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Aprendizaje por consecuencias y modificación de conducta

El aprendizaje por consecuencias estudia cambios de conducta relacionados con los efectos que siguen a una acción. El condicionamiento operante explica esas relaciones considerando también los antecedentes que señalan cuándo una conducta puede tener ciertas consecuencias; la modificación de conducta las sitúa dentro de una evaluación e intervención más amplias.

Resumen

El aprendizaje por consecuencias examina cómo los efectos de una acción se relacionan con su frecuencia posterior. Esta monografía explica antecedentes, consecuencias y condicionamiento operante desde el capítulo deportivo de David Tod, y los sitúa en el análisis funcional y la modificación de conducta expuestos por Milagros Ezquerro García-Noblejas. Distingue reforzamiento, castigo, extinción, programas de reforzamiento, moldeamiento y encadenamiento mediante ejemplos identificados como hipotéticos. También examina la participación del deportista en su propio cambio. La teoría de la integración organísmica, presentada por Luc G. Pelletier y Meredith Rocchi, sirve como comparación general para separar contingencias, razones para actuar e internalización. El recorrido muestra qué observaciones necesita cada explicación y por qué una conducta frecuente o persistente no revela por sí sola su regulación motivacional.

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Escena hipotética sobre un suelo de actividad: señal de inicio, una persona que entrega material y un grupo que comienza la tarea. Se distinguen antecedente, acción y acontecimiento posterior.
Figura 1. Tres funciones en una escena hipotética. EDUFISICA, elaboración original. Base conceptual: Tod (2022), capítulo 9; Ezquerro García-Noblejas (2015), capítulo 1. El orden observado orienta preguntas; no prueba por sí mismo causalidad. Esquema didáctico original de EDUFISICA. Bases conceptuales: [1] [2] Ampliar imagen.
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Escena hipotética sobre un suelo de actividad: señal de inicio, una persona que entrega material y un grupo que comienza la tarea. Se distinguen antecedente, acción y acontecimiento posterior.

  • Una escena permite separar tres funciones
  • Ejemplo hipotético: registrar el orden no demuestra una relación causal.
  • Antecedente
  • Conducta
  • Consecuencia
  • Señal de inicio
  • Entrega del material
  • Comienza la tarea compartida
  • Pregunta funcional: ¿cómo se relacionan estas observaciones?
  • EDUFISICA · Síntesis didáctica original

1. Las consecuencias forman parte de una explicación del aprendizaje

El aprendizaje por consecuencias examina cómo los efectos de una acción se relacionan con lo que la persona hará después. En la exposición de Tod, el condicionamiento operante afirma que las consecuencias influyen en la conducta. Su ejemplo deportivo es una rutina anterior al lanzamiento que se mantiene al asociarse con una mejora en la ejecución. La explicación se centra en la relación entre acción y efectos, no únicamente en la repetición del movimiento ni en la intención declarada de aprender.[1]

Tod sitúa el antecedente histórico en los trabajos de Thorndike con gatos que podían salir de una caja y obtener alimento mediante una acción. Relata la ley del efecto y, después, el desarrollo del condicionamiento operante de Skinner. El ejemplo animal ilustra el origen conceptual; no es un experimento con deportistas. El capítulo describe aplicaciones posteriores en el aprendizaje de habilidades físicas, sociales y psicológicas dentro del deporte, conservando la diferencia entre el origen de un principio y su uso en otro contexto.[1]

La pregunta central es qué explica una relación entre conducta y consecuencias y qué preguntas distintas plantean la regulación motivacional y la internalización. Para responderla hay que identificar la conducta, las condiciones en que aparece y lo que sigue a ella. Decir que una persona recibe un premio todavía no explica una relación de aprendizaje. Interesa saber qué acción se relaciona con ese premio y qué ocurre con su frecuencia. La explicación operante utiliza una función, no el nombre cotidiano del objeto entregado.[1]

La modificación de conducta tiene un alcance más amplio que administrar consecuencias. Ezquerro describe evaluación e intervención como procesos relacionados: los datos permiten formular hipótesis, esas hipótesis orientan objetivos y las evaluaciones posteriores permiten revisar lo realizado. También incorpora características personales y contexto. Esta amplitud importa para leer el artículo: aprender por consecuencias es uno de los procesos estudiados, mientras que planificar una intervención requiere conocer el problema, los recursos, la persona y las condiciones en que se desenvuelve.[2]

En un ejemplo hipotético, un entrenador desea aumentar una conducta de cooperación durante un ejercicio. Observar el cambio exige especificar qué se considera cooperación y cuándo hubo oportunidad de realizarla. Después puede estudiar las relaciones con señales previas e interacciones posteriores. Esa descripción inicial no establece qué mecanismo produjo el cambio. Ofrece preguntas contrastables y permite reconocer qué información falta, en vez de atribuir todo el resultado a la buena intención del entrenador o al carácter del deportista.[2]

2. Antecedente, conducta y consecuencia cumplen funciones distintas

Tod define el antecedente o estímulo discriminativo como una situación, persona, objeto o acontecimiento que señala que una conducta tendrá ciertas consecuencias. Es algo más preciso que cualquier hecho ocurrido antes. Un sonido, una instrucción o la presencia de alguien son candidatos a antecedente funcional cuando se relacionan con lo que puede suceder al actuar. Por ejemplo, el capítulo utiliza la presencia de un árbitro para explicar cómo determinadas señales pueden relacionarse con el cumplimiento de reglas.[1]

La conducta es la acción que se quiere describir. La consecuencia es lo que sucede después de ella y participa en la relación estudiada. El orden temporal ayuda a organizar una observación, pero la explicación necesita conocer las conexiones. En un ejemplo hipotético, se anuncia el inicio de una tarea, una jugadora entrega el material a su compañera y el grupo puede comenzar. El anuncio puede ser una señal pertinente; entregar el material es la acción; iniciar la tarea es un acontecimiento posterior cuyo papel todavía debe examinarse.[1][2]

Ezquerro propone incluir antecedentes, conducta y consecuencias al construir registros de observación deportivos. Relata sistemas que consideran decisiones en tenis, acciones en fútbol y conductas del entrenador en circunstancias de partido. Su interés es estudiar qué hace la persona en situaciones relevantes y qué sucede después, incorporando el contexto natural. Los ejemplos muestran que una acción adquiere significado dentro de oportunidades y condiciones: la misma respuesta puede aparecer tras un error, con ventaja en el marcador o en momentos de presión diferentes.[2]

La primera figura organiza esas funciones como una escena. Su equivalencia textual contiene una señal anterior, una acción identificada y un efecto posterior, acompañados por una pregunta sobre la relación observada. Las conexiones indican el orden que se registra; no prueban una causa. La separación ayuda a evitar descripciones circulares, como explicar que un deportista actúa de una forma porque recibe consecuencias y afirmar después que cualquier acontecimiento posterior confirma esa explicación.[1][2]

También cambia la lectura al escoger la conducta de interés. Una crítica del entrenador puede ser consecuencia de un retraso y, en otra observación, un acontecimiento previo al silencio del jugador. Este es un ejemplo hipotético de cambio de unidad de análisis. Antecedente y consecuencia no son etiquetas permanentes de una persona o de un mensaje. Son funciones que se describen respecto de una acción y una relación concreta, con información suficiente para examinar la hipótesis planteada.[2]

3. La conducta objetivo necesita una descripción reconocible

Una intervención puede comenzar con expresiones amplias, como participar más o entrenar con mayor responsabilidad. Para estudiar un cambio hacen falta acciones reconocibles. Ezquerro describe indicadores como latencia, frecuencia, persistencia y elección, y recuerda que las inferencias a partir de indicadores no constituyen verdades definitivas. Identificar una acción reduce ambigüedad en la observación, pero no permite convertir automáticamente su frecuencia en una medida completa de motivación, confianza o bienestar.[2]

La frecuencia también requiere una referencia a las oportunidades. En un ejemplo hipotético, realizar tres acciones de ayuda tiene una lectura distinta si hubo tres o doce situaciones en que podían realizarse. La duración de la observación y las condiciones de tarea deben acompañar el recuento. Ezquerro presenta la frecuencia en relación con oportunidades y destaca el seguimiento temporal de la conducta. Esa perspectiva permite comparar observaciones con mayor precisión que una impresión global sobre si el equipo estuvo comprometido.[2]

Tod incluye la especificación de una conducta y la recogida de datos iniciales dentro de un ejemplo de autorregulación. La línea de base describe lo que ocurría antes de introducir un plan. Sirve para conocer el punto de partida y detectar patrones que una valoración aislada puede pasar por alto. Una persona puede recordar sobre todo los episodios recientes o satisfactorios; el registro permite examinar la distribución de actividades. Esta función de descripción no convierte la línea de base por sí sola en una prueba causal.[1]

El objetivo conductual y el objetivo deportivo deben distinguirse. Aumentar una conducta durante el entrenamiento puede ser una meta intermedia, mientras que mejorar el desempeño exige otra observación. Ezquerro señala que rivales, minutos de participación y otros cambios de entrenamiento pueden afectar los resultados deportivos. Si un jugador obtiene más aciertos después de una intervención, todavía hace falta examinar esas condiciones. La precisión de una conducta objetivo ayuda a interpretar el proceso, pero no permite atribuirle todo cambio posterior en competición.[2]

Un registro útil para la explicación debe conservar el contexto, las acciones y los efectos que se pretenden estudiar. La propuesta es una inferencia metodológica apoyada en ambos capítulos: escoger categorías antes de interpretar resultados evita redefinir el objetivo según lo que terminó ocurriendo. Si la conducta no aumenta, esa observación también aporta información sobre la hipótesis. La revisión puede llevar a precisar el objetivo, reconsiderar las oportunidades o examinar otra relación, manteniendo una explicación que pueda contrastarse.[2][1]

4. Reforzamiento significa aumento de conducta, no aprobación moral

Tod define el reforzamiento por el aumento de la frecuencia de una conducta. En el reforzamiento positivo, ese aumento se relaciona con una consecuencia presentada; en el negativo, con retirar o evitar algo aversivo. El capítulo utiliza ejemplos de llegar temprano al entrenamiento para explicar ambos. Los términos positivo y negativo distinguen operaciones de la relación, no convierten la conducta en buena o mala ni expresan una recomendación sobre cómo debería tratar un entrenador a su equipo.[1]

La diferencia resulta clara en dos ejemplos hipotéticos. En el primero, una conducta de colaboración va seguida de un reconocimiento y aparece con mayor frecuencia en situaciones comparables. En el segundo, una acción que interrumpe una interacción desagradable se repite más. Ambos ilustran el aumento que define reforzamiento, aunque las relaciones sean distintas. Si el reconocimiento no se acompaña de un cambio de conducta, su nombre cotidiano no basta para llamarlo reforzador dentro de la relación estudiada.[1]

El reforzamiento negativo suele confundirse con castigo porque ambos pueden incluir experiencias aversivas. La diferencia está en la conducta cuyo cambio se examina. En el reforzamiento negativo aumenta la acción relacionada con retirada o evitación; en el castigo disminuye la acción relacionada con una consecuencia. El ejemplo de Tod contrasta llegar temprano para evitar críticas con reducir el retraso cuando este va seguido de una crítica. Examinar qué acción se seleccionó y qué cambio se observó es necesario para clasificar la relación.[1]

La segunda figura reúne dos preguntas: se presenta o retira una consecuencia, y la frecuencia de la conducta aumenta o disminuye. La equivalencia textual tiene cuatro combinaciones que permiten distinguir reforzamiento positivo, reforzamiento negativo, castigo positivo y castigo negativo. La matriz es una síntesis conceptual de las definiciones del capítulo. No mide efectos, no identifica automáticamente una relación a partir de un único episodio y no convierte todas sus combinaciones en estrategias deseables.[1]

Conocer a los deportistas también importa. Tod señala que difieren en lo que consideran útil o motivador: un gesto social puede apreciarse o no, y una ejecución satisfactoria puede reducir la necesidad de consecuencias añadidas. La clasificación exige atender a la función en esa relación, en vez de asumir que elogios, oportunidades o recompensas materiales tienen el mismo efecto en todas las personas. La observación y el ajuste individual conservan así un lugar dentro del enfoque conductual.[1]

Matriz que cruza presentación o retirada de consecuencias con aumento o disminución de conducta: cuatro combinaciones de reforzamiento y castigo.
Figura 2. Reforzamiento y castigo requieren atender a la función y a la operación. EDUFISICA, elaboración original. Base conceptual: Tod (2022), capítulo 9. Matriz de conceptos, sin datos ni recomendación de aplicar todas sus combinaciones. Esquema didáctico original de EDUFISICA. Bases conceptuales: [1] Ampliar imagen.
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Matriz que cruza presentación o retirada de consecuencias con aumento o disminución de conducta: cuatro combinaciones de reforzamiento y castigo.

  • Dos dimensiones ayudan a distinguir cuatro relaciones
  • La clasificación incluye el cambio de frecuencia de la conducta.
  • Se presenta
  • Se retira
  • Reforzamiento positivo
  • Reforzamiento negativo
  • Castigo positivo
  • Castigo negativo
  • Frecuencia aumenta
  • Frecuencia disminuye
  • Positivo y negativo distinguen operaciones; no son juicios morales.
  • EDUFISICA · Síntesis didáctica original

5. Castigo y extinción describen relaciones diferentes

El castigo se describe por una disminución de la frecuencia de conducta. Tod distingue presentación de una consecuencia aversiva y retirada de una consecuencia valorada. El primer caso se denomina castigo positivo; el segundo, negativo. La operación debe relacionarse con la conducta cuya disminución se examina. Un resultado desagradable no establece por sí mismo una relación de castigo: también hace falta observar qué acción cambió y bajo qué condiciones se comparan los episodios.[1]

La extinción es otra relación. En la exposición de Tod, una conducta deja de estar conectada con el reforzamiento que la mantenía. El capítulo diferencia esa ausencia de conexión de la retirada de una consecuencia valorada en el castigo negativo. La distinción evita usar como sinónimos retirar, ignorar y castigar. Interesa la relación previa y qué se modificó: interrumpir una contingencia que antes reforzaba la acción no es la misma descripción que retirar algo valorado como consecuencia de esa acción.[1]

Un ejemplo hipotético permite compararlas sin prescribir un procedimiento. Una conducta podría disminuir cuando deja de producir la atención que antes recibía; otra podría disminuir al relacionarse con la pérdida de una oportunidad valorada. Antes de clasificar los casos habría que conocer si esa atención mantenía la primera acción y si la retirada estaba vinculada a la segunda. Describir únicamente que el adulto hizo menos caso al participante dejaría sin resolver esas diferencias funcionales.[1]

Tod aconseja utilizar el castigo con moderación y expone posibles relaciones con temor al fracaso, vacilación y deterioro de la relación entrenador-deportista. El alcance importa: lograr una disminución de una conducta no resume toda la experiencia del participante. Tampoco demuestra por sí mismo qué alternativa aprendió. Como inferencia analítica, una evaluación de cambio necesita preguntar tanto por la acción reducida como por las conductas que interesa desarrollar y las condiciones en que pueden practicarse.[1]

Ezquerro recuerda que las buenas intenciones de personas relevantes pueden no coincidir con las consecuencias reales para el deportista. Su análisis del contexto ofrece una razón para revisar las interacciones y no explicar el resultado por la intención de corregir. La discusión une dos criterios: precisar qué relación de aprendizaje se está proponiendo y examinar su funcionamiento dentro de la situación. Esa unión permite discutir consecuencias sin reducir la intervención a conseguir obediencia inmediata.[2]

6. La relación también depende de cuándo aparece la consecuencia

Los programas de reforzamiento describen patrones y frecuencias de presentación. Tod diferencia programas continuos, en los que se refuerza cada aparición de la conducta, y programas intermitentes, que afectan a una parte de las apariciones. Esta distinción añade información a la pregunta sobre qué consecuencia se utiliza. Dos situaciones pueden compartir una consecuencia valorada y ofrecer relaciones diferentes si esta aparece siempre o solo en ciertos episodios.[1]

El capítulo organiza los programas intermitentes según razón o intervalo y según patrones fijos o variables. La razón atiende a ocurrencias de conducta; el intervalo organiza la relación según tiempo. Fijo indica un criterio estable de número o periodo; variable introduce cambios alrededor de un promedio. Estas definiciones describen dimensiones para analizar un patrón. No equivalen a recomendar una cantidad concreta de elogios ni permiten identificar un programa únicamente porque el entrenador diga que interviene algunas veces.[1]

La tercera figura usa dos instrumentos visuales distintos: una hilera de acontecimientos para la razón y un reloj para el intervalo. Su equivalencia textual es que contar ocurrencias y observar tiempo son maneras diferentes de organizar la relación. Un patrón fijo mantiene un criterio; uno variable cambia. Las marcas son ilustrativas, sin una dosis asignada a deportistas. El diseño permite comprender las dimensiones antes de interpretar cuál se observó en una actividad real.[1]

Tod relata diferencias entre aprendizaje y resistencia a la extinción en programas continuos y parciales. En su exposición, la relación continua facilita reconocer el vínculo y puede acelerar la adquisición, mientras que una relación parcial puede sostener más la conducta cuando deja de reforzarse. El capítulo contempla empezar con mayor continuidad y modificar el patrón después. Son principios expuestos por la fuente, cuya aplicación requiere describir la conducta, las condiciones y la experiencia del participante.[1]

Esta discusión muestra que frecuencia de acción, frecuencia de consecuencia y persistencia son datos distintos. En un ejemplo hipotético, un equipo podría mantener una conducta durante episodios sin reconocimiento inmediato porque su historial incluye consecuencias intermitentes. Ese patrón no permite concluir todavía que la conducta se ha vuelto autónoma o que sus motivos se internalizaron. La explicación operante dispone de preguntas propias sobre el historial; la comparación motivacional añadirá preguntas sobre razones y experiencia sin sustituir esa descripción.[1]

Ábaco ilustrativo para contar ocurrencias y reloj para observar tiempo; líneas inferiores contrastan criterio fijo y variable.
Figura 3. Dimensiones de los programas de reforzamiento. EDUFISICA, elaboración original. Base conceptual: Tod (2022), capítulo 9. Las marcas ilustran conceptos y no definen una dosis de intervención. Esquema didáctico original de EDUFISICA. Bases conceptuales: [1] Ampliar imagen.
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Ábaco ilustrativo para contar ocurrencias y reloj para observar tiempo; líneas inferiores contrastan criterio fijo y variable.

  • Contar ocurrencias y observar tiempo son criterios distintos
  • Instrumentos ilustrativos: las marcas no prescriben cantidades o tiempos.
  • Razón: ocurrencias
  • Intervalo: tiempo
  • Conductas realizadas
  • Tiempo transcurrido
  • Fijo: criterio estable
  • Variable: criterio cambiante
  • EDUFISICA · Síntesis didáctica original

7. Las señales ayudan a explicar cuándo aparece una conducta

Cuando una conducta se relaciona con antecedentes específicos, Tod habla de control por estímulos. Su exposición deportiva incluye señales ambientales para seleccionar una acción y la presencia de autoridades para anticipar consecuencias. El concepto señala una relación entre situaciones y respuestas, no que una señal aislada determine inevitablemente todo lo que hará la persona. Conocer los episodios de aprendizaje y las condiciones actuales ayuda a examinar qué significado funcional adquiere esa señal.[1]

La generalización operante describe una conducta que aparece ante antecedentes nuevos semejantes a otros previamente relacionados con ella. Tod utiliza el cumplimiento de reglas ante un árbitro distinto. La discriminación describe una respuesta que aparece ante un antecedente y no ante otro parecido. El contraste explica por qué no basta preguntar si una persona aprendió una acción; también interesa en qué circunstancias la realiza. Semejanza física y semejanza funcional no son datos intercambiables sin observar la relación.[1]

En un ejemplo hipotético, una señal de inicio puede organizar una conducta de preparación con un entrenador y dejar de hacerlo con otro. El dato invita a examinar qué cambió: instrucciones, oportunidades o efectos de preparar la tarea. No establece automáticamente falta de compromiso ni permite afirmar que el primer entrenador sea mejor. Una relación que dependía de ciertas condiciones puede no mantenerse cuando estas se modifican. Esa lectura exige comparar situaciones descritas, no emitir un juicio global sobre el participante.[1]

Ezquerro insiste en la interacción entre características personales y situación. Los datos de antecedente, acción y consecuencia se integran con información sobre procesos y experiencia. Esta perspectiva permite que una hipótesis sobre señales se contraste junto con otras. Una conducta podría cambiar porque cambió la tarea, porque la persona interpretó de otro modo una instrucción o porque disponía de oportunidades distintas. Identificar lo observado y lo inferido ayuda a mantener esas alternativas abiertas hasta contar con información suficiente.[2]

La consecuencia práctica de la comparación es precisa: evaluar un aprendizaje requiere describir sus condiciones de aparición. La afirmación es una inferencia metodológica a partir de los dos capítulos. Un recuento total puede ocultar que la respuesta se concentra en una situación; una observación aislada puede hacer parecer ausente una conducta que se realiza en otra. El análisis por situaciones ayuda a decidir qué relaciones merece la pena estudiar y qué parte del cambio sigue sin explicarse.[2][1]

8. Cambiar el entorno también forma parte de la intervención

Ezquerro diferencia intervenir directamente con el deportista y trabajar mediante personas relevantes, especialmente el entrenador. Relaciona la segunda vía con modificación ambiental: introducir cambios en antecedentes o consecuencias de la conducta. El entorno puede ser físico, como una tarea, lugar u horario, o social, como instrucciones e interacciones. Esta explicación amplía el foco más allá de una supuesta falta individual y permite estudiar condiciones concretas que participan en un problema.[2]

Una modificación de antecedentes puede cambiar las oportunidades de actuar. En un ejemplo hipotético, un ejercicio de cooperación plantea dificultades porque las instrucciones no aclaran cuándo cada participante debe entregar el material. Precisar la señal y la organización podría ser una intervención sobre condiciones previas. Añadir reconocimientos posteriores sería otra decisión, relacionada con consecuencias. Las dos no son equivalentes. Antes de elegir una explicación interesa observar qué parte de la situación dificultaba la acción y qué cambia cuando se ajusta.[2][1]

La intervención indirecta tampoco significa que el entrenador sea un intermediario sin conducta propia. Ezquerro contempla asesorar o modificar sus acciones para generar cambios en la interacción. Un comentario, una oportunidad de participación o una instrucción forman parte del entorno del deportista. También pueden convertirse en acciones objetivo al analizar al entrenador. El foco depende del problema y de las relaciones seleccionadas, de modo que una misma escena puede requerir estudiar a varias personas sin confundir sus funciones.[2]

La autora incluye familia, amigos y compañeros entre las personas relevantes y señala que su influencia puede ser beneficiosa o perjudicial. Las buenas intenciones no bastan para conocer el resultado. Esto exige describir interacciones y consecuencias reales, en vez de atribuir utilidad a cualquier apoyo declarado. En un caso hipotético, insistir continuamente en que un deportista participe podría relacionarse con una respuesta distinta de la buscada; esa posibilidad debe examinarse antes de considerar la insistencia una ayuda.[2]

La modificación ambiental se inserta en una evaluación de necesidades. Ezquerro expone el principio de intervención mínima: analizar el caso y planificar una intervención sencilla que corresponda a los objetivos. La idea no equivale a elegir siempre una sola técnica ni a cambiar el entorno sin consultar a la persona. Sitúa la decisión en lo que el caso requiere. El capítulo también destaca participación activa, autonomía y percepción de control, mostrando que su marco de modificación de conducta no se reduce a imponer condiciones desde fuera.[2]

9. Moldeamiento y encadenamiento organizan cambios distintos

El moldeamiento o método de aproximaciones sucesivas consiste, según Tod, en reforzar aproximaciones a una conducta final. Su ejemplo deportivo trabaja ajustes progresivos de la posición de pies de una bateadora. La lógica permite describir cambios cuando la respuesta buscada todavía no aparece con la forma deseada. Cada aproximación se relaciona con un criterio de progreso, en vez de esperar a que la conducta completa surja antes de reconocer cualquier cambio.[1]

El criterio de aproximación debe corresponder al objetivo. En un ejemplo hipotético, un entrenador observa mejoras graduales en una acción de coordinación y cambia qué respuestas reconoce a medida que se acercan al patrón buscado. Una mejora en otro aspecto puede ser valiosa, pero no representa necesariamente la misma aproximación. Esta precisión impide usar moldeamiento como nombre general de cualquier felicitación durante el aprendizaje. La relación se describe por el cambio seleccionado y las consecuencias asociadas.[1]

El encadenamiento se refiere a desarrollar una secuencia de conductas. Tod lo ilustra con componentes de una rutina de patinaje o danza: la oportunidad de realizar el siguiente componente se relaciona con el dominio del anterior. La diferencia respecto del moldeamiento está en lo que se organiza. Uno trabaja aproximaciones de la respuesta final; el otro conecta acciones que forman una secuencia. Pueden compartir un propósito de aprendizaje, pero no son nombres intercambiables del mismo procedimiento.[1]

La cuarta figura expresa ese contraste con dos composiciones: una progresión de aproximaciones a una forma objetivo y una cadena de acciones diferenciadas. Su equivalencia textual distingue mejorar una respuesta y relacionar componentes sucesivos. Las marcas no representan niveles validados, edades o cantidades obligatorias de ensayos. El diseño utiliza las definiciones deportivas del capítulo para reconocer la pregunta que resuelve cada relación, conservando separado el resultado conceptual de cualquier evaluación de eficacia.[1]

La observación de progreso sigue necesitando contexto. Ezquerro sitúa los objetivos de intervención en hipótesis formuladas a partir de datos. Un esquema de aproximaciones o una secuencia puede describirse con claridad y, aun así, no responder al problema específico del deportista. Como inferencia analítica, seleccionar la técnica por su nombre sería insuficiente sin identificar la acción, las condiciones de aprendizaje y las oportunidades de practicarla. El marco de evaluación permite revisar esa correspondencia durante el proceso.[2]

A la izquierda, formas sucesivas se acercan a una respuesta objetivo sobre escalones; a la derecha, tres acciones enlazadas forman una secuencia.
Figura 4. Moldeamiento y encadenamiento responden a preguntas diferentes. EDUFISICA, elaboración original. Base conceptual: Tod (2022), capítulo 9. Las formas son abstractas y no constituyen etapas de desarrollo o un protocolo. Esquema didáctico original de EDUFISICA. Bases conceptuales: [1] Ampliar imagen.
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A la izquierda, formas sucesivas se acercan a una respuesta objetivo sobre escalones; a la derecha, tres acciones enlazadas forman una secuencia.

  • Aproximar una respuesta y conectar acciones son tareas distintas
  • Esquemas conceptuales sin niveles o ensayos obligatorios.
  • Moldeamiento
  • Encadenamiento
  • Aproximación
  • Aproximación
  • Forma objetivo
  • Acción A
  • Acción B
  • Acción C
  • Una respuesta se aproxima al objetivo
  • Acciones forman una secuencia
  • EDUFISICA · Síntesis didáctica original

10. La persona puede participar en modificar sus propias condiciones

Tod utiliza autorregulación para describir al deportista que aplica principios operantes a su propio cambio. Su ejemplo ilustrativo es un golfista que identifica una práctica poco organizada y quiere dedicar mayor atención a golpes débiles. Es un caso construido para explicar elementos del programa, no un estudio con resultados publicados. El recorrido incluye especificar una conducta, recoger datos iniciales, examinar antecedentes y consecuencias, elaborar un plan y seguir evaluando lo ocurrido.[1]

En la línea de base del ejemplo, el golfista reconoce que dedica buena parte del entrenamiento a golpes que le agradan o que funcionaron en una competición reciente. El dato describe una distribución de actividad distinta del objetivo. Después organiza una revisión de registros antes de practicar y prepara un plan escrito. Esta modificación afecta a condiciones previas. La actividad de planificación tiene una función en el caso: orientar qué hará al llegar al entrenamiento, en vez de tratar la intención general de mejorar como una organización suficiente.[1]

El ejemplo también incorpora una economía de fichas: el golfista vincula una conducta de entrenamiento a dinero simbólico que representa gasto permitido en otras aficiones. La exposición ilustra una relación entre conducta y consecuencia definida por la propia persona. No establece que ese recurso sea necesario o eficaz para cualquier deportista. Tod destaca que los planes pueden necesitar revisión porque las necesidades y circunstancias cambian. La modificación del programa pertenece al proceso descrito, no a una demostración de éxito del caso.[1]

Además de registros de entrenamiento y competición, el ejemplo contempla ansiedad, pensamientos y confianza antes de jugar. Esos datos amplían lo que se evalúa. El hecho de organizar condiciones por uno mismo no demuestra que todas las razones para actuar sean autónomas en el sentido de SDT. La palabra autorregulación aparece aquí en un uso conductual referido a participación en el programa. La comparación posterior distinguirá ese uso del grado en que la persona acepta o integra las razones de su conducta.[1][3]

Ezquerro también destaca la participación activa del individuo en su cambio y la adecuación de recursos a sus características. Esto permite conservar una lectura centrada en el deportista: conocer qué necesita, qué puede observar y qué condiciones desea trabajar. La colaboración no se describe únicamente por quién entrega una consecuencia. Interesa la relación entre objetivos, acciones, información y experiencia, dentro de un plan cuya utilidad debe evaluarse en el caso concreto.[2]

11. El análisis funcional incluye más que una cadena visible

Ezquerro define el análisis funcional como una organización de relaciones entre variables implicadas en la conducta y el contexto donde aparece. Parte de información para formular hipótesis explicativas y considera su comprobación el hilo de la intervención. Por tanto, registrar antecedentes, acciones y consecuencias es una base importante, pero la organización de tres elementos no equivale automáticamente a un análisis terminado. La relación propuesta necesita contrastarse con otros datos relevantes del caso.[2]

Su exposición incorpora variables directamente observables y procesos encubiertos inferidos a partir de indicadores. También incluye la interpretación subjetiva de las consecuencias y características más estables, como historia de aprendizaje, creencias, valores y experiencia. Ese marco permite considerar que dos personas respondan de manera distinta ante una situación parecida. Conservar la diferencia entre observar e inferir es fundamental: el registro de una acción no hace directamente visible toda valoración que pudo acompañarla.[2]

En un ejemplo hipotético, un jugador abandona una tarea tras varios errores. La observación aporta una secuencia; las explicaciones pueden considerar consecuencias de abandonar, interpretación de los errores o condiciones de la actividad. Preguntar al jugador y revisar episodios comparables aporta información diferente de contar abandonos. El propósito es examinar hipótesis, no escoger una causa por la apariencia de la escena. Ezquerro señala que los indicadores ofrecen pistas que deben contrastarse, incluidos los que intentan describir motivación.[2]

La comparación con Tod requiere reconocer la escala de cada exposición. Tod presenta la explicación operante y sus conceptos en un capítulo sobre adquisición y modificación de conducta. Ezquerro describe un proceso profesional que organiza variables observables y encubiertas. Sus alcances se relacionan, pero no son idénticos. No sería preciso atribuir a toda modificación de conducta la idea de que pensamientos y sentimientos deben quedar fuera, cuando el capítulo deportivo de Ezquerro los incorpora explícitamente al análisis.[1][2]

Esta distinción también evita identificar cualquier intervención ambiental con condicionamiento operante ya demostrado. Cambiar una instrucción o un horario es una acción sobre el contexto; demostrar su papel requiere examinar la relación propuesta. Como inferencia metodológica, describir qué se modificó y qué datos se obtuvieron mantiene separadas intervención e interpretación. Esa separación permite revisar el proceso si aparece un cambio imprevisto, una finalidad que la autora sitúa desde la introducción de su capítulo.[2]

12. Una consecuencia y una razón para actuar no son la misma pregunta

Pelletier y Rocchi comienzan su capítulo general preguntando por las razones para actuar. Incluyen incentivos, aprobación social, compulsiones, valores personales y disfrute. En la teoría de la integración organísmica, interesa cómo se regula una conducta y cuánto se acepta su razón. La comparación añade una pregunta distinta a la operante: conocer qué consecuencia se relaciona con una acción no determina por sí mismo la experiencia o el motivo con que la persona realiza esa acción.[3]

La regulación externa se refiere a actuar para obtener recompensas, evitar consecuencias negativas o cumplir demandas de otros. La regulación introyectada incorpora presiones internas, como evitar culpa o sostener valía personal. Pelletier y Rocchi destacan que esta presión interior no constituye por sí misma autonomía. Las regulaciones identificada e integrada incluyen valoración personal y coherencia con otras dimensiones del yo. Es una distinción general de SDT, utilizada aquí para comparar preguntas, sin convertirla en un experimento deportivo.[3]

Preguntas de los marcos comparados
PerspectivaPreguntaInformación pertinente
Relación operante¿Cómo cambia una acción al relacionarse con antecedentes y consecuencias?Episodios, condiciones, frecuencia e historial.
Análisis funcional¿Qué variables e interacciones explican la conducta del caso?Datos observables, indicadores, contexto e hipótesis.
Integración organísmica¿Por qué actúa la persona y cómo acepta esas razones?Regulación, experiencia y proceso de internalización.

En un ejemplo hipotético general, varias personas colaboran en una tarea: una busca un incentivo, otra evita sentirse culpable y otra considera la actividad importante. La acción visible puede ser parecida y las razones diferentes. Si después aparece un reconocimiento, su presencia no identifica automáticamente esas regulaciones. Tampoco una razón declarada reconstruye toda la relación de aprendizaje. Cada explicación necesita información correspondiente a su pregunta, una distinción compatible con el contraste de indicadores que propone Ezquerro.[3][2]

La quinta figura coloca sobre una misma acción dos instrumentos de lectura: un instrumento para observar condiciones y cambios, y otro para examinar motivos y aceptación. Su equivalencia textual mantiene las preguntas separadas y conectadas por la conducta estudiada. El dibujo no representa equivalencia entre categorías ni una conversión automática de reforzamiento a internalización. Así permite comparar marcos sin exigir que uno sustituya al otro o que sus términos tengan el mismo significado.[1][3]

Una lupa observa condiciones y cambios de conducta; un libro examina razones y aceptación. Entre ambos aparece una persona realizando la acción observada.
Figura 5. Comparar preguntas operantes y de regulación motivacional. EDUFISICA, elaboración original. Base conceptual: Tod (2022), capítulo 9; Pelletier y Rocchi (2023), capítulo 3, como base general. No representa un experimento ni una transferencia deportiva verificada. Esquema didáctico original de EDUFISICA. Bases conceptuales: [1] [3] Ampliar imagen.
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Una lupa observa condiciones y cambios de conducta; un libro examina razones y aceptación. Entre ambos aparece una persona realizando la acción observada.

  • Dos lecturas de una misma conducta
  • Comparación conceptual: las categorías no se convierten automáticamente.
  • Cuándo ocurre Qué la precede Qué sigue
  • Por qué actúa
  • Cómo lo acepta
  • Condiciones y cambio de acción
  • Conducta observada
  • Razones y regulación
  • Cada pregunta requiere información correspondiente.
  • EDUFISICA · Síntesis didáctica original

13. Persistir sin una consecuencia inmediata no prueba internalización

La internalización describe, en Pelletier y Rocchi, la asimilación de valores y prácticas sociales dentro de la regulación personal. Puede producirse con grados diferentes de aceptación. La integración añade coherencia con otras necesidades y valores. La exposición general distingue realizar una conducta bajo presión y realizarla porque se reconoce su importancia. Esa diferencia no se identifica simplemente contando cuántas veces apareció la acción o comprobando que ocurrió cuando otra persona no estaba presente.[3]

Los programas operantes ofrecen una razón para esa cautela: Tod relaciona historiales intermitentes con mayor resistencia a la extinción que historiales continuos. Una conducta puede persistir durante episodios sin reforzamiento inmediato y seguir siendo explicable en relación con ese historial. Por tanto, mantener una acción cuando una consecuencia no aparece no basta para concluir que su motivo se ha integrado. La conclusión es una inferencia comparativa entre las preguntas y definiciones de las fuentes, no un resultado de un estudio deportivo nuevo.[1][3]

La distinción entre presión interna y autonomía aporta otro criterio. Pelletier y Rocchi describen conductas introyectadas que se sostienen mediante contingencias de autoestima o culpa. Que el participante organice por sí mismo una exigencia no demuestra que la acepte con volición. A su vez, una actividad instrumental puede ser valorada personalmente y conservar carácter extrínseco, porque se realiza para un resultado distinto del disfrute de la propia acción. Externo, extrínseco e impuesto no funcionan como sinónimos en este marco.[3]

La fuente general sitúa la internalización en interacciones sociales que apoyan o dificultan autonomía, competencia y relación. Describe reconocimiento de perspectivas, oportunidades de iniciativa y orientaciones claras, además de formas de presión. En esta monografía son bases conceptuales para examinar la calidad de la experiencia; no se les atribuyen efectos verificados en un equipo a partir de una simple transferencia. Una aplicación deportiva concreta necesitaría datos de ese contexto y una definición de qué proceso se pretende evaluar.[3]

En un ejemplo hipotético general, una persona sigue colaborando después de retirarse un incentivo. El dato permite formular preguntas sobre su historial y sus razones, pero no resolverlas de una vez. Puede interesar qué anticipa, qué valora y cómo interpreta la actividad. La explicación gana precisión al reconocer esa información pendiente. Identificar una relación de persistencia y conocer el grado de internalización son tareas relacionadas que requieren observaciones diferentes.[1][3]

14. Evaluar el cambio conserva separadas conducta, experiencia y desempeño

Un caso deportivo hipotético permite reunir las distinciones. Un equipo quiere aumentar entregas de material que permiten iniciar un ejercicio compartido. Primero se describe la conducta y las oportunidades en que puede ocurrir. Después se registran instrucciones previas, acciones y acontecimientos posteriores. El entrenador y los participantes revisan qué condiciones están dificultando la colaboración. Esta descripción combina conceptos deportivos de Tod y Ezquerro; no corresponde a un experimento realizado ni anticipa el resultado de una intervención.[1][2]

Si se introduce un cambio, el registro debe permitir reconocer qué se modificó. Aclarar una señal, alterar la organización y presentar una consecuencia son decisiones diferentes. Cambiarlas a la vez puede dificultar atribuir un resultado a una relación específica. La afirmación es una inferencia metodológica a partir de la evaluación de variables que propone Ezquerro. El objetivo es conservar una explicación revisable, con información sobre condiciones y oportunidades, en lugar de considerar confirmado todo el marco cuando la conducta aumenta.[2]

Las consecuencias añadidas necesitan examinarse por su función y por la experiencia del participante. Tod recuerda diferencias individuales y aconseja revisar los planes cuando cambian necesidades y circunstancias. Ezquerro incorpora participación activa y objetivos específicos. En el caso hipotético, conocer si los deportistas comprenden la finalidad y cómo valoran la interacción aporta información distinta del número de entregas. Esa información puede orientar nuevas preguntas sin convertirse automáticamente en una medida de autonomía o internalización.[1][2]

La comparación general con Pelletier y Rocchi permite preguntar por razones: incentivo, presión, valoración personal u otras combinaciones pertinentes. Una respuesta no reclasifica sin más todo el historial operante. Tampoco el incremento conductual demuestra una regulación autónoma. Si interesa estudiar la internalización, hace falta definirla y evaluarla como tal. Mantener esta correspondencia entre concepto y observación permite que el diálogo entre marcos sea productivo, conservando los límites de las fuentes y de cada dato recogido.[3]

Finalmente, un cambio de conducta de entrenamiento y una mejora deportiva son resultados distintos. Ezquerro pide examinar otras variables del desempeño y realizar evaluaciones sucesivas; Tod describe acciones y consecuencias dentro de programas adaptados a la persona. La lectura conjunta permite formular preguntas concretas sobre qué cambió, en qué situaciones y con qué experiencia. Aprender por consecuencias explica relaciones importantes de acción y contexto. Comprender una intervención y la regulación de esa acción añade información que merece mantenerse explícita en la evaluación.[2][1][3]

Referencias bibliográficas

  1. Tod, D. (2022). Sport psychology: The basics (2nd ed.). Routledge.

    Capítulo 9. Physical skill acquisition and behaviour modification

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  2. Ezquerro García-Noblejas, M. (2015). Evaluación conductual e intervención psicológica en el deporte. En A. García-Naveira Vaamonde & L. Locatelli Dalimier (Coords.), Avances en psicología del deporte. Editorial Paidotribo.

    Capítulo 1. Evaluación conductual e intervención psicológica en el deporte

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  3. Pelletier, L. G., & Rocchi, M. (2023). Organismic integration theory: A theory of regulatory styles, internalization, integration, and human functioning in society. In R. M. Ryan (Ed.), The Oxford handbook of self-determination theory (pp. 53–83). Oxford University Press.

    Capítulo 3. Organismic integration theory: A theory of regulatory styles, internalization, integration, and human functioning in society

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Fuentes, alcance de las ediciones y criterios de lectura.