobre educación física, de 1922 y 1927, introducen una discusión que no encaja en la oposición entre apoyar o rechazar el deporte. Según el análisis de Dogliotti, el filósofo defendía una ejercitación variada y cuestionaba la identificación del valor educativo con las proezas de especialistas. Consideraba la gimnasia, los juegos y las actividades generales del trabajo, aunque les atribuía funciones distintas. El punto central era la formación de capacidades útiles para una vida amplia, no la búsqueda de una marca excepcional en un ejercicio aislado.[1, pp. 100–107]

Su crítica al «recordismo especialista» permite separar dos cuestiones que suelen mezclarse: la participación en un juego competitivo y la organización de toda la educación corporal alrededor del rendimiento extremo. Un partido entre participantes de posibilidades comparables podía ofrecer interés sin requerir que cada uno aspirara a superar a todos los demás. En cambio, una cultura centrada exclusivamente en lo extraordinario corría el riesgo de desatender a quienes no podían o no deseaban orientarse hacia esos resultados. Esa distinción pertenece al debate histórico y no debe transformarse en una prohibición general de competir.

Vaz Ferreira también cuestionaba que fuerza muscular y salud se trataran como sinónimos. Ahora bien, sus explicaciones fisiológicas respondían al conocimiento y al lenguaje de su tiempo. Algunas valoraciones sobre deportes concretos no pueden trasladarse automáticamente a recomendaciones actuales. El interés de su intervención reside en el problema que formuló: qué evidencia permite juzgar una educación física y qué consecuencias aparecen cuando se privilegia un único indicador. Una lectura rigurosa conserva esa pregunta mientras diferencia el argumento filosófico de afirmaciones médicas que necesitarían una evaluación científica contemporánea.

La incorporación del trabajo tenía, en ese razonamiento, un sentido formativo amplio. Aprender acciones manuales generales vinculaba las capacidades corporales con la vida cotidiana y cuestionaba una separación tajante entre trabajo intelectual y manual. No se trataba simplemente de preparar mano de obra para un empleo determinado. La propuesta articulaba experiencia corporal, conocimiento y formación moral. Esa articulación permite comprender por qué una historia del área no puede limitarse al inventario de deportes: también debe examinar las concepciones de persona y de vida social con las que se justificaba enseñar movimientos.[1, pp. 103–107]

Una crítica valiosa que también necesita contexto

El pensamiento del filósofo contenía límites de época. Su lenguaje sobre las poblaciones, las condiciones de vida de los sectores pobres y la masculinidad del sujeto ideal permite reconocer supuestos que hoy requieren discusión. Dogliotti analiza la combinación de preocupaciones humanistas y argumentos higiénicos, sin presentar al autor como una excepción completamente ajena a su contexto. Esta forma de leer evita dos errores: descartar cualquier aporte por las limitaciones del pasado o convertir una idea sugerente en prueba de que su autor ya sostenía todos los principios educativos actuales.

Para una interpretación docente, la crítica al récord resulta útil si se convierte en una pregunta concreta sobre las oportunidades de aprender. En una situación hipotética, valorar únicamente la distancia de un lanzamiento puede dejar fuera la comprensión de la tarea, el ajuste del movimiento o la colaboración. Eso no significa que la distancia carezca de información, sino que su significado depende del propósito. Esta aplicación es una propuesta de lectura actual; no se atribuye a Vaz Ferreira una rúbrica que nunca formuló. Los vínculos con competencia motriz y evaluación permiten prolongar el debate sin borrar esa distancia histórica.

Las Asociaciones Cristianas de Jóvenes y una formación que cruzaba fronteras

Uruguay participó en una red regional de formación vinculada con las Asociaciones Cristianas de Jóvenes. El Instituto Técnico Sudamericano, establecido en 1922 con sede en el país, recibía participantes de distintas asociaciones nacionales. Dogliotti describe una trayectoria de cuatro años que combinaba los primeros estudios en asociaciones locales con los siguientes en Uruguay. Antes de la creación del curso estatal de 1939, esta iniciativa ofrecía una preparación sistemática de duración extensa, aunque su reconocimiento institucional no era idéntico al de una titulación pública.[1, pp. 186–193]

La formación de directores físicos reunía preparación técnica, liderazgo y orientación religiosa. La actividad corporal debía contribuir a una misión asociacionista, no únicamente a mejorar la ejecución de ejercicios. Esa dimensión ayuda a entender la selección de candidatos, las expectativas sobre su conducta y la importancia de formar personas capaces de conducir a otros. El profesor o director no era imaginado como un transmisor neutral de técnicas: debía representar una manera de vivir y de relacionarse con la comunidad. El modelo estaba marcado también por un ideal masculino de liderazgo, que requiere reconocerse como construcción histórica.

La circulación regional se sostenía mediante congresos, programas, bibliotecas y contactos entre profesionales. Las asociaciones promovían deportes, discutían métodos de preparación y buscaban materiales en español y portugués. El problema de los textos no era secundario: sin vocabulario accesible y documentos disponibles, una propuesta internacional resultaba difícil de enseñar y discutir. La preparación de materiales por estudiantes y docentes contribuía a esa infraestructura. La historia de la educación física incluye, por tanto, el trabajo de producir y conservar información, además de las sesiones visibles en canchas y gimnasios.[1, pp. 188–193]

Sin embargo, la difusión de reglamentos deportivos también podía reducir la diversidad de prácticas reconocidas. La estandarización facilitaba encuentros y hacía comparables las actividades, pero otorgaba centralidad a ciertos juegos y modos de organización. Dogliotti identifica tanto tendencias de homogeneización como posibilidades de apropiación y ruptura. Conviene sostener ambas: una regla importada no prueba que todos la aplicaran del mismo modo, y una adaptación local no elimina las relaciones de autoridad que acompañaron su llegada. La circulación cultural tiene interlocutores, conflictos y decisiones, no una dirección única que explique cada experiencia.

El vínculo entre instituciones públicas y asociaciones

La relación entre la CNEF y las asociaciones no puede describirse como dos mundos independientes. Profesionales participaron en cursos y actividades que conectaban las redes; Julio J. Rodríguez intervino en la formación y dirección técnica de la Comisión. En el análisis de Dogliotti, la valoración de la preparación asociacionista y las colaboraciones concretas permiten observar intercambio de conocimientos. Eso no convierte a la política pública en una prolongación exacta de la misión religiosa. Las instituciones compartían personas y técnicas, pero podían justificar sus acciones mediante finalidades distintas y responder ante autoridades diferentes.[1, pp. 186–193]

Esta distinción permite revisar una explicación frecuente: atribuir toda la educación física uruguaya a una sola influencia. Los antecedentes normalistas, los argumentos médicos, el asociacionismo y los métodos gimnásticos coexistieron. Cada uno aportó maneras de organizar el trabajo y de definir al docente, sin ocupar siempre la misma posición. La pregunta por cuál «escuela» triunfó puede ser menos productiva que examinar qué combinaciones se formaron en cada institución. El estudio de las redes entre Brasil, Uruguay y Chile permite ampliar esa perspectiva comparativa.

1939: crear una profesión y seleccionar los cuerpos que podían ejercerla

El 3 de mayo de 1939 se creó el Curso para la preparación de Profesores de Educación Física, de tres años de duración, bajo la órbita de la CNEF. Dogliotti analiza el decreto y los programas para mostrar cómo se organizó esa nueva formación. Conviene distinguir este curso del Instituto Superior de Educación Física como denominación institucional: el Archivo General de la Universidad sitúa la constitución formal del ISEF en 1952. Las fechas corresponden a hitos relacionados, pero no intercambiables. Nombrar el instituto de 1952 como si ya existiera con ese nombre en 1939 borra una transformación significativa.[1, pp. 210–214][4]

El cambio de «maestro» a «profesor» no resolvió inmediatamente las tensiones entre formación normalista, técnica y universitaria. Los programas se elaboraban desde la dirección técnica con intervención de la oficina médica; la preparación incluía prácticas en plazas, escuelas y liceos. Esa organización daba importancia a la ejecución, al funcionamiento del organismo y a la administración de actividades. Al mismo tiempo, el título contribuía a delimitar una identidad profesional específica. La educación física empezaba a contar con una trayectoria certificada, pero todavía debía discutir qué conocimientos la diferenciaban y qué autonomía tendría frente a otras autoridades.[1, pp. 211–214]

Los requisitos de ingreso muestran una cara restrictiva de esa profesionalización. El estudio de Dogliotti identifica controles morales y médicos, límites de edad diferenciados por sexo y criterios antropométricos que excedían una valoración básica de salud. Se buscaba un cuerpo considerado ejemplar para demostrar ejercicios. Tales condiciones no deben reproducirse como orientación vigente ni describirse simplemente como exigencias de excelencia. Excluían posibilidades corporales y convertían un ideal estético y funcional en una puerta de entrada a la profesión. La historia permite observar cómo una decisión administrativa podía definir quién era reconocido como educador legítimo.[1, pp. 212–214]

La capacidad de ejecutar y la capacidad de enseñar no son equivalentes. Un movimiento puede demostrarse mediante recursos distintos, mientras la tarea docente exige interpretar dificultades, organizar progresiones y reconocer experiencias diversas. Esta distinción actual ayuda a examinar críticamente las selecciones históricas, aunque no autoriza a atribuir a todos los profesores de entonces una única práctica. Los reglamentos describen condiciones de acceso; para comprender una clase concreta también hacen falta testimonios, planes, registros y trabajos de alumnos. Diferenciar esos tipos de evidencia impide convertir la norma en una fotografía completa de la vida institucional.

Cubierta del manual de Amorós de 1830 sobre educación física, gimnasia y moral
Cubierta de un manual de Francisco Amorós de 1830. Documento comparativo de la tradición gimnástica europea; no corresponde al manual de Lamas ni demuestra su uso en el curso uruguayo.Francisco Amorós; reproducción digital de Claude Piard · Archivo original · Dominio público. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Género, demostración y autoridad profesional

La diferencia entre edades admitidas y las valoraciones de aptitud para hombres y mujeres sitúan el género en el centro de la formación. No era un asunto agregado a un currículo neutral: intervenía en quién podía ingresar y qué cuerpo se esperaba formar. También atraviesa la literatura gimnástica posterior. El análisis histórico debe separar los argumentos biológicos utilizados en esos documentos de su validez científica actual. Una recomendación dirigida a mujeres por consideraciones de maternidad o decoro no se convierte, por haber sido institucional, en una limitación natural del aprendizaje corporal.

El problema es asimismo pedagógico. Si un docente debe demostrar una forma corporal considerada correcta, puede tender a identificar la enseñanza con la reproducción de ese modelo. Otras posibilidades, como observar procesos, interpretar decisiones o crear tareas con distintas soluciones, adquieren entonces menor legitimidad. Esto no significa que los cursos carecieran de discusión ni que todos sus egresados enseñaran de manera idéntica. Describe una tensión documentada en su estructura. Para examinar alternativas contemporáneas, el lector puede acudir a cuerpo, cultura e inclusión, manteniendo explícita la diferencia entre análisis histórico y propuesta educativa presente.

Alberto Langlade: viajes, crítica y reorganización de la gimnasia

Alberto Langlade fue una figura importante de la formación uruguaya y de las redes internacionales de gimnasia. Alonso y Dogliotti reconstruyen su trayectoria mediante documentos de archivo, publicaciones y correspondencia. En 1945 realizó estudios en Chile durante su formación, y los contactos posteriores lo vincularon con especialistas de distintos países. La circulación no consistía únicamente en traer nuevos ejercicios: implicaba observar instituciones, comparar planes y discutir la relación entre gimnasia, salud y enseñanza. La trayectoria de un profesor permite así estudiar cómo se producía conocimiento entre organismos, libros y experiencias de viaje.[2, pp. 93–103]

La participación en la segunda Lingiada, celebrada en Estocolmo en 1949, constituye un episodio especialmente revelador. Los informes examinados por las autoras muestran admiración por ciertas condiciones profesionales y materiales, pero también reservas frente a exhibiciones orientadas al aplauso y frente a desequilibrios en la formación. Langlade y Nelly Rey no valoraban toda demostración extranjera como un modelo directamente trasladable. Observar podía conducir a seleccionar, rechazar o reorganizar. Por ello, el viaje tiene mayor interés histórico si se estudia como una práctica de comparación crítica y no como una ceremonia de adquisición de autoridad europea.[2, pp. 99–106]

Clase de gimnasia sueca en Estocolmo hacia 1910, antecedente de redes de formación latinoamericanas
Gimnasia en el Instituto Central de Estocolmo, hacia 1910. Contextualiza una tradición internacional estudiada por profesores uruguayos; no es una fotografía de la Lingiada de 1949.Fotógrafo no identificado / Biblioteca GIH · Archivo original · Dominio público. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Nelly Rey merece atención como participante de esa elaboración. Reducirla a una referencia biográfica subordinada oculta informes, viajes y trabajo intelectual compartido. La investigación de Alonso y Dogliotti permite situar su intervención en los circuitos de actualización y en la producción bibliográfica. Reconocer esa participación tampoco exige suponer una distribución perfectamente igualitaria de reconocimiento. Precisamente, la historia de las redes permite preguntar cómo se firmaban los trabajos, qué cargos otorgaban visibilidad y qué contribuciones permanecían menos destacadas. El género afecta la construcción del canon profesional, además de la selección de ejercicios para alumnas y alumnos.[2, pp. 99–113]

Durante las décadas siguientes, revistas, apuntes y servicios de información contribuyeron a mantener esas conexiones. La actualización dependía de que los materiales llegaran a quienes enseñaban, y no solamente a una figura reconocida. El estudio documenta publicaciones y esfuerzos de organización bibliográfica vinculados con la CNEF. Una biblioteca técnica y una revista eran herramientas para discutir prácticas, sostener la formación y reducir el aislamiento. Esta infraestructura recuerda que la calidad de una profesión no se explica por el talento individual de sus referentes: requiere condiciones de acceso al conocimiento y espacios donde someterlo a debate.[2, pp. 106–113]

De la gimnasia práctica a la gimnasia educativa

La revisión del plan de estudios de 1956 permite observar cambios en la manera de nombrar y justificar la gimnasia. Según Alonso y Dogliotti, las denominaciones y orientaciones incorporaron una preocupación educativa más explícita. No debe interpretarse como una sustitución instantánea de toda la formación previa. Los saberes anatómicos y fisiológicos conservaron importancia, mientras otras preguntas ganaban espacio. Cambiar el nombre de una asignatura puede indicar una discusión conceptual, pero sus efectos necesitan examinarse en programas, docentes y prácticas. La reforma curricular es un proceso, no la prueba automática de una transformación completa del aula.[2, pp. 111–116]

Las referencias a gimnasias neosuecas y expresivas muestran una combinación de corrientes. Las fronteras entre ellas no eran líneas inamovibles: los profesores podían recuperar principios distintos y discutir su articulación. Tampoco todas las combinaciones estaban libres de supuestos de género. Los argumentos sobre qué expresión correspondía a hombres o mujeres formaban parte de esa literatura y deben analizarse críticamente. Una historia profesional resulta más precisa cuando identifica acuerdos, préstamos y desacuerdos, en vez de organizar los métodos como una sucesión de escuelas que desaparecen por completo al surgir la siguiente.

La publicación de Teoría general de la gimnasia, elaborada por Alberto Langlade y Nelly Rey, aparece en la reconstrucción de las autoras como un resultado de estas trayectorias y relaciones editoriales. El capítulo documenta su primera edición en Tucumán en 1965 y su circulación posterior mediante Stadium. Ese recorrido conecta Uruguay y Argentina y muestra que la producción teórica también se desarrollaba en América del Sur. El dato no sustituye la lectura del libro ni autoriza a atribuirle ideas a partir de su título; sitúa una obra y un circuito de intercambio dentro de la historia del campo.[2, pp. 114–121]

Transformaciones que conviene comparar sin confundir

La siguiente comparación organiza problemas de distintos momentos. No presenta etapas cerradas ni afirma que cada nueva orientación eliminara la anterior. Las instituciones acumulaban prácticas, mientras sus integrantes discutían finalidades y condiciones de formación. El valor de la tabla reside en distinguir preguntas: una reforma higiénica no equivale a una reforma de la investigación, y la apertura de una plaza no coincide con el reconocimiento universitario de una carrera. Esa diferencia ayuda a interpretar las continuidades que sobreviven detrás de los cambios de nombre.

Problemas educativos en cuatro momentos del recorrido uruguayo
Momento y espacioProblema predominante en las fuentesQué permite estudiarQué no debe suponerse
Reforma escolar del siglo XIXRelación entre educación, higiene, moral y organización social.Cómo horarios, ejercicios y hábitos formaban parte de la construcción del alumno.Que existía ya una asignatura con los límites profesionales actuales.
Manual escolar de Lamas, 1903Organización de ejercicios y juegos mediante materiales para el magisterio.Traducciones, mediaciones y tensiones entre prescripción y disfrute.Que una influencia sueca llegaba sin cambios a cada escuela.
CNEF y plazas desde 1911Intervención pública sobre cultura física, recreación y formación de la población.Relaciones entre escuela, espacio público y políticas corporales.Que el carácter popular de una política demuestra igualdad de acceso.
Profesorado de 1939 y debates posterioresCertificación profesional, selección corporal, currículo y actualización.Disputas sobre quién podía enseñar y qué conocimientos legitimaban su trabajo.Que un título o una reforma curricular describen todas las prácticas docentes.

La comparación regional añade otro nivel. Uruguay, Argentina y Chile participaron en redes de formación y circulación bibliográfica, pero las instituciones tenían estructuras y dependencias diferentes. Un mismo profesor podía recibir reconocimiento en otro país sin que ambos sistemas fueran equivalentes. Las becas y los congresos permitían contactos; las decisiones locales determinaban su alcance. Comparar exige, por tanto, observar actores y mecanismos concretos, no adjudicar a cada nación una esencia pedagógica. Las diferencias se vuelven más claras cuando se pregunta por planes de estudio, autoridades, espacios de práctica y reconocimiento de títulos.

Del instituto especializado a la Universidad de la República

La historia posterior del ISEF incluyó cambios en duración de la carrera, planes y expansión territorial. El Archivo General de la Universidad registra una reforma de cuatro años en 1966, modificaciones durante la dictadura y una nueva organización curricular en 1992. Estos hitos señalan que la formación no siguió una línea ascendente sin conflictos. La duración de los estudios es una decisión institucional relevante, aunque no constituye por sí sola una medida de calidad. Para comprender su significado se necesitan los contenidos, las formas de enseñanza y las condiciones de trabajo que acompañaron cada plan.[4]

La incorporación a la Universidad de la República se concretó en 2006, después de acuerdos y transformaciones previas. El registro universitario sitúa en 2001 el reconocimiento del nivel de licenciatura y en 2004 un nuevo plan que otorgaba ese título. Conviene separar reconocimiento, currículo y transferencia institucional: no son tres maneras de nombrar el mismo acontecimiento. El ingreso a la universidad modificó la pertenencia del servicio y abrió una nueva relación con las funciones académicas y el cogobierno. Esa transformación permite preguntar cómo se articula enseñar una práctica corporal con investigarla y desarrollar trabajo de extensión.[4]

La investigación introduce una diferencia respecto de una formación entendida únicamente como preparación para aplicar técnicas. Requiere formular problemas, examinar evidencia y discutir conceptos. Eso no disminuye el valor de aprender a enseñar en un patio o en una piscina: sitúa esas prácticas como objetos que pueden estudiarse críticamente. Un docente universitariamente formado no deja de organizar actividades, pero dispone de otras responsabilidades y herramientas para justificar decisiones. La relación entre experiencia profesional y producción de conocimiento permanece abierta; no se resuelve únicamente por la dependencia administrativa de una institución.

El proceso también permite revisar el mapa territorial. Una historia concentrada en Montevideo puede explicar sedes centrales y redes internacionales, pero deja incompletas otras experiencias. La expansión de la formación hacia el interior plantea problemas de acceso, infraestructura y vínculo con comunidades concretas. La existencia de una sede no demuestra por sí sola que todas las trayectorias tengan las mismas condiciones. Por ello, una lectura del sistema necesita combinar la documentación nacional con archivos y estudios situados. La educación física no ocurre únicamente donde se toman las decisiones institucionales o se publican los libros más conocidos.

2007 y 2009: obligación legal y experiencia escolar

La Ley n.º 18.213, promulgada el 5 de diciembre de 2007, declaró obligatoria la enseñanza de la educación física en las escuelas de enseñanza primaria de todo el país a partir de 2009. El texto establece una obligación y una fecha de aplicación. No proporciona por sí mismo un balance de cobertura ni una descripción de cada clase. Distinguir esos planos permite valorar la relevancia del hito sin convertirlo en prueba de que todos los problemas de implementación quedaron resueltos. Una norma puede ampliar responsabilidades educativas y requerir, al mismo tiempo, recursos, personal y organización.[5]

Los documentos curriculares de la Educación Básica Integrada sitúan actualmente la educación física dentro de una organización que relaciona unidades curriculares, competencias y trayectorias. La página oficial de ANEP explica que los programas constituyen orientaciones concretas para diseñar propuestas de enseñanza. Esta perspectiva ofrece un contraste con la prescripción higiénica inicial: el área se presenta dentro de un sistema curricular que debe considerar aprendizajes, participación y contexto. El contraste no implica que las prácticas escolares actuales sean uniformes ni que cada cambio discursivo haya eliminado debates anteriores sobre rendimiento, género o autonomía.[6]

Para el docente, la trayectoria histórica ofrece un criterio de lectura del currículo: preguntar qué se considera conocimiento corporal y cómo se reconoce que alguien lo aprende. La presencia de deportes puede responder a finalidades educativas distintas; el juego puede organizarse de manera inclusiva o seleccionar constantemente a los mismos participantes. Tampoco basta con sustituir una palabra en el planeador. Una propuesta necesita relacionar propósito, tarea, intervención y evaluación. Esta es una aplicación analítica del recorrido, no una afirmación de que exista un único modelo contemporáneo capaz de resolver todos los problemas heredados.

Archivos, imágenes y prácticas que una cronología no alcanza a mostrar

La preservación documental es parte de esta historia. El Archivo del ISEF informa sobre actas, memorias, planes, legajos, trabajos docentes y colecciones vinculadas con figuras de la formación. También documenta la organización del Centro de Memoria de Educación Física y la incorporación de la colección Langlade. Esos materiales permiten estudiar decisiones, experiencias y circulación bibliográfica con mayor detalle que una lista de aniversarios. Conservarlos implica reconocer que la identidad profesional se construye mediante documentos discutibles y consultables, no únicamente mediante homenajes a nombres considerados fundadores.[7]

Las fotografías aportan información distinta de una ley o un programa. Muestran espacios, objetos, formas de agrupación y gestos, pero no revelan automáticamente la intención pedagógica ni la experiencia subjetiva de quienes aparecen. Una fotografía actual de una plaza puede contextualizar su uso presente; no representa una escena de 1911. Una imagen de un gimnasio europeo documenta ese lugar y momento, aunque ayude a explicar referencias internacionales discutidas en Uruguay. El pie de foto debe conservar esas distinciones. Las imágenes acompañan la argumentación cuando se conoce su procedencia, no cuando funcionan como una decoración que sugiere una fecha inexistente.

Reunión comunitaria en la Plaza de Deportes Atilio Nara en Montevideo, 2024
Cabildo del Municipio F en la Plaza de Deportes n.º 5 Atilio Nara, el 3 de mayo de 2024. La fotografía documenta el uso comunitario contemporáneo del espacio.Ignacio Turell / Intendencia de Montevideo · Archivo original · CC BY-SA 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

El registro escrito también tiene límites. Los documentos de instituciones estatales y de formación conceden mayor visibilidad a autoridades, profesores y programas que a experiencias familiares o barriales. Esa distribución de fuentes no demuestra que las prácticas menos registradas carecieran de valor. En particular, una historia de la educación corporal necesita mantener abierta la investigación sobre comunidades, repertorios de juego y memorias que no encajan en el archivo de una institución. La ausencia de un programa escolar no equivale a ausencia de transmisión de saberes corporales, y atribuirles contenidos concretos exige evidencia situada.

Así, la historia uruguaya puede leerse como una sucesión de preguntas que cambiaron de escenario: quién debía educar el cuerpo, para qué fines, mediante qué conocimientos y con qué posibilidades de participación. La escuela vareliana, el manual de Lamas, las plazas, las asociaciones y el instituto ofrecieron respuestas distintas, atravesadas por debates y desigualdades. La universidad añadió condiciones para investigar esas respuestas sin sacarlas de la experiencia educativa. Para continuar la comparación, están disponibles las rutas sobre infancia y redes uruguayas, disputas en Argentina y historia regional de la educación física.

Referencias

  1. Dogliotti, P. (2015). Educación del cuerpo y discursividades en torno a la formación en educación física en Uruguay (1874–1948). Ediciones Universitarias, Universidad de la República. Secciones citadas: pp. 28–33, 35–40, 57–65, 89–107, 186–193 y 210–214. ISBN 978-9974-0-1248-6.
  2. Alonso, V., & Dogliotti, P. (2024). Alberto Langlade y las redes de circulación transnacional en el campo de la educación física y la gimnasia, Uruguay (1945–1970). En A. Levoratti & P. A. Scharagrodsky (Comps.), Producción, circulación y traducción transnacional de ideas y expertos en la Cultura Física y la Educación Física: Los casos de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay (1930–1980) (pp. 93–128). Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación; IdIHCS. https://doi.org/10.24215/978-950-34-2453-7. Pasajes utilizados: pp. 93–121.
  3. Uruguay. (1911, 7 de julio). Ley n.º 3.789: Creación de la Comisión Nacional de Educación Física. Juegos atléticos anuales para competidores no profesionales. IMPO. Texto y registro oficial.
  4. Universidad de la República, Archivo General de la Universidad. (s. f.). Instituto Superior de Educación Física [Registro de autoridad institucional]. Historia institucional.
  5. Uruguay. (2007, 5 de diciembre). Ley n.º 18.213: Educación física obligatoria en todas las escuelas de enseñanza primaria desde el año 2009. IMPO. Artículo único y registro oficial.
  6. Administración Nacional de Educación Pública. (s. f.). Educación Básica Integrada (EBI). Documentos curriculares oficiales.
  7. Universidad de la República, Instituto Superior de Educación Física. (s. f.). Archivo. Fondos, colecciones y antecedentes.