
EDUFISICAIslas y testimonios dentro de una investigación del siglo XIX
Codrington relacionó los juegos de lanzamiento de las islas Banks con cañas que se utilizaban para sostener plantas de ñame. Un canto podía orientar los pasos de una danza, y el conteo adoptar formas distintas durante una partida. Estas relaciones entre trabajo, palabra y movimiento se encuentran en The Melanesians, publicado por Robert Henry Codrington en Clarendon Press en 1891. El libro permite examinar prácticas de lugares identificados; no describe una cultura melanesia única ni un sistema escolar común a todas las islas. (Codrington, 1891, pp. 333–335,340–342)
Codrington sitúa sus observaciones e indagaciones entre 1863 y 1887. Parte de ellas ocurrió en las islas, pero reconoce que la mayor parte se desarrolló en Norfolk Island, donde personas procedentes de distintos lugares se reunían para recibir instrucción. El prefacio identifica antiguos alumnos y maestros como interlocutores. Entre ellos figuran George Sarawia, relacionado con las islas Banks, y Walter Woser, procedente de Motlav. (Codrington, 1891, pp. v–vii)
Por tanto, el documento reúne observaciones y conocimientos comunicados en una institución misionera. Ese encuentro contribuyó a conservar nombres y descripciones, aunque la organización del libro y sus valoraciones pertenecen al investigador. El relato histórico debe mantener ambas dimensiones: las personas isleñas aportaron saberes, mientras Codrington los seleccionó y presentó desde su posición de misionero y autor. (Codrington, 1891, pp. v–vii)
La sección que sigue se concentra en Banks y, dentro de ese conjunto, en Mota y la isla que el libro identifica como Santa Maria, donde distingue Gaua y Lakona. Las comparaciones con otros lugares se conservan cuando ayudan a comprender una diferencia concreta. No se atribuye una antigüedad precolonial determinada a juegos cuya fecha de origen el capítulo no establece. (Codrington, 1891, pp. 334,340–341)
Tika: temporada, trayectoria y puntuación
El tika consistía en impulsar una caña contra el suelo de manera que rebotara y recorriera una distancia considerable. Codrington lo registra en las islas Banks y las Nuevas Hébridas. En Santa Maria menciona el empleo de una cuerda para dar impulso, además de lanzamientos con el pie en algunos lugares. Las técnicas variaban: el nombre compartido no borra las diferencias de ejecución. (Codrington, 1891, pp. 340)
El calendario de la práctica se vinculaba con la extracción de los ñames. El autor relaciona las cañas del juego con aquellas que habían sostenido las plantas trepadoras, aunque presenta su uso original como una explicación probable. Lo documentado con mayor firmeza es la asociación entre temporada agrícola y juego; la hipótesis sobre su origen material conserva el carácter tentativo con el que aparece en el libro. (Codrington, 1891, pp. 340)
Dos grupos competían y los lanzamientos más largos daban lugar a un conteo expresado en cerdos. El número contado dependía de los nudos de la caña vencedora. La descripción no precisa en ese pasaje una entrega efectiva de animales por cada resultado, de modo que no conviene convertir la unidad de cuenta en una apuesta material demostrada. Las cañas llevaban marcas que identificaban a sus propietarios. (Codrington, 1891, pp. 340)
La puntuación introduce otra dimensión del juego. En Mota, Codrington señala un conjunto decimal de numerales distinto del conjunto quinario utilizado en otras ocasiones de conteo. El capítulo registra así un vocabulario específico de la práctica. La caña no era únicamente un objeto para lanzar: su identificación, sus nudos y la manera de contar intervenían en la relación entre participantes. (Codrington, 1891, pp. 340)
El autor añade que encuentros entre aldeas podían terminar en enfrentamientos. Esa observación impide idealizar toda competición como convivencia sin tensiones; tampoco ofrece una frecuencia ni una historia de conflictos que permita generalizar. El caso muestra que la destreza técnica y las relaciones entre grupos deben analizarse juntas, manteniendo la escala de la evidencia. (Codrington, 1891, pp. 340)
Encontrar, perseguir y reconocer un lugar seguro
Los juegos infantiles descritos en Banks organizaban también el espacio mediante acuerdos. En rurqonaqona, un juego de escondite con dos lados, si quien se ocultaba no era encontrado, aparecía de repente y contaba un resultado contra los buscadores. La acción de esconderse se relacionaba con la espera, el reconocimiento del desenlace y el paso a una cuenta compartida. (Codrington, 1891, pp. 340)
En otro juego de persecución, cada lado tenía un lugar de cocina, um, donde sus integrantes estaban a salvo; fuera de él podían ser capturados. El espacio cotidiano se convertía en referencia de la partida. Su función dentro del juego dependía de una distinción reconocida entre estar dentro y estar fuera, no de un terreno deportivo construido para la ocasión. (Codrington, 1891, pp. 340)
Mota aparece además en dos prácticas brevemente identificadas: taptapui, carrera para llegar primero a un objeto, y tititiro, lanzamiento hacia un árbol u otra marca. El capítulo no ofrece reglamentos completos para ambas. Su interés comparativo está en diferenciar una tarea de velocidad dirigida a un punto y otra de precisión sobre una referencia; completar equipos, rondas o edades sin otra fuente produciría un juego nuevo, no una descripción histórica. (Codrington, 1891, pp. 341)
Danzar con otros: palabras, pasos y sonido
La descripción de las danzas de Banks destaca filas que avanzan y retroceden, cruces y curvas ejecutados con precisión. Los participantes repetían las palabras del canto para orientarse en los pasos. El sonido de los instrumentos y de los accesorios acompañaba el movimiento. La coordinación no residía únicamente en copiar una postura: requería seguir una secuencia mientras se mantenía la relación con otras personas. (Codrington, 1891, pp. 333)
Codrington describe tambores de bambú que podían llevarse o tocarse desde una posición sentada. En otro pasaje registra actuaciones con dos o tres intérpretes sobre un mismo instrumento. Estas observaciones amplían la escena desde el bailarín aislado hacia una organización del tiempo compartida por quienes tocaban y quienes se movían. (Codrington, 1891, pp. 333,336–337)
El autor juzga desfavorablemente ciertas danzas de mujeres y elogia otras actuaciones de hombres. Esas frases expresan su criterio estético, no una propiedad objetiva de los cuerpos observados. Lo que interesa conservar es la información sobre organización y participación: en una fiesta de Banks describe mujeres que recorrían el terreno por parejas, con los brazos sobre el cuello de la compañera, mientras los hombres cantaban y bailaban alrededor del tambor. (Codrington, 1891, pp. 332–333)
La conexión entre canto y movimiento tenía también una dimensión lingüística. El libro distingue formas de expresión utilizadas en canciones de las empleadas en conversación. En Mota describe repertorios relacionados con Gaua y Motlav, aunque no idénticos a su habla cotidiana ni a sus propias formas de canto. La circulación de palabras aparece aquí dentro de una práctica estética situada, sin reducirse a una división rígida entre culturas aisladas. (Codrington, 1891, pp. 334)
Las canciones podían celebrar una visita, la botadura de una canoa o una fiesta. Sus compositores recibían presentes; se adaptaban palabras a melodías conocidas y también se modificaban o creaban melodías. La descripción permite reconocer producción y transformación de repertorios, además de transmisión. Un canto asociado con pasos no tenía que ser una pieza inmutable para conservar una organización reconocible. (Codrington, 1891, pp. 334–335)
Conteo, juguetes y tiempos del entorno
En Banks, el conteo podía convertirse en juego mediante trazos organizados sobre arena o una tabla. Se recorrían con el dedo mientras se acompañaban con una melodía silbada. El movimiento manual, el dibujo y el sonido aparecían dentro de una misma acción. El capítulo no presenta resultados de aprendizaje medidos, pero sí documenta una experiencia que una historia centrada únicamente en carreras y fuerza dejaría fuera. (Codrington, 1891, pp. 341)
Los juguetes ofrecen otra relación con el calendario. Las cometas, llamadas rea en Banks, se elaboraban y volaban durante la limpieza de jardines antes de plantar. Codrington señala que su uso se había vuelto menos habitual en los años próximos a su descripción, sin cuantificar el cambio. No es posible convertir esa observación en una fecha única de desaparición. (Codrington, 1891, pp. 342)
El libro conserva asimismo el taplagolago: un aro ancho hecho con una hoja de palma que los niños dejaban rodar cuesta abajo. Según el autor, su nombre pasó a designar la rueda inglesa y después vehículos o máquinas con ruedas. La historia conecta un juego infantil con una forma de nombrar objetos introducidos, aunque no establece cuándo ocurrió cada cambio de vocabulario. (Codrington, 1891, pp. 342)
Temporadas de cultivo, canto, unidades de cuenta y lugares conocidos permiten reconocer una educación corporal más amplia que un catálogo de ejercicios. Esa lectura no equivale a identificar una asignatura escolar en Banks durante el periodo estudiado. La historia del estrecho de Torres ofrece un episodio diferente, con una intervención de un maestro sobre encuentros recreativos; Samoa permite comparar otra relación entre técnicas y hospitalidad, sin tratar estos casos como una misma tradición.
Bibliografía
- Codrington, R. H. (1891). The Melanesians: Studies in Their Anthropology and Folklore. Oxford: Clarendon Press. Prefacio, pp. v–vii; capítulo XVII, Dances, Music, Games, pp. 332–342. Ejemplar digital del Royal College of Physicians of Edinburgh. Ejemplar digital de University of Toronto.