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EDUFISICAEnciclopedia de Educación Física

Culturas corporales, escuela y profesión

Historia de la educación física en Cuba: escuelas, cultura deportiva y formación profesional

Gimnasios, escuela, INDER y formación profesional: historia documentada de la educación física cubana y de las relaciones entre participación y deporte.

EDUFISICA · Actualizado el 10 de octubre de 2026 · Lectura estimada: 32 minutos

Estudiantes de secundaria durante una clase de educación física en La Habana
Clase de educación física de estudiantes de secundaria en La Habana, fotografiada por Alan Kotok el 23 de enero de 2013.Alan Kotok · Archivo original · CC BY 2.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La historia de la educación física en Cuba reúne proyectos pedagógicos que no siempre buscaban lo mismo. Un gimnasio del siglo XIX, una escuela normal, un equipo de béisbol, una universidad especializada y una celebración de rumba enseñan maneras de moverse, pero lo hacen con propósitos, participantes y autoridades diferentes. Seguir sus relaciones permite comprender cómo el cuerpo llegó a ocupar un lugar en la educación, qué se esperaba de sus aprendizajes y cómo cambiaron las oportunidades de participar.

La isla no puede leerse únicamente a través de sus deportistas internacionales. La educación física escolar, la formación deportiva y la cultura corporal comunitaria necesitan historias relacionadas, aunque distinguibles. En esa diferencia aparecen cuestiones que una tabla de medallas no responde: quién disponía de una enseñanza regular, cómo se preparaban los profesores, qué prácticas se consideraban educativas y qué significaba reconocer el movimiento como un derecho. Las fuentes históricas y las normas actuales permiten examinar esas preguntas sin confundir un proyecto con su cumplimiento.

Estudiantes de secundaria durante una clase de educación física en La Habana
Clase de educación física de estudiantes de secundaria en La Habana, fotografiada por Alan Kotok el 23 de enero de 2013.Alan Kotok · Archivo original · CC BY 2.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Antes de la asignatura: reconocer las culturas corporales sin inventar una escuela antigua

Una historia que comienza con el primer gimnasio corre el riesgo de presentar a sus fundadores como inventores de la educación del cuerpo. El movimiento, sin embargo, se aprende en relaciones que exceden las instituciones escolares. La tarea histórica consiste en identificar esas relaciones con fuentes situadas, no en asignar retrospectivamente un currículo moderno a cualquier sociedad anterior.

La investigación arqueológica y etnohistórica de Irving Rouse sobre los taínos ofrece un marco regional para estudiar las poblaciones antillanas y sus relaciones antes y durante el contacto europeo.1 Ese marco no autoriza a trasladar a Cuba, sin comprobación local, toda práctica descrita en Puerto Rico o La Española. Las Antillas estuvieron conectadas, pero conexión no significa uniformidad. Una descripción de un juego, una plaza ceremonial o un objeto debe conservar el lugar y la comunidad a los que se refiere.

Por eso, «educación física precolombina» puede ser una expresión engañosa si se usa como nombre de una asignatura que no existía. Resulta más preciso investigar aprendizajes corporales, prácticas lúdicas, conocimientos del entorno y formas de participación. El cambio de vocabulario no reduce su importancia. Permite reconocer que una comunidad puede transmitir saber sin organizarlo mediante horarios escolares, notas o profesores especializados.

También conviene leer críticamente las categorías de los archivos. Un observador colonial podía describir una práctica desde su interés religioso, administrativo o comercial. Sus palabras no constituyen una explicación neutral de lo que esa práctica significaba para quienes la realizaban. Cuando no hay documentación suficiente, la respuesta rigurosa es conservar la pregunta abierta; completar el relato con ejercicios imaginados produciría una historia más vistosa, pero menos fiable.

Esta distinción seguirá siendo necesaria en los siglos posteriores. Una danza transmitida entre familiares y una gimnasia prescrita por un director de colegio pueden compartir movimientos y, aun así, distribuir de manera diferente la autoridad y el conocimiento. La historia cubana gana profundidad cuando se estudian esas diferencias, en lugar de organizar todas las prácticas como pasos inevitables hacia el deporte moderno.

1839-1841: una propuesta de gimnasia dentro del debate educativo habanero

El 21 de marzo de 1839, José Rafael de Castro presentó una memoria titulada Escuela gimnástica a la Sociedad Patriótica de La Habana. Había estudiado con Francisco Amorós y propuso adaptar sus enseñanzas a las circunstancias cubanas. Ofrecía colaboración a los colegios y defendía combinar ejercicio e instrucción. En abril de 1841, el Diario de La Habana ya informaba sobre el Gimnasio Normal Cubano y su relación con otros establecimientos.23 La propuesta y la noticia de funcionamiento son documentos diferentes: no deben convertirse, por aproximación, en una única fecha de inauguración.

El nombre «normal» merece atención. En ese contexto remite a un centro que pretendía orientar procedimientos y servir de referencia para otros establecimientos. Su interés histórico supera la existencia de aparatos: expresa el intento de convertir el ejercicio en una práctica organizada, dirigida y susceptible de enseñanza. Esa pretensión plantea una pregunta que reaparecerá en la formación de profesores: quién está autorizado para decidir qué movimiento conviene y con qué finalidad.

El lenguaje médico de la época tampoco puede leerse como una recomendación sanitaria actual. Que un promotor atribuyera al gimnasio determinados efectos no demuestra que hoy debamos aceptar sus explicaciones fisiológicas. Una fuente sirve para conocer lo que un educador sostenía; comprobar la validez de una intervención exige otro tipo de evidencia. Mantener esa separación evita presentar la antigüedad de una idea como prueba de su eficacia.

La adaptación que propone Castro invita, además, a revisar una lectura demasiado simple de la circulación internacional. No basta con escribir «llegó un método europeo». Entre conocer un sistema y aplicarlo hay decisiones sobre instalaciones, recursos, alumnado, duración y formación del responsable. Estudiar esas mediaciones permite reconocer iniciativas locales sin negar las relaciones con autores extranjeros. La historia de los métodos es también la historia de sus transformaciones.

La presencia de colegios en el proyecto obliga a considerar el acceso. Un ofrecimiento a directores no equivale a una política universal para toda la infancia. Para establecer quién participaba harían falta matrículas, costos, horarios y registros de los establecimientos. La memoria y la noticia muestran aspiraciones y conexiones institucionales; no proporcionan por sí solas un mapa completo de oportunidades sociales.

En términos pedagógicos, este episodio puede interpretarse como una disputa por el lugar del cuerpo en la educación. El gimnasio aspiraba a que el ejercicio dejara de ser un asunto incidental y se convirtiera en trabajo deliberado. La cuestión pendiente era qué se perdía o ganaba cuando una práctica se separaba de la vida cotidiana, se ordenaba en una instalación y pasaba a depender de la dirección de un especialista.

Luz y Caballero: distinguir la instrucción de una educación más amplia

Los escritos educativos de José de la Luz y Caballero permiten entrar en el debate conceptual. En la edición de sus obras preparada por Alicia Conde Rodríguez aparecen distinciones entre higiene, gimnasia, instrucción y educación moral. La higiene atiende la conservación de las facultades físicas; la gimnasia, su ejercicio; la instrucción no agota el conjunto de la educación.4 Estas categorías pertenecen a un vocabulario histórico y no son equivalentes exactos de las divisiones curriculares actuales.

La distinción resulta fértil porque impide reducir la formación a una acumulación de datos. Conocer el nombre de un movimiento y aprender a decidir cuándo realizarlo son experiencias diferentes. Del mismo modo, ejecutar una secuencia por obediencia no demuestra haber comprendido el propósito de la tarea. Esta comparación es una lectura pedagógica contemporánea, no una afirmación de que Luz hubiera formulado los modelos de aprendizaje actuales.

Una historia de las ideas debe conservar ese límite. Cuando reconocemos afinidades entre un texto antiguo y una preocupación presente, no necesitamos convertir a su autor en precursor de todas nuestras teorías. Es más útil examinar qué problema intentaba resolver en su propio contexto. La relación entre cultivo intelectual, formación moral y cuidado físico muestra que el lugar del cuerpo se discutía dentro de una concepción de la persona, no únicamente dentro de una técnica gimnástica.

La lectura de Luz también invita a revisar cómo construimos una definición de educación física. Una definición puede describir un campo de intervención, un área escolar o una finalidad de formación. Confundir esos niveles produce discusiones en las que cada participante parece contradecir al otro cuando, en realidad, habla de una cuestión distinta. La definición de educación física y la reflexión epistemológica ayudan a mantener esas preguntas conectadas sin tratarlas como sinónimos.

Para el docente, el valor de esta discusión está en revisar su propio lenguaje. Si una planificación menciona educación integral, debe precisar qué aprenderá el estudiante y cómo se observará ese aprendizaje. La amplitud del propósito no justifica la imprecisión de las tareas. Un área puede atender distintas dimensiones de la experiencia y, al mismo tiempo, formular situaciones concretas de enseñanza.

1883: Martí lleva el debate del gimnasio a la casa

En marzo de 1883, José Martí publicó El gimnasio en casa en La América, de Nueva York. Comentó aparatos domésticos, el trabajo de la vida urbana y la posibilidad de ejercitarse en el hogar; también comparó cuestiones de costo y espacio.5 El texto es un documento periodístico de su tiempo. Sus afirmaciones sobre efectos médicos y sus supuestos sobre mujeres y hombres requieren lectura histórica, no aceptación como orientación clínica actual.

El desplazamiento del gimnasio hacia el hogar modifica la escala del problema. La pregunta deja de ser solamente cómo organizar una instalación especializada y pasa a incluir cómo incorporar una práctica en la vida diaria. Aparecen decisiones materiales: dónde colocar un aparato, quién puede usarlo, cómo se sostiene y qué relación guarda con otras actividades. Ese interés permite mirar el ejercicio como parte de un entorno, en vez de tratarlo como una serie aislada de movimientos.

También permite reconocer los límites de una solución técnica. Comprar un aparato no crea automáticamente tiempo, acompañamiento ni comprensión de su uso. Del mismo modo, una instalación disponible no demuestra que todas las personas puedan acceder a ella en condiciones equivalentes. La comparación con el presente es útil si se formula como pregunta: qué barreras resuelve un recurso y cuáles permanecen. No hace falta atribuir a Martí una teoría contemporánea de la adherencia para examinar esa cuestión.

El documento debe leerse, además, como parte de una cultura de circulación de objetos e ideas. Un producto presentado en una revista podía llegar a públicos diferentes de los de un colegio o una sociedad educativa. Ese cambio de público altera la forma de argumentar: se explica la utilidad, se describen materiales y se busca convencer al lector. La historia de la educación corporal comprende también esos medios de divulgación, aunque no todos sean instituciones de enseñanza.

Una lectura crítica conserva tanto la iniciativa como sus tensiones. Es posible valorar el interés por ampliar las ocasiones de movimiento y, a la vez, examinar qué concepción del hogar y de las relaciones de género sostiene el texto. La historia no exige celebrar o condenar una obra en bloque. Exige distinguir sus propuestas, sus condiciones y lo que una escuela actual podría discutir a partir de ellas.

1904: María Luisa Dolz y una educación femenina que incluía actividad corporal

La memoria del Colegio María Luisa Dolz presentada en 1904 documenta una celebración del vigesimoquinto aniversario del establecimiento. Su programa incorpora ejercicios calisténicos y el texto describe excursiones y experiencias de observación. Dolz critica una enseñanza reducida a la repetición memorística y defiende que las estudiantes ejerciten su juicio.6 La memoria muestra el proyecto de un colegio concreto, no la situación de todas las mujeres cubanas.

Esta precisión permite reconocer una iniciativa sin exagerar su alcance. La inclusión de una actividad corporal en un programa no prueba que existiera una asignatura idéntica a la actual ni revela toda su frecuencia semanal. Sin embargo, demuestra que el cuerpo podía formar parte de una presentación pública de la educación femenina. Esa presencia merece estudiarse junto con las ideas sobre autonomía intelectual y experiencia directa que el establecimiento defendía.

El caso también obliga a revisar quién aparece en los relatos históricos. Una cronología construida solamente con directores de instituciones deportivas puede dejar fuera a educadoras que transformaban las experiencias de sus alumnas desde otros espacios. Incorporarlas no consiste en añadir una lista de nombres al final. Supone preguntar qué contenidos propusieron, a quiénes se dirigían y qué obstáculos intentaban modificar.

La excursión, por ejemplo, puede analizarse como una situación en la que conocer requiere desplazarse, observar y relacionar información. Eso no convierte cualquier paseo en educación física; permite advertir que la experiencia corporal atraviesa áreas y prácticas educativas diferentes. Al reconstruir una escuela conviene estudiar esas relaciones antes de imponer las fronteras de las asignaturas actuales.

También hay una diferencia entre exhibición y aprendizaje. Un acto público presenta una selección preparada para espectadores. Para conocer la enseñanza cotidiana serían necesarios otros documentos: cuadernos, programas, testimonios o registros de clase. La memoria conserva una puerta de entrada valiosa, pero su condición conmemorativa debe orientar la lectura. Un colegio que se presenta a sí mismo selecciona lo que quiere mostrar.

La pregunta pedagógica que deja este caso es concreta: cómo valorar el movimiento de las estudiantes sin limitarlo a una imagen de corrección corporal. Una propuesta actual puede atender las posibilidades de acción, la toma de decisiones y la confianza para participar, evitando convertir una postura o una presentación escénica en medida de la dignidad de una persona. Esa orientación pertenece a la enseñanza contemporánea; no se atribuye retrospectivamente al colegio de Dolz.

La escuela republicana: una asignatura y una formación docente documentadas antes de 1959

El boletín Education in Cuba, publicado por la U.S. Office of Education en 1943, se elaboró con visitas de Severin K. Turosienski realizadas en 1940 y 1941 y documentación posterior. Describe juegos y gimnasia en la educación infantil, materias de enseñanza de educación física en la preparación del magisterio y una sección sobre sus profesores. El plan de la Normal Cívico Rural José Martí incluye educación física en sus cuatro años: tres horas semanales en los dos primeros y dos en los siguientes.7

Entrada de la Universidad de La Habana fotografiada por Anton Zelenov
Entrada de la Universidad de La Habana, 28 de abril de 2008. Photo: Anton Zelenov. La imagen sitúa esta universidad, distinta de la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo.Anton Zelenov · Archivo original · CC BY-SA 3.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Este documento permite corregir una simplificación: la educación física cubana no aparece por primera vez después de la Revolución. Hay una trayectoria escolar y profesional anterior que merece investigarse por sus propios problemas. Afirmar su existencia tampoco implica afirmar cobertura suficiente, igualdad de acceso o calidad uniforme. Las dos preguntas pueden mantenerse juntas: qué había y cómo estaba distribuido.

Un plan de estudios de formación rural muestra una decisión institucional, pero no es un horario válido para todas las escuelas del país. Su lectura exige identificar el establecimiento y el nivel. La cifra de horas pierde significado si se separa de esos datos. Tampoco conviene comparar directamente una hora de un programa histórico con una unidad actual sin comprobar duración, calendario y condiciones de trabajo.

La presencia de métodos de enseñanza en la formación del profesorado introduce una cuestión central: saber realizar una actividad y saber enseñarla no son la misma competencia. El docente debe decidir cómo organizar participantes, graduar dificultades, observar respuestas y ofrecer información que pueda utilizarse. Esa diferencia conecta la historia profesional con el estudio contemporáneo de los estilos y modelos de enseñanza, aunque sus categorías no sean idénticas.

En la formación rural surge otra pregunta: qué relación debía existir entre la escuela y el medio en el que trabajaría el maestro. Una programación útil necesita conocer los espacios y recursos disponibles, sin deducir de ellos que el alumnado rural deba recibir una educación más pobre. Adaptar una tarea a un entorno es diferente de reducir sus posibilidades de aprender. Esta distinción permite analizar críticamente una planificación histórica y construir propuestas actuales más precisas.

El boletín estadounidense debe, asimismo, leerse como un informe producido desde una institución extranjera. Su carácter administrativo y sus visitas aportan información identificable, pero no representan todas las perspectivas cubanas. Contrastarlo con textos de educadores, registros escolares y leyes evita convertir una mirada comparativa en explicación única. La historia de la enseñanza gana cuando permite ver cómo se describía un mismo sistema desde lugares diferentes.

Béisbol, pertenencia nacional y circulación de saberes deportivos

En The Pride of Havana, Roberto González Echevarría estudia el béisbol cubano como una historia cultural y deportiva. Su relato identifica la liga organizada en 1878 y reúne experiencias que conectan clubes, localidades y memoria personal.8 Es una obra sobre el béisbol; no debe utilizarse para adjudicar a toda escuela un programa de educación física ni para explicar cualquier práctica corporal de la isla.

La diferencia entre deporte y asignatura se vuelve especialmente visible aquí. Una población puede conocer reglas, comentar jugadas y reconocer figuras deportivas sin que ese conocimiento se haya adquirido en clase. Para un estudiante, la familiaridad cultural con un deporte puede facilitar ciertas conversaciones y dificultar otras: el grupo puede dar por supuesto que todos entienden una regla que algunos nunca han aprendido. La enseñanza necesita comprobar ese conocimiento antes de apoyarse en él.

El juego de bate y campo permite, además, separar la reproducción de un gesto de la comprensión de una situación. Elegir una dirección, anticipar una trayectoria y decidir hacia qué base desplazarse son problemas relacionados, pero diferentes. En una adaptación escolar, el objetivo puede ser comprender esas relaciones, aun cuando los materiales y las distancias cambien. La clasificación de los juegos motores ayuda a identificar la lógica de una tarea sin confundirla con la exigencia de una competición oficial.

La dimensión transnacional requiere otra cautela. Frank Andre Guridy reconstruye vínculos entre afrocubanos y afroestadounidenses en la educación, los movimientos políticos y la vida cultural. Su libro muestra que las relaciones entre ambas sociedades no se reducen a gobiernos o intercambios comerciales.9 Esa perspectiva invita a estudiar quién podía circular y cómo se construían redes, pero no demuestra por sí sola un contenido específico de una clase de educación física.

Para investigar la desigualdad en el deporte hace falta distinguir varios planos: las posibilidades de integrarse en una institución, el reconocimiento público y las oportunidades de enseñar o dirigir. Una figura destacada no elimina automáticamente las barreras que otros participantes podían encontrar. Tampoco una categoría racial utilizada en una fuente debe adoptarse como explicación natural de capacidades corporales. El análisis histórico examina cómo esas categorías organizaban relaciones, no les concede fundamento biológico.

El béisbol puede servir, por tanto, como entrada para estudiar identidad y circulación cultural, siempre que no absorba toda la historia. La danza, la gimnasia escolar, los juegos del patio y la formación del magisterio plantean otras preguntas. Un país no posee una sola cultura motriz por el hecho de que una modalidad tenga gran visibilidad.

1961: el INDER y un cambio de escala institucional

El Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, conocido como INDER, fue creado en 1961. La conmemoración institucional de febrero de 2026 sitúa su aniversario el 23 de febrero.10 La integración de esas tres denominaciones expresa un ámbito administrativo amplio; no significa que deporte, educación física y recreación tengan un único propósito pedagógico.

Paula J. Pettavino y Geralyn Pye estudian en Sport in Cuba: The Diamond in the Rough la relación entre sistema deportivo, organización estatal y proyecto social. En su análisis aparecen la participación amplia, la preparación de deportistas y las funciones políticas atribuidas a la cultura física.11 La obra permite situar una reorganización institucional importante sin convertir cada aspiración oficial en un resultado demostrado.

El cambio de escala puede analizarse mediante tres preguntas. La primera se refiere a la coordinación: qué instituciones deben relacionarse para que exista continuidad entre escuela, formación profesional y otros espacios de práctica. La segunda se refiere a los recursos: cómo se distribuyen instalaciones, profesores y tiempos entre propósitos diferentes. La tercera se refiere a la evaluación: qué información permite saber si una política está ampliando experiencias educativas y no únicamente organizando más eventos.

La concentración de responsabilidades puede facilitar la coordinación de un proyecto; también hace necesario conocer cómo participan los centros y las comunidades en las decisiones. Esas son posibilidades de análisis, no conclusiones automáticas sobre todas las etapas del INDER. Para establecerlas en un período concreto se necesitan documentos sobre ejecución, presupuestos y trabajo territorial. El nombre de una institución no describe por sí solo su funcionamiento cotidiano.

Conviene evitar, además, una narración de ruptura absoluta. La reorganización de 1961 se produjo en un país con gimnasios, educadores, escuelas y deportes anteriores. Reconocer esa trayectoria no resta importancia al nuevo marco; permite precisar qué se transformó. Una ruptura política puede modificar autoridades y finalidades sin borrar inmediatamente conocimientos profesionales o repertorios corporales. Las continuidades también forman parte del cambio.

Para un profesor que lee esta historia, la distinción más útil está entre finalidad social y decisión de clase. Una política puede promover participación, pero el docente necesita decidir cómo participa cada estudiante en una actividad concreta. Si la tarea deja a parte del grupo esperando durante casi toda la sesión, su diseño merece revisión, con independencia del discurso institucional que la acompaña. La escala nacional y la escala didáctica deben dialogar sin sustituirse.

1973 y 1976: la especialización universitaria de la cultura física

La actual Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo toma como fecha fundacional la apertura del primer curso universitario de Cultura Física, el 9 de octubre de 1973. En 1976, el centro fue transformado en Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo. La reseña institucional de su cincuentenario identifica la preparación de profesionales de educación física y otras ocupaciones relacionadas con el deporte.12 La apertura de un curso y la transformación administrativa son hitos distintos.

El paso a la formación universitaria plantea un problema epistemológico: qué conocimientos necesita una profesión que trabaja con personas en movimiento. Las ciencias biológicas permiten estudiar procesos del organismo; la pedagogía analiza relaciones de enseñanza; la historia y las ciencias sociales permiten comprender instituciones y significados. Ninguno de esos aportes reemplaza a los demás. Una explicación fisiológica de la fatiga no decide, por sí sola, cómo organizar una experiencia educativa inclusiva.

La preparación especializada también debe diferenciar campos de intervención. Enseñar a un grupo escolar, entrenar a deportistas y acompañar una actividad recreativa comparten algunos recursos, pero cambian las finalidades y condiciones. Un procedimiento eficaz para una selección competitiva puede ser inapropiado como criterio de participación escolar. Esa diferencia debe reconocerse al estudiar programas profesionales, en lugar de deducir equivalencias por la presencia de una misma modalidad deportiva.

La universidad ofrece, además, un espacio para convertir problemas prácticos en preguntas investigables. El profesor puede observar que determinados estudiantes intervienen poco; investigar esa situación exige definir qué entiende por participación, cómo la registra y qué condiciones compara. No basta con concluir que el grupo carece de motivación. Esa palabra puede ocultar dificultades de comprensión, organización, reconocimiento o acceso al material.

Una historia de la profesión necesita seguir también la relación entre conocimiento y experiencia. La práctica no es una reserva de intuiciones ajena a la investigación, y la investigación no consiste en trasladar una fórmula al patio. Formular un problema, describir un contexto y revisar una decisión son actividades que pueden conectar ambas. La competencia motriz aporta un ejemplo: comprender el movimiento requiere observar las tareas y las decisiones, además de describir habilidades aisladas.

En la lectura histórica, este cambio profesional no autoriza a suponer que cada graduado recibió la misma preparación o que toda escuela dispuso de un especialista. El desarrollo de una institución formadora y la distribución efectiva del personal son procesos relacionados, pero se documentan de manera distinta. Distinguirlos permite reconocer el valor de la especialización sin atribuirle resultados que no se han medido.

Participación amplia y alto rendimiento: una relación que exige criterios diferentes

Pettavino y Pye examinan las relaciones y tensiones entre objetivos sociales, organización deportiva y preparación de alto nivel; su obra también sitúa dificultades del sistema en el contexto de finales del siglo XX.11 Su análisis histórico no debe tratarse como diagnóstico de todas las instalaciones cubanas en 2026. Para conocer una situación contemporánea se requieren datos del período correspondiente.

Encuentro internacional de voleibol entre China y Cuba en 2008
Encuentro China-Cuba de voleibol en el Coliseo de Hong Kong, 28 de junio de 2008. La fotografía documenta una competición internacional, distinta del contexto de una clase escolar.Peter Dowley · Archivo original · CC BY 2.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La cuestión pedagógica sigue siendo relevante. El alto rendimiento necesita comparar desempeños dentro de condiciones regladas; la educación física escolar necesita comprender qué oportunidades de aprendizaje tiene cada estudiante. Una misma prueba puede producir un registro de ejecución y, aun así, no informar sobre cómo la persona aprendió, qué apoyos utilizó o qué barreras encontró. El dato no es inútil; su significado depende de la pregunta.

Una comparación internacional tampoco puede resolverse con una sola medida. El número de medallas describe una parte específica del deporte. Para estudiar la educación física harían falta otros indicadores: continuidad de clases, condiciones de enseñanza, preparación docente, participación y experiencias del alumnado. Elegir una medida visible porque es fácil de consultar puede simplificar la investigación a costa de responder una pregunta diferente de la que se formuló.

La relación entre ambas finalidades no tiene que plantearse como oposición absoluta. Una experiencia escolar puede despertar interés por una modalidad, y una trayectoria deportiva puede aportar conocimientos útiles a la enseñanza. El problema aparece cuando la selección de quienes mejor rinden organiza todas las oportunidades. En una clase, quienes todavía necesitan aprender no deberían quedar reducidos a espectadores de los más experimentados.

La gestión de los recursos también necesita criterios explícitos. Si una instalación se utiliza para distintos propósitos, conviene conocer horarios, responsables y condiciones de acceso. Sin esa información, hablar de una infraestructura disponible puede ocultar que algunos grupos solo pueden usarla en momentos poco compatibles con su jornada. Esta es una pregunta de evaluación aplicable a cualquier sistema; no se presenta como descripción comprobada de un centro cubano específico.

La historia permite, así, transformar una admiración deportiva en una lectura más precisa. Reconocer una actuación sobresaliente no exige atribuir excelencia a cada experiencia escolar. Criticar una dificultad tampoco exige negar todo el trabajo de los profesionales. La evaluación pierde precisión cuando se convierte en una adhesión o un rechazo global, incapaz de distinguir niveles y períodos.

La rumba: conocimiento corporal que se aprende en comunidad

La UNESCO inscribió en 2016 la rumba cubana y sus prácticas culturales en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su descripción destaca las relaciones con culturas africanas, antillanas y el flamenco, la comunicación mediante música y gestos, y la transmisión entre familiares y vecinos.13 Es un reconocimiento de patrimonio, no una disposición que convierta la rumba en contenido obligatorio de todas las clases.

Participantes en una interpretación de rumba cubana en Camagüey
Bailarines de rumba cubana en la Plaza de los Trabajadores de Camagüey, 22 de abril de 2019.Manuel Díaz Reyes · Archivo original · CC BY-SA 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Esta forma de transmisión plantea preguntas distintas de las de un gimnasio. El conocimiento puede expresarse al participar, observar, responder y reconocer un código compartido. Explicar una secuencia de pasos fuera de sus relaciones musicales y sociales puede enseñar un recurso de movimiento, pero no reproduce necesariamente la práctica cultural completa. La escuela debe reconocer esa diferencia cuando trabaja con expresiones comunitarias.

Una adaptación didáctica puede tener valor si se identifica como adaptación. El docente puede diseñar una situación de coordinación rítmica inspirada en una experiencia cultural, explicar qué elementos modifica y consultar fuentes adecuadas. Presentarla como una versión auténtica sin esa comprobación adjudica a sus portadores una enseñanza que quizá no reconozcan. La precisión cultural y la creatividad escolar pueden convivir.

También conviene atender a quién tiene voz en la explicación. Un patrimonio no es solamente material disponible para que otro lo utilice. Las personas que lo sostienen poseen saberes sobre su sentido y sus condiciones de participación. Invitar a un portador, escuchar sus límites y acordar cómo se registra una experiencia ofrece una relación diferente de extraer una imagen o un ritmo para decorar una clase.

Desde la educación física, esta discusión amplía la idea de aprendizaje motor. Coordinarse con otros, interpretar una señal y ajustar una respuesta pueden ser problemas corporales complejos sin adoptar la forma de una marca deportiva. El análisis de la comunicación motriz y las prácticas expresivas ayuda a formular preguntas sobre esas relaciones; no reemplaza la comprensión cultural de la rumba.

La inscripción patrimonial tampoco demuestra que desaparezcan dificultades de transmisión o reconocimiento. Un título internacional y una experiencia local son planos relacionados, pero diferentes. Para conocer lo que ocurre en una comunidad se necesitan sus propios testimonios y registros. Esa exigencia evita que el patrimonio se convierta en una postal fija, separada de las personas que siguen recreándolo.

De la Constitución de 2019 a la Ley del Sistema Deportivo Cubano publicada en 2026

El artículo 74 de la Constitución cubana de 2019 reconoce el derecho a la educación física, al deporte y a la recreación, y relaciona su disfrute con la enseñanza y la práctica en el sistema educativo. El artículo 32 también incluye la promoción de la cultura física entre las responsabilidades estatales.14 La formulación jurídica establece una obligación; no constituye por sí sola una medición de su cumplimiento.

Grupo de escolares cubanos en una fotografía de TopazSun
Escolares de Cuba en una fotografía compartida por TopazSun el 10 de mayo de 2006. La ficha del archivo no consigna la fecha de la toma.TopazSun · Archivo original · CC BY-SA 3.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La Ley 179/2025, Del Sistema Deportivo Cubano, fue aprobada el 18 de julio de 2025 y publicada en la Gaceta Oficial del 13 de enero de 2026. Su disposición final quinta establece una entrada en vigor ciento veinte días después de la publicación. La Resolución 104/2025, publicada en la misma edición, asigna responsabilidades educativas y de participación a los ministerios. La ley distingue instituciones deportivas y formadoras de profesores; también contempla estrategias científicas y tecnológicas.1516

Una actualización normativa modifica el marco de responsabilidades, pero su evaluación requiere conocer cómo se traduce en decisiones concretas. Es útil separar cuatro niveles: el derecho reconocido, el organismo responsable, el servicio que debe organizarse y la experiencia de quien participa. Cuando esos niveles se mezclan, una declaración general puede aparecer como si fuera un resultado ya observado.

El aula aporta un nivel especialmente importante de esa lectura. El derecho a participar no se satisface pedagógicamente contando únicamente personas inscritas. Habría que examinar si comprenden las tareas, pueden intervenir, reciben apoyos pertinentes y encuentran oportunidades de progresar. Estos son criterios propuestos para analizar una experiencia educativa, no un informe sobre el desempeño de todas las escuelas cubanas.

La legislación también debe leerse con atención a sus categorías. Una institución que prepara estudiantes-atletas tiene responsabilidades y condiciones específicas. Una escuela que enseña educación física a todos sus estudiantes plantea otros problemas de acceso y progresión. Vincular ambas puede ser necesario; tratarlas como si fueran la misma institución oscurece sus finalidades y los criterios con los que se debería valorar su trabajo.

La referencia a ciencia y tecnología invita a formular otra pregunta: qué problema educativo debe resolver una herramienta. Un registro digital puede facilitar organización y seguimiento, pero no demuestra por sí mismo mejor aprendizaje. Antes de incorporar una tecnología conviene definir datos necesarios, responsables de interpretación, condiciones de uso y alternativas para quien no pueda acceder. La presencia de una agenda en una ley no demuestra que cada centro la haya implementado.

En 2026, la historia cubana puede leerse desde ese marco renovado sin convertirla en un relato acabado. Las normas aportan un punto de referencia verificable; las experiencias de enseñanza exigen investigación situada. Mantener ambos planos permite preguntar por la continuidad del derecho al movimiento desde la infancia hacia otras etapas de la vida, sin reducirlo a la permanencia en un equipo o a la obtención de una marca.

Una cronología que distingue documentos, instituciones y experiencias

Hitos documentados y preguntas que permiten estudiar
MomentoDocumento o instituciónPregunta históricaQué no demuestra por sí solo
1839Memoria de Castro sobre una escuela gimnásticaCómo se justificaba organizar el ejercicioUna inauguración exacta o cobertura universal
1841Noticia sobre el Gimnasio Normal CubanoCómo se relacionaba con colegiosLa experiencia de toda la infancia
1883Artículo de Martí sobre el gimnasio domésticoCómo se discutían espacio, objetos y vida cotidianaEficacia médica actual de sus propuestas
1904Memoria del colegio de María Luisa DolzQué se mostraba de la educación femeninaEl horario completo de todas las escuelas
1943Boletín administrativo sobre la educación cubanaQué formación docente y programas estaban documentadosUna evaluación uniforme de calidad
1961Creación del INDERQué cambió en la organización institucionalQue antes no existiera educación física
1973-1976Curso universitario y transformación del centro Manuel FajardoCómo se especializó la formación profesionalDisponibilidad de especialistas en cada escuela
2016Inscripción patrimonial de la rumbaCómo se reconoce un conocimiento comunitarioUna obligación curricular nacional
2019Constitución, artículo 74Qué derecho se reconoceSu cumplimiento en todos los contextos
2026Publicación de la Ley 179/2025 y sus resolucionesCómo se distribuyen responsabilidadesResultados de implementación ya medidos

La secuencia ayuda a situar acontecimientos, pero su orden no establece una causa automática. Que una institución aparezca después de un texto no demuestra que ese texto la originara. Para sostener una relación causal harían falta vínculos documentados: correspondencia, decisiones administrativas, testimonios o referencias explícitas. Una cronología rigurosa permite identificar qué conexiones conocemos y cuáles siguen siendo preguntas.

También permite comparar propósitos sin exigir que cada etapa avance hacia el mismo final. En un documento puede predominar la conservación física; en otro, la formación moral, la vida nacional, la participación o el derecho. Esos propósitos no se suceden necesariamente como piezas que desaparecen al llegar la siguiente. Pueden coexistir, entrar en tensión y adquirir significados diferentes dentro de una nueva institución.

La comparación regional debe conservar la misma disciplina. Las historias de Puerto Rico, República Dominicana y Haití permiten estudiar escuela, formación docente y participación en el Caribe. Sus relaciones políticas y culturales son diferentes. Un hito cubano puede orientar una pregunta comparativa, pero no reemplaza el documento que necesita otro país.

De ese modo, Cuba ocupa un lugar específico dentro de la historia global de la educación corporal. Su trayectoria combina debates pedagógicos, instituciones especializadas y experiencias culturales que no caben en una sola explicación. Mantener visibles esas relaciones ofrece al lector más criterios para comprender el presente que una simple sucesión de nombres y fechas.

Cuatro propuestas para trabajar esta historia en clase

Las siguientes actividades son propuestas didácticas originales e hipotéticas. No se presentan como prácticas históricas cubanas ni como experiencias ya evaluadas. El docente debe ajustarlas al nivel de lectura, los espacios disponibles y las necesidades de participación de su grupo. Su objetivo es relacionar comprensión histórica, observación del movimiento y decisiones de enseñanza.

Actividad 1. El expediente del gimnasio: una propuesta no es una inauguración

Para secundaria, bachillerato o formación docente. Se preparan tarjetas con la memoria de Castro de 1839, la noticia de 1841 y cuatro afirmaciones: «se propuso», «se informó de su funcionamiento», «participaba toda la infancia» y «se conocen sus resultados». Cada grupo debe vincular las afirmaciones con el documento pertinente o señalar que la información no está demostrada. La tarea no consiste en memorizar dos fechas, sino en reconocer qué permite sostener cada fuente.

Después se organiza un pequeño circuito de tres tareas de movimiento elegidas por el docente. El grupo describe cómo cambiaría la enseñanza si hubiera un responsable común, espacios distintos o materiales limitados. No se imitan aparatos históricos ni se aplican promesas médicas del siglo XIX. Se utiliza una situación presente para comprender que entre una propuesta y su ejecución aparecen decisiones materiales y pedagógicas.

La ficha final solicita identificar documento, fecha, afirmación respaldada y dato faltante. En la parte motriz se registra una decisión de organización y su efecto observado dentro de la actividad. Para estudiantes con dificultades de lectura pueden usarse tarjetas breves, lectura compartida o respuestas orales. Quien no pueda realizar una tarea física puede participar en la observación y en una alternativa de movimiento acordada, sin quedar excluido del problema central.

La valoración atiende a la relación entre evidencia y afirmación, no a quién recita más fechas. Una progresión para formación docente incorpora otra fuente con una fecha de inauguración distinta y solicita explicar cómo resolver la discrepancia. La respuesta adecuada debe proponer comprobaciones; no escoger arbitrariamente la fecha que parezca más conocida.

Actividad 2. De la exhibición al aprendizaje: leer la memoria de una escuela

Para cursos superiores de primaria, secundaria o formación del profesorado. Se presenta una referencia breve al programa de 1904 del colegio de Dolz y se distingue entre acto público y enseñanza cotidiana. Los estudiantes elaboran dos columnas: qué podría mostrar una presentación y qué necesitaríamos observar para conocer el aprendizaje. Se pueden incluir preparación, participación, comprensión, retroalimentación y posibilidad de practicar durante las sesiones.

El grupo diseña luego una secuencia corta de movimientos sin contacto físico obligatorio. Una primera versión se organiza para que el público vea sincronía; otra permite que los participantes elijan niveles de dificultad o roles. La comparación busca identificar qué cambia en las decisiones, no declarar que una presentación colectiva es siempre inapropiada. Ambas pueden tener propósitos legítimos si se explican y no se convierten en la única medida de aprendizaje.

El registro solicita describir una elección personal, una dificultad y un apoyo recibido. Para mantener alternativas equivalentes, la secuencia puede realizarse de pie o sentado y las señales pueden combinar sonido con referencias visuales. El docente debe acordar las condiciones con el alumnado, evitando que una adaptación se interprete como una versión de menor valor. La atención se dirige al problema compartido de coordinar y decidir.

La evidencia final reúne el esquema de las dos versiones y un comentario sobre lo que la memoria histórica permite conocer. En una progresión más exigente, se analiza qué personas suelen aparecer en un documento conmemorativo y cuáles permanecen fuera. El objetivo es aprender a utilizar un archivo escolar sin confundir su selección pública con la totalidad de una experiencia.

Actividad 3. Bate y campo: comprender una relación antes de seleccionar jugadores

Para primaria avanzada o secundaria, con materiales blandos y espacio evaluado por el docente. Se propone un juego adaptado de bate y campo en grupos pequeños. La pelota se impulsa con la mano o con un implemento adecuado al contexto; el propósito es decidir una dirección y coordinar una respuesta colectiva. No se presenta la tarea como béisbol oficial ni como práctica tradicional cubana auténtica.

Se acuerda que las oportunidades de intervenir roten y que nadie quede eliminado de forma permanente. En una pausa breve, cada grupo representa dónde estaban sus participantes y explica qué información utilizó para elegir. El docente puede cambiar una distancia, una zona de envío o la forma de poner la pelota en juego, manteniendo visible la pregunta táctica. La variante aumenta o reduce la complejidad de la misma actividad; no se cuenta como una actividad completamente nueva.

Las adaptaciones pueden incluir desplazamientos más cortos, una pelota de mayor tamaño o distintas formas de impulsión. Deben revisarse con quienes las utilizarán y conservar un desafío relevante. La observación compara decisiones dentro de condiciones identificadas, en vez de clasificar capacidades personales por una única ejecución. Un estudiante puede explicar una elección acertada aunque todavía necesite apoyo para realizar el gesto.

El cierre relaciona la experiencia con la diferencia entre escuela y competición. Se pregunta qué información necesitaría un entrenador para una selección y qué información necesita un profesor para enseñar a todos. La producción puede ser oral, escrita o mediante un esquema del espacio. La valoración considera interpretación de trayectorias, colaboración y revisión de decisiones, sin convertir el resultado del partido en nota individual.

Actividad 4. Patrimonio y derecho: diseñar una participación con sentido

Para secundaria, bachillerato o formación docente. Se comparan una referencia a la inscripción de la rumba en 2016 y una referencia al artículo 74 de la Constitución. Los grupos identifican qué tipo de reconocimiento expresa cada documento y qué no puede deducirse de él. Un reconocimiento patrimonial no es un currículo completo; un derecho escrito necesita condiciones para convertirse en experiencia.

La parte práctica propone una interacción rítmica original mediante palmadas suaves, gestos o señales visuales. No reproduce una secuencia de rumba ni se presenta como enseñanza de sus códigos culturales. Los participantes deciden cómo ofrecer una señal y cómo responder dentro de un acuerdo común. El docente explica que trabajar ritmo no equivale automáticamente a representar un patrimonio, aunque una práctica cultural pueda motivar preguntas sobre comunicación corporal.

Cada grupo elabora después un plan de participación que incluya acceso al espacio, comprensión de señales, opciones de intervención y forma de recibir comentarios. Si se desea estudiar la rumba con mayor profundidad, el plan debe incorporar consulta a fuentes y portadores, acuerdos sobre grabación y reconocimiento de autoría. Esa ampliación exige investigación y relación cultural; no se resuelve añadiendo música a la tarea original.

La evaluación examina la precisión de la comparación documental y la coherencia del plan. Una progresión puede incorporar la ley publicada en 2026 para identificar organismos responsables. El alumnado debe separar lo que prescribe la norma de lo que su propuesta podría comprobar mediante observación. El producto final es un diseño razonado, no una afirmación de que todos los centros ya trabajan de esa manera.

Preguntas frecuentes sobre la historia de la educación física en Cuba

¿La educación física cubana comenzó con la creación del INDER?

No. Los documentos de gimnasia del siglo XIX y el boletín educativo de 1943 muestran una trayectoria anterior. La creación del INDER en 1961 representa una reorganización institucional importante, que debe estudiarse junto con esas experiencias previas.

¿Puede utilizarse 1839 como fecha exacta de inauguración del Gimnasio Normal Cubano?

La memoria de marzo de 1839 documenta una propuesta. La noticia de abril de 1841 informa sobre el gimnasio y sus relaciones con colegios. Confundir ambos documentos produce una precisión que las fuentes utilizadas no justifican.

¿Qué diferencia hay entre la historia del béisbol y la educación física escolar?

El béisbol tiene una trayectoria cultural y deportiva propia. La educación física escolar dispone de propósitos, responsables y condiciones de enseñanza diferentes. Pueden relacionarse, pero una historia de clubes no demuestra por sí sola qué aprendían todos los estudiantes.

¿La rumba puede considerarse simplemente un ejercicio rítmico?

Puede inspirar preguntas sobre ritmo y comunicación corporal, pero la práctica patrimonial incluye relaciones, códigos y transmisión comunitaria. Una adaptación escolar debe identificarse como tal y evitar atribuirse una autenticidad que no ha comprobado.

¿Qué significa que la Ley 179/2025 se publicara en 2026?

El número identifica la norma aprobada en 2025; su publicación en la Gaceta Oficial ocurrió el 13 de enero de 2026. La disposición final establece el plazo de entrada en vigor. La norma permite estudiar responsabilidades, mientras sus resultados requieren información sobre implementación.

Referencias

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