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Oceanía · Hawaiʻi · Siglos XVIII–XIX · registro publicado en 1899

Hawaiʻi: juegos, materiales y transmisión práctica en el registro de 1899

Maika, holua, surf, juegos de manos y ocultamiento: prácticas hawaianas en testimonios y documentos reunidos por Stewart Culin.

Historia y fundamentos · 9 minutos de lectura

Ilustración conceptual de una piedra sólida, dos marcadores, una tabla y una cuerda ante un paisaje oceánico abstracto.EDUFISICA
Ilustración conceptual de materiales y entorno. No representa un objeto arqueológico ni una escena histórica documentada.

Cuatro interlocutores y un repertorio en transformación

En 1899, Stewart Culin publicó un repertorio de juegos de Hawaiʻi que permite acercarse a movimientos, materiales y formas de reunión con una precisión poco habitual en las panorámicas generales. Sus principales interlocutores fueron cuatro marineros de Honolulu: Aka, también identificado como Kamehameha; Daviese Kahimoku; Welakahao; y Hale Paka, llamado Harry Park. Ellos aportaron nombres y descripciones que Culin contrastó con el diccionario hawaiano de Andrews y con relatos anteriores. El resultado reúne experiencias cercanas a esos interlocutores, recuerdos y documentación escrita de distintas épocas. (Culin, 1899, pp. 201–202)

Esa diversidad importa para situar la lectura. Una descripción comunicada por los marineros no tiene la misma procedencia que un pasaje de los viajes de Cook o que una pieza conservada en un museo. Culin registra estas diferencias, aunque su propósito comparativo lo lleva a colocar juntos juegos de Hawaiʻi y analogías de otras islas. Aquí seguimos los casos hawaianos y mantenemos visible cuándo el relato procede de una fuente anterior citada por él.

El repertorio tampoco presenta una cultura inmóvil. Incluye guantes de boxeo, pelotas de caucho, monedas y cartas extranjeras, junto a cuerdas vegetales, piedras, tejidos de corteza y materiales de coco. En determinados juegos, los propios interlocutores distinguen una forma anterior de otra reciente. Estas observaciones permiten estudiar transformaciones concretas, sin atribuir la misma antigüedad a todo lo que se jugaba a finales del siglo XIX. (Culin, 1899, pp. 207,227,229,246)

Makahiki: el juego dentro de un calendario colectivo

El artículo sitúa diversas competiciones en Makahiki, una celebración vinculada con Lono. La reconstrucción de Culin utiliza sobre todo bibliografía anterior: describe preparación ceremonial, periodos de restricción y circulación de tributos entre territorios. Dentro de ese marco aparecen encuentros de lucha, boxeo, carreras, deslizamientos y lanzamientos de piedras. La actividad corporal estaba relacionada con reuniones, autoridad y calendario, en lugar de constituir una asignatura escolar separada. (Culin, 1899, pp. 203–205)

Conviene conservar la procedencia de esa reconstrucción: Culin no afirma haber presenciado la secuencia histórica completa que explica. Los relatos recogidos en su artículo permiten reconocer una organización de tiempo y participación, pero no resolver por sí solos todas las variaciones locales o cronológicas de la celebración. También su vocabulario sobre apuestas y conducta pertenece a una literatura con valoraciones externas; esas valoraciones no deben confundirse con una descripción neutral de las motivaciones de cada participante.

Para el presente cercano a sus interlocutores, el texto menciona reuniones festivas con premios o apuestas de alimentos y otros bienes. En ellas, observar una competición era parte de la experiencia colectiva: junto a quien lanzaba o corría estaban quienes apoyaban, discutían resultados o comprometían bienes. El juego movilizaba relaciones sociales además de habilidades individuales. (Culin, 1899, pp. 202,210–211)

Maika: piedras, superficies y aprendizaje por práctica

Maika muestra con especial claridad la relación entre técnica y espacio. En la descripción de Brigham que Culin incorpora, hacía falta una pista alisada, denominada kahua. El objeto podía rodarse para alcanzar distancia, pasar entre dos marcas próximas al extremo de la pista o enfrentarse a otro objeto para probar su resistencia. Estas modalidades exigían acciones distintas: impulsar con fuerza, orientar con precisión o valorar las propiedades materiales de la piedra. (Culin, 1899, pp. 237–238)

Las piezas no tenían una única forma. El registro reúne ejemplares esféricos y otros semejantes a cilindros bajos con extremos algo convexos; menciona lava, coral y otros materiales. Su diversidad ayuda a entender por qué no basta decir que se lanzaban piedras. La forma, el peso y el acabado intervenían en la trayectoria y en el cuidado del objeto. Culin, mediante Brigham, señala que las piezas escogidas se aceitaban y se guardaban envueltas en kapa. (Culin, 1899, pp. 237–238)

El mismo pasaje documenta una práctica infantil concreta: los niños utilizaban piezas sin terminar para ejercitarse. Esta observación ofrece una evidencia de aprendizaje distinta de un programa formal. Había material para practicar antes de emplear objetos más elaborados, aunque el texto no describe una secuencia de lecciones ni identifica a todos los adultos que podían acompañar ese proceso. La existencia de entrenamiento y práctica resulta documentable; un sistema universal de enseñanza no. (Culin, 1899, pp. 237)

El juego también cambió de nombre y uso. Los marineros dijeron a Culin que la forma antigua había desaparecido de su experiencia y que aplicaban ulu maika al juego de bolos con pines. Su testimonio describe una transformación terminológica situada. No prueba que la práctica anterior hubiera desaparecido simultáneamente de todas las islas. (Culin, 1899, pp. 238)

Holua y surf: construir el equipo, conocer la superficie

En holua, el deslizamiento dependía de un artefacto estrecho y de una pista preparada. Culin recoge de Ellis una descripción de dos patines unidos por piezas transversales y barras superiores: el participante corría, se colocaba sobre el equipo y mantenía el equilibrio mientras descendía. Brigham, citado a continuación, describe rellenos de piedra, tierra compactada y hierba seca para producir una superficie deslizante. La técnica corporal se apoyaba así en trabajo previo sobre el terreno. (Culin, 1899, pp. 214–215)

Estos detalles proceden de los autores anteriores que Culin reúne. Sus marineros, en cambio, le dijeron que ese juego ya no se practicaba. La diferencia entre descripción escrita, objeto conservado y experiencia recordada impide presentar holua como una escena observada por Culin en 1899. Permite, en cambio, seguir cómo una práctica permanecía en relatos y colecciones cuando sus interlocutores la situaban fuera de su presente. (Culin, 1899, pp. 214–216)

En las descripciones del surf aparecen también operaciones anteriores y posteriores al recorrido sobre la ola: fabricar la tabla, desplazarse hasta la zona de rompientes, elegir el momento de entrada y cuidar la madera después del uso. El artículo reúne versiones que mencionan posiciones tendidas, de rodillas o de pie; la referencia a hombres y mujeres procede del pasaje de Brigham. No conviene reducir esa diversidad a la imagen actual de una única postura y un único tipo de tabla. (Culin, 1899, pp. 212–213)

La lectura conjunta de ambos casos muestra aprendizajes ligados al entorno. El recorrido tenía que ajustarse a una superficie construida o a un movimiento del agua que no controlaba el participante. Esta es una interpretación de las acciones descritas, no una reconstrucción de lecciones que las fuentes no conservan. El equipo y el lugar permiten explicar parte de la habilidad sin inventar un currículo ancestral.

Manos, ritmo y colaboración entre participantes

El repertorio conserva asimismo juegos de menor desplazamiento. En pai pai lima, dos personas enfrentadas alternaban palmadas propias y contactos con las manos de su compañera, siguiendo un canto. Culin lo describe como juego de niñas. La coordinación dependía de mantener un orden común, anticipar el siguiente contacto y sostener el ritmo entre ambas participantes; el texto documenta la secuencia, aunque no ofrece el proceso por el que cada niña la aprendía. (Culin, 1899, pp. 216)

En otro juego, una persona señalaba partes del cuerpo y las demás debían responder señalando una parte diferente según un orden establecido. El reto consistía precisamente en no copiar el gesto visible. La ejecución combinaba atención a quien dirigía con recuerdo de la respuesta correspondiente. Este ejemplo amplía el campo corporal más allá de fuerza o distancia: la relación entre consigna, memoria y acción era parte del juego descrito. (Culin, 1899, pp. 217)

Las figuras de cuerda, denominadas hei en el artículo, requerían movimientos rápidos y, a veces, ayuda de otra persona. Entre sus nombres aparecen casas, redes y objetos del mundo cotidiano, pero también referencias recientes como naipes o una bomba de agua. Culin registra formas y dibujos; sus conjeturas comparativas sobre otros pueblos pertenecen a un nivel distinto. Para comprender el caso hawaiano, interesa la destreza de manos y la colaboración documentada, sin convertir una semejanza gráfica en prueba de un origen compartido. (Culin, 1899, pp. 222–223)

Puhenehene: observar el cuerpo de quien oculta

En puhenehene, una piedra se escondía bajo tejidos y el otro grupo debía localizarla. La extensa descripción que Culin toma de Ellis presenta conjuntos de cinco participantes, una persona encargada de ocultar y varillas para señalar el lugar elegido. Quienes adivinaban observaban el brazo y el rostro del encargado de esconderla; este intentaba evitar señales involuntarias. La disputa combinaba atención, ocultamiento y acuerdos sobre turnos y puntuación. (Culin, 1899, pp. 239–240)

La organización no era idéntica en todas las descripciones. Corney, citado por Culin, refiere tres tejidos y seis participantes; Ellis presenta cinco lugares. Los propios marineros dijeron que no se jugaba entonces en Honolulu, aunque habían visto participar a hombres de Kauaʻi. Estas diferencias son información histórica: muestran versiones, circulación y memorias que un reglamento uniforme borraría. (Culin, 1899, pp. 240–241)

El caso permite entender por qué una historia de la formación corporal necesita atender también a miradas, pequeños gestos y decisiones colectivas. No todo conocimiento práctico queda expresado en una carrera o un salto. Aquí el cuerpo podía ofrecer una pista que una persona trataba de leer y la otra de controlar. Esa interpretación procede de las acciones descritas; no implica atribuir a los participantes una teoría psicológica que el artículo no recoge.

Materiales nuevos y nombres que permanecen

Culin distingue un juego de pelota con una bola de kapa y hoyos como metas de una forma reciente con pelota de caucho y postes unidos por una cuerda. También describe trompos con puntas de hierro y juegos de monedas hawaianas. El repertorio registra, por tanto, apropiaciones y modificaciones materiales, no una lista exclusivamente anterior al contacto extranjero. (Culin, 1899, pp. 221,227,229)

Estas transformaciones ofrecen una vía para comparar historias insulares sin igualarlas. En Samoa, la monografía de Te Rangi Hīroa permite seguir otros materiales y relaciones entre juego y palabra; en Banks y Mota, aparecen otras conexiones entre temporadas, canto y competición. Los vínculos sirven para recorrer problemas compartidos, mientras cada artículo conserva sus comunidades, fechas y fuentes.

El registro hawaiano de 1899 tiene un alcance definido: testimonios de cuatro interlocutores de Honolulu, lecturas anteriores y objetos de colecciones. Dentro de ese marco, aporta prácticas detalladas y diferencias temporales que ayudan a comprender una cultura lúdica en cambio. Su valor histórico reside en esas relaciones concretas entre personas, espacios, materiales y reglas, sin convertir el repertorio en una representación completa de todos los saberes hawaianos.

Bibliografía

  1. Culin, S. (1899). Hawaiian Games. American Anthropologist, 1(2), 201–247. DOI. Los relatos de Ellis, Brigham, Corney y otros autores se examinan mediante esta fuente, conservando su procedencia.