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EDUFISICAEnciclopedia de Educación Física

Culturas corporales, escuela y profesión

Historia de la educación física en Paraguay

Historia documentada de la educación física en Paraguay: Cardozo, escuela activa, gimnasia, normalismo, deporte educativo, lenguas e inclusión.

EDUFISICA · Actualizado el 10 de octubre de 2026 · Lectura estimada: 25 minutos

Restos de la misión jesuítica de Trinidad en Paraguay
Vista contemporánea de los restos de la misión de Trinidad, publicada originalmente en abril de 2005. La fecha de la toma no consta en la ficha. Permite situar un entorno histórico, no reconstruir una clase colonial.Shereth · Archivo original · CC BY-SA 2.5. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La historia de la educación física en Paraguay no comienza con una pelota ni cabe en una sucesión de campeonatos. Se forma en el cruce entre organización escolar, cuidado del cuerpo, disciplina, ciudadanía y acceso a la enseñanza. Reconstruirla exige observar qué se quería hacer con los estudiantes, quién podía ingresar a la escuela y qué lugar ocupaban el movimiento, el juego y la formación del maestro. También exige distinguir la práctica corporal de la asignatura escolar: compartir un territorio no convierte a ambas en la misma institución.

El recorrido paraguayo permite estudiar un problema especialmente fértil: una clase puede utilizar ejercicios semejantes y, sin embargo, enseñar relaciones sociales distintas. Una formación gimnástica orientada a ejecutar órdenes, una propuesta que atiende a la iniciativa infantil y una actividad que procura incorporar a quienes encontraban barreras de participación no tienen el mismo sentido. La diferencia está en sus finalidades, en la distribución de las decisiones y en la manera de reconocer al alumnado.

Territorio, patrimonio y prácticas corporales: qué puede afirmarse

Antes de buscar una fecha fundacional conviene precisar el objeto. La educación física escolar supone una intención pedagógica y una organización reconocible de la enseñanza. El trabajo, el desplazamiento, la danza y los juegos también producen experiencias corporales, pero su presencia no acredita por sí sola una asignatura. Esta distinción permite reconocer la riqueza de las culturas sin atribuirles instituciones que pertenecen a otros momentos.

Los restos de las misiones de La Santísima Trinidad de Paraná y Jesús de Tavarangue, inscritas en la Lista del Patrimonio Mundial en 1993, ofrecen un contexto material para estudiar la organización colonial. La ficha de la UNESCO describe un proyecto de asentamiento y evangelización que articuló espacios y actividades colectivos. Es una fuente sobre esos conjuntos patrimoniales; no proporciona una programación de educación física ni demuestra qué juegos practicaban todos sus habitantes. [1]

Restos de la misión jesuítica de Trinidad en Paraguay
Vista contemporánea de los restos de la misión de Trinidad, publicada originalmente en abril de 2005. La fecha de la toma no consta en la ficha. Permite situar un entorno histórico, no reconstruir una clase colonial.Shereth · Archivo original · CC BY-SA 2.5. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Una plaza, un edificio o una residencia conservados permiten interrogar la relación entre espacio y vida social. No permiten escuchar una instrucción ni observar la respuesta del estudiante. Esa diferencia importa porque las imágenes de una misión pueden inducir una continuidad demasiado rápida: del asentamiento comunitario a la escuela moderna, y de esta a la educación física actual. Entre esas instituciones cambiaron las autoridades, los derechos, los propósitos y la definición de la infancia.

El análisis del cuerpo en un entorno colonial debe atender simultáneamente al aprendizaje y al poder. Conviene preguntar quién organizaba los tiempos, qué prácticas se autorizaban y cuáles quedaban fuera de la descripción escrita. La ausencia de una práctica en un documento administrativo no demuestra su inexistencia. Puede expresar que el autor no la consideraba relevante, que no la comprendía o que estaba interesado en otra finalidad. Por eso una historia de las instituciones no sustituye a la historia de las experiencias.

Tampoco resulta adecuado presentar el patrimonio indígena como una colección inmóvil de ejercicios. El nombre de un juego, sus participantes y su significado necesitan una comunidad, una localización y una fuente. Atribuir una actividad genérica a todos los pueblos de Paraguay eliminaría diferencias precisamente allí donde debería estudiarse la diversidad. En esta lectura no se propone una lista imaginada de juegos precoloniales: el reconocimiento cultural comienza por no llenar con suposiciones los vacíos del archivo.

Cimientos y restos de viviendas de la misión de Jesús de Tavarangüé
Restos de viviendas en Jesús de Tavarangüé, fotografiados el 15 de agosto de 2023 según los metadatos de la imagen. La vista actual documenta el sitio material y no las prácticas educativas que allí se desarrollaron.Josep M. Gracia · Archivo original · CC BY-SA 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

Las dos fotografías de las misiones muestran restos actuales y sirven para comparar entornos materiales. No son representaciones de clases antiguas. Su utilidad educativa está en hacer visible ese límite: una fotografía puede ayudar a situar una pregunta histórica sin resolverla. Con el alumnado se puede distinguir lo que la imagen muestra, lo que una ficha patrimonial documenta y lo que todavía exigiría investigar.

Desde esta perspectiva, la historia paraguaya se conecta con la historia global de la educación corporal sin perder su particularidad. Comparar no consiste en buscar una versión local de una secuencia europea. Consiste en examinar cómo se relacionaron cuerpo, comunidad y escuela en situaciones concretas, con evidencias de alcance desigual.

La escuela republicana: una historia que depende de sus documentos

Juan Speratti delimitó su Historia de la educación en el Paraguay entre 1812 y 1932. En los extractos de la obra se recoge el bando del 6 de enero de 1812 como referencia de la atención republicana a la instrucción. El autor también advierte un problema metodológico: la documentación conservada de una escuela puede empezar mucho después de su establecimiento. Un registro disponible desde 1905 no convierte automáticamente ese año en la fecha de origen de la institución. [2]

Esa advertencia es decisiva para la educación física. En un expediente puede aparecer por primera vez la palabra gimnasia, pero ello no equivale a demostrar que antes no había ejercicios. A la inversa, la presencia de movimientos en una ceremonia no acredita una asignatura regular. La fecha de una mención, la fecha de una norma y la fecha de una práctica observada son datos diferentes. Confundirlos produce cronologías claras en apariencia, pero históricamente frágiles.

La pregunta inicial puede formularse de modo más preciso: ¿qué documento permite reconocer una enseñanza corporal organizada y en qué población? Un programa indica una intención. Un horario permite estudiar el tiempo previsto. Un nombramiento identifica una función docente. Un informe de inspección puede mostrar dificultades de aplicación. Ninguno de esos testimonios, tomado aisladamente, permite reconstruir toda una jornada escolar.

Además, la historia de una escuela urbana no representa de manera automática la de una escuela rural. En lugar de imaginar un alumnado nacional uniforme, conviene observar las condiciones de presencia: distancia al establecimiento, calendario familiar, lengua de comunicación y recursos disponibles. Son dimensiones de análisis, no cifras atribuidas a un período sin evidencia. Su valor consiste en impedir que la historia del programa oficial se convierta en la historia de todas las personas.

El movimiento ocupa aquí una posición particular. Una materia corporal necesita tiempo, un espacio practicable y decisiones sobre agrupamiento. Aunque un reglamento ordene incorporarla, la pregunta por su funcionamiento permanece abierta. ¿La clase se realizaba? ¿Qué hacía quien no participaba? ¿Se esperaba la misma ejecución de todos? ¿Qué se consideraba aprender? Estas cuestiones ayudan a leer los documentos escolares como intervenciones sobre una población y no únicamente como listas de contenidos.

Una reconstrucción responsable del siglo XIX tampoco debe convertir los silencios documentales en una biografía heroica. Atribuir a una sola persona la introducción de toda la educación física requiere pruebas sobre su intervención, su alcance y las instituciones involucradas. La historia puede reconocer figuras destacadas sin reducir un proceso colectivo a un fundador. En Paraguay, la relación entre organización pública de la enseñanza y formación corporal se comprende mejor siguiendo documentos e instituciones que buscando una fecha única para todo el país.

Este modo de lectura permite entender por qué las periodizaciones son herramientas. El año 1812 organiza una investigación sobre educación republicana; no es una afirmación de que todas las prácticas educativas nacieran entonces. Del mismo modo, el cierre en 1932 identifica el límite de una obra, no el final de la historia escolar. Conservar esos límites mejora la precisión y evita pedir a un libro respuestas que no ofrece.

Reconstrucción escolar y normalismo: enseñar también requiere aprender a enseñar

El primer volumen de David Velázquez Seiferheld examina las relaciones entre autoritarismo y educación de 1869 a 1936. Su investigación permite situar la organización escolar posterior a la Guerra de la Triple Alianza y estudiar las tensiones entre proyectos de ciudadanía, autoridad y formación del maestro. El capítulo sobre gimnasia, militarismo y educación convierte la enseñanza corporal en una cuestión explícita de la historia educativa paraguaya. [3]

La reconstrucción de la educación no puede interpretarse únicamente como apertura de edificios. Formar docentes implica decidir qué conocimientos cuentan, cómo se organiza la infancia y qué autoridad se concede a quien enseña. Para la educación física, este problema se vuelve visible cuando una consigna necesita demostración, observación y corrección. Conocer un ejercicio no equivale a saber enseñarlo a un grupo diverso.

El normalismo resulta relevante porque reúne la dimensión institucional de la preparación docente y una concepción de la escuela. En el estudio de José E. García sobre Cardozo se sitúa la apertura de la Escuela Normal de Maestros en 1896, bajo Francisco Tapia, dentro de las relaciones históricas entre educación y psicología en Paraguay. La referencia permite reconocer un entorno de formación, sin deducir de esa fecha el nacimiento de una carrera específica de educación física. [4]

La distinción evita otro error habitual: fechar la profesión de educación física a partir de la antigüedad de una institución. Una escuela normal, una universidad y cada programa de formación poseen trayectorias propias. Para establecer cuándo se creó una titulación se necesita el acuerdo correspondiente, su plan y su denominación. La historia institucional más amplia aporta contexto, pero no sustituye a esa evidencia.

La Universidad Nacional de Asunción presenta su fundación en 1889 en su historia oficial. Ese dato sitúa una institución de educación superior; no permite atribuir a todos sus estudios la misma fecha. La formación del profesorado debe reconstruirse a partir de programas determinados, sus requisitos y las competencias que esperaban desarrollar. [5]

Edificio de la Rectoría de la Universidad Nacional de Asunción
Rectoría de la Universidad Nacional de Asunción, fotografiada el 7 de abril de 2011. La imagen sitúa una institución universitaria; no fecha el origen de una carrera de educación física.FF MM · Archivo original · CC BY-SA 3.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La profesionalización puede analizarse mediante tres preguntas relacionadas: qué debe saber el docente sobre el movimiento, qué debe comprender del estudiante y cómo justifica una decisión de enseñanza. La primera incluye el contenido corporal; la segunda, la diversidad del aprendizaje; la tercera, el criterio pedagógico. Una preparación reducida a ejecutar destrezas dejaría sin resolver la gestión del grupo y la evaluación. Una preparación exclusivamente verbal perdería contacto con la experiencia motriz.

Por eso la historia de la formación docente necesita observar también qué se entendía por una clase correcta. Un profesor podía ser reconocido por mantener el orden, por organizar una exhibición o por favorecer la participación. Esas expectativas no son equivalentes. Identificar el criterio utilizado ayuda a comprender por qué ciertos recursos se valoraban y otros permanecían invisibles.

La comparación con el presente no debe adoptar la forma de un juicio fácil sobre el pasado. Las instituciones anteriores respondían a problemas y categorías propios. El trabajo histórico consiste en reconstruirlos y después examinar sus consecuencias. El lector puede reconocer la importancia de una organización sistemática sin aceptar como modelo actual todas las relaciones de autoridad que la acompañaron.

Ramón Indalecio Cardozo: la infancia como problema pedagógico

Ramón Indalecio Cardozo ocupa un lugar central en esta discusión porque permite mirar el cuerpo desde una concepción más amplia de la enseñanza. García analiza la relación entre psicología infantil, interés y práctica pedagógica en su obra. Identifica en La pedagogía de la escuela activa, publicada desde 1938, una atención al desarrollo del niño y a los fundamentos de la enseñanza. La lectura aquí se apoya en ese estudio académico, sin atribuir a Cardozo una teoría motriz contemporánea. [4]

Esta perspectiva cambia la pregunta educativa. En lugar de preguntar solamente si un grupo ejecuta correctamente, permite preguntar qué experiencia sostiene el aprendizaje y cómo se relaciona la actividad con el estudiante. La diferencia es relevante para una clase corporal: dos alumnos pueden repetir el mismo gesto y estar comprendiendo problemas distintos. Uno atiende al ritmo; otro intenta controlar la distancia; otro necesita entender la organización del espacio.

La escuela activa tampoco debe convertirse en sinónimo de movimiento permanente. Una tarea puede hacer correr al alumnado sin concederle ninguna iniciativa. A la inversa, una pausa de observación puede formar parte de una experiencia activa si el estudiante compara, identifica un problema y decide cómo continuar. El criterio está en la relación entre actividad y aprendizaje, no en la cantidad de desplazamiento que un observador ve desde fuera.

Velázquez Seiferheld sitúa la reforma impulsada por Cardozo desde 1924 y examina sus controversias. Ese contexto permite comprender la escuela activa como una propuesta discutida, no como un cambio aceptado de manera uniforme. La existencia de una orientación pedagógica no demuestra su aplicación idéntica en todos los establecimientos ni la desaparición de otras concepciones de autoridad. [3]

Para interpretar su importancia conviene separar tres planos. El primero es el de las ideas: qué se propone sobre el niño. El segundo es institucional: quién organiza programas y formación. El tercero es el de la práctica: qué puede hacer un maestro en una escuela concreta. Un cambio conceptual puede resultar decisivo aunque su aplicación encuentre restricciones. A su vez, una reforma administrativa puede dejar intacta una relación cotidiana basada en la obediencia.

En educación física, esta separación ayuda a evitar una historia de etiquetas. Llamar activa a una clase no demuestra cómo se toman las decisiones. Habría que observar si el alumnado comprende una tarea, dispone de oportunidades para intentar, recibe información útil y puede revisar su actuación. Son preguntas actuales para comparar prácticas, no criterios que deban proyectarse como si hubiesen sido formulados exactamente así en los años veinte.

Un ejemplo hipotético permite apreciar la diferencia. Un docente propone atravesar un espacio delimitado manteniendo el control de un objeto. Puede exigir una secuencia única y corregir desviaciones; también puede ofrecer alternativas, pedir que el estudiante explique una elección y comparar soluciones. La actividad visible es parecida, pero cambia la función de la decisión. Este ejemplo no reconstruye una sesión de Cardozo: muestra una pregunta que su atención a la infancia permite volver a formular.

El estudio de una figura pedagógica también requiere conservar distancia crítica. Las clasificaciones psicológicas y biológicas utilizadas en una época no se trasladan automáticamente a la enseñanza actual. Su interés histórico está en mostrar cómo se intentaba fundamentar la educación. Reconocer una contribución no obliga a aceptar todo su vocabulario, sus categorías o sus supuestos sobre las diferencias humanas.

La conservación de sus libros es parte de esta historia. En 2019, la Secretaría Nacional de Cultura informó sobre una solicitud de restauración de ejemplares de Cardozo y de digitalización del periódico El Surco en Villarrica. La noticia documenta una preocupación patrimonial; no demuestra que todos esos materiales hayan quedado posteriormente digitalizados o accesibles. [6]

Ese detalle recuerda que la historia depende de trabajos materiales poco visibles: preservar, catalogar y describir. Un nombre reconocido puede circular durante décadas mientras sus textos continúan difíciles de consultar. Para profundizar en Cardozo, la lectura de estudios académicos debe acompañarse, cuando sea posible, de la consulta de las ediciones originales y del examen de sus condiciones de circulación.

Gimnasia, orden y militarismo: un mismo movimiento puede servir a proyectos distintos

El capítulo de Velázquez Seiferheld dedicado a gimnasia y militarismo analiza la relación entre ejercicios, formación escolar y preparación cívica. Su reconstrucción incluye la intervención paraguaya en el Congreso Pedagógico de Buenos Aires de 1882 y debates posteriores sobre cultura física. Es una entrada documentada al problema; no autoriza a describir todas las clases del período con una única rutina. [3]

La semejanza entre una formación escolar y una formación militar necesita análisis. Organizar filas puede responder a una necesidad de espacio; puede facilitar una demostración; también puede formar parte de una educación orientada a la obediencia. El significado no está contenido en la fila por sí sola. Se encuentra en las finalidades, en el tratamiento de la diferencia y en el margen de intervención que conserva el estudiante.

Por la misma razón, una gimnasia coordinada no es necesariamente una práctica sin aprendizaje. Puede exigir atención, ritmo y control. El problema aparece cuando se confunde esa coordinación con una demostración de superioridad moral o cuando el movimiento correcto se utiliza para clasificar el valor de las personas. La historia corporal obliga a distinguir una capacidad de ejecución de una jerarquía social.

La disciplina admite una comparación útil. Una disciplina entendida como cumplimiento inmediato reduce la posibilidad de preguntar por qué se hace una tarea. Una disciplina entendida como responsabilidad por una actividad compartida incluye acuerdos, atención al otro y revisión de errores. La diferencia no elimina la función del docente: transforma la forma de justificarla. Esta lectura es una propuesta de análisis, no una clasificación universal de todas las escuelas paraguayas.

Preguntas para comparar concepciones de la formación corporal
DimensiónOrden como ejecución uniformeActividad como aprendizajeParticipación como derecho
DecisiónSe concentra en la consigna y el ritmo común.Se analiza qué elecciones necesita aprender el estudiante.Se revisa quién puede decidir y quién encuentra barreras.
DiferenciaPuede interpretarse como desviación respecto a un patrón.Permite reconocer procesos y problemas distintos.Exige apoyos y condiciones de acceso pertinentes.
ObservaciónImporta la sincronía o exactitud visible.Importa la relación entre intento, comprensión y ajuste.Importa también la presencia efectiva y el trato recibido.
Riesgo interpretativoConfundir orden con formación integral.Confundir actividad con aprendizaje por sí mismo.Confundir estar presente con poder participar.

El cuadro presenta categorías de comparación, no tres períodos que se sustituyan de manera automática. Una institución puede combinar rasgos de varias columnas. Un docente puede ofrecer elecciones en una tarea y exigir sincronía en otra. Reconocer esa combinación evita una narración en la que cada reforma borra completamente el pasado.

El estudio de la gimnasia también se relaciona con el género. Para reconstruir qué se esperaba de niños y niñas hacen falta programas, indicaciones y testimonios correspondientes. No basta con encontrar una fotografía de un grupo masculino y asumir que representa a toda la escuela. Es necesario preguntar quién quedó fuera del encuadre y si esa ausencia pertenece al registro o a la práctica.

Otro problema es el de las exhibiciones. Una presentación pública selecciona lo que quiere mostrar: coordinación, destreza, identidad institucional. Puede aportar información sobre vestuario, organización y presencia del alumnado, pero no representa necesariamente una clase habitual. La diferencia entre exhibir y enseñar es especialmente importante en una disciplina cuya actividad puede ser observada y comparada de manera inmediata.

Nacionalismo, escuela y autoridad: no basta con mirar el ejercicio

El segundo volumen de Velázquez Seiferheld examina 1931–1954 y dedica atención a la transición hacia el nacionalismo y a la afirmación de la autoridad estatal. En sus capítulos se estudian cuestionamientos a Cardozo, intervenciones sobre el magisterio y la construcción de lenguajes escolares nacionalistas. La obra permite situar la pedagogía dentro del conflicto político, sin reducirla a una discusión técnica entre métodos. [7]

Esta perspectiva es necesaria porque una historia de la educación física puede quedar atrapada en el inventario de ejercicios. El programa corporal no funciona separado de los símbolos, las normas y la concepción de ciudadanía de una escuela. Cuando se organiza una actividad colectiva, se enseñan también maneras de ocupar el espacio, seguir instrucciones, representar a un grupo y relacionarse con la autoridad.

No se debe deducir una intención política concreta de cualquier movimiento. Saltar, marchar o lanzar no contienen una ideología única. Lo que puede investigarse es el discurso que los acompaña, el tratamiento de las personas y su inserción institucional. El análisis gana precisión cuando relaciona una actividad con el documento que explica su finalidad, en lugar de atribuirle un significado por semejanza visual.

La comparación entre escuela activa y nacionalismo tampoco necesita presentar a cada propuesta como un bloque completamente homogéneo. Una crítica podía cuestionar la autoridad del maestro, el lugar del Estado o la interpretación del interés infantil. Reconstruir el argumento permite entender la controversia. Etiquetarlo únicamente como moderno o atrasado impediría ver qué se estaba disputando.

En este punto, el aprendizaje corporal se vuelve una vía para estudiar la ciudadanía. ¿El estudiante aparece como alguien que debe obedecer una forma común o como alguien que puede deliberar sobre una práctica compartida? ¿La competencia se utiliza para representar a la institución o para comprender problemas de acción? ¿El error tiene un valor formativo o se convierte en una marca de inferioridad? Estas preguntas no sustituyen la investigación de archivo; orientan la lectura de sus evidencias.

La periodización 1931–1954 pertenece a la obra citada. Para extender la reconstrucción a etapas posteriores se necesitan documentos de ese momento. Una continuidad de vocabulario no prueba que la experiencia escolar haya sido idéntica. También pueden persistir procedimientos mientras cambia su justificación. La historia requiere observar ambas posibilidades y resistir la tentación de convertir una larga etapa en una sola clase repetida.

Esta cautela evita que el relato sobre el cuerpo se transforme en una explicación total de la sociedad. La educación física aporta una entrada específica a las relaciones de autoridad, pero no contiene por sí sola todas las claves de un régimen político. El análisis necesita mantener la escala: una práctica, una institución y un período documentados, conectados con procesos más amplios sin reemplazarlos.

Lenguas, pueblos indígenas e inclusión: ampliar quién cuenta como estudiante

La Constitución de 1992 reconoce derechos educativos, establece la oficialidad del castellano y del guaraní y trata la promoción de los deportes en el artículo 84. Estos componentes pertenecen al marco constitucional, pero no equivalen a un programa completo de educación física. Su importancia histórica está en colocar la formación, la cultura y la participación dentro de una discusión sobre derechos. [8]

La lengua permite observar una dimensión de la clase corporal que suele pasar inadvertida. Comprender una regla, pedir ayuda, describir una dificultad y negociar un acuerdo son acciones comunicativas. Un movimiento no reemplaza automáticamente la explicación. En una situación bilingüe o plurilingüe, la claridad de una consigna debe analizarse junto con la posibilidad de preguntar y ser escuchado.

La oficialidad del guaraní tampoco autoriza a identificar una sola lengua indígena para todo Paraguay. La Ley 3231 crea una Dirección General de Educación Escolar Indígena y reconoce la relación entre pautas culturales, formas de enseñanza y sistema educativo. La norma ofrece una base institucional para examinar cómo se articulan esos conocimientos, sin asumir que todas las comunidades comparten las mismas prácticas. [9]

Para la educación física, el problema no se resuelve agregando un juego denominado tradicional al final del trimestre. Una integración pertinente necesita saber de qué comunidad proviene, quién lo explica y qué puede modificarse. También necesita distinguir una adaptación escolar de la práctica cultural que la inspira. Nombrar esa diferencia evita que una actividad se presente como reproducción fiel cuando ha cambiado su tiempo, participantes o finalidad.

El patrimonio puede convertirse en una oportunidad de diálogo si la comunidad conserva capacidad para orientar su presentación. Puede resultar problemático si la escuela toma un nombre o un gesto y elimina su contexto. Esta es una propuesta de criterio pedagógico: identificar procedencia, participación de portadores y condiciones de adaptación. No se atribuye a todas las escuelas una práctica uniforme de incorporación cultural.

La Ley 5136 de Educación Inclusiva, sancionada en 2013, añade otra dimensión. Sus artículos 1, 9 y 10 abordan barreras, ajustes razonables y responsabilidades de evaluación con participación docente y apoyo técnico. El cambio de enfoque permite estudiar la participación a partir de las condiciones de acceso y aprendizaje, en lugar de describir a una persona exclusivamente por una dificultad. [10]

En una clase corporal, este criterio invita a observar si la regla, el espacio, el material o el modo de explicación producen una barrera. La adaptación no debe confundirse con retirar al estudiante de toda experiencia motriz. Tampoco debe improvisarse como tratamiento clínico. Se trata de decisiones educativas acordadas y apoyadas por quienes tienen responsabilidades institucionales.

Un ejemplo hipotético muestra el alcance de esa mirada. En un juego de pases, una regla puede permitir actuar únicamente después de correr una distancia fija. Al revisar la tarea, el docente puede separar el aprendizaje táctico de esa condición y ofrecer desplazamientos o formas de participación compatibles con los apoyos previstos. La modificación conserva un problema compartido, pero cambia la puerta de entrada. No es un diagnóstico ni una solución universal para una discapacidad.

Esta discusión modifica la interpretación histórica de la igualdad. Tratar a todos con una instrucción idéntica no demuestra que todos accedan al mismo aprendizaje. Al mismo tiempo, ofrecer tareas sin un problema compartido puede impedir la participación en el grupo. La tensión necesita decisiones fundamentadas: qué se pretende aprender, qué barrera aparece y cómo se reconoce el progreso sin perder la pertenencia.

2006: distinguir deporte educativo, participación y rendimiento

La Ley 2874 del Deporte, promulgada el 4 de abril de 2006, proporciona una distinción expresa. Su artículo 2 diferencia deporte educacional, de participación y de rendimiento. En la modalidad educacional plantea evitar la selectividad y la hipercompetitividad para atender a la formación integral. El artículo 7 establece la obligatoriedad de la educación física en los niveles anteriores al universitario. La ley documenta un marco normativo, no demuestra por sí sola su cumplimiento en cada establecimiento. [11]

Panorámica del Estadio Defensores del Chaco en Asunción
Estadio Defensores del Chaco antes de un encuentro de la Copa Libertadores, el 30 de julio de 2019. Representa el deporte de competición y espectáculo, cuyo propósito difiere de una clase escolar.Hazaña17 · Archivo original · CC BY-SA 4.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

La diferencia entre esas modalidades ayuda a interpretar un partido escolar. Puede enseñarse un juego con reglas deportivas sin adoptar la selección propia del rendimiento. La pregunta es qué ocurre con quien tiene menos experiencia, cómo se distribuyen los tiempos de actuación y qué se considera aprender. Si la única medida de éxito es ganar, una parte del proceso queda fuera de la valoración.

Evitar la hipercompetitividad no obliga a eliminar el conflicto de oposición de un juego. Competir puede formar parte de una tarea educativa, siempre que se analicen su finalidad y sus condiciones. Es distinto aprender a reconocer una oportunidad de ataque que decidir que quienes no dominan una destreza deben permanecer fuera del campo. La competencia no define por sí sola una pedagogía; la organización de la participación sí requiere justificación.

La separación legal también ayuda a ordenar responsabilidades. Un docente desarrolla enseñanza escolar; un entrenador puede orientar un proceso de rendimiento; una actividad comunitaria puede perseguir recreación. Es posible que compartan espacios o materiales, pero sus criterios no son intercambiables. Un examen de aprendizaje no debe convertirse sin explicación en una prueba de selección deportiva.

Desde una perspectiva didáctica, el partido necesita descomponerse en preguntas aprendibles. ¿Cómo crear una línea de pase? ¿Qué información permite elegir una trayectoria? ¿Cuándo conviene conservar el objeto? Estas preguntas se relacionan con los juegos y la praxiología motriz. Permiten comprender que el movimiento se organiza en relación con compañeros, adversarios, reglas y espacio.

El marco educativo exige además distinguir evidencia y promesa. La existencia de una ley favorable a la participación no acredita un aumento medido de aprendizaje, bienestar o actividad física. Para evaluar esos efectos harían falta investigaciones o datos específicos. Una historia normativa explica qué se reconoce y quién asume una responsabilidad; una historia de resultados necesita otras fuentes.

Documentos cotidianos: lo que una lista de materiales permite ver

La historia escolar también se encuentra en fuentes modestas. La lista de útiles de primer grado del Colegio Experimental Paraguay-Brasil para 2018 incluye, en educación física, carpeta, uniforme, calzado deportivo, toalla, recipiente de agua y entrega de una evaluación médica. Es una indicación de ese colegio y de ese año. No es una descripción del reglamento de todos los establecimientos paraguayos. [12]

Su lectura permite reconocer que la clase reúne objetos, procedimientos y expectativas familiares. La carpeta revela una dimensión de registro; el uniforme, una norma de presentación; el agua y la toalla, condiciones previstas para la jornada; la documentación médica, un requisito institucional de participación. Nada de ello permite deducir qué aprendieron los niños, pero muestra que la enseñanza corporal no ocurre en un vacío material.

El análisis puede avanzar preguntando quién provee esos elementos y qué ocurre cuando alguno falta. Esa es una pregunta histórica y educativa, no una acusación sobre el colegio citado. Un requisito puede facilitar la organización y al mismo tiempo exigir recursos. Para comprender su efecto hacen falta documentos sobre apoyos, excepciones y participación real. La lista registra una expectativa; no informa de todas las respuestas posibles.

Vista de edificios y zonas verdes del campus de la Universidad Nacional de Asunción
Campus de la Universidad Nacional de Asunción, fotografiado el 12 de enero de 2008 según los metadatos de la imagen. Es una vista del entorno universitario de esa fecha.loverebecca (Laufine) · Archivo original · CC BY-SA 3.0. Redimensionada y convertida a WebP; sin recorte ni alteración del contenido.

En el presente, el Instituto Superior de Estudios Deportivos de la Universidad Autónoma de Encarnación publica una oferta académica ligada a la educación física. La fuente institucional permite identificar una vía de formación existente; no establece una fecha nacional de origen de la profesión ni acredita por sí sola la calidad de todas las experiencias que allí se realizan. [13]

Relacionar esos materiales con la historia más larga permite observar una continuidad de problemas, no una identidad de soluciones. Sigue siendo necesario organizar espacios, formar docentes y definir qué se espera del estudiante. Sin embargo, un requisito administrativo actual no significa lo mismo que una orden gimnástica histórica. Cambian la justificación, los apoyos y el marco de derechos desde el que se evalúa la participación.

Para reconstruir una clase concreta convendría reunir programa, horario, material, registro de asistencia y criterios de evaluación. Después habría que contrastar esas prescripciones con testimonios o informes de aplicación. La pluralidad de fuentes permite reconocer tanto la intención como la experiencia. Una fotografía atractiva o una lista de contenidos, por separado, no alcanzan a explicar el proceso.

Una cronología para situar las fuentes, no para borrar sus diferencias

Hitos documentados y alcance de su evidencia
Fecha o períodoReferenciaQué permite estudiarQué no demuestra
1812Bando recogido por Speratti.Una atención republicana a la instrucción.El origen de toda práctica corporal.
1869–1936Primer volumen de Velázquez Seiferheld.Reconstrucción escolar, autoridad y debates gimnásticos.La misma rutina en todas las escuelas.
1889 y 1896Historia de la UNA y estudio sobre normalismo.Entornos de educación superior y preparación docente.La fundación de cualquier carrera específica.
Desde 1924Reforma de Cardozo analizada por Velázquez Seiferheld.Debates sobre infancia y escuela activa.Una aplicación uniforme de la propuesta.
1931–1954Segundo volumen de Velázquez Seiferheld.Nacionalismo y afirmación de la autoridad escolar.Todas las prácticas corporales de una etapa.
1992Constitución.Derechos educativos, idiomas y promoción deportiva.Un programa didáctico completo.
2006Ley 2874.Modalidades deportivas y educación física obligatoria.Resultados medidos de cumplimiento.
2013Ley 5136.Barreras, ajustes y evaluación inclusiva.La desaparición de toda barrera escolar.
2018Lista de útiles del CEPB.Condiciones previstas para una clase específica.Una norma uniforme de todo el país.

Esta cronología sitúa evidencias de naturaleza distinta. Un libro historiográfico interpreta; una norma prescribe; un catálogo identifica una obra; una fotografía registra un encuadre. Leerlos como si todos contaran lo mismo reduce la calidad de la reconstrucción. Su conexión resulta productiva cuando se conserva la función de cada fuente y se explica el paso entre una evidencia y una interpretación.

Una comparación final puede formularse alrededor de quién ocupa el centro de la enseñanza. El cuerpo que ejecuta, el niño que aprende, el ciudadano que participa y la persona que necesita apoyos no son poblaciones distintas: son maneras de construir el objeto educativo. La historia de Paraguay muestra por qué esa construcción necesita discutirse y por qué la educación física no puede reducirse a un repertorio técnico.

Para seguir profundizando, la competencia motriz permite examinar problemas de aprendizaje y las metodologías de enseñanza permiten analizar decisiones docentes. Esas conexiones no reemplazan la historia: ayudan a reconocer qué preguntas del presente se iluminan al estudiar sus antecedentes. El propósito es comprender los cambios con suficiente precisión para no repetir sus categorías de manera irreflexiva.

Preguntas frecuentes sobre la historia paraguaya

¿Existe una fecha única de nacimiento de la educación física en Paraguay?

Las fuentes examinadas no permiten fijar una fecha única para todos sus ámbitos. Una práctica corporal, una asignatura, una norma y una carrera docente requieren evidencias y cronologías propias.

¿Las misiones jesuíticas prueban que había educación física escolar?

No. Sus restos y la ficha patrimonial documentan un entorno histórico. Para identificar una enseñanza corporal determinada hacen falta fuentes sobre sus finalidades, organización y participantes.

¿Por qué es relevante Cardozo para este recorrido?

Porque los estudios académicos sobre su reforma y su atención a la psicología infantil permiten analizar la relación entre actividad y aprendizaje. No se le atribuye una teoría motriz actual ni la creación documentada de toda la disciplina.

¿La ley deportiva equipara enseñanza escolar y rendimiento?

La Ley 2874 de 2006 distingue deporte educacional, participación y rendimiento. Esa diferencia permite discutir finalidades y selección sin convertir la clase en una prueba para escoger atletas.

¿Qué significa estudiar la inclusión en esta historia?

Significa examinar las condiciones de presencia, aprendizaje y participación. La Ley 5136 incorpora barreras, apoyos y ajustes razonables; su existencia no demuestra por sí sola que todas las dificultades se hayan resuelto.

Referencias

  1. UNESCO World Heritage Centre. (s. f.). Jesuit Missions of La Santísima Trinidad de Paraná and Jesús de Tavarangue. Ficha patrimonial oficial.
  2. Speratti, J. (1996). Historia de la educación en el Paraguay: 1812–1932. Litocolor y Centro de Estudios Antropológicos, Universidad Católica. Registro bibliográfico de la BACN; extractos consultados.
  3. Velázquez Seiferheld, D. (s. f.). Relaciones entre autoritarismo y educación en el Paraguay 1869–2012: Un análisis histórico. Primer volumen, 1869–1936 (especialmente cap. VIII, pp. 127–136). Servicio Paz y Justicia Paraguay. Texto del volumen consultado.
  4. García, J. E. (2011). Ramón Indalecio Cardozo: Entre la psicología, la pedagogía y la praxis social. En Paraguay: Ideas, representaciones & imaginarios (pp. 17–53). Secretaría Nacional de Cultura. Edición académica.
  5. Universidad Nacional de Asunción. (s. f.). Sobre la UNA. Historia institucional.
  6. Secretaría Nacional de Cultura. (2019, 24 de julio). Solicitan digitalizar periódico guaireño El Surco y restaurar libros de Ramón Indalecio Cardozo. Registro oficial.
  7. Velázquez Seiferheld, D. (2016). Relaciones entre autoritarismo y educación en el Paraguay 1869–2012: La transición hacia el nacionalismo, el autoritarismo y la afirmación de la autoridad estatal. Segundo volumen, 1931–1954. Servicio Paz y Justicia Paraguay. Texto consultado.
  8. República del Paraguay. (1992). Constitución de la República del Paraguay (arts. 73–84 y 140). Biblioteca y Archivo Central del Congreso Nacional. Texto constitucional.
  9. República del Paraguay. (s. f.). Ley 3231: Crea la Dirección General de Educación Escolar Indígena (arts. 1–3). Biblioteca y Archivo Central del Congreso Nacional. Texto normativo.
  10. República del Paraguay. (2013). Ley 5136: Educación inclusiva (arts. 1, 9 y 10). Biblioteca y Archivo Central del Congreso Nacional. Texto normativo.
  11. República del Paraguay. (2006). Ley 2874: Del deporte (arts. 1–7). Biblioteca y Archivo Central del Congreso Nacional. Texto normativo.
  12. Colegio Experimental Paraguay-Brasil, Universidad Nacional de Asunción. (2018). Lista de útiles para ambos turnos: Primer grado (p. 2). Documento institucional.
  13. Universidad Autónoma de Encarnación. (s. f.). Instituto Superior de Estudios Deportivos. Oferta y presentación institucional.