
EDUFISICALa Edad Media también pensó el ejercicio
Una historia que salta de los gimnasios antiguos a los tratados renacentistas deja fuera parte importante de la cultura corporal medieval. En la Inglaterra de los últimos siglos medievales circularon recomendaciones sobre movimiento, descanso y cuidado de la salud; algunas llegaron a comunidades religiosas, lectores urbanos y responsables de instituciones.
Carole Rawcliffe estudia esa circulación en Keeping Fit in Later Medieval England. Su investigación relaciona manuales médicos, compilaciones religiosas, observancias monásticas y documentación urbana. El resultado permite examinar cómo se justificaba el ejercicio y qué condiciones materiales se consideraban necesarias para practicarlo. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
El interés no reside en buscar una asignatura idéntica a la educación física actual. Se encuentra en una pregunta más concreta: cómo aprendían diferentes grupos a organizar el movimiento cotidiano y mediante qué autoridades, textos y espacios recibían ese conocimiento. Aquí se reúnen casos ingleses con algunas conexiones europeas, conservando sus diferencias de época y de institución.
Un saber para monasterios y hospitales
John Mirfeld, sacerdote vinculado al entorno de San Bartolomé de Londres, reunió materiales en dos enciclopedias latinas destinadas a una comunidad monástica y al personal del hospital cercano. Una trataba conocimientos médicos y otra materias teológicas. Ambas incluían versiones de un régimen de salud, mostrando que cuidado corporal y formación religiosa podían compartir recursos de lectura. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
La compilación tenía una función práctica para quienes disponían de acceso limitado a bibliotecas especializadas. Reunir información en un volumen facilitaba su consulta y situaba el consejo dentro de la vida institucional. Esa tarea editorial formaba parte de la transmisión del conocimiento, aunque buena parte del contenido procediera de autores anteriores.
Rawcliffe identifica una dependencia importante del régimen de Bernard Gordon de 1308. El caso revela una red de aprendizaje basada en copiar, seleccionar y adaptar. Antes de preguntar por la originalidad de un ejercicio, conviene comprender para quién se reorganizaba el texto y qué necesidad resolvía su disponibilidad.
Movimiento y reposo entre los llamados no naturales
Los regímenes organizaban la salud alrededor de factores conocidos como no naturales. La expresión pertenecía a una clasificación médica y no significaba que fueran artificiales o perjudiciales. Incluía aspectos de la vida que podían regularse, como alimentación, aire, sueño, movimiento y reposo, evacuación y emociones. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
Dentro de ese marco, el ejercicio se explicaba mediante calor corporal, digestión y humores. Se le atribuía capacidad para distribuir sustancias útiles y facilitar la expulsión de excedentes. Es una fisiología histórica que orientaba decisiones sobre tiempo, intensidad y entorno; sus mecanismos deben distinguirse de las explicaciones biomédicas actuales.
La relación con las emociones amplía la interpretación. Un paseo agradable podía considerarse beneficioso por su movimiento, por el aire y por el estado de ánimo asociado al paisaje. Así, el cuidado no se dividía limpiamente en dimensiones físicas y mentales. Se entendía mediante relaciones que una descripción centrada solamente en músculos dejaría fuera.
Ejercitarse en privado: una solución institucional
El material compilado por Mirfeld proponía alternativas para miembros del clero cuyo estatus limitaba el ejercicio público. Rawcliffe recoge recomendaciones que utilizaban una cuerda y una piedra con anilla dentro de la propia habitación. Estas instrucciones muestran que el esfuerzo corporal podía recibir atención detallada incluso en entornos que exigían discreción. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
El ejemplo no convierte la celda en un gimnasio moderno. Sus medios y movimientos se justificaban mediante un régimen de conservación de la salud, dentro de obligaciones religiosas y normas de conducta. Lo interesante es la adaptación: una restricción sobre el lugar de práctica daba lugar a soluciones específicas, en vez de excluir el movimiento por completo.
Tampoco es necesario reproducir las cargas o convertir las instrucciones en una rutina actual. Para el análisis basta reconocer que el texto seleccionaba objetos, acciones y criterios de esfuerzo. La forma de enseñar respondía al espacio disponible y a las expectativas sobre quién podía ser visto ejercitándose.
Del latín a los lectores de lengua inglesa
Rawcliffe sigue la circulación de los regímenes hacia versiones vernáculas y publicaciones tempranas. Obras como Secreta secretorum, inicialmente relacionadas con el consejo a gobernantes, aparecieron en traducciones destinadas a un público más amplio. La escritura podía conservar recomendaciones mientras reducía parte de su explicación especializada. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
Ese cambio de lengua alteraba las condiciones de acceso. Un consejo comprensible permitía integrar el movimiento en hábitos cotidianos sin dominar todo el aparato teórico de la medicina. Sin embargo, ampliar la lectura no significa que todas las personas tuvieran iguales recursos para seguirla.
La autora distingue el ejercicio elegido para cuidar la salud del trabajo intenso de artesanos y obreros. Esta separación resulta fundamental: realizar esfuerzo por obligación laboral y disponer de tiempo para una práctica regulada eran experiencias diferentes. La historia del ejercicio debe estudiar ambas, sin presentar el ocio de una minoría como norma compartida por toda la sociedad.
Adaptación según edad, condición y posición social
Las recomendaciones variaban según edad, resistencia, enfermedad, estación y rango. El estudio muestra opciones que buscaban acomodarse a circunstancias diferentes, entre ellas paseo, remo, movimientos moderados y formas de actividad pasiva. La diversidad revela una preocupación por ajustar el consejo, aunque las explicaciones utilizadas fueran distintas de las actuales. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
La moderación era un criterio recurrente. Importaba cuándo comenzaba el esfuerzo y qué señales indicaban que debía interrumpirse. Los tratados interpretaban esas decisiones mediante digestión y equilibrio humoral, de modo que una aparente semejanza con consejos contemporáneos no implica identidad de fundamentos.
El rango intervenía además en la selección de prácticas. Montar o cazar podía considerarse apropiado para ciertos nobles; algunas actividades competitivas recibían censura por su supuesta incompatibilidad con una posición de autoridad. La adecuación social del movimiento dependía tanto del cuerpo como de la persona que lo realizaba.
| Condición estudiada | Respuesta documentada | Qué permite analizar |
|---|---|---|
| Restricción de visibilidad del clero | Alternativas de ejercicio en espacios privados | Adaptación de medios y lugares a normas institucionales |
| Lectores sin formación médica especializada | Traducciones y consejos más accesibles | Selección y circulación del conocimiento |
| Vida monástica regulada | Jardines, recorridos y horarios recreativos | Relación entre regla, infraestructura y cuidado |
| Diferencias de edad o condición | Opciones y esfuerzos ajustados | Diversidad del consejo sin presumir igualdad de acceso |
Los jardines también eran infraestructura de cuidado
La aplicación de un consejo requería espacio. Rawcliffe recoge la queja de los benedictinos de Durham en 1455 por la insuficiencia del recinto disponible para ejercitarse. La reclamación relacionaba organización material y salud: reconocer la conveniencia de moverse resultaba insuficiente si faltaba un lugar adecuado. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
En otros establecimientos aparecen soluciones concretas. Las observancias de Barnwell contemplaban paseos por viñedos, jardines y márgenes del río, e incluso salidas fuera del recinto. En Wherwell, las reformas asociadas con la abadesa Euphemia durante el siglo XIII incluían espacios recreativos para las religiosas junto con mejoras de higiene y atención a enfermas. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
Estos casos permiten estudiar el jardín como parte de una institución, además de como paisaje. Su acceso, su mantenimiento y los permisos para utilizarlo condicionaban la experiencia corporal. La relación entre entorno y cuidado era también una cuestión de gobierno cotidiano: quién podía salir, acompañado por quién y dentro de qué límites.
La conexión se prolonga hacia comienzos de la época Tudor. En 1535, el abad de San Agustín de Bristol solicitaba autorización para que miembros de su comunidad caminaran por los alrededores. El episodio muestra cómo una restricción administrativa podía convertirse en un problema de bienestar, y cómo el lenguaje médico se utilizaba para defender una necesidad institucional. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
La arquería entre obligación y recreación
La misma actividad podía atender a finalidades distintas. El artículo relaciona disposiciones sobre práctica de arquería con preocupaciones de seguridad, pero documenta también blancos accesibles desde el jardín de la enfermería de Westminster a partir de 1462. Los monjes estaban exentos de la obligación legal y podían practicar por motivos de salud. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
La diferencia permite observar una práctica sin asignarle un significado único. El gesto técnico conserva semejanzas mientras cambian sus usuarios, sus justificaciones y el espacio donde se aprende. El vínculo entre arquería y preparación militar no agota su historia.
Por eso, estudiar aprendizaje corporal exige seguir los usos concretos de una habilidad. Un repertorio puede pasar entre instituciones y recibir finalidades recreativas, médicas o de servicio. La circulación transforma relaciones sociales, aunque el objeto utilizado parezca el mismo.
El cuidado podía convertirse en un juicio moral
Rawcliffe analiza asimismo el traslado de ideas sobre movimiento e inactividad a la representación del cuerpo político. Algunos autores comparaban una comunidad con un organismo y describían a personas consideradas improductivas mediante imágenes de humores perjudiciales. La preocupación por el ejercicio podía entrar así en discursos de disciplina social. (Rawcliffe, 2022, secciones I–IV)
Este desplazamiento merece atención porque cambia el objeto del consejo. Regular un hábito para conservar la salud y clasificar a otras personas como una carga son operaciones diferentes, aunque utilicen un vocabulario compartido. El lenguaje corporal podía ofrecer autoridad a decisiones que afectaban trabajo, pobreza y gobierno.
La historia del régimen revela, por tanto, posibilidades de cuidado y mecanismos de exclusión. Ambos pertenecen al mismo campo de investigación. Comprender cómo se relacionaban evita celebrar el consejo antiguo como una anticipación perfecta del presente o descartarlo como una curiosidad sin efectos sociales.
Una continuidad hecha de adaptaciones
Estos testimonios muestran monasterios, hospitales, bibliotecas y espacios urbanos como lugares donde se organizaba conocimiento sobre movimiento. Las prácticas se adaptaban a necesidades y restricciones específicas; los textos circulaban, cambiaban de lengua y adquirían usos nuevos. La continuidad histórica se construía mediante esas operaciones, no mediante la conservación invariable de una técnica.
El caso inglés complementa los encuentros caballerescos de Valladolid y los debates sobre ejercicio femenino en la primera modernidad. Juntos permiten situar instituciones y finalidades diferentes sin reducir toda la cultura corporal europea a la competición. Para seguir esas distinciones, puede consultarse cómo estudiar históricamente el movimiento.
Bibliografía
- Rawcliffe, C. (2022). Keeping Fit in Later Medieval England: Exercise for Man and Beast. History, 107(376), 507–525. DOI. Texto completo en el repositorio de University of East Anglia. Documentos medievales examinados mediante la investigación de Rawcliffe.