Capacidades físicas condicionales
Flexibilidad y movilidad articular en la escuela
Flexibilidad, movilidad y amplitud activa en la escuela: estiramiento, FNP, evidencia juvenil, cuatro propuestas originales y evaluación sin diagnósticos.

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- Amplitud. Identificar movimiento, articulación y condiciones; un alcance no representa por sí solo todos los recorridos del cuerpo.
- Apoyo. Comprobar cómo cambia la acción con una superficie o ayuda, sin atribuir todo ajuste a un tejido específico.
- Control. Utilizar un recorrido manejable dentro de una acción, con posibilidad de detenerse, comunicar y modificar la propuesta.
- Interpretación. Separar observación escolar, procedimiento estandarizado y valoración clínica, manteniendo el alcance de la información disponible.
Alcanzar una postura y utilizarla con control son preguntas diferentes. Un alumno puede disponer de una amplitud amplia en una articulación y necesitar ayuda para organizarla durante una acción. Otro puede resolver una tarea modificando apoyos sin llegar a una posición idéntica a la de sus compañeros. La flexibilidad y la movilidad articular requieren una lectura más precisa que observar quién se acerca más al suelo.
La educación física puede enseñar a reconocer recorridos, ajustar posiciones y comprender procedimientos de estiramiento. No necesita forzar amplitudes ni convertir una prueba en diagnóstico. El propósito es disponer de movimientos pertinentes para actuar, con decisiones y condiciones de práctica explícitas. La amplitud máxima posible no constituye por sí sola el objetivo de toda propuesta escolar.
Flexibilidad, movilidad y elasticidad no son sinónimos
La flexibilidad suele definirse mediante la amplitud de movimiento disponible en una articulación o conjunto de articulaciones. La movilidad remite además al uso de ese recorrido dentro de una acción, aunque la literatura emplea ambos términos con matices distintos. Conviene declarar qué pregunta se formula en cada tarea. Cañizares Márquez y Carbonero Celis presentan clasificaciones de ejecución activa, pasiva, estática y dinámica. (Cañizares Márquez y Carbonero Celis, 2016a) Esas distinciones ayudan a organizar la observación; no establecen una capacidad única de todo el cuerpo.
La amplitud activa se alcanza mediante la acción propia. Una amplitud pasiva se obtiene con una ayuda externa o una condición que facilita el recorrido. No tienen que coincidir. Una persona puede alcanzar una posición con apoyo y no utilizarla del mismo modo al sostener un objeto o desplazarse. La enseñanza necesita diferenciar disponibilidad, control y propósito.
La elasticidad describe una propiedad de respuesta de los tejidos y no toda flexibilidad. Un resultado de alcance incluye articulaciones, tejidos, posición y procedimiento. No se interpreta como medida directa de una única propiedad muscular. Esta precisión evita explicaciones como «todo depende de que el músculo sea elástico», que simplifican un problema con varios componentes.
La amplitud de movimiento se abrevia ADM o ROM, por su denominación inglesa. La cifra o descripción necesita identificar qué movimiento, posición y método se utilizaron. Hablar de una «flexibilidad general excelente» a partir de alcanzar una marca ofrece una conclusión demasiado amplia. La amplitud puede ser diferente entre articulaciones y direcciones.
El alumno puede aprender estos conceptos mediante una comparación manejable. Como ejemplo hipotético, prueba un alcance con apoyo de una superficie y después utiliza un recorrido semejante para orientar un objeto liviano. Describe qué ayuda cambió y qué pudo controlar. La comparación no es un diagnóstico ni una medición estandarizada, pero permite comprender que alcanzar y actuar no son la misma pregunta.
El movimiento que se ve puede incluir otras soluciones
Una marca situada lejos del cuerpo puede alcanzarse mediante más de una organización. El alumno puede modificar apoyo, orientar tronco o mover otra articulación. La observación debe reconocer esa posibilidad antes de atribuir el resultado a la amplitud que se pretendía estudiar. Si el procedimiento busca una medida específica, esas condiciones deben controlarse; si la tarea permite resolver, pueden ser soluciones pertinentes.
El propósito decide cómo interpretar una compensación. En una acción cotidiana puede ser útil cambiar posición para alcanzar. En una medición definida, ese cambio puede alterar qué se evalúa. No se llama error a todo movimiento diferente ni se acepta cualquier modificación como si produjera el mismo dato. La enseñanza distingue resolución motriz de evaluación instrumental.
El equilibrio influye en la posibilidad de utilizar un recorrido. Una persona puede disponer de amplitud y limitarla al sentirse inestable en un apoyo. Ofrecer una superficie pertinente puede cambiar la acción observada. El profesor prueba la condición y describe la respuesta, sin concluir que ha «corregido» una restricción articular mediante una ficha.
La fuerza y el control también participan. Mantener un recorrido contra gravedad o con un objeto exige otra organización que llegar con ayuda. Por eso una progresión puede centrarse en utilizar una amplitud manejable antes de ampliarla. El modelo integrado de desarrollo físico juvenil relaciona habilidades y cualidades físicas. (Lloyd y Oliver, 2020) Esa perspectiva permite evitar una enseñanza de movilidad aislada de las acciones para las que se necesita.
El material modifica el problema. Tamaño de objeto, altura de apoyo y espacio disponible pueden facilitar o dificultar una postura. La ficha debe indicar qué pretende conservar al ajustar estas variables. Una adaptación no se interpreta mediante baremos de un procedimiento diferente, aunque permita una participación más pertinente.
La observación escolar puede describir recorrido y organización, pero no identificar por sí sola qué tejido limita una amplitud. Esa atribución requiere procedimientos y conocimientos que exceden una impresión de patio. El docente utiliza la información para enseñar y reconoce cuando una dificultad necesita valoración profesional, sin etiquetar una causa que no ha comprobado.
Estático, dinámico y FNP: nombres que requieren contexto
Un estiramiento estático mantiene una posición durante una condición definida; una propuesta dinámica utiliza movimiento a través de un recorrido. La clasificación no determina automáticamente qué conviene en cualquier sesión. La selección depende de propósito, participante y tarea posterior. El docente explica qué se pretende reconocer o practicar, en lugar de aplicar una secuencia porque aparece al principio o al final de toda clase.
Un movimiento dinámico controlado no equivale a impulsar de forma brusca hasta un límite. La rapidez, el recorrido y la posibilidad de detenerse modifican la demanda. La enseñanza escolar puede comenzar con amplitudes manejables y señales de ajuste. No se utiliza dolor como evidencia de calidad ni se obliga a imitar un rango extremo para cumplir la consigna.
La facilitación neuromuscular propioceptiva, FNP, reúne procedimientos que pueden combinar contracción y estiramiento. León Ariza la presenta dentro de técnicas de regulación y manipulación osteomuscular. (León Ariza, 2026) Su nombre no convierte una actividad por parejas en una indicación apropiada para todos. No se prescribe aquí una técnica clínica ni una secuencia de contracciones máximas para escolares.
La explicación de mecanismos necesita cautela. No toda mejora de amplitud demuestra alargamiento estructural del músculo. Una revisión de Ingram y colaboradores publicada en 2025 estudió rigidez, tolerancia y longitud fascicular en adultos. (Ingram et al., 2025) Sus resultados distinguen mecanismos y no justifican trasladar una dosis a menores. La observación de una postura en clase tampoco identifica cuál produjo un cambio individual.
La ayuda externa requiere acuerdo y conocimiento de condiciones. Pedir a un compañero que empuje hasta alcanzar una marca añade una responsabilidad que no se resuelve por trabajar en parejas. En las propuestas de esta página no se fuerza el recorrido mediante otro alumno. La cooperación se orienta a observar y ofrecer información, manteniendo capacidad de comunicar y detenerse.
El profesor puede enseñar diferencias sin hacer ejecutar todas las técnicas. Comprender qué caracteriza un procedimiento y cuándo excede el alcance de una ficha escolar es un aprendizaje pertinente. La profundidad conceptual no exige una demostración práctica de cada método ni autoriza a utilizarlo fuera de condiciones valoradas.
La edad no cierra una posibilidad de aprendizaje
Los manuales escolares clásicos suelen presentar un descenso general de flexibilidad con la edad. Esa formulación necesita matices de articulación, tarea y práctica. No se conserva como una pérdida inevitable y uniforme de todos los recorridos. El libro sobre desarrollo de capacidades sitúa la enseñanza dentro del crecimiento y la adaptación. (Cañizares Márquez y Carbonero Celis, 2016b) La lectura contemporánea contrasta sus propuestas con evidencia específica, evitando un calendario rígido.
Donti y colaboradores reunieron 28 estudios sobre estiramiento estático de miembros inferiores en población infantil y adolescente. Encontraron aumentos de ROM en ambos grupos y ninguna diferencia global entre ellos; la evidencia de subgrupos sobre volumen necesitaba cautela. (Donti et al., 2022) El análisis no sostiene que después de una fecha desaparezca la posibilidad de mejorar, ni permite generalizar todos los resultados a cada articulación.
El crecimiento puede modificar dimensiones y relaciones durante una acción. El profesor observa si se necesita reorganizar apoyo, altura o recorrido. No atribuye a pubertad una restricción solo por apariencia ni espera que toda persona de un grado responda igual. La experiencia y la práctica también forman parte de las condiciones educativas.
La comparación por género necesita límites. Un promedio de una población no describe la amplitud de una persona ni determina qué tarea puede realizar. La clase ofrece opciones según observación y propósito, evitando asignar flexibilidad o fuerza como cualidades propias de un grupo. El alumno recibe expectativas de aprendizaje y ayudas concretas.
La progresión puede mejorar consistencia, control o uso de un recorrido antes de ampliarlo. Si una persona alcanza una posición y no puede sostenerla para resolver la tarea, aumentar amplitud no responde necesariamente a su necesidad. Esta distinción permite conservar un reto específico y no convertir «más» en criterio universal de calidad.
La evidencia científica delimita preguntas; la planificación escolar las traduce a decisiones próximas. Una revisión de intervenciones no valida cada ficha nueva. Las propuestas didácticas necesitan observarse y ajustarse, sin anunciar efectos fisiológicos específicos que no se han evaluado. El docente mantiene juntas información de desarrollo y atención a la actuación concreta.
Preparar una acción no es prometer protección universal
El calentamiento organiza una preparación para la tarea prevista. Puede incluir desplazamientos, movilidad y ensayos de acciones, según condiciones. No se reduce a una secuencia fija de estiramientos ni demuestra por sí solo que no habrá lesiones. La selección debe relacionarse con qué se va a realizar y con la respuesta del grupo.
Una amplitud grande no es necesaria para todos los problemas. Un lanzamiento, una postura de expresión y un recorrido de recepción pueden requerir usos diferentes. El docente evita adoptar como objetivo escolar un rango extremo de una modalidad especializada. La pertinencia se valora en la acción y en sus condiciones, no en reproducir una imagen espectacular.
La preparación permite comprobar comprensión y posibilidades. Como ejemplo hipotético, antes de un juego de envíos se ensayan recorridos de brazo con un objeto liviano y una distancia cercana. El profesor observa orientación y ajuste, sin atribuir a ese ensayo una prevención garantizada. La información puede llevar a modificar el juego posterior.
Un cambio inmediato de amplitud no equivale a adaptación duradera. La revisión de Ingram y colaboradores distingue una sesión de varias sesiones en sus análisis de adultos. (Ingram et al., 2025) Esa distinción ayuda a formular una lectura conceptual: lo que cambia hoy no demuestra por sí solo una modificación estable. El registro escolar necesita condiciones y una pregunta apropiada.
No se establece una dosis universal de estiramiento para toda edad ni se traslada a la escuela una intervención clínica. El profesor define recorridos manejables y posibilidad de comunicar. Si aparece dolor, se detiene la propuesta; el dolor no se utiliza como puntuación ni como prueba de voluntad. Una limitación que necesita valoración se atiende por la vía pertinente, sin diagnosticarla en clase.
La vuelta a la calma puede ofrecer transición y revisión de experiencia. No obliga a utilizar amplitudes máximas cuando existe fatiga ni convierte una postura en tratamiento. El grupo puede reconocer qué acciones realizó y qué ajuste necesita. La relación entre momento de sesión y procedimiento se explica, evitando un ritual sin propósito comprensible.
Enseñar recorridos que el alumno puede reconocer y utilizar
La tarea comienza por un propósito concreto: alcanzar un destino, orientar un objeto o cambiar de apoyo con control. «Mejorar flexibilidad» no explica qué acción aprenderá la persona. Una consigna precisa permite observar condiciones y decidir qué modifica la siguiente propuesta. El recorrido se elige según actuación, sin usar una postura única como referencia de todos los cuerpos.
Puede empezarse con movimientos conocidos y apoyos estables. Después se modifica dirección, altura o continuidad. No es necesario aumentar amplitud y velocidad al mismo tiempo. Si la nueva condición dificulta reconocer el propósito, se vuelve a una relación más clara. La progresión debe permitir comparar, no sorprender con una demanda que todavía no se comprende.
La elección de apoyo ofrece autonomía acotada. El alumno puede seleccionar entre dos posiciones valoradas, probar una y explicar qué cambia. El profesor conserva límites y acompañamiento. Esa decisión no implica que la persona deba diagnosticar su rango o prescribir un tratamiento; enseña a leer una acción dentro de opciones pertinentes.
La observación por parejas puede centrarse en un criterio, como conservar la marca de apoyo o realizar un recorrido sin que el objeto abandone la zona. Mosston y Ashworth distinguen funciones de ejecutante, observador y docente en enseñanza recíproca. (Mosston y Ashworth, 2008) La ficha original de aula no reproduce sus hojas ni convierte al compañero en responsable de valorar restricciones clínicas.
La retroalimentación necesita informar sobre lo que puede ajustarse. «Acerca la marca y comprueba si mantienes el apoyo» propone una acción. «Eres poco flexible» atribuye una cualidad general sin explicar el problema. El docente observa el siguiente intento y revisa si la ayuda fue pertinente. La comprensión del recorrido forma parte de la enseñanza, además de su ejecución.
Una secuencia hipotética puede mostrar por qué la elección del propósito importa. En una primera clase, una persona busca tocar una marca y utiliza un apoyo estable. En la siguiente, debe mantener un objeto orientado mientras alcanza una zona próxima. La primera propuesta informa sobre una solución de alcance; la segunda añade control de material. Si el segundo resultado es más corto, no se anuncia una pérdida de flexibilidad: la tarea ya no exige lo mismo. El docente describe la nueva condición y ofrece práctica específica. Esta lectura conserva continuidad entre clases sin fingir que todas sus marcas representan una medida comparable.
La hoja de planificación puede distinguir propósito, condición, evidencia y próximo ajuste. Como propuesta original, «orientar el objeto hacia una zona cercana» se acompaña de la condición «apoyo elegido y recorrido lento»; la evidencia recoge si pudo detener y reorganizar la acción. El siguiente ajuste puede modificar dirección y mantener apoyo. No hace falta registrar grados que no se han medido ni utilizar un nombre de prueba para dar apariencia científica. Una documentación precisa de la actuación aporta información útil para enseñar y deja visible qué falta conocer. El alumno puede participar describiendo su experiencia mediante palabras, gestos o demostración, sin tener que manejar vocabulario clínico.
Una situación posterior puede comprobar uso en otro problema. Alcanzar una marca desde un apoyo estable y orientar después un móvil introducen diferencias. La transferencia no se presume. Se describe qué relación se conservó y qué organización nueva necesita práctica. El resultado se interpreta según condiciones, sin atribuir a toda tarea de movilidad una mejora general.
Cuatro propuestas propias de amplitud y control
Las fichas son propuestas hipotéticas de educación física, no tratamientos ni protocolos validados. No emplean fuerza externa para ampliar recorridos y no exigen dolor. El docente valora entorno, apoyos y posibilidades de supervisión antes de utilizarlas.
Ficha 1. Marcas que cambian el apoyo.
El propósito es relacionar alcance y organización corporal. Se sitúan marcas cercanas a distintas alturas sobre una superficie estable. Cada participante selecciona una, la toca mediante un recorrido manejable y describe qué apoyo utilizó. Después prueba una posición alternativa previamente valorada. El material son marcas contrastadas y apoyos accesibles. El docente observa si cambia la organización, en lugar de atribuir toda diferencia a flexibilidad. La variante modifica una sola altura o dirección. La adaptación permite posición sentada, una ayuda de contacto o acercar destinos. No se empuja a la persona hacia una marca ni se compara una distancia con baremos de otro procedimiento. Si aparece dolor o el apoyo deja de ser estable, se detiene y reorganiza. La ficha ofrece una lectura de resolución motriz; no mide una articulación aislada ni identifica tejidos limitantes.
Ficha 2. Objeto que recorre un arco.
Se busca utilizar una amplitud activa para orientar un objeto liviano. La persona desplaza una pelota blanda o aro pequeño por un recorrido próximo definido con marcas, manteniendo una velocidad que permita detenerse. Puede elegir apoyo de pie o sentado según condiciones. El destino se cambia durante una pausa, no mediante una señal inesperada que exija amplitud extrema. El docente observa continuidad y posibilidad de ajustar dirección. La variante incorpora otro plano manejable o una breve detención intermedia. La adaptación cambia tamaño del objeto, altura o forma de agarre. No se utiliza peso para forzar más recorrido. Si la ejecución necesita apoyo no disponible o pierde control, se simplifica. La ficha conecta amplitud con acción y no demuestra una mejora estructural de flexibilidad por completar varias vueltas.
Ficha 3. Dos posiciones y un tránsito.
El problema consiste en organizar un cambio entre dos posiciones accesibles. Cada alumno selecciona con ayuda docente una posición inicial y otra final, ambas manejables, y encuentra una transición lenta. Se utilizan marcas de espacio personal y una superficie adecuada, sin posturas obligatorias en el suelo. El compañero observa un criterio acordado, como conservar una zona de apoyo durante el cambio. Alternan funciones y describen qué ajuste facilitó el tránsito. La variante introduce una pausa o modifica dirección, manteniendo las posiciones accesibles. La adaptación permite apoyos adicionales o movimientos de segmentos que conserven una decisión propia. No se toma a la persona para llevarla a la postura final. El límite aparece cuando el tránsito requiere una acción especializada o provoca dolor. La ficha estudia movilidad funcional dentro de una secuencia, no una prueba de máxima amplitud.
Ficha 4. Hoja de recorrido observada.
Se pretende aprender a describir una acción sin diagnosticar al compañero. Una pareja utiliza una hoja original con propósito, apoyo elegido, dirección y una observación concreta. El ejecutante realiza un alcance o desplazamiento de objeto previamente valorado; el observador registra lo visible y pregunta qué quiso ajustar. Después alternan. El material incluye marcas y registros propios, sin copiar instrumentos comerciales. La variante cambia el criterio observado, conservando una única acción. La adaptación ofrece registro oral, gestual o visual y una forma accesible de ejecución. El compañero no mide tejidos, no prescribe FNP ni decide si existe una restricción patológica. Si el registro se convierte en comparación pública de cuerpos, se revisa la consigna. La ficha utiliza coevaluación para comprender recorridos y decisiones, sin atribuir validez psicométrica a una plantilla escolar.
Qué informa una prueba de alcance y qué queda fuera
Una evaluación de amplitud debe identificar articulación o conjunto de movimientos, posición y procedimiento. Una prueba de alcance puede incorporar proporciones corporales, apoyo y organización, además de la característica que se pretende observar. La lectura necesita alcance definido. No se interpreta una cifra como resumen de movilidad de todo el cuerpo ni como diagnóstico de una lesión.
La repetición bajo condiciones semejantes permite una comparación más clara. Si cambia calentamiento, apoyo o ayuda, el registro debe indicarlo. Una adaptación puede ser pertinente para enseñar y no equivaler al procedimiento original. La inclusión no obliga a utilizar baremos que no corresponden a la condición observada.
La amplitud pasiva y su uso activo deben distinguirse. Alcanzar con ayuda no demuestra controlar durante una tarea. El docente puede observar ambas preguntas mediante propuestas apropiadas, sin suponer que una cifra mayor produce mejor actuación en cualquier contexto. La pertinencia depende de qué movimiento necesita resolver la persona.
La evaluación formativa puede registrar comprensión del propósito, selección de apoyo, control y revisión después de información. Son criterios de aprendizaje vinculados a la enseñanza. No sustituyen una valoración clínica ni se presentan como una batería validada. La evidencia necesita una actuación concreta y una ayuda que pueda probarse.
El dato subjetivo aporta experiencia. La persona puede describir comodidad o dificultad, pero esa descripción no identifica una estructura ni se invalida porque otro alcance más. La conversación ayuda a ajustar la ficha. El alumno conserva posibilidad de comunicar sin que una solicitud de pausa se convierta en una falta de mérito.
Una cifra pequeña no determina la identidad del estudiante. La retroalimentación se comunica de forma pertinente y privada. Puede centrarse en una condición que cambia la acción y en un próximo propósito. El grupo comparte aprendizajes y criterios sin exhibir mediciones corporales como posiciones sociales.
Amplitud, control y procedimiento: un cuadro para leer la tarea
La clasificación gana utilidad cuando ayuda a elegir una pregunta. Una tarea de amplitud activa puede estudiar qué recorrido se utiliza; una situación de apoyo puede mostrar cómo cambia la organización; un procedimiento de estiramiento plantea otras condiciones. No son formas intercambiables de obtener una misma cifra.
La propuesta educativa puede combinar experiencias y mantener sus límites. El alumno prueba una acción, describe apoyo y compara una variante. El docente distingue lo observado de una explicación mecanística que necesitaría instrumentos. Esta diferencia no vuelve superficial la enseñanza; la hace más precisa y permite profundizar sin inventar medidas.
La revisión de investigación juvenil muestra mejoras bajo determinadas intervenciones y límites de población y articulación. (Donti et al., 2022) La evidencia no valida una obligación de forzar recorridos ni una promesa de prevención universal. Las fichas originales conservan un propósito de comprensión y control que puede enseñarse y revisarse en clase.
| Pregunta | Condición que importa | Límite de interpretación |
|---|---|---|
| ¿Qué recorrido alcanza activamente? | Acción propia, apoyo y dirección. | No equivale a amplitud pasiva obtenida con ayuda. |
| ¿Cómo utiliza la amplitud? | Objeto, equilibrio, continuidad y propósito. | Más recorrido no demuestra mejor control en toda tarea. |
| ¿Qué cambió tras una sesión? | Mismo procedimiento y condiciones registradas. | Un cambio inmediato no demuestra adaptación estructural duradera. |
| ¿Qué necesita ajustar? | Evidencia de la acción y experiencia comunicada. | Una observación escolar no identifica por sí sola un tejido limitante. |
Apoyos, consentimiento y expectativas de participación
La adaptación se acuerda según una barrera concreta. Una marca inaccesible, un apoyo insuficiente o un objeto difícil de manipular requieren cambios diferentes. No se presupone la misma solución para todas las personas con una característica. El participante conserva una acción propia y un propósito comprensible.
Una posición sentada puede modificar distancias y apoyos; una ayuda de movilidad cambia otras condiciones. La ficha debe reorganizarse, no copiarse como si el cuerpo y el entorno fueran idénticos. El registro explica qué se ajusta. La diferencia no se presenta como una versión sin exigencia educativa, sino como una condición para estudiar la relación pertinente.
El contacto de otro alumno necesita acuerdo y límites. Observar no requiere empujar, sujetar o llevar al compañero a un recorrido mayor. En estas fichas se conserva posibilidad de detenerse y elegir apoyo. La participación recíproca consiste en describir una evidencia accesible y alternar funciones, con acompañamiento docente. (Mosston y Ashworth, 2008)
Las expectativas no se asignan por género ni por una impresión de cuerpo. El alumno recibe oportunidades para comprender, practicar y revisar, según su actuación. Una adaptación momentánea no define una posibilidad futura ni autoriza un diagnóstico. La enseñanza conserva continuidad sin pedir que todos alcancen la misma postura.
La movilidad escolar se vuelve significativa al relacionar amplitud y acción. La persona reconoce qué puede utilizar, qué condición modifica la tarea y qué información ayuda a ajustarla. No necesita conquistar un rango extremo para demostrar aprendizaje. El docente mantiene rigor al observar lo que enseña y al limitar las conclusiones a la evidencia disponible.
Preguntas frecuentes
¿Más flexibilidad significa siempre mejor movimiento?
La amplitud debe relacionarse con la tarea y su control. Un recorrido mayor no demuestra por sí solo una actuación más pertinente.
¿La FNP es apropiada para cualquier clase por parejas?
Su nombre no justifica una aplicación universal. Requiere condiciones y conocimiento del procedimiento; las fichas de esta página no prescriben técnicas clínicas.
¿Solo puede mejorar la flexibilidad durante la infancia?
La revisión juvenil consultada encontró aumentos en niños y adolescentes. Sus resultados no sostienen una fecha universal tras la cual deje de poder progresarse.
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Referencias
Cañizares Márquez, J. M., & Carbonero Celis, C. (2016a). Capacidades físicas básicas: Su evolución y factores que influyen en su desarrollo. Wanceulen Editorial Deportiva. Consultar la fuente
Cañizares Márquez, J. M., & Carbonero Celis, C. (2016b). Desarrollo de las capacidades físicas básicas en la edad escolar: Factores entrenables y no entrenables. La adaptación al esfuerzo en niños y niñas. Wanceulen Editorial Deportiva. Consultar la fuente
Donti, O., Konrad, A., Panidi, I., Dinas, P. C., & Bogdanis, G. C. (2022). Is there a “window of opportunity” for flexibility development in youth? A systematic review with meta-analysis. Sports Medicine - Open, 8, 88. https://doi.org/10.1186/s40798-022-00476-1 Consultar la fuente
Ingram, L. A., Tomkinson, G. R., d’Unienville, N. M. A., Gower, B., Gleadhill, S., Boyle, T., & Bennett, H. (2025). Mechanisms underlying range of motion improvements following acute and chronic static stretching: A systematic review, meta-analysis and multivariate meta-regression. Sports Medicine, 55, 1449–1466. https://doi.org/10.1007/s40279-025-02204-7 Consultar la fuente
León Ariza, H. H. (2026). Fisiología del ejercicio: Bases para la comprensión del rendimiento y el ejercicio físico para la salud. UniSabana Editorial. https://doi.org/10.5294/978-958-12-0764-0 Consultar la fuente
Lloyd, R. S., & Oliver, J. L. (Eds.). (2020). Strength and conditioning for young athletes: Science and application (2nd ed.). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781351115346 Consultar la fuente
Mosston, M., & Ashworth, S. (2008). Teaching physical education (1st online ed.). Spectrum Institute for Teaching and Learning. Consultar la fuente