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Fisiología del ejercicio · Cuerpo, movimiento y adaptación

Respiración y ventilación durante el ejercicio: músculos, volúmenes y trabajo respiratorio

EDUFISICA · 8 min de lectura · Actualizado el 9 de octubre de 2026

Respirar más deprisa es una de las respuestas más visibles del esfuerzo. Sin embargo, contar respiraciones no explica por sí solo cuánto aire se moviliza, cuánto llega a zonas de intercambio o cuánto oxígeno utiliza el organismo. El sistema respiratorio combina estructuras que conducen aire, músculos que generan cambios de presión y superficies donde los gases atraviesan una barrera entre aire y sangre. Comprender esas funciones evita llamar respiración a procesos distintos como si fueran uno solo. [1, pp. 191–199, 202–206; 2, pp. 286–289].

Durante el ejercicio, la ventilación cambia para responder a la demanda metabólica y a señales de control. También tiene un costo: los músculos respiratorios consumen energía y necesitan recibir sangre. En muchas personas sanas existe una reserva amplia, pero el sistema no es ilimitado ni se comporta igual en todas las edades, intensidades o condiciones de salud. [3].

Phillip Wellner realiza una prueba de espirometría al piloto Nils Larson antes de un vuelo de evaluación respiratoria (2019).
Phillip Wellner realiza una prueba de espirometría al piloto Nils Larson antes de un vuelo de evaluación respiratoria (2019). NASA/Carla Thomas. La espirometría y la ergoespirometría responden a preguntas diferentes. Se redujo el tamaño y se convirtió a WebP. Ver ficha del archivo

Conducir aire y realizar intercambio son funciones diferentes

El aire recorre nariz o boca, faringe, laringe, tráquea y una red de bronquios y bronquiolos. Parte de estas estructuras conduce, acondiciona y protege el recorrido del aire. La región respiratoria incluye estructuras alveolares rodeadas de capilares, donde ocurre el intercambio. El oxígeno no pasa de la tráquea directamente al músculo: debe atravesar una barrera y después viajar mediante la circulación. [1, pp. 191–195].

La vía nasal contribuye a calentar, humidificar y filtrar el aire. Al aumentar mucho la demanda ventilatoria puede participar de forma importante la vía oral. Eso no significa que respirar por la boca durante un esfuerzo intenso sea por sí solo un fallo técnico. Tampoco existe motivo para obligar a mantener una única vía a toda intensidad sin atender a comodidad, tarea y condiciones individuales. El problema fisiológico es el flujo disponible y su regulación. [1, pp. 191–192; 3].

En los alvéolos, las células de revestimiento y la organización capilar facilitan el contacto entre aire y sangre. El surfactante contribuye a reducir la tensión superficial que dificulta la expansión. La anatomía permite esa función, pero no garantiza que toda zona ventilada esté igualmente perfundida. El intercambio gaseoso y la relación ventilación-perfusión desarrollan esta diferencia. [1, pp. 195, 213, 222–226].

Los pulmones se expanden mediante cambios mecánicos

El diafragma es un músculo fundamental de la inspiración. Su contracción modifica el volumen de la cavidad torácica y favorece diferencias de presión que permiten la entrada de aire. Los pulmones no son bolsas que se llenan porque el aire decide entrar: el movimiento se produce cuando existe un gradiente entre el exterior y el interior. La caja torácica, las pleuras y sus propiedades mecánicas participan en ese proceso. [1, pp. 198–199, 210–211].

En una espiración tranquila, el retroceso elástico ayuda a expulsar aire sin una gran contracción espiratoria activa. Cuando aumenta la exigencia, pueden participar músculos que contribuyen a la inspiración y espiración. Los intercostales y otros grupos modifican la caja torácica; la musculatura abdominal puede intervenir en espiraciones forzadas. La participación concreta cambia con la demanda y las características de la persona. [1, pp. 198–199; 3].

La presión pleural no es la presión del aire dentro del alvéolo. La diferencia entre presión alveolar y pleural contribuye a mantener la expansión pulmonar y se denomina presión transpulmonar. Para que circule aire interesa además el gradiente entre alvéolo y ambiente. Separar esas variables evita afirmar que una sola «presión del pecho» explica todo el movimiento respiratorio. [1, pp. 210–213; 3].

Mover aire exige vencer resistencias

La resistencia de las vías aéreas y la distensibilidad del sistema condicionan el trabajo necesario para ventilar. Distensibilidad describe cuánto cambia el volumen ante un cambio de presión; no es una medida de voluntad ni de condición física general. Si la vía aérea ofrece mayor resistencia, movilizar determinado flujo puede exigir más trabajo. Si cambian propiedades elásticas, la expansión también puede resultar más costosa. [1, pp. 210–213; 3].

Al esfuerzo locomotor se añade, por tanto, un esfuerzo respiratorio. En ejercicio intenso, especialmente en ciertas personas o condiciones, el trabajo de los músculos respiratorios puede contribuir a la fatiga y a interacciones con la circulación. No sería correcto atribuir toda limitación al tamaño pulmonar. La revisión de Peters y colaboradores analiza mecanismos ventilatorios, intercambio gaseoso y relaciones entre respiración, corazón y músculos activos. [3].

El aprendizaje del control respiratorio puede tener utilidad en tareas concretas, pero no debe confundirse con una promesa universal de ampliar el pulmón o eliminar la fatiga. La adaptación depende de qué se entrena y cómo se evalúa. Además, cuando hay síntomas o enfermedad respiratoria, las indicaciones necesitan atender a esa condición; una técnica de clase no sustituye un tratamiento ni una evaluación de dificultad respiratoria. [3].

Qué describen los volúmenes y las capacidades

El volumen corriente es el aire movilizado en una respiración. Las reservas inspiratoria y espiratoria describen volúmenes adicionales que pueden movilizarse más allá de una respiración corriente. El volumen residual permanece después de una espiración máxima. Las capacidades reúnen varios volúmenes y ayudan a describir el estado mecánico del pulmón. No deben confundirse con la cantidad de oxígeno consumido ni utilizarse como sinónimos de resistencia aeróbica. [1, pp. 202–203].

La capacidad vital corresponde al volumen movilizable entre una inspiración máxima y una espiración máxima. Si se obtiene mediante una maniobra forzada se habla de capacidad vital forzada. La capacidad pulmonar total incluye volumen residual. La capacidad residual funcional describe el volumen que queda tras una espiración tranquila. Estas definiciones indican relaciones; sus valores esperados necesitan referencias apropiadas y condiciones de medición. [1, pp. 203–204].

La espirometría permite estudiar volúmenes y flujos movilizados. El volumen espiratorio forzado en el primer segundo, o FEV1, y su relación con la capacidad vital forzada aportan información clínica, pero no son una regla doméstica para diagnosticar asma o clasificar estudiantes. Interpretar una prueba requiere calidad técnica, valores de referencia y contexto. Una medición aislada o mal ejecutada puede inducir errores. [1, p. 204; 3].

VariableQué describeDiferencia que conviene conservar
Volumen corrienteAire movilizado en cada ciclo respiratorio.Volumen por respiración, no por minuto.
Capacidad vitalAire movilizable entre extremos inspiratorio y espiratorio.No incluye el volumen residual.
Capacidad residual funcionalVolumen al final de una espiración tranquila.No es el mínimo volumen posible.
FEV1Volumen espirado durante el primer segundo de una maniobra forzada.Es una medición dependiente de la técnica y de su interpretación clínica.

Ventilación: frecuencia multiplicada por volumen

La ventilación minuto se calcula multiplicando frecuencia respiratoria por volumen corriente. Eso significa que aumentar la frecuencia no es la única manera de movilizar más aire: también puede cambiar la profundidad. Durante muchos esfuerzos aumentan ambos componentes, aunque no de forma idéntica a todas las intensidades. La mecánica disponible, la demanda y el control respiratorio condicionan el patrón. [1, p. 206; 2, pp. 286–289].

Ejemplo hipotético exclusivamente numérico: un patrón de 16 respiraciones por minuto con 0,5 litros por respiración moviliza 8 litros por minuto. Otro de 20 respiraciones con 0,4 litros también moviliza 8 litros. La operación es correcta, pero no demuestra equivalencia del intercambio, porque parte de cada respiración queda en el espacio muerto. No se propone que nadie adopte deliberadamente esos patrones durante una actividad.

La ventilación alveolar considera el aire que participa en la renovación de regiones de intercambio. Para aproximarla se descuenta el espacio muerto por respiración antes de multiplicar por frecuencia. Así puede comprenderse por qué una respiración muy superficial no equivale a una más profunda aunque el total por minuto coincida. La diferencia necesita describirse fisiológicamente, sin convertir una fórmula simplificada en una instrucción individual. [1, pp. 218–219].

La ventilación responde a más que una falta de oxígeno

El control respiratorio integra información del sistema nervioso y señales químicas. La anticipación del movimiento, los comandos motores y la información procedente de músculos y articulaciones pueden participar en el aumento inicial de ventilación. Por eso la respuesta comienza con rapidez y no exige esperar una caída marcada del oxígeno arterial. La relación entre ventilación y esfuerzo es coordinada, no una alarma única que se activa cuando se acaba el oxígeno. [2, pp. 286–289].

Durante un ejercicio sostenido intervienen también producción de dióxido de carbono, equilibrio ácido-base y mecanismos de retroalimentación. En muchos esfuerzos moderados de personas sanas, la ventilación acompaña la demanda y ayuda a mantener las presiones arteriales relativamente estables. A intensidades altas, el patrón puede cambiar de forma desproporcionada respecto al consumo de oxígeno. El artículo sobre pH y respiración explica parte de esa relación. [2, pp. 286–292; 3].

Las sensaciones respiratorias dependen de más elementos que la ventilación medida: carga mecánica, contexto, enfermedad y percepción del esfuerzo. No se puede diagnosticar la causa de una dificultad contando respiraciones. En la clase, la observación ayuda a reconocer cambios y a ajustar una tarea cuando corresponda; síntomas inesperados o importantes exigen atender al procedimiento de ayuda y valoración pertinente. [3].

Entrenar no equivale simplemente a tener pulmones mayores

Las mejoras de resistencia incluyen adaptaciones circulatorias y musculares. La revisión de 2023 explica que el pulmón adulto sano muestra una plasticidad estructural más limitada frente al entrenamiento que otros componentes del sistema de transporte. Una persona puede tolerar mejor una tarea sin haber aumentado mucho su capacidad pulmonar total. Atribuir toda mejora a «más aire en el pulmón» deja fuera procesos decisivos. [3].

Eso no implica que el sistema respiratorio nunca limite el rendimiento. Algunos deportistas con demandas elevadas pueden experimentar limitaciones ventilatorias, alteraciones del intercambio o un costo respiratorio importante. Edad, condiciones individuales y enfermedad modifican el contexto. La enseñanza gana precisión cuando conserva ambas ideas: reserva funcional frecuente y posibilidad de límites en determinadas circunstancias. [3].

Propuesta didáctica: analizar un registro ficticio con frecuencia respiratoria, volumen corriente y ventilación minuto, e identificar qué se conoce y qué falta. El grupo puede calcular el producto y explicar por qué no permite obtener directamente el consumo máximo de oxígeno. La conclusión debe relacionar ventilación con transporte sanguíneo, circulación y utilización muscular, sin transformar un indicador en una explicación total. [1, pp. 206, 218–219; 3].

Bibliografía

  1. León Ariza, H. H. (2026). Fisiología del ejercicio: bases para la comprensión del rendimiento y el ejercicio físico para la salud. Universidad de La Sabana. https://doi.org/10.5294/978-958-12-0764-0 Consultar fuente
  2. McArdle, W. D., Katch, F. I., y Katch, V. L. (2015). Fisiología del ejercicio: nutrición, rendimiento y salud (8.ª ed.). Wolters Kluwer Health España. Consultar fuente
  3. Peters CM, Dempsey JA, Hopkins SR, Sheel AW. (2023). Is the Lung Built for Exercise? Advances and Unresolved Questions. Med Sci Sports Exerc, 55(12), 2143-2159. https://doi.org/10.1249/mss.0000000000003255 Consultar fuente