
EDUFISICAAprender a fabricar, escuchar y ejecutar
En la sección dedicada a oficios de The History of the Yorubas, Samuel Johnson presenta el aprendizaje musical como una secuencia concreta: fabricar el instrumento, aprender a producir con él formas de comunicación y adquirir los ritmos de las danzas. La descripción vincula saber material y ejecución. Un músico debía conocer el objeto que utilizaba y podía repararlo si se dañaba; la destreza no empezaba únicamente cuando tocaba delante del público. (Johnson, 1921, pp. 120–121)
El pasaje pertenece a una historia elaborada a finales del siglo XIX y publicada en 1921. No ofrece una fecha de origen para cada oficio ni convierte todas las prácticas descritas en supervivencias antiguas. El prefacio editorial explica que el manuscrito enviado a Inglaterra se perdió y que Obadiah Johnson reconstruyó la obra con notas y borradores de Samuel. Algunas secciones se reescribieron, otras se abreviaron o ampliaron. La edición es, por tanto, resultado de un trabajo histórico y editorial identificable. (Johnson, 1921, pp. ix–x)
La perspectiva del libro combina un interés por conservar la historia con juicios jerárquicos sobre religiones y técnicas. Este artículo examina los procedimientos que describe sin asumir sus valoraciones sobre oficios supuestamente atrasados. Tampoco presenta la organización de esos trabajos como un programa de educación física escolar: se trata de una historia del aprendizaje de habilidades corporales y de su relación con lenguaje, sustento y autoridad.
El instrumento como objeto que se aprende a usar y mantener
Johnson afirma que los músicos aprendían primero a fabricar sus instrumentos. Vincula ese conocimiento con la posibilidad de reparar una avería. No identifica un maestro particular ni explica todos los ejercicios de iniciación, pero sí distingue un orden de adquisición: conocer la construcción antes de desarrollar la interpretación. El mantenimiento aparece integrado en la competencia del ejecutante, en lugar de delegarse necesariamente en otro oficio. (Johnson, 1921, pp. 120)
Después venía el aprendizaje de una expresión instrumental relacionada con las modulaciones de la lengua. El libro describe la producción de alabanzas y nombres de personas destacadas, junto con el aprendizaje de medidas de danza. En este contexto, el sonido podía referirse a alguien y no solo marcar una pulsación. La interpretación requería reconocer repertorios y adecuar la ejecución a una situación social conocida. (Johnson, 1921, pp. 121)
Las ocasiones de actuación eran variadas: bodas, funerales, procesiones y servicio junto a personas de importancia. También menciona músicos que recorrían calles buscando aportaciones del público. Esas diferencias hacen visible una relación con la economía: conocer un repertorio podía sostener una actividad de servicio o una presentación en espacios abiertos, aunque el libro no cuantifique ingresos ni describa idénticas condiciones para todos. (Johnson, 1921, pp. 121)
Algunos instrumentos estaban ligados a funciones restringidas. Johnson reservaba el Koso al Alaafin y describía el uso del Ogidigbo en la danza del Alaafin y del Basorun durante festividades anuales. El dato indica que la disponibilidad de instrumentos y ocasiones podía depender de la posición institucional. Sería excesivo deducir de esta mención todas las reglas de acceso al aprendizaje musical, pero tampoco conviene representar el repertorio como un conjunto de objetos intercambiables para cualquier intérprete. (Johnson, 1921, pp. 121)
La memoria cantada en una institución de poder
En el apartado sobre aprendizaje, los cantores de baladas y ejecutantes de címbalos del rey aparecen como transmisores de historia. El principal recibía los nombres Ologbo o Arokin. Según el libro, cantaban al rey la historia de la comunidad y de reinados anteriores para informarlo e instruirlo; estaban mantenidos en el servicio real y el cargo era hereditario. El aprendizaje histórico tenía así una dimensión oral, musical e institucional. (Johnson, 1921, pp. 125–126)
El carácter hereditario del cargo no explica por sí mismo cómo se enseñaba cada canto. El texto tampoco proporciona una cronología de todas las sucesiones. Lo que sí documenta es una función reconocida y sostenida, distinta del músico que buscaba aportaciones en la calle. La comparación muestra por qué la transmisión de un repertorio debe situarse dentro de relaciones concretas de trabajo y autoridad. (Johnson, 1921, pp. 121, 125–126)
La forma cantada de la historia también modifica la manera de pensar su conservación. Las palabras debían recordarse y ejecutarse ante un destinatario, mediante una voz y unos instrumentos. El soporte de esa memoria era una práctica realizada por personas, no un archivo separado de la actuación. Esta lectura se desprende de la organización descrita, sin afirmar que el relato estuviera libre de selección política.
La coordinación corporal en los oficios textiles
El libro permite ampliar el análisis más allá de la escena musical. En el tejido masculino describe un telar accionado con manos y pies: el movimiento alterno de los pies abría y cerraba la urdimbre, mientras una lanzadera pasaba de una mano a la otra y la mano disponible ajustaba el hilo. Johnson especifica una coordinación sucesiva de acciones sobre un objeto en construcción. No ofrece, sin embargo, un calendario de enseñanza de esa habilidad. (Johnson, 1921, pp. 119)
Su descripción del tejido femenino presenta otra organización material. Las mujeres trabajaban cerca de sus habitaciones, con un telar colocado en el espacio doméstico y piezas de mayor anchura. El hilo de la trama se pasaba de derecha a izquierda mediante varillas, y se ajustaba con una pieza lisa. La comparación no identifica una habilidad superior: muestra que posiciones, herramientas y secuencias dependían de formas diferentes de producción. (Johnson, 1921, pp. 124)
Las operaciones de preparar algodón e hilar se atribuían especialmente a mujeres mayores. El relato menciona separar semillas mediante una vara y un soporte, y producir hilo con una varilla lastrada que giraba mientras se extraía el algodón. Son procedimientos materiales precisos. Convertirlos en simples antecedentes del ejercicio físico borraría su finalidad productiva y el conocimiento necesario para manejar el material. (Johnson, 1921, pp. 123–124)
La alfarería se describe asimismo mediante operaciones sucesivas, desde preparar y mezclar la arcilla hasta moldearla. Mujeres y niñas participaban en ellas. El registro reconoce destreza en las formas obtenidas aunque la mida contra una tecnología que el autor toma como referencia. La lectura histórica debe conservar la acción documentada y separar esa valoración: la ausencia de una máquina determinada no convierte la habilidad manual en ausencia de conocimiento. (Johnson, 1921, pp. 125)
Trabajo, tiempo y desigualdad de participación
Johnson señala que hombres y mujeres participaban en comercio y tejido, pero describe una distribución desigual de descansos: atribuye a muchachos y jóvenes más horas disponibles que a las chicas, mientras las obligaciones de cuidado recaían sobre las madres. Es una apreciación del autor, no una encuesta de tiempo realizado en todos los hogares. Aun con ese límite, el pasaje invita a relacionar posibilidades de práctica con trabajo y cuidado, en vez de suponer que cada persona podía aprender en condiciones equivalentes. (Johnson, 1921, pp. 118, 124–125)
La historia de las habilidades que contiene este capítulo reúne varias relaciones: fabricación y actuación musical, memoria cantada y servicio real, coordinación manual y producción textil. El caso puede compararse con la relación entre música, oficio y autoridad en el registro baganda y con la dirección de danzas gikuyu. Las diferencias de fuente y ocasión deben permanecer visibles: ninguno de esos registros representa por sí solo toda la transmisión corporal de una región.
Bibliografía
- Johnson, S. (1921), editado por O. Johnson. The History of the Yorubas: From the Earliest Times to the Beginning of the British Protectorate. George Routledge & Sons. Prefacio editorial ix–x; oficios y aprendizaje, pp.117–126. Original de Boston Public Library.