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EDUFISICAEnciclopedia de Educación Física

Culturas corporales, escuela y profesión

Historia de la educación física en Perú: patrimonio, escuela y formación docente

Historia de la educación física peruana: patrimonio corporal, escuela de 1932, Instituto Nacional, San Marcos, género y currículo por competencias.

EDUFISICA · Actualizado el 10 de octubre de 2026 · Lectura estimada: 22 minutos

Danzante de tijeras peruano en una fotografía de 2016
Danzante de tijeras, fotografiado el 10 de mayo de 2016. Registro contemporáneo de una tradición viva, no fotografía de época prehispánica.Art DiNo · Archivo original · CC BY-SA 2.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La historia de la educación física en Perú reúne procesos que no comenzaron al mismo tiempo: la transmisión comunitaria de saberes corporales, la organización escolar del movimiento, la formación de especialistas y la construcción de un currículo nacional. La apertura de una escuela profesional en 1932 constituye un hito institucional, pero no el nacimiento de la motricidad peruana. Distinguir esas escalas permite comprender por qué una danza, un programa universitario y una clase de Educación Física pertenecen a una historia relacionada, aunque no sean equivalentes.

Entre una práctica aprendida en la comunidad y una asignatura evaluada en la escuela cambian la autoridad, los propósitos y los criterios de reconocimiento. También cambian las posibilidades de participar. Por eso, la evolución peruana resulta más clara cuando se estudian conjuntamente los documentos legales, las voces universitarias, las condiciones materiales de formación y el lugar concedido a la diversidad cultural. El recorrido siguiente conecta esos planos con la historia regional de la educación física y con las preguntas actuales sobre cuerpo, autonomía y convivencia.

Territorios, cuerpos y una historia que no cabe en una fecha

Hablar de Perú como si hubiera existido una experiencia corporal idéntica en la costa, los Andes y la Amazonía empobrece el análisis. Las diferencias territoriales importan porque modifican los espacios de aprendizaje, los materiales disponibles y las relaciones entre generaciones. Sin embargo, la geografía no explica por sí sola una cultura: una comunidad no realiza determinada práctica únicamente porque vive en altura o cerca de un río. Intervienen sus memorias, su organización social y los significados que atribuye a participar.

Conviene, por tanto, separar la historia de las prácticas corporales de la historia de la Educación Física escolar. La primera incluye maneras de moverse, trabajar, celebrar y enseñar que pueden existir fuera de una institución educativa. La segunda estudia cómo ciertos conocimientos se seleccionan, ordenan y evalúan dentro de un sistema escolar. Una danza puede ser parte de ambas, pero su transformación en contenido de clase requiere decisiones: quién la presenta, qué se explica de su contexto, qué se aprende y qué puede adaptarse sin desfigurarla.

Esta distinción evita llamar educación física a cualquier esfuerzo del pasado. Caminar, transportar una carga o participar en una ceremonia involucra capacidades corporales, aunque no corresponda a una asignatura organizada con horario y profesorado. Tampoco todo aprendizaje motor se convierte en deporte. El interés histórico está en reconstruir las relaciones entre esas experiencias, no en hacerlas coincidir a la fuerza con categorías actuales.

Los registros patrimoniales contemporáneos aportan ejemplos concretos de transmisión, pero no sustituyen el estudio de sus transformaciones. La documentación de una práctica viva puede describir quiénes la realizan y cómo se aprende hoy; para reconstruir su situación en otros siglos se necesitan evidencias correspondientes a esos periodos. Esa precaución es especialmente pertinente cuando una fotografía actual se utiliza para acompañar una historia larga. La imagen ayuda a reconocer personas y materialidades, mientras su fecha delimita lo que puede demostrar.

En este sentido, la relación entre cuerpo, cultura e inclusión no constituye un añadido decorativo a la historia peruana. Plantea una pregunta central: qué saberes fueron reconocidos como educativos, cuáles permanecieron fuera del programa y quién tuvo autoridad para decidirlo. La respuesta exige leer tanto las instituciones como las prácticas que no dependieron de ellas.

Danza de las tijeras y Q’eswachaka: aprender con otros significados

La danza de las tijeras, inscrita por la UNESCO en 2010, ofrece una entrada precisa al patrimonio corporal. La ficha describe una práctica vinculada a poblaciones quechuas de los Andes centro-meridionales, con una dimensión competitiva y una relación con celebraciones y calendarios comunitarios. Su presencia posterior en espacios urbanos muestra que una tradición puede desplazarse sin dejar de ser una referencia colectiva. Esta información corresponde a una manifestación concreta, no a todas las danzas ni a todos los pueblos del país. [1]

Danzante de tijeras peruano en una fotografía de 2016
Danzante de tijeras, fotografiado el 10 de mayo de 2016. Registro contemporáneo de una tradición viva, no fotografía de época prehispánica.Art DiNo · Archivo original · CC BY-SA 2.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La distinción tiene consecuencias para la enseñanza. Analizar coordinación, ritmo o equilibrio permite estudiar parte de una ejecución, pero no agota su significado. Si la escuela presenta únicamente la dificultad de los movimientos, puede perder de vista las relaciones entre intérpretes, música y pertenencia. Una aproximación histórica más completa combina la observación corporal con la explicación de quién transmite el conocimiento y en qué situaciones adquiere sentido. Tampoco exige reproducir en clase ejecuciones complejas que requieren preparación específica.

Otro caso es la renovación del puente Q’eswachaka, inscrita en 2013. La UNESCO identifica la participación de cuatro comunidades quechuas y la transmisión de conocimientos técnicos y rituales vinculados a la reconstrucción anual. El ejemplo permite estudiar cooperación, manejo de materiales y aprendizaje entre generaciones, aunque no deba confundirse con un juego ni convertirse retrospectivamente en una clase de Educación Física. [2]

Demostración de trenzado de cuerda vinculada a Q’eswachaka en Washington en 2015
Demostración de trenzado vinculado a Q’eswachaka en el Smithsonian Folklife Festival de Washington D. C., el 28 de junio de 2015. La fotografía muestra transmisión cultural en un encuentro internacional, no la renovación del puente en Perú.Jarek Tuszyński · Archivo original · CC BY 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Comparar ambos casos revela que aprender corporalmente no significa siempre repetir una técnica ante una misma autoridad. En una manifestación, la ejecución adquiere una dimensión expresiva y competitiva; en la otra, el trabajo coordinado se relaciona con una infraestructura comunitaria. El criterio que organiza la actividad no es idéntico. Esa diferencia ayuda a cuestionar la tendencia a clasificar cualquier práctica cultural según la lista escolar de capacidades físicas.

Una incorporación respetuosa al currículo puede partir de preguntas documentales: qué se conoce de la práctica, qué personas pueden explicarla y qué aspectos son apropiados para una experiencia escolar. La adaptación didáctica debe reconocerse como adaptación. Diseñar una tarea de trenzado cooperativo, por ejemplo, no equivale a reproducir los conocimientos ni las responsabilidades implicadas en renovar el puente. Del mismo modo, una secuencia rítmica inspirada en una fuente cultural no convierte al grupo en intérprete autorizado de una tradición.

Desde esta perspectiva, rescatar saberes significa darles contexto y voz, además de reconocer sus límites de circulación. La historia gana profundidad cuando evita tanto la idealización de un pasado inmóvil como la reducción de las comunidades a proveedores de ejercicios. El patrimonio corporal puede abrir un diálogo educativo sin transformarse en una colección de gestos separados de quienes les dan significado.

Antes de 1932: la educación física ya tenía una presencia escrita

La fecha fundacional de una institución especializada suele ocupar el centro de las cronologías. Sin embargo, los catálogos bibliográficos permiten comprobar que el tema ya circulaba en Perú antes de 1932. El catálogo de fondos reservados de San Marcos registra una Educación física de Agustín T. Whilar, publicada en Lima en 1899, y otra obra con ese título de Isidore Poiry, publicada en 1904. La existencia de esos registros documenta una presencia escrita anterior; no permite, por sí misma, reconstruir cómo se aplicaban sus propuestas en las escuelas. [3]

La diferencia es relevante. Un libro puede revelar que existía interés editorial, pedagógico o administrativo por un asunto, sin probar que sus contenidos fueran enseñados de manera generalizada. Para avanzar desde la circulación escrita hacia la práctica escolar harían falta programas, informes de inspección, inventarios y testimonios situados. Por eso, una historia rigurosa puede reconocer la antigüedad del debate sin atribuir a esos autores doctrinas que no se han contrastado en los textos originales.

Cubierta del manual de Amorós de 1830 sobre educación física, gimnasia y moral
Cubierta de un manual de Francisco Amorós de 1830. Permite comparar lenguajes gimnásticos y educativos, sin acreditar el uso de esta edición en una escuela peruana.Francisco Amorós; reproducción digital de Claude Piard · Archivo original · Dominio público. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

También es necesario distinguir la circulación internacional de la adopción local. Los sistemas gimnásticos europeos ofrecen un contexto comparativo para comprender lenguajes de orden, formación moral, higiene y preparación corporal. No obstante, mostrar un manual francés o una clase sueca no demuestra que determinada escuela peruana utilizara aquella edición o aquella secuencia. El documento internacional sirve para reconocer una tradición; la apropiación peruana exige su propia evidencia.

Esta lectura permite formular una pregunta más útil que la búsqueda de un único origen: cómo pasó la educación física de ser un tema escrito y una práctica dispersa a convertirse en un campo con formación profesional. Ese cambio incluye personas capaces de enseñar, instituciones que certifican su preparación y decisiones públicas sobre su lugar en la educación. El contenido de una clase depende de esa organización, pero también de patios, equipos, tiempos y condiciones de acceso.

La presencia bibliográfica anterior a 1932 impide presentar la escuela especializada como un comienzo absoluto. Su importancia está en otra escala: la consolidación de una vía institucional para formar especialistas. Reconocer esa diferencia no debilita el valor de la fecha. Lo precisa y permite conectar la historia profesional con una trayectoria escolar y cultural más amplia.

1932: un hito de formación, no el comienzo de toda práctica corporal

El Instituto Peruano del Deporte vincula la celebración del 8 de octubre con el inicio, en 1932, de las clases de la Escuela Nacional de Educación Física en el Centro Educativo República de Brasil. La conmemoración permite identificar un hito de formación especializada y comprender por qué esa fecha ocupa un lugar destacado en la memoria profesional peruana. Su alcance debe mantenerse en ese plano institucional. [4]

La apertura de una escuela cambia la relación entre conocimiento y ejercicio profesional. La preparación deja de depender únicamente de una experiencia personal o de la disponibilidad de un docente interesado. Se organiza una trayectoria formativa, se establece una comunidad de estudiantes y se propone un perfil de egreso. Con ello surge también la discusión sobre qué conocimientos debe dominar quien enseña movimiento: preparación pedagógica, comprensión del cuerpo y capacidad para organizar experiencias educativas.

Ese proceso no equivale automáticamente a una expansión uniforme por el territorio. Una institución nacional puede reunir estudiantes de diversos lugares, pero su alcance efectivo depende de admisión, desplazamientos, financiación y oportunidades laborales. La existencia de un centro formador tampoco permite suponer que todas las escuelas contaban con un especialista o con instalaciones adecuadas. Conviene distinguir entre la creación de una capacidad institucional y su distribución en el sistema educativo.

La fecha de inicio de clases es, además, diferente de la fecha de una disposición administrativa. En una cronología, ambos tipos de acontecimiento pueden ser relevantes, siempre que se identifique qué ocurrió en cada uno. La apertura efectiva señala una experiencia educativa; una norma establece un marco de organización. Confundirlos produce falsas discrepancias o genera la impresión de que el proceso ocurrió en un solo día.

Para el lector actual, 1932 ayuda a situar una pregunta que sigue abierta: qué diferencia la formación del profesor de Educación Física de la preparación de un practicante deportivo. Un buen desempeño personal puede ser un recurso, pero enseñar requiere interpretar las necesidades de otros, planificar progresiones y valorar aprendizajes. La institucionalización profesional hace visible esa distancia y permite discutirla dentro de la historia de las metodologías de enseñanza.

1946: la Facultad de Educación y el lugar del Instituto Nacional

La Ley 10555 ofrece un punto documental preciso. Su artículo 67 creó la Facultad de Educación de la Universidad de Lima y dispuso que varios institutos formaran parte de ella, entre ellos el Nacional de Educación Física. El texto también vinculó sus rentas presupuestales con el patrimonio universitario y contempló la coordinación con el Ministerio de Educación Pública. La promulgación consignada en el original es el 24 de abril de 1946. [5]

Esta disposición es significativa porque sitúa la educación física dentro de una estructura universitaria de formación e investigación educativa. El artículo reúne instituciones con funciones distintas, de modo que no puede interpretarse como un programa específico de asignaturas ni como una descripción de la enseñanza diaria. Su efecto documental es organizar pertenencias, recursos y coordinación administrativa. La transformación pedagógica requiere otras evidencias.

La incorporación también abre una cuestión epistemológica: qué lugar ocupa el conocimiento corporal en una facultad dedicada a la educación. Una formación profesional puede estudiar el movimiento desde la anatomía o la fisiología y, al mismo tiempo, preguntar por las condiciones de aprendizaje. Ninguno de esos planos reemplaza al otro. La ubicación universitaria permite examinar su relación sin reducir la disciplina a una destreza práctica ni disolverla en un discurso pedagógico que ignore la experiencia motriz.

Ahora bien, una pertenencia definida legalmente no debe leerse como una continuidad sin interrupciones. La memoria rectoral de Luis Alberto Sánchez, publicada en 1967 y correspondiente al año lectivo de 1966, describe cambios posteriores en el régimen del Instituto. La narración remite a la etapa de 1946 a 1949 y al retorno de 1963. Esa secuencia indica que el vínculo entre Ministerio y Universidad fue objeto de reorganizaciones, no una trayectoria administrativa estable desde el primer momento. [6]

La comparación entre la ley y la memoria enseña a leer los documentos con atención. El original legal fija una fecha y una disposición; la voz del rector explica cómo valoraba una trayectoria institucional desde su gestión. Cuando una fecha recordada en una narración difiere de la promulgación del original, corresponde conservar la distinción. La historia de la educación física necesita ambas fuentes, pero no debe tratar su función ni su precisión como idénticas.

1961: instalaciones, estudiantes y la distancia entre proyecto y condiciones

Una visita publicada en Horizontes Sanmarquinos permite acercarse a la vida del Instituto desde otro ángulo. El reportaje de 1961, situado en la página 5, describió un centro con 228 estudiantes y señaló que aproximadamente el 60 % eran mujeres. Se trata de información presentada por esa publicación contemporánea, no de una estadística nacional del profesorado. Su valor reside en documentar cómo se representaban las condiciones de formación en una institución concreta. [7]

El texto también registró limitaciones de espacios, equipos y biblioteca. La escasez de instalaciones no aparece como un detalle secundario: afectaba las posibilidades de práctica y el acceso a recursos de estudio. El reportaje relacionaba esas condiciones con demandas estudiantiles de mejora y con dificultades de representación. La formación especializada se muestra así como una experiencia material y política, además de académica.

La voz estudiantil modifica el tipo de historia que puede escribirse. Las leyes suelen informar sobre lo que debe existir; un reportaje institucional permite observar qué problemas eran reconocidos por quienes estudiaban allí. Ambos registros son parciales. La norma no describe todas las experiencias, mientras una visita no representa todas las instituciones del país. Leídos juntos, ayudan a evitar una cronología de avances que omita conflictos cotidianos.

Clase de gimnasia sueca en Estocolmo hacia 1910, antecedente de redes de formación latinoamericanas
Gimnasia en el Instituto Central de Estocolmo, hacia 1910. Documento comparativo de una tradición internacional; no muestra una clase peruana.Fotógrafo no identificado / Biblioteca GIH · Archivo original · Dominio público. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La comparación con una fotografía histórica de un centro gimnástico extranjero debe hacerse con prudencia. La imagen puede mostrar aparatos y organización espacial, pero no funciona como medida directa de la calidad peruana. Resulta más útil para preguntar qué condiciones materiales requiere una propuesta de enseñanza y cómo esas condiciones influyen en lo que el alumnado puede aprender. La disponibilidad de un espacio no determina por completo una pedagogía, aunque restringe o amplía sus posibilidades.

El reportaje menciona una formación de cuatro años y distingue componentes pedagógicos, académicos y científicos. Esa estructura indica una pretensión profesional más amplia que el dominio de una disciplina deportiva. Sin embargo, la coexistencia de esa aspiración con carencias materiales muestra por qué no conviene confundir el plan formativo con su realización completa. La historia del Instituto gana densidad al atender a esa tensión entre currículo, infraestructura y participación estudiantil.

Para comprender la expansión de la Educación Física, este caso sugiere observar también la biblioteca, las condiciones de higiene y la capacidad de organización colectiva. El aprendizaje corporal necesita práctica, pero la preparación del docente requiere igualmente estudio y deliberación. Reducir la evaluación de un centro a la existencia de una cancha dejaría fuera buena parte de su función educativa.

Mujeres en la formación: presencia numérica y preguntas pendientes

El dato femenino recogido por Horizontes Sanmarquinos cuestiona la representación de una educación física profesional exclusivamente masculina. En aquella institución y en ese momento, la publicación describió una presencia mayoritaria de mujeres. La afirmación debe mantenerse acotada: no demuestra la misma distribución en todos los centros ni permite deducir condiciones iguales de trabajo, reconocimiento o promoción. [7]

Precisamente por eso, la participación numérica es un punto de partida y no una explicación completa. Una investigación sobre género necesita considerar qué experiencias se ofrecían, qué cuerpos se consideraban aptos y qué actividades se asociaban con cada grupo. También debe preguntar quién dirigía, investigaba y decidía el programa. La presencia de estudiantes mujeres puede convivir con jerarquías institucionales o con expectativas diferenciadas sobre su futura labor.

La historia escolar plantea otra dificultad: una misma actividad puede abrir posibilidades de expresión y, a la vez, establecer exigencias de presentación corporal. La interpretación depende del contexto y de las voces disponibles. No basta clasificar la gimnasia como disciplina o el deporte como libertad. Interesan las condiciones concretas en que el alumnado participaba, las decisiones que podía tomar y las maneras en que se valoraba su actuación.

Estas preguntas se conectan con el currículo contemporáneo cuando la imagen corporal, la aceptación de las diferencias y la interacción forman parte del aprendizaje. El cambio de vocabulario no implica que las desigualdades desaparezcan. Permite, en cambio, revisar prácticas de selección, agrupamiento y evaluación que pueden limitar la participación. Una tarea común no siempre ofrece oportunidades equivalentes si ignora experiencias previas, apoyos o necesidades de comunicación.

La historia de las mujeres en la formación peruana debe escribirse con fuentes que permitan reconocer su agencia, no únicamente como un apartado añadido a una cronología masculina. El registro de 1961 abre esa posibilidad al mostrar un colectivo estudiantil con composición y demandas propias. A partir de él puede estudiarse cómo se construía la profesión y qué problemas eran formulados dentro de la institución, sin convertir un testimonio localizado en retrato de todo el país.

De las reorganizaciones universitarias a la formación del siglo XXI

En la memoria de 1967, Sánchez describió el retorno del Instituto al ámbito universitario en 1963 y las dificultades de reajustar su funcionamiento. Su explicación reúne cuestiones de régimen, obligaciones y recursos. Más que una simple restitución del nombre de una dependencia, presenta una negociación sobre cómo integrar una institución con trayectoria propia. Esa dimensión administrativa importa porque condiciona estabilidad docente, coordinación y posibilidades de desarrollo académico. [6]

La fuente debe leerse como memoria de una autoridad universitaria. Su autor participaba en los procesos que relataba y defendía una interpretación de la recuperación institucional. Este rasgo no invalida el documento; indica qué tipo de evidencia aporta. Permite estudiar decisiones y argumentos de una gestión, mientras otros archivos serían necesarios para reconstruir todas las posiciones implicadas. Mantener visible esa perspectiva evita convertir una voz influyente en una narración sin sujeto.

Otro marco de reorganización aparece en la Ley Universitaria 23733. El original consigna su promulgación el 9 de diciembre de 1983; su publicación corresponde al 17 de diciembre. La norma forma parte de la historia universitaria y no debe presentarse como legislación vigente ni como una disposición que, por sí sola, creó con un nombre específico una escuela de Educación Física. Para estudiar los cambios de una unidad académica se requieren, además, sus acuerdos y documentos institucionales. [8]

La evolución del centro no termina en esas reformas. Una publicación de la Oficina Central de Calidad Académica y Acreditación de San Marcos, de 2025, informó sobre la revisión del currículo anterior y la implementación de un nuevo programa para ingresantes de ese año. El relato vincula trabajo de comités, actualización formativa y autoevaluación. Describe un proceso de mejora institucional; no debe confundirse con la obtención ya consumada de una acreditación. [9]

Este documento reciente permite conectar la historia con un problema duradero: cómo revisar la formación sin limitarse a cambiar la lista de cursos. Un programa puede incorporar conocimientos actuales, pero su coherencia depende de la relación entre fundamentos, práctica, investigación y evaluación. La autoevaluación exige examinar resultados y condiciones, además de declarar propósitos. En ese sentido, la renovación curricular constituye un trabajo institucional que puede analizarse históricamente, no un punto final que complete toda la trayectoria.

La permanencia de una profesión no significa inmovilidad de sus saberes. La Educación Física universitaria debe responder a distintos escenarios de enseñanza y a debates sobre salud, inclusión y cultura corporal. La historia ayuda a reconocer cuándo esos asuntos adquieren nuevas formas y qué decisiones permiten integrarlos de manera consistente en la preparación del profesorado.

2016: autonomía motriz, vida saludable e interacción sociomotriz

El Currículo Nacional de la Educación Básica peruano, aprobado en 2016, permite identificar con precisión tres competencias relacionadas con el área: desenvolverse autónomamente mediante la motricidad, asumir una vida saludable e interactuar a través de habilidades sociomotrices. Sus formulaciones y estándares aparecen en las páginas 49 a 60 de la edición consultada. El documento organiza aprendizajes esperados; no es una descripción de lo que cada estudiante ya realiza. [10]

La autonomía motriz incluye comprender el propio cuerpo y expresarse corporalmente. Esa combinación desplaza la atención desde la ejecución aislada hacia una persona que percibe, decide y comunica. Aprender una acción sigue siendo relevante, pero su valoración se relaciona con el uso que se hace de ella en una situación. La progresión curricular incorpora la exploración de posibilidades, la imagen corporal y la comprensión de las relaciones entre movimiento y contexto.

La competencia de vida saludable relaciona actividad física, alimentación, postura, higiene y prácticas de cuidado. No equivale a reducir la clase a información sanitaria ni a responsabilizar individualmente al alumnado de cualquier condición de salud. Su lectura pedagógica requiere considerar oportunidades y condiciones de participación. Explicar un hábito puede aportar conocimiento; aprender a regular una experiencia corporal exige también observar sensaciones, reconocer límites y tomar decisiones apropiadas.

La interacción sociomotriz incorpora relación con otros y elaboración de estrategias. El documento contempla acuerdos, cooperación, oposición y modificaciones del juego. De ahí que el aprendizaje no pueda evaluarse exclusivamente mediante velocidad, fuerza o número de repeticiones. En una situación colectiva importan la anticipación, el uso de información y la capacidad para intervenir de acuerdo con las reglas y las necesidades del grupo. El concepto se desarrolla en el apartado de juego y praxiología motriz.

Tres competencias y preguntas para interpretar su alcance
Competencia curricularQué pone en relaciónPregunta pedagógica
Autonomía mediante la motricidadComprensión del cuerpo y expresión¿Cómo utiliza el estudiante sus posibilidades para responder a una situación?
Vida saludableConocimiento, cuidado y decisiones¿Puede explicar y ajustar su participación según las condiciones y sus necesidades?
Habilidades sociomotricesInteracción y estrategias compartidas¿Cómo acuerda, coopera y modifica sus decisiones con otras personas?

Este marco no obliga a abandonar la enseñanza técnica. Cambia el modo de justificarla: una técnica se aprende por lo que permite resolver y comprender, además de por su forma visible. Del mismo modo, un juego no adquiere valor educativo únicamente por entretener. Su organización debe permitir reconocer aprendizajes y ofrecer oportunidades de participación. La relación entre esas decisiones y la competencia motriz ayuda a conectar el currículo con la práctica docente.

2022: profesorado, presupuesto y la implementación progresiva

La Ley 31466, publicada el 6 de mayo de 2022, modificó la Ley 30432 e incorporó disposiciones sobre profesionales de Educación Física en la educación básica pública. El texto contempla selección y designación, exceptúa a las instituciones unidocentes y establece una implementación progresiva con cargo al presupuesto del Ministerio. También regula la conversión gradual de determinadas plazas y pide indicadores de seguimiento. [11]

El alcance de esa norma requiere una lectura cuidadosa. Una obligación y un procedimiento legal no constituyen evidencia de cobertura efectiva en todas las escuelas. Para conocer su realización se necesitan datos de plazas, contratación y distribución territorial. El carácter progresivo indica precisamente que el cambio no debe describirse como una situación instantánea y concluida. La historia de la política pública incluye los compromisos, pero también la capacidad de llevarlos a la práctica.

Esta diferencia conecta con los problemas observados en el Instituto de 1961, aunque no autoriza a decir que las condiciones actuales sean las mismas. En ambos tipos de documento aparece una relación entre aspiración educativa y recursos. La comparación es conceptual: permite preguntar cómo se sostienen la formación y la enseñanza. No es una prueba de continuidad material entre dos momentos separados por décadas.

El debate sobre presencia de especialistas también debe conservar la identidad educativa del área. La preparación para enseñar a todo un grupo no coincide necesariamente con la selección de deportistas para una competición. La propia norma distingue funciones relacionadas con formación integral y promoción del deporte escolar. Para valorar su aplicación conviene examinar cómo se organizan esas responsabilidades, qué tiempos se asignan y qué oportunidades reciben quienes tienen distintos niveles de experiencia.

Por tanto, el marco contemporáneo reúne currículo y política de personal sin resolver automáticamente todas sus tensiones. El primero define aprendizajes; la segunda interviene sobre condiciones profesionales. Un análisis histórico completo evita exigir a un solo documento respuestas que pertenecen a distintos niveles de decisión. También permite comprender por qué la calidad de la Educación Física depende de la articulación entre preparación docente, recursos y organización escolar.

Una cronología comparada de instituciones, fuentes y escalas

Hitos documentados de la educación física peruana
MomentoEvidenciaQué permite afirmarQué no demuestra por sí solo
1899 y 1904Catálogo bibliográfico de San MarcosExistencia de publicaciones limeñas sobre educación físicaUso generalizado de sus propuestas en las escuelas
1932Memoria conmemorativa del IPDHito de inicio de clases de formación especializadaOrigen de toda práctica corporal peruana
1946Ley 10555, artículo 67Organización de la Facultad de Educación e inclusión del Instituto NacionalContinuidad administrativa posterior sin interrupciones
1961Reportaje de Horizontes SanmarquinosRepresentación contemporánea de estudiantes y condiciones del InstitutoSituación de todas las instituciones del país
1963 y 1966Memoria de Sánchez publicada en 1967Relato rectoral de reorganización universitariaPosición de todos los actores involucrados
1983Ley Universitaria 23733Nuevo marco histórico de organización universitariaCreación nominal de una escuela específica por el texto de la ley
2016Currículo NacionalCompetencias y estándares propuestos para la Educación BásicaLogro efectivo de esos aprendizajes en cada aula
2022 y 2025Ley 31466 y publicación de calidad de San MarcosDecisiones sobre profesorado y actualización formativaCobertura universal o acreditación ya concluida

La comparación regional resulta más útil cuando se conserva esta separación de escalas. Dos países pueden inaugurar instituciones en fechas cercanas, pero asignarles funciones diferentes o situarlas bajo autoridades distintas. Asimismo, compartir vocabulario curricular no demuestra que sus sistemas educativos operen de la misma manera. La historia de la educación corporal en América permite observar circulaciones y apropiaciones sin convertirlas en una secuencia nacional única.

En el caso peruano, el cruce entre patrimonio, universidad y currículo muestra varias formas de reconocer saberes. La comunidad transmite conocimientos ligados a prácticas específicas; la universidad prepara y certifica profesionales; el sistema escolar organiza aprendizajes para la población estudiantil. Esos espacios pueden cooperar, aunque sus responsabilidades y criterios no sean intercambiables. La relación requiere mediaciones, traducciones y decisiones explícitas.

También cambia la forma de producir evidencia. Un registro patrimonial documenta una manifestación; una ley establece una disposición; un testimonio revela una experiencia o una valoración. Identificar esa diferencia permite explicar las aparentes contradicciones y evita reunir fechas sin analizar qué significan. La profundidad histórica depende tanto de ampliar los documentos como de hacer preguntas adecuadas a cada uno.

Leer la historia peruana desde una clase de Educación Física

Una propuesta didáctica puede utilizar esta historia para enseñar a interpretar cambios, en lugar de exigir únicamente memorizar fechas. El primer paso consiste en elegir un problema reconocible: quién enseña, cómo se aprende o qué condiciones hacen posible participar. Después se seleccionan documentos de distinta naturaleza y se comparan sus alcances. La tarea puede vincularse con historia, ciudadanía y expresión corporal sin perder el propósito específico del área.

Comparar una norma y una voz estudiantil

Como actividad escolar propuesta, el grupo puede contrastar una explicación del artículo 67 de la Ley 10555 con un resumen del reportaje de 1961. La pregunta sería qué aporta cada documento sobre una institución formadora. El alumnado distinguiría organización legal, condiciones materiales y demandas de estudiantes. No se trataría de decidir cuál fuente dice toda la verdad, sino de reconocer qué información ofrece y qué preguntas quedan abiertas.

Investigar una práctica sin quitarle su contexto

Otra propuesta consiste en estudiar una manifestación corporal próxima a la comunidad escolar. Se puede identificar quién la practica, cómo la aprendió y qué cambios reconoce. Las entrevistas requieren autorización y no deben convertir experiencias personales en afirmaciones generales sobre un pueblo. Si después se diseña una adaptación para la clase, se explica qué se conserva, qué se modifica y por qué. La experiencia conecta patrimonio y aprendizaje sin atribuir antigüedad a una variante creada por el docente.

Estudiantes de una escuela de Nivín cantando y bailando durante una actuación
Actuación escolar en Nivín, provincia de Casma. El catálogo del autor fecha la escena el 8 de mayo de 2015; es un registro escolar contemporáneo, no una reconstrucción de la educación del siglo XX.Escuela de Nivín · Archivo original · CC BY-SA 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Observar competencias dentro de una situación concreta

Un juego colectivo diseñado para la clase puede utilizarse para estudiar las tres competencias curriculares. La observación atendería a cómo se comprende la propia participación, cómo se regula el esfuerzo y cómo se acuerdan estrategias. La evaluación puede recoger decisiones y explicaciones, además de ejecuciones visibles. Se presenta como ejemplo didáctico contemporáneo, no como reproducción de una clase histórica ni como resultado de una investigación aplicada en esa escuela.

Estas propuestas dan a la historia una función distinta de la celebración institucional. Permiten comprender por qué el área llegó a tener ciertos propósitos y cómo pueden revisarse a la luz de nuevas preguntas. Leer críticamente las fuentes prepara al alumnado para distinguir un derecho formulado, una experiencia localizada y una práctica cultural. Esa capacidad también forma parte de aprender a participar con autonomía y respeto en la vida corporal compartida.

Referencias

  1. UNESCO. (2010). La danza de las tijeras. Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ficha patrimonial.
  2. UNESCO. (2013). Conocimientos, técnicas y rituales vinculados a la renovación anual del puente Q’eswachaka. Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Ficha patrimonial.
  3. Instituto Peruano del Deporte. (2020, 8 de octubre). Hoy se celebra el Día de la Educación Física. Gobierno del Perú. Memoria institucional.
  4. Congreso de la República del Perú. (1946). Ley 10555: Estatuto Universitario (art. 67; promulgación del 24 de abril de 1946). Documento legal original.
  5. Sánchez, L. A. (1967). La Universidad en trance de recuperación: Memoria correspondiente al año lectivo de 1966 (pp. 59–60). Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Memoria rectoral.
  6. Horizontes Sanmarquinos. (1961). Horizontes visita la INEF. Horizontes Sanmarquinos, 2(24), 5. Publicación contemporánea del Instituto.
  7. Congreso de la República del Perú. (1983). Ley 23733: Ley Universitaria (promulgación del 9 de diciembre; publicación del 17 de diciembre de 1983). Texto histórico original.
  8. Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Oficina Central de Calidad Académica y Acreditación. (2025). Cuadernos de Calidad Educativa, 1(1), 46–47. Publicación institucional sobre actualización curricular.
  9. Ministerio de Educación del Perú. (2016). Currículo Nacional de la Educación Básica (pp. 49–60). Currículo oficial.
  10. Congreso de la República del Perú. (2022). Ley 31466, que modifica la Ley 30432 sobre deporte y educación física en la educación básica pública (publicada el 6 de mayo de 2022, arts. 2–4). Texto legal consolidado oficial.