Fisiología del ejercicio · Cuerpo, movimiento y adaptación
Intercambio de gases y ventilación-perfusión: del aire inspirado a la sangre
Mover aire y oxigenar sangre no son la misma operación. La ventilación renueva el contenido gaseoso de los pulmones; la perfusión lleva sangre a los capilares; la difusión permite que los gases atraviesen la barrera entre ambos. Si una de estas funciones no acompaña a las otras, respirar una gran cantidad de aire no basta para describir el resultado. El intercambio depende de que aire, sangre y superficie de contacto se encuentren en condiciones adecuadas. [1, pp. 218–226; 2, pp. 270–274].
Durante el ejercicio aumentan las demandas y cambian ventilación y circulación. En personas sanas, esos ajustes suelen sostener la oxigenación en un amplio rango de esfuerzo. Aun así, existen diferencias individuales y situaciones donde aparecen limitaciones. La fisiología resulta más útil cuando explica esa coordinación y sus posibles fallos que cuando presenta al pulmón como un filtro perfecto o como responsable de toda fatiga. [3].

Porcentaje de oxígeno y presión de oxígeno son distintos
El aire es una mezcla de gases. La fracción indica qué proporción corresponde a un gas; su presión parcial describe la parte de la presión total atribuida a él. La ley de Dalton permite relacionar ambas magnitudes. Para una mezcla seca, la presión parcial de un gas se obtiene multiplicando su fracción por la presión total. No deben confundirse unidades: un porcentaje no se expresa en milímetros de mercurio. [1, pp. 214–215; 2, p. 270].
Al aumentar la altitud, disminuye la presión barométrica, aunque la fracción de oxígeno del aire ambiental se mantiene aproximadamente alrededor del 21 %. La presión parcial disponible también disminuye. Por eso «hay menos oxígeno» necesita una explicación precisa: no significa que su porcentaje caiga en la misma proporción. La fisiología del ejercicio en altura desarrolla cómo responde el organismo a esa menor presión. [1, p. 215; 2, p. 270].
Ejemplo hipotético de cálculo: una mezcla seca con fracción de oxígeno 0,21 sometida a una presión total de 700 mmHg tiene una presión parcial de oxígeno de 147 mmHg. Si la presión total fuera 600 mmHg, el resultado sería 126 mmHg. Se conservó la fracción y cambió la presión. Son números para comprender la operación, no valores de una ciudad ni una recomendación para practicar ejercicio en altura.
El gas que llega al alvéolo ya no es idéntico al del ambiente
El aire inspirado se calienta y humidifica en las vías respiratorias. El vapor de agua contribuye a la presión total y modifica las presiones parciales de los demás gases. Además, el aire recién inspirado se mezcla con gas que ya estaba en los pulmones. En el alvéolo también se retira oxígeno hacia la sangre y se añade dióxido de carbono procedente de ella. Por esas razones, no puede usarse directamente la composición del aire seco como si fuera alveolar. [2, pp. 270–272].
La cantidad de dióxido de carbono alveolar se relaciona con su producción metabólica y con la ventilación alveolar. Si aumenta la producción y la ventilación responde de manera apropiada, su presión no tiene por qué acumularse necesariamente. Si la ventilación es insuficiente respecto a esa producción, el resultado puede ser diferente. El organismo regula relaciones entre flujos, no simplemente litros de aire sin contexto. [2, pp. 274, 286–289].
También importa qué parte de la ventilación renueva regiones de intercambio. El espacio muerto anatómico comprende vías donde no ocurre el intercambio alveolocapilar. El espacio muerto fisiológico considera además zonas ventiladas que no intercambian eficazmente por su relación con la perfusión. La mecánica y ventilación explica por qué dos patrones con igual ventilación minuto pueden tener distinta ventilación alveolar. [1, pp. 218–219].
La difusión sigue gradientes de presión parcial
En condiciones habituales, el oxígeno se desplaza desde el gas alveolar hacia la sangre que llega al capilar pulmonar, mientras el dióxido de carbono se mueve en sentido contrario. La transferencia ocurre por difusión. Hablar de sangre «desoxigenada» es una abreviatura: la sangre venosa no carece necesariamente de oxígeno; llega con un contenido y una presión parcial diferentes después de atravesar los tejidos. [1, p. 222; 2, pp. 272–274].
La ley de Fick relaciona la transferencia a través de una barrera con factores como área, espesor y gradiente. Una mayor superficie disponible favorece el intercambio, mientras una barrera más gruesa puede dificultarlo. El coeficiente de difusión del gas también interviene. Por eso un mismo gradiente no implica idéntica transferencia para oxígeno y dióxido de carbono, que poseen propiedades diferentes. [1, pp. 222–223; 2, p. 272].
La ley de Henry relaciona la cantidad disuelta con la presión parcial y la solubilidad. Esta idea permite separar la presión del gas disuelto de todo el gas transportado, parte del cual viaja unido a moléculas. El papel de la hemoglobina se comprende mejor desde esa distinción: facilita transportar mucho más oxígeno de lo que podría permanecer solamente disuelto, sin convertir contenido y presión en sinónimos. [2, pp. 272, 282].
Superficie de contacto y tiempo disponible
La barrera alveolocapilar integra el revestimiento alveolar, estructuras de soporte y el endotelio capilar. Su organización aproxima aire y sangre sin mezclarlos directamente. Los gases deben atravesar esa barrera y llegar al eritrocito. Una imagen que represente un alvéolo como agujero abierto a una vena sería incorrecta: la separación entre compartimentos es precisamente lo que permite intercambio sin perder su organización. [1, p. 222; 2, p. 254].
Durante el ejercicio aumenta el flujo pulmonar y pueden reclutarse o distenderse vasos, ampliando la participación de la red de intercambio. Al mismo tiempo, el tránsito capilar puede acelerarse. La respuesta depende del equilibrio entre superficie disponible, propiedades de difusión, tiempo de contacto y demanda. No es válido asumir que una mayor velocidad de sangre siempre impide oxigenación ni que nunca pueda influir en una limitación. [1, pp. 222–225; 3].
La revisión de Peters y colaboradores analiza cómo algunos deportistas con demandas altas pueden presentar alteraciones de oxigenación durante el esfuerzo. La importancia de cada mecanismo varía: desigualdad ventilación-perfusión, limitaciones de difusión y otros procesos no tienen idéntico peso en todas las personas. El resultado requiere medición e interpretación; no se puede diagnosticar a partir de cuánto jadea alguien. [3].
No todas las zonas reciben la misma proporción de aire y sangre
La relación ventilación-perfusión, habitualmente escrita V/Q, compara ventilación alveolar y flujo sanguíneo. Un promedio del pulmón completo puede ocultar diferencias regionales. Hay zonas relativamente más ventiladas que perfundidas y otras con una relación diferente. Gravedad, postura y propiedades locales contribuyen a esa distribución. No debe presentarse un único cociente como condición idéntica de cada alvéolo. [1, pp. 225–226; 3].
Si una zona recibe aire pero muy poco flujo sanguíneo, parte de esa ventilación aporta poco al intercambio efectivo. Si recibe sangre con ventilación insuficiente, esa sangre no alcanza el mismo intercambio que en una zona bien acoplada. Los extremos conceptuales ayudan a comprender espacio muerto y cortocircuito, aunque las situaciones reales suelen formar distribuciones más complejas. El problema consiste en cómo se emparejan ambos recursos, no en cuál es mayor por separado. [1, pp. 218–226; 3].
Durante el ejercicio aumentan ventilación y perfusión, pero no necesariamente en la misma proporción ni de forma uniforme. Puede cambiar la distribución regional y el aprovechamiento del intercambio. La lectura debe distinguir un cambio del promedio de un cambio en la desigualdad. Aumentar mucho la ventilación total no demuestra por sí solo que todas las regiones pulmonares mejoren su relación con la sangre que reciben. [3].
| Condición conceptual | Qué llega a la zona | Qué problema permite comprender |
|---|---|---|
| Ventilación y perfusión acopladas | Aire y sangre en proporciones compatibles con intercambio. | La coordinación local es diferente del total por minuto. |
| Ventilación con perfusión escasa | Aire sin suficiente sangre para transportar el gas intercambiable. | Componente de ventilación poco aprovechada. |
| Perfusión con ventilación escasa | Sangre que recibe una renovación de gas insuficiente. | Menor oxigenación de esa contribución sanguínea. |
| Promedio aparentemente adecuado | Totales que pueden ocultar diferencias entre regiones. | Un promedio no describe toda la heterogeneidad. |
Tres medidas de oxigenación que no deben intercambiarse
La presión arterial de oxígeno refleja el gas disuelto. La saturación indica qué proporción de sitios de hemoglobina está ocupada por oxígeno. El contenido expresa cuánto oxígeno transporta una cantidad de sangre. Las variables se relacionan, pero no miden lo mismo. Dos personas pueden tener una saturación parecida y diferente contenido si su concentración de hemoglobina es distinta. [1, pp. 252–254; 2, pp. 272, 282].
A su vez, la entrega de oxígeno a los tejidos depende del contenido y del flujo que llega. Una oxigenación pulmonar adecuada no describe por sí sola la capacidad de circulación ni de utilización muscular. Para seguir el recorrido hay que enlazar intercambio alveolar con transporte sanguíneo y respuesta cardiovascular. El rendimiento emerge de esa integración. [1, pp. 252–257; 2, pp. 272–274].
Esta diferencia también limita lo que puede concluirse de una lectura de pulsioxímetro o de un reloj. Un dispositivo no informa de manera completa sobre hemoglobina, perfusión regional, metabolismo o la causa de un síntoma. La precisión y las condiciones de medición importan. En una explicación educativa, el dato puede servir para discutir qué representa; en una situación clínica, su interpretación necesita el contexto y la valoración pertinentes. [3].
Un modelo para localizar el problema sin adivinarlo
Propuesta didáctica hipotética: se representan varias unidades pulmonares con dos entradas, una de aire y otra de sangre. El alumnado recibe escenarios ficticios donde cambia solo una entrada, ambas o la barrera. Debe explicar qué información permitiría anticipar una modificación del intercambio y qué resultado no puede saberse sin datos. La actividad utiliza tarjetas o un esquema; no exige contener la respiración ni realizar pruebas intensas.
La revisión del modelo puede seguir tres preguntas: ¿cambió la presión disponible?, ¿cambió el contacto entre aire y sangre?, ¿cambió la capacidad de transportar el gas después? Si las respuestas se mezclan, el esquema debe corregirse. Este recorrido permite conectar física de gases, anatomía y circulación sin asumir que una misma causa explica todas las dificultades de esfuerzo. [1, pp. 214–226; 2, pp. 270–274].
El paso siguiente consiste en incorporar el dióxido de carbono y la regulación del pH. El pulmón no trabaja solamente para incorporar oxígeno: también participa en retirar CO2 de acuerdo con las necesidades metabólicas. Comprender ambas direcciones ayuda a interpretar la ventilación como un proceso regulado y a evitar que toda respiración rápida sea descrita simplemente como falta de aire. [2, pp. 286–289].
Bibliografía
- León Ariza, H. H. (2026). Fisiología del ejercicio: bases para la comprensión del rendimiento y el ejercicio físico para la salud. Universidad de La Sabana. https://doi.org/10.5294/978-958-12-0764-0 Consultar fuente
- McArdle, W. D., Katch, F. I., y Katch, V. L. (2015). Fisiología del ejercicio: nutrición, rendimiento y salud (8.ª ed.). Wolters Kluwer Health España. Consultar fuente
- Peters CM, Dempsey JA, Hopkins SR, Sheel AW. (2023). Is the Lung Built for Exercise? Advances and Unresolved Questions. Med Sci Sports Exerc, 55(12), 2143-2159. https://doi.org/10.1249/mss.0000000000003255 Consultar fuente